La educación sexual en la escuela y los anticuerpos contra el cambio (2)

En el artículo La educación sexual en la escuela (1), comencé a hablar de las dificultades de la escuela para educar la sexualidad y cité al miedo, o mejor, a los miedos: al alumnado, a las familias, a lxs compañerxs, a hacer el ridículo, a hablar de la propia intimidad, a perder autoridad, a no saber, a despertar la promiscuidad adolescente...

La segunda de las dificultades es, a mi parecer, la consideración de la sexualidad como un hecho natural que se aprende solo: la naturaleza es sabia, se piensa, y ya nos indica ella como debemos comportarnos. Esta idea es compartida por el profesorado y también por el alumnado. El curso pasado, un alumno de ESO me dijo, al principio de una clase en que saqué el tema, que “¡Eso se nace sabido!”. Y otro concluyó, después de casi media hora hablando de la sexualidad, que “¡Al final, para meterla vamos a tener que estudiar y todo!”.

La verdad es que, aparte de la consideración de que la sexualidad se aprende sola, nos encontramos que el alumnado llega al aula, no solamente con ideas erróneas, sino también con anticuerpos; pero en este caso, no son unos anticuerpos buenos, de los que les ayudan a protegerse de una enfermedad, sino que son anticuerpos que les previenen contra cualquier tipo de educación, buena o mala. Son en realidad anticuerpos contra el cambio, que otras instancias se encargan de inocular.

La semana pasada se activaron estos anticuerpos protectores del estereotipo en una clase de ESO. Hicimos una actividad de presentación y un chico puso entre sus aficiones: “las mujeres”. Sin entrar en ninguna valoración, pregunté qué habrían pensado si una chica se hubiera presentado diciendo también que sus aficiones eran los chicos, y tres varones de la clase saltaron indignados para que no les soltara el mismo rollo feminista de siempre, que ya se lo sabían y que el año anterior les habían echado el discursito dos profesoras.

En otras clases, me he encontrado también frases para la reflexión. Que “hacerlo es como jugar a los dardos” o que “solamente hay que mirar a Nacho Vidal”. Estos comentarios se dieron en una clase que desconocía donde se encontraba el clítoris y sus potencialidades eróticas. Sin embargo, me contaron que un profesor bienintencionado había intentado darles clases de sexualidad, pero que abandonó al segundo día porque, según el alumnado “nosotros sabíamos más que él”.

Me viene a la cabeza un chiste donde un padre le dice a su hijo adolescente: “Juan, ya es hora de que hablemos de hombre a hombre de la sexualidad”. Y el hijo le contesta: “Muy bien, papá, ¿qué quieres que te explique?”.

La consideración de lxs adolescentes como personas informadas y experimentadas, incluso más que las adultas, es también un tópico recurrente. En algunos casos es posible que haya jóvenes con más experiencia sexual que muchxs adultxs; sin embargo, ¿qué experiencia?, ¿qué información? En la clase donde no conocían el clítoris (y no hay ninguna duda de su existencia), sí que sabían qué era el punto G (zona que no está demostrado que todas las mujeres tengan).

Por lo tanto, lo primero que se debería preguntar una persona que pretenda educar es qué saben lxs adolescentes y qué les vendría bien saber. Y acto seguido, plantearse también qué información-formación está dando la escuela. Pondré otro ejemplo: una alumna de segundo me contó un poco escandalizada que una profesora les había dicho, cuando iban a primero, que llevaran un preservativo en la mochila. El malestar de la joven venía porque la profesora daba por hecho que una chica de 12 años podía tener intención de practicar el coito.

El tema da para mucho; pero creo que los ejemplos muestran claramente tanto la falta de formación del alumnado como la falta de preparación del profesorado, tercera de las dificultades. Sin embargo, debemos añadir también la falta de compromiso de las administraciones en esta formación. Estamos viviendo una época de reformas legales importantes: la legalización de los matrimonios homosexuales (2005), la transexualidad (Ley de identidad de género, 2007), la dispensación libre de la píldora postcoital (2009), la reforma de la ley del aborto... pero la sexualidad no está incluida en el currículo escolar de manera explícita, y esta ocultación refuerza el tópico de la naturalidad de la sexualidad.

““””””La sexualidad es natural”””””””

Para Beatriz Preciado, (Manifiesto contra-sexual, Ópera Prima, 2002) la sexualidad no es natural, sino una tecnología al servicio de un sistema llamado sexo-género, según el cual atribuimos un sexo (masculino o femenino) al bebé en función de una parte de su anatomía, y educamos en unas creencias, valores, normas, prácticas... diferentes según se trate de hombres o de mujeres. Esta tecnología social y heteronormativa produce cuerpos-hombre y cuerpos-mujer –calificando de errores los cuerpos intersexuales, las personas homosexuales, la pluma, las mujeres sexuales...–, reduce la superficie erótica a los órganos sexuales reproductivos y privilegia el pene como “único centro mecánico de producción del impulso sexual”. La adoración del pene se hace patente en el diferente tratamiento que se da a la sexualidad de unos y de otras. La publicidad de la Asociación Española de Andrología (ASESA) para tratar la eyaculación precoz recomienda consultar con el médico y añade: “Ellos ya lo han hecho”, dando a entender que el "problema" de él es un problema de pareja. En la publicidad dirigida a las mujeres (por falta de deseo, anticonceptiva...), no hay un "nosotros"; sólo se dirigen a ellas.

Para Preciado el sistema sexo-género es un sistema de escritura y el cuerpo es el texto sobre el que se escribe. “La (hetero)sexualidad, lejos de surgir espontáneamente de cada cuerpo recién nacido, debe re-inscribirse o re-instituirse a través de operaciones constantes de repetición y de re-citación de los códigos (masculino y femenino) socialmente investidos como naturales”.

La publicidad es una de estas plumas que escribe, y recuerda, sin cansarse, cómo deben ser un hombre y una mujer, cómo se debe vivir la sexualidad, qué prácticas son apropiadas para los unos y para las otras, etc.

Pero el problema de la naturalización de los cuerpos y de los deseos, no es solamente que dificulte una educación sexual de calidad, sino que desresponsabiliza y justifica las diferencias. A la naturaleza se le atribuye que los chicos sean más sexuales y que las chicas sean más cuidadoras, por poner solo un ejemplo. Y por lo que respecta a la responsabilidad, si resulta que es la naturaleza, o un gen o una cantidad determinada de hormonas lo que justifica nuestra conducta, nuestros valores, nuestra manera de pensar o de sentir, entonces no tenemos la culpa y nos podemos dejar llevar y actuar como siempre, sin que nada cambie.

Por suerte, algunos y algunas ya resisten a la manera faucaultiana, no solamente luchando contra las prohibiciones o la moral, sino produciendo formas de placer-saber alternativas.

PD: el anuncio que encabeza el artículo, es para mí un ejemplo de escritura alternativa.

(continuará con la última de las dificultades: la sexualidad es un tema privado y no se ha de trabajar en la escuela.)