EL ESPACIO APARENTEMENTE PERDIDO (Novela)

Editorial Debate, 1996.

ISBN 8483060116


Jugamos a ponernos a prueba, por eso huimos y regresamos y volvemos a huir, para demostrarnos que somos superiores a nuestros orígenes, que somos epigenéticos, que nuestra individualidad no está en los genes bioquímicos, ni en los culturales, que incluso con ellos y mezclados en ello, hechos de ese barro, podemos ir más allá. Con gran esfuerzo salimos del infierno, pero volvemos a él para demostrarnos que podemos encontrar una nueva salida, que nuestro ingenio es todavía superior al del demonio. La muerte es una huida incierta. Es al mismo tiempo una salida y una aventura de la que creemos firmemente -aun sin creerlo conscientemente, un dentro del más estricto materialismo- que podemos volver a salir. Y es la afirmación de la libertad del acto, la última carcajada. Constantemente buscamos la oportunidad de salir de nosotros mismos, de dejar atrás lo que de otros hay en nuestro ficticio yo. Como místicos sin Dios y sin meta, no tenemos más que el desierto y las sombras. Trucos. Hacer como si ocultásemos algo. El silencio es un truco, la palabra es un truco.