Las tres C de la sexualidad. La primera vez (3)


 

 Mi alumnado dice, muy certeramente, que la comunicación es fundamental para las relaciones sexuales, y esta es una verdad como un templo; pero a veces, demasiadas, no es tant sencillo de hacer como de decir. ¿Qué puede provocar que una chica no diga lo que le apetece? ¿Qué hace que un chico esté angustiado porque no puede mantener la erección el tiempo que querría?

 

A veces es la falta de información; otros son las expectativas contradictorias; y sobretodo y por encima de todo son las exigencias por querer seguir modelos ajenos porque pensamos que eso es lo normal y así es como se ha de actuar. En los consultorios sexológicos especializados en atender las preguntas y las dudas de la gente joven, cada vez son más las cuestiones de los chicos que llaman angustiados por problemas de disfunción eréctil, que no es otra cosa que una ansiedad de ejecución provocada por autoexigencias que paralizan. En el consultorio del Instituto Asturiano de la Juventud “Sexo sin duda”, un chico escribía:

 

“Buenas. Bueno, verán las razones por las que escribo son varias. Voy a empezar: Soy virgen, pero llevo unos meses saliendo con una chica... una chica que no lo es. Tengo X años y ella X, y aún no lo hemos hecho porque no me siento preparado. Bueno, últimamente estoy hecho un lío, a veces creo que sí podría hacerlo y otras no me veo capaz. Buff... sé que tengo muchísimo miedo a que ella no disfrute. Me horroriza pensar que acabe corriéndome antes de tiempo. No sé, el hecho de que ella no sea virgen me hace suponer que si nos acostamos ella estará acostumbrada a algo más que a una novatada... no sé si me explico... Vamos, que mis preguntas aquí son dos: a) ¿Cómo puedo saber si estoy preparado? b) ¿Cómo hacer para no decepcionarla la primera vez?”

 

La primera pregunta que me viene al teclado al leerlo es: ¿Qué le preocupa más, a la chica o él mismo?, ¿ella o su propia imagen?, ¿que ella disfrute o fracasar como amante?

 

La sexóloga Montse Calvo tiene una definición muy buena de lo que es un buen amante: aquella persona dispuesta a aprender sin manipulación. Según eso, no es quien ya sabe porque tiene mucha “técnica” o “habilidades” sino quien quiere aprender sin exigencias manipuladoras.

 

¿Y qué podría ayudar a este chico a dejar de lado sus angustias?

 

Sin duda, y como hemos empezado comentando al principio, las tres Ces: la comunicación, la confianza y el conocimiento. (sigo basándome en el excelente artículo sobre la primera vez de los sexólogs S. y S. Frago )

 

La Comunicación conlleva no dar por supuesto que el/la otro/a debe saber o conocer lo que nos apetece o lo que nos gusta; ni presuponer que lo que querrá será tal o tal otra práctica; ni tampoco esperar a que nos adivinen los deseos. La magia en la cama, cuando la hay, la ponemos nosotros con nuestra creatividad y fantasía, no esperando que el/la otro/a sea el mago o maga que descubra lo que nuestro cuerpo quiere en cada momento (¡como si, además, quisiéramos siempre lo mismo!).

 

La Confianza supone encontrar en la pareja la suficiente intimidad para poder expresar los temores, los miedos, los deseos... sin sentirse cuestionado como persona. Los chicos que no quieren controlar la situación, que confiesan sin ambages que no tienen ni idea y que tienen miedos, deberían poder expresar estas inseguridades con la confianza de sentirse igualmente valorados como varones. Y las chicas, deberían poder expresar sus deseos sin el miedo a ver cuestionada su honradez o el temor a ser calificadas de “guarras”.

 

Por último, el Conocimiento nos lleva a preocuparnos por la propia educación sexual y no dar por hecho que eso de la sexualidad es una técnica que una persona puede aprender mirando películas pornográficas o sintiéndose invadido por el amor romántico tradicional. La realidad es que ni enseñan estas pelis, ni enseñan las flechas de Cupido clavadas en el corazón. Enseña el trabajo personal y una buena educación afectivosexual que parta del respecto a la propia sensibilidad al margen de modelos, de exigencias y de técnicas.

Rosa Sanchis

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