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Historia

En el altozano que gobierna la meseta sobre el Valle del río Tajo, está situada la Villa de Ocaña. Geográficamente emplazada en el Noreste de la Provincia de Toledo, se levanta sobre una altitud estimada en 730 metros sobre el nivel del mar. Lo más llamativo de las características propias del paisaje ocañense consiste en ser una llanura que es portón de paso hacia La Mancha, denominada la Mesa de Ocaña. Enclave privilegiado que constituye la travesía obligada que da acceso al sur de la Península.

Es Partido Judicial, Cabeza de Arciprestazgo y núcleo capital de una densa comarca la que obedece al nombre de Comarca de Ocaña.

La importancia de esta Villa reside en su dilatada Historia. Los vestigios prehistóricos, prerromanos, romanos y musulmanes, hallados y residentes en el subsuelo de su caliza tierra, manifiestan su antigüedad y longevidad ante el paso del tiempo. Antigüedad puntualizada en las fuentes históricas del XVI que postulan haber sido este municipio uno de los lugares visitados por el general romano Cornelio Escisión en sus luchas peninsulares con el general cartaginés Aníbal, dato por otra parte resultante de la propia pasión de los escritores y no tanto de la verificación histórica. Como tal, no aparece en los documentos hasta el siglo XII momento paralelo al avance cristiano sobre estas tierras, el que fomentara Don Alfonso VI tras la conquista de Toledo en 1085. Dice la Crónica de Alfonso X el sabio, que entre los años 1091 y 1093 este monarca, muerta su cuarta esposa, contrajo matrimonio con la hija del rey taifa de Sevilla, Abenhabet. En la dote que aportaba Zaida -así se llamaba-se hallaban infinidad de territorios entre los que figuraba Ocaña, la cual desde ese momento pasa a engrosar las posesiones de la emergente Corona castellana. Este hecho hará que volviese a manos cristianas sin ningún tipo de acción bélica.

Pero en estos tiempos, de continuas guerras y escaramuzas, la inestabilidad de la posesión de los territorios y las marcas de frontera hará que este territorio cambiara múltiples veces de manos. El año de 1106, el rey Don Alfonso VI proyectó diferentes campañas dirigidas hacia la tierra de Cuenca, y una vez conseguida esta ciudad los esfuerzos cristianos se concentraron en la ocupación de Ocaña. El ataque planeado en junio de ese mismo año, y acaudillado por los caballeros Don Fernán Ruiz Minaya y Don Ximen Blázquez, conseguirá arrebatársela al dominio musulmán. El primer Gobernador de Ocaña será Don Fortún Blázquez, descendiente de la casa de Don Blasco Ximénez.

Tras un periodo de inestabilidad política Don Alfonso VII (1126-1157) establecerá su poder definitivo en esta tierra con la toma de Oreja. Un importante enclave estratégico que consolidaba la conquista hacia la línea del Guadiana, que obtendrá su Fuero el 3 de noviembre de 1139. Por esta concesión se rigió la Villa de Ocaña hasta que obtuviera su propia Carta Puebla el año de 1156. Después de unos años de gobierno Real directo, fuertemente erradicado en la cercana Oreja, Don Alfonso VIII rey de Castilla (1158-1214) en el año 1173 completó su Fuero y leyes como atestigua el Tumbo antiguo de Castilla. El Señorío de Ocaña fue entregado a Don Pedro Gutiérrez, repartido meses más tarde con Don Tel Pérez, Señor de Meneses, en recompensa a sus servicios y a quien se debe la repoblación de estas tierras toledanas. Pero pronto las órdenes militares arbitrarían el devenir histórico de esta Villa pues en 1174 los mencionados Tello Pérez y Pedro Gutiérrez ceden la cuarta parte de su posesión a la Orden de Calatrava, y pasados 3 años Don Tel Pérez y Doña Guntruda, su mujer, hacen donación de su mitad de la Villa a la misma Orden, otorgando la escritura en la ciudad de Cuenca en el mes de enero de 1177, por la que mantenían el usufructo hasta su muerte.

El poder de la Orden de Calatrava sería efímero pues en la Era de 1212 (año de 1182) bajo el reinado de Don Alfonso IX, se celebra el acuerdo entre ésta y la de Santiago por el que la Villa de Ocaña pasaba a manos de la segunda a cambio de la renta anual que tenía en las Salinas de Espartinas, como explica Bernabé Chaves en su Apuntamiento legal sobre el dominio solar de la Orden de Santiago… (1740). A lo largo de los siglos XII y XIII la preponderancia de Ocaña iba a ir en aumento auspiciada del amparo de la Orden de Santiago. Perteneciente al Priorato de Uclés, con la configuración del Partido santiaguista de Ocaña la eminencia sobre el territorio castellano quedaba patente puesto que de él dependería un basto territorio que abarcaba hasta Alharilla, en dirección a Cuenca, y por la parte contraria hasta Socuéllamos. De la misma relevancia gozaba su Encomienda, cuyos Comendadores eran de linajes de renombre como el caso de los Zapata de Osorio, Condes de Baraja.

A pesar que la gran sede Maestral estaría ubicada en el Convento de Uclés, Ocaña alcanzará gran notabilidad como Cabeza de gobernación y residencia de los Maestres. Prueba de ello es la construcción de las Casas Maestrales construidas por Don Lorenzo Suárez de Figueroa, o la muerte de Don Rodrigo Manrique a quien como aclamó su hijo con Coplas“en la su Villa de Ocaña vino la muerte a llamar a su puerta…”. Desde ese momento la presencia y cuidados de los maestres por la Ocaña serán evidentes celebrando sus reuniones capitulares en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol. Ponen de manifiesto esta preocupación los Fueros concedidos en 1210 y en 1251. Este último, del maestre Don Pelayo Correa, renovó el Concejo que dominaba Ocaña en el que entraban los términos de Villatobas, Las Chozas, el Aljibe, Ocañuela, El Corral y el Prado del Corralejo cerca de Ontígola, aldea de la Villa.

En el siglo XIV, La villa consolida su categoría en el seno de la Orden de Santiago. Así, en 1338, en ella se reúnen los Trece de la orden del apóstol, rehusando aceptar la impositiva propuesta del rey Don Alfonso XI, quien proponía a su hijo el infante Don Fadrique como maestre. Asimismo, en el año 1354 estando en la Villa el rey Don Pedro, el cruel, nombró a su cuñado Don Juan de Padilla, como Gran maestre de la Orden. Pero la calidad de Ocaña queda acentuada, de forma específica, en el siglo XV cuando se convierte en sede de las Cortes de Castilla del año 1422, 1468-1469 y 1499. Hechos tan relevantes como las medidas adoptadas en su seno, pues marcarían la propia Historia de España. En las de 1468, Don Enrique IV confirmaba el acto de los Toros de Guisando por el que Doña Isabel de Castilla resultaba establecida como sucesora al trono; o la de 1499, convocada por los Reyes Católicos el año anterior para jurar al infante Don Miguel, como sucesor y heredero de las posesiones de Castilla y Aragón.

La concesión del Papa Inocencio VIII a Don Fernando el Católico, por la que le otorgaba la Administración de los Maestrazgos de la Orden de Santiago, Calatrava y Alcántara si éstos quedaban vacos por renuncia o muerte, se completará con la de Alejandro VI el que confirmando dicha concesión la hacía extensiva a la persona de la reina Doña Isabel. Con la muerte de Don Alonso de Cárdenas en 1493, el maestrazgo de la Orden de Santiago quedó agregado por autoridad Apostólica a la Casa Real. Claramente, este hecho provocó un revés en el florecimiento del municipio.

A pesar de ello en 1576, y como muestran las Relaciones de Felipe II, la preferencia del municipio era considerable. En la respuesta cuarta al cuestionario ordenado por el monarca se dice: “Está esta Villa situada en el reino de Toledo y es cabeza de la orden de Santiago en la Provincia de Castilla…”. A partir del momento en que la Orden de Santiago pasa a formar parte del patrimonio regio, en esta Villa residiría un Gobernador santiaguista que controlaría desde su palacio todo el Partido jurisdiccional de Ocaña. La primacía que ostentaba la sede ocañense queda manifestada en el modo utilizado para denominar a dicho dirigente, recibiendo la designación de “Gobernador de la Provincia de Castilla, Ribera de Tajo y Mancha…”.

Muy notables fueron los servicios que Ocaña prestó a los monarcas españoles. Así en 1492, cuantiosos nobles ocañenses sirvieron con su espada en la toma de Granada: los Osorio, Busto, Castañoso, Gamarra, Sarmiento, Chacón… y uno de ellos, el más esclarecido de sus hijos, portaría el pendón de la Orden de Santiago cuando las tropas cristianas entraban en la ciudad: Don Gutierre de Cárdenas, en cuyo linaje recayó el ducado de Maqueda. Prestaciones que le valieron infinidad de títulos al municipio, sirviendo de ejemplo el de Señoría concedido en el año 1643 por Don Felipe IV que obedecía al servicio prestado por Ocaña de 40.000 ducados de donativo gracioso el año de 1640 y que quedó reflejado en sus Libros de Acuerdos: “…En considerazión de lo qual y tener costumbre en dicha uilla en muchos años a esta parte, en su ayuntamiento, de que se llame Señoría por ser como es Caueça de la Provinzia y de los Maestrazgos de Santiago…”.

La población de Ocaña va a experimentar un ascenso notable que la llevará desde la cifra de 5.000 habitantes en el año 1528 a la aproximada de 12.000 a finales del siglo XVI, según el Censo de Castilla de 1591. La crisis del siglo XVII mermarán las realidades de estas cantidades, siendo la guerra de Sucesión española quien termine por sumir a Ocaña en un trance insuperable como refrenda el propio hecho de haber sido escenario de sus batallas. El Catastro de Campoflorido (1712-1714), arroja la desoladora cifra de unos 2.000 habitantes. Paulatinamente la Villa iba a emerger de sus cenizas, aumentando su población con el paso de los años. Pero nunca podrá volver a su época esplendorosa pues como apuntaba un patricio local del siglo XVIII “aquí ardió Troya…”.

Para evitar la prolijidad de datos que podrían ser interminables pues son tantos los que constatan la Historia de este enclave toledano, los resumimos con el preludio del pertinaz informe de 1787 que Don Tomás de Ribera, Buitrago y Arnalte, encargado de cumplimentar la petición de Tomás López en cuyo afán fluía realizar una “Geografía” de España. El texto original residente en la Biblioteca Nacional, comienza diciendo:

“Es Villa Leal, Noble y Coronada, celebrada Corte, nido de los Maestres, y Cabeza del Orden de Santiago, y Partido en él Reinado de Toledo, por el de La Mancha, con veinte y cinco pueblos por él territorio del Real Consexo de las Órdenes; y cinquenta y seis por el de Castilla; que aunque en grande altura, su situación es llana, espaciosa el cielo que la cubre alegre, despexado, benigno y mui saludable, que comun- mente se dice la Mesa de Ocaña; dista de la Corte de la Villa de Madrid, nueve leguas, y de la Imperial Ciudad de Toledo, ocho; es de su Arzobispado y Vicaría General; corresponden sus Apelaciones a la Real Chancillería de la ciudad de Granada, que está distante 56 leguas; Su Jurisdizión, o terreno ocupa de oriente a poniente, como dos leguas; y de medio día a Norte, como quatro; La calidad del terreno es blando, dócil y mui apropiado a olibas, viñas y siembra de trigo, centeno, cebada, y abena, de la que, ni demas semillas se paga diezmo, y aunque de mediano producir en dichas clases por su docilidad regularmente da mas o menos frutos, según la abundancia de lluvias, y buenos temporales, que por no haber riesgo, todo depende de aquellas. Aunque ha habido variedad en su Gobierno, y que hubo Alcaldes Ordinarios por ambos estados noble y general, a el presente ai un caballero Gobernador de la Real distinguida Orden de Carlos Tercero, dispensado del Ábito de Santiago, y el primero sin exemplar, por haverlo sido siempre de la Caballería; Un Alcalde Mayor, Juez de Letras; seis regidores, los quatro del Estado Noble, por tener de tres partes las dos; y dos Rexidores del estado general; dos diputados, con un Procurador Síndico General, que alterna anualmente en ambos estados; y todos añales aunque los hubo por dos vezes perpetuos y hasta el número de 21 reximientos…”

Con triste recuerdo contemplan sus vecinos la Guerra de Independencia española de 1808, pues aquí se libró un sangriento conflicto conocido por la historiografía como la Batalla de Ocaña. Este episodio bélico supuso un duro revés a las tropas españolas y por el contrario un éxito ineludible para las francesas pues desde que Napoleón Bonaparte proyecta la construcción del Arco de Triunfo de París para recordar sus mayores gestas, el nombre de esta Villa subsistirá grabado al paso de los tiempos como una de sus más brillantes victorias.

Actualmente, este municipio experimenta un claro desarrollo en su actividad económica y de infraestructuras. En su seno se localizan importantes industrias, que compaginan su pervivencia con un desarrollado sector servicios, artesanal y agrícola que afianzan el desarrollo natural del municipio.