El cine y la primera vez (4)
 

 

En el anterior artículo sobre la Primera Vez (coital y heterosexual), nos habíamos quedado en una sesión de cine de Ciencia Ficción, de Cine Gore y de Cine Romántico.

 

 

Empezaremos por la Ciencia Ficción

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Según la consideración general, el coito (incluida la primera vez) es una práctica muy placentera, podríamos decir que la más placentera. ¿Es cierto esto? Pues, como todo en esta vida, para algunas personas sí y para otros no. ¿Y hay diferencias entre los chicos y las chicas? Pues sí, unas cuantas. Algunas de estas diferencias son fáciles de explicar y otros un poco más complicadas. Vamos a por las primeras.

 

 

Cuando hablamos de zonas erógenas, nos referimos a las partes del cuerpo que tienen muchas terminaciones nerviosas (usando la terminología científica: una gran cantidad de corpúsculos de Krause-Finger). Lo que ocurre es que los hombres tienen una mayor cantidad en el pene, concretamente en el glande, y las mujeres en el clítoris, no dentro de la vagina. La sensibilidad de esta sería comparable a la de la base del pene o al escroto. ¿Podría un hombre orgasmar si solamente se le acariciaran los testículos? Seguramente algunos sí, pero en general, no. De la misma manera, si las mujeres llegan al orgasmo con la penetración (las encuestas hablan de menos del 30%) será por la fricción del clítoris, bien con el cuerpo del compañero, bien con la estimulación digital de éste. Esperar, por lo tanto, que la primera vez, o la segunda, o la que haga cien, sean las experiencias más placenteras, es como pensar que se puede vivir el mundo futurista de una película de Ciencia Ficción.

 

 

Hemos dicho que había causas más fáciles de explicar, pero no hemos hablado de las difíciles. Lo dejaremos para otra ocasión porque el tema se lo merece. Solo un cata para ir abriendo boca: Si el placer depende de las terminaciones nerviosas y los chicos tienen tantos corpúsculos de Krause-Finger en el ano como las chicas en la vagina, ¿por qué no es la penetración anal (de chicas a chicos, se entiende) una práctica tan corriente en las relaciones heterosexuales como lo es la penetración coital?

 

Volviendo a la película Gore que vimos en la primera vez, también la biología nos tranquiliza un poco y nos lo aclara. La rotura del himen no provoca ni un río de sangre ni un dolor insoportable. En aproximadamente tres de cada diez chicas, la ruptura de éste provoca un pequeño sangrado, pero el dolor que pueda provocar la penetración no se deriva de eso sino de la contracción de los músculos vaginales. El himen es una especie de telita que se encuentra en la entrada de la vagina. La función de este elemento parece ser la de proteger la vagina de gérmenes nocivos. Podríamos decir que es como una braguita natural. Al llegar a la pubertad, la flora vaginal coge el relevo en la protección de la vagina, y el cuerpo, en consecuencia, ya no se preocupa por mantener o regenerar el himen. Por eso, y con el tiempo, se debilita y tiende a romperse, con penetración (tampones, dedos, pene...) o sin ella. No obstante, a muchas chicas se les rompe en la infancia o durante la adolescencia con cualquier movimiento un poco brusco. También existen, aunque es un poco raro, hímenes muy elásticos que no se rompen con la penetración. Por descontado, las culturas que asocian el mantenimiento del himen con la pureza de una mujer, y exigen la prueba de sangre, parten de un enorme error y provocan también mucho sufrimiento.

 

Y ya por acabar, por lo que respecta al dolor que provoca en las chicas, las causas pueden ser diversas. En primer lugar, puede ser una cuestión de falta de excitación. Cuando una chica está excitada, las glándulas de Bartolín (situadas en la entrada de la vagina) empiezan a segregar un liquido lubricante, y también la excitación provoca que la vagina se dilate un poco. Cuando los miedos (al dolor, al embarazo, a lo que pensará el chico...), las preocupaciones (creerá que soy una fácil, me dejará cuando lo hagamos...), las expectativas de película romántica (será el momento más bonito de mi vida, será fantástico, como en el cine...), las presiones (en realidad no me apetecía pero la he hecho por él, porque le amo...) etc., cuando todas estas cosas a las que nos acabamos de referir tienen más protagonismo que escuchar el propio deseo, las bartolinas se ponen en huelga y la química de los cuerpos no funciona.

 

En segundo lugar, convendría que nos planteáramos si no estamos yendo demasiado aprisa e ignorando lo que el cuerpo nos está diciendo. ¡Porque el cuerpo habla! Y cuando la vagina se contrae durante la penetración, el cuerpo está contándonos que hay algo que no marcha, que no podemos tratarlo, ni a él ni a la vagina, como una fortaleza que hay que abatir sino como una parte más de la persona que se debe mimar y cuidar si queremos que se abra y nos regale momentos de placer. Y tal vez lo que nos pide son los dedos, porque piensa que un pene es demasiado grande, o quizá solo quiere caricias.

 

Ya sabemos que el modelo social nos lleva a creer que la penetración debe ser lo mejor, y que no se debe escuchar el dolor porque la vagina es tan elástica que hasta cabe una criatura. Pero una cosa son las presiones y los modelos, y otra somos nosotros, las personas, únicas y diversas en nuestros deseos y placeres. El problema no es, pues, en qué momento viviremos esa primera vez “mágica e inolvidable” o con quién. La verdadera elección está entre el deseo y la obligación, entre la creatividad y la imitación, entre escucharnos con amor y atención o estar ciegos y sordos a lo que nos dicen nuestros cuerpos.

Rosa Sanchis

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