La educación sexual en la escuela (1)
 

El 24 de febrero de este año, invité a dos jóvenes activistas de la GuerrillaTravolaka, Mikel Missé y Marina Collell, para que dieran una charla a mi alumnado de ESO y Bachillerato. Fue una jornada muy interesante, donde Mikel habló de transexualidad y Marina de homosexualidad (en Identidades transgresoras podéis leer un resumen y también las opiniones del alumnado). Pero de cuanto se dijo, dos cosas me impactaron. Marina contó que, después de pasar seis años en el instituto sin oír hablar de homosexualidad, decidió escribir una carta a la dirección quejándose de la invisibilización de la homosexualidad y de dar por hecho que todo el mundo era heterosexual. Por su parte, Mikel, después de solicitar en la secretaría del centro que se le cambiara el nombre en las listas (para evitar situaciones incómodas cuando el profesorado leía un nombre de mujer y levantaba la mano una persona con apariencia de varón), fue llamado en repetidas ocasiones al despacho de dirección acusado de hacer apología, propaganda, del lesbianismo y de la transexualidad.

 Cuando escuché relatar estos trocito de vida, pensé en los centros de nuestro alrededor donde podía estar pasando lo mismo: que la identidad y la orientación sexual de las personas quedara oculta o fuera directamente escondida con palazos de incomprensión. Y entonces me pregunté por la razón de esta ceguera. ¿Por qué en la escuela no se habla de la diversidad sexual? ¿Por qué no se dice nada de la sexualidad? ¿Será que no forma parte de la cultura?, ¿de la historia?, ¿de la naturaleza?, ¿de la literatura? … 

Yo creo que sí que forman parte. Entonces, ¿estará prohibido hablar de sexo? Miremos la ley, a ver qué dice.

¡Ummmm! ¡Qué suerte!!! No tengo que leerme la LOE entera. En el preámbulo ya lo pone:

 “Entre las finalidades de la educación se destaca el pleno desarrollo de la personalidad y de las capacidades afectivas del alumnado, /…/ el reconocimiento de la diversidad afectivosexual, y también la valoración crítica de las desigualdades, que permita superar los comportamientos sexistas.”

En otras palabras, la coeducación, la educación afectivo-sexual y la educación emocional forman parte de los principios y fines de la LOE: aparecen en el preámbulo y en el título preliminar.

¿Por qué, si lo dice la ley, no se enseña en la escuela?

Como hace tiempo que le doy vueltas a este tema, tengo una hipótesis: por lo menos se me ocurren cinco impedimentos que dificultan la educación afectivo-sexual en la escuela: el miedo, la falta de formación, la falta de compromiso de las administraciones, la naturalización de la sexualidad y su consideración de tema privado y, por tanto, al margen de la escuela..

La primera de las razones es el miedo. El miedo del profesorado al alumnado, a las familias y a lxs mismxs compañerxs. ¿Por qué al alumnado? Porque existe el temor a hacer el ridículo, a no saber, a que la ignorancia en estos temas conduzca a la pérdida de poder o de autoridad; también el miedo a mostrarse: a traspasar la línea entre la privacidad y lo público al responder, o no hacerlo, a las preguntas personales que pueda plantear el alumnado.

El otro miedo es a lxs compañerxs: aquellxs que piensan que su tarea sólo consiste en enseñar una materia, y que nos miran con suspicacia, como si fuéramos infiltradxs del enemigo que han venido a sabotear su “científica” tarea.

Y por último, existe el miedo a las familias, de la mano del tópico según el cual la información fomenta la promiscuidad.

Yo, como soy sufridora, he estado observando mi centro, a ver si después de la visita de Mikel y de Marina, había empezado a producirse una epidemia de transexualidad y de homosexualidad; pero la verdad es que no he visto nada fuera de lo común. También me he fijado si desde que doy clases de educación sexual hay más parejitas, más sexo... pero todo parece que continúa igual. No sé si empezar a barajar la posibilidad de que la promiscuidad se lleve por dentro...

(continuará)