Machos, machismos y masculinidades
 

–¿Los hombres misóginos odian a las mujeres porque son homosexuales? –pregunta una alumna en clase de 3r de ESO.

–No necesariamente –le responde un compañero.

La orientación del deseo no tiene que ver con las ideas misóginas o machistas –explico yo–. Se puede ser machista o igualitario independientemente de la persona a quien deseas o amas.

El tema de la clase no es la homosexualidad sino la misoginia, pero algunos chicos sienten la necesidad de opinar. “Los homosexuales me dan asco y deberían ir al psicólogo” comenta un alumno. “Los homosexuales son enfermos” dice otro porque "de toda la vida ha sido hombre y mujer”. “Hay gente homosexual para que no encuentran su media naranja” añade un tercero.

Y la discusión está servida.

Son 3 voces, masculinas, contrarias a la homosexualidad (masculina) y 15 respetuosas (y lo sé porque al final de la clase les pido a que me escriban de manera anónima su opinión). Sin embargo, entre este grupo mayoritario hay 2 chicos que no ven bien que las personas homosexuales adopten y lo manifiestan en la clase.

¿Por qué son los chicos más beligerantes contra la homosexualidad masculina? La respuesta no es sencilla; pero como las clases son organismos vivísimos y de un tema pasamos a otro, acabamos hablando de la misoginia, de la homosexualidad y de la masculinidad.

¿Qué es ser un hombre?

Generalizando, y tal como he explicado en otros posts, podemos decir que la identidad masculina se basa en tres negaciones:

No soy un niño. Eso quiere decir que los chicos deben ser autosuficientes e independientes. Para conseguirlo, deberán reprimir los sentimientos de dolor y los miedos y también serán desconfiados, es decir, no deberán abrirse ni pedir ayuda. Por ejemplo, no es muy masculino ir a mediación (porque es de chicas quejarse o necesitar ayuda).

No soy como las chicas. Ser hombre es no hacer cosas de chicas y, en grados altos de machismo, sentirse superior a estas.

No me gustan los chicos. Esta negación comporta no solamente no desear o estimar a los gais, sino relacionarse con los otros varones no de manera igualitaria ni afectuosa, sino competitiva y jerárquica.

Este modelo de masculinidad, que algunos autores llaman tóxica porque contamina la convivencia, genera muchas violencias.

Contra un mismo mediante las prácticas de riesgo, las peleas, los accidentes, el abuso de drogas, la temeridad, la exposición a peligros sin medir las consecuencias, etc. Los chicos sufren accidentes y problemas con las drogas en una proporción de 3 a 5 veces superior a las chicas. La consigna es: ¡Sé fuerte!, ¡aguanta! ¡No hay dolor! Y la fantasía de invulnerabilidad: ¡A mí no me puede pasar nada!

Contra los otros chicos, mediante los insultos al que no se considera suficientemente valiente (¡Gallina!, ¡cobarde! ¡maricón!) y luchando y peleando contra los otros. Los chicos crecen y aprenden a vivir y a relacionarse aguantando la violencia, la humillación, la pelea constante (disfrazada de juego) y se tiene la fantasía de ser algún día el amo (por ejemplo el grande del instituto que será el que molestará a los más pequeños).

Contra las mujeres. Alejándose de cualquier característica femenina, boicoteando los deseo de igualdad de ellas (por ejemplo, si son sexuales como los chicos, son unas guarras); desresponsabilizándose de la igualdad (es un problema de ellas; lo que realmente quieren es coger el poder), aprovechándose del trabajo doméstico gratuito de cuidado, etc.

Acabada la clase, pregunto a algunas personas que no han hablado las razones de su silencio y me contestan que no han dicho nada porque no sirve para nada, ya que las personas homófobas nunca cambiarán. Yo no estoy tan segura y soy mucho más positiva respeto de los cambios. Lo que está claro es que no se puede pasar de cero a cien, y que las transformaciones son lentes y graduales. Pero aunque los cambios no se produjeran, sería bueno que las personas tolerantes, no solamente con la homosexualidad sino con maneras de ser hombres y mujeres más flexibles, expresaran su opinión ante la clase. A ninguna persona le gusta sentirse sola, pensar que sus sentimientos, sus dudas o sus miedos son extraños; por ello, escuchar la voz de una mayoría de la clase abierta y respetuosa es un triunfo que hay que celebrar con alegría.

PD: Hay que contagiarse de las buenas calidades. Y si las chicas son más respetuosas con la diversidad sexual, ¡no seáis tontos y copiadlas!

 Rosa Sanchis

 Índice de artículos