La cultura de la violación

Querido hijo:

Hacía mucho que quería escribirte para hablar de un tema muy importante, pero he ido posponiéndolo porque no es fácil de explicar. Empezaré contándote una anécdota de hace años, cuando todavía no estabas ni en el pensamiento.

Teníamos 18 años y hacía apenas un año que tu madre y yo salíamos juntos. Yo vivía en aquella época en un piso de estudiantes con Jordi, uno de mis mejores amigos. Era sábado y habíamos salido toda la pandilla de clase porque celebrábamos el final del primer curso de carrera. Ya muy entrada la noche, tu madre y yo volvimos al piso, acompañados por Jordi y Andrea, que era amiga de tu madre. Nosotros no hicimos el amor porque estábamos muy cansados, y porque siempre hemos sido mañaneros para las cosas del amor; pero antes de dormirnos, oímos crujir la cama y los suspiros de la habitación de al lado. Tres meses después, tu madre me contó que en realidad aquella noche Jordi había violado a Andrea. Y yo no la creí.

Estábamos en la misma casa y no oí ningún grito. Jordi me había contado que lo habían hecho y que se lo habían pasado muy bien, que Andrea estaba muy buena, pero que de momento prefería no atarse en ninguna relación estable. Y todo esto me lo dijo muy tranquilo, mientras mojábamos unos cruasanes con chocolate en la leche caliente. ¿De dónde se había sacado tu madre que Jordi era un violador? Si hubiera sido una violación, Andrea habría gritado ¿y nosotros la habríamos oído, no? ¿Es que la amenazó con una pistola?

Tu madre y yo discutimos sobre aquello y ella no quiso venir a mi piso mientras Jordi estuviera. Y yo nunca le comenté nada de la violación a mi amigo. Callé como un imbécil cómplice y contribuí con mi silencio a hacer que este mundo siguiera siendo igual de injusto para las mujeres en general y para tu hermana en particular. Y eso fue así porque yo, por el simple hecho de haber nacido hombre, formo parte de la cultura de la violación, una cultura que considera natural la violencia sexual de los hombres hacia las mujeres, y que se perpetúa en la misoginia, en el androcentrismo, en la objetualización de las mujeres, en la naturalización de la violencia masculina, etc. Con los años, he ido entendiendo que esta cultura se sustenta con la complicidad de hombres como yo, que ríen los chistes machistas del whatsapp del grupo de amigos, incluso aquellos en los que la violación se presenta como una banalidad; que lanzan a las mujeres piropos, o se quedan mirándolas cómo si fueran sólo unos pechos o un trasero.

Y tú también, querido hijo, formas parte de esta cultura de la violación por el simple hecho de haber nacido hombre. ¿Eso significa que todos los hombres somos unos violadores? Obviamente, no. Pero todos los varones nos beneficiamos de una cultura que desde pequeños nos trata como si fuéramos más importantes que las chicas (más fuertes, más valientes, más libres...) y nos dice que somos muy sexuales y que la sexualidad es una necesidad que tenemos derecho a cubrir (porque las necesidades de los hombres no son vistas como carencias sino como privilegios). Y como hombres, crecemos con el derecho a ser complacidos, y también a presionar para que se cumplan nuestros deseos. En cambio, estos privilegios no los tienen ni tu madre, ni tu hermana, ni ninguna mujer porque a ellas las educan para que nuestro placer sea más importante que el suyo. ¿Te parece justo?

Pues no. No es justo. No ha sido nunca justo pero, desgraciadamente, cuando era más joven no lo veía, y por eso discutía con tu madre y le decía que yo no tenía la culpa de que hubiera cuatro cafres violadores que no respetaban a las mujeres. Ahora sé que yo también formo parte de una estructura de poder que permite que el machismo y la violencia sexual continúen. Que tú o que yo no seamos unos violadores, no justifica que ante las críticas nos hagamos las víctimas y descarguemos nuestra rabia contra las mujeres feministas que luchan para cambiar la realidad (llamándolas por ejemplo feminazis), en vez de hacerlo contra los responsables directos: aquellos machistas que abusan de su poder y del privilegio de ser hombres en una sociedad patriarcal.

He oído decir a algunas personas que gran parte de la culpa de lo que pasa hoy en día la tiene la familia, pero no estoy del todo de acuerdo. Tu madre y yo os hemos educado igual a tu hermana y a ti. Aun así, tú serás siempre más libre que ella, aunque nos pese. Nosotros no le hemos transmitido el guión del miedo, que en lugar de protegerla la desempodera. Pero todo lo que la rodea ya se ha encargado de decirle que debe temer a los hombres porque le pueden hacer daño. Y para evitar esa violencia, tiene que ser menos libre: volver pronto a casa, no salir sola, no vestir “provocativa”, etc. Y si no cumple las restricciones patriarcales, se la hará responsable de lo que le pueda pasar, se sentirá culpable y no se atreverá a denunciar a violadores como Jordi. ¿Te imaginas vivir así?

Pues piensa en todo esto que te digo y escucha, hijo, los consejos que te daré:

No hagas caso de los modelos de hombres y mujeres de las películas, de las series, de los anuncios, de los videojuegos... Sé crítico. No trates a las mujeres como un trozo de carne. Míralas a los ojos. Si una chica, o un chico, te dicen que no, respétalos. No te creas el sexo que ves en las películas –i en las porno, menos– porque no es real: hacer el amor da gusto cuando lo haces por gusto, no por obligación; y lo mejor de todo es cuando las dos personas disfrutan. No lo olvides nunca: ni un coito, ni el sexo oral, ni ninguna práctica sexual son siempre placenteras; depende del momento, de la persona, del estado de ánimo... Habla con tus parejas y pregúntales, y haz que ellas te pregunten a ti. No des por hecho nada porque lo que le gusta a la mayoría quizás a ti o a tu pareja no os convenza. Escucha tu cuerpo y verás que no es verdad que todos los hombres quieren lo mismo. Atrévete a disfrutar de una sexualidad no patriarcal donde tus erecciones o tu pene no sean lo más importante. Explora tu erotismo. Sé el hombre que quieres ser, no el que el patriarcado quiere que seas. 

Y ya para acabar te diré: sé valiente y enfréntate a los chicos machistas. Hazles ver lo injusta que es su manera de actuar. Hazles pensar, tú que tienes la suerte de que alguien te ha explicado que formas parte de la cultura de la violación. No seas cómplice y actúa. Es de justicia.

Albert


Traducción de la entrada del blog Karícies "La cultura de la violació"

Comments