Identidades transgresoras
 

 

Mikel Missé y Marine Collell, de la Guerrilla Travolaka, nos han visitado este martes 24 de febrero de 2009 por hablarnos de transexualidad y de lesbianismo. Los rumores cuando entran en el salón de actos son tan potentes como el ruido de un avispero: ¿Quién es el travolo, él o ella? ¿Está operado? ¡Pero si se guapo y todo!

 

A lo largo de tres semanas el alumnado de Taller y de Proyecto ha sido trabajando el tema y un grupito de voluntarios hacen su presentación. Con mucha vergüenza, pero también muchas ganas, explican qué es la transexualidad y las discriminaciones que sufren las personas que quieren decidir con qué sexo se las debe tratar.


“¿Por qué te sientes hombre?” le pregunta alguien de la sala a Mikel. “No me siendo ni hombre ni mujer. Quiero vivir como hombre, en masculino, porque solo hay dos casillas donde me puedo situar” responde él. Es el sistema binario heteropatriarcal, explico en clase. Si eres un hombre, ocuparás una posición superior en la jerarquía, deberás ser masculino y te gustarán las mujeres. Si eres una mujer, deberás ser femenina y te gustarán los hombres.


¿Podemos elegir dónde situarnos? ¡La respuesta es no!


¿Y qué pasa si no encajamos en las cuadrículas? ¡Que te haremos encajar a base de insultos! ¿Lo has entendido, friki?

 

¿Por qué nos sentimos hombres o mujeres? ¡Gran pregunta!

 

¿Por qué aceptamos que nos traten con el sexo que nos asignaron nada más nacer después de la observación de los genitales?

 

En clase le he hecho la pregunta a mi alumnado: “¿Por qué te sientes mujer?”. Una chica me contesta que porque que le gusta peinarse los cabellos, ponerse zapatos de talón, pintarse e ir con ropa femenina... “Entonces...”, contesto yo, “¿si a un chico le gusta hacer todas estas cosas que tú dices, ya es una chica?

 

¿Qué les pasa a los chicos a quienes les gusta hacer cosas de chicas? ¿Y a las chicas que hacen cosas de chicos? Les pasa que les insultan, que les dicen maricón o marimacho, que les miran mal, que les discriminan... y muchas veces eso ocurre en nuestra presencia y sin que actuemos.

 

En la charla de la mañana un alumno comentó por el pasillo que no le interesaba asistir porque él no era maricón. Seguramente tenía razón y no lo era; sin embargo, a su alrededor hay gente de todos los colores, y su propio deseo no será tampoco el mismo a lo largo de la vida. Las identidades no son cuadrículas donde encajamos a la perfección, sino etiquetas que nos colgamos o que nos cuelgan y que demasiado veces sirven para esconder los propios deseos diversos y diferentes de los de cualquier otra persona. Por ello, la charla que Mikel y Marina nos regalaron no tenía como intención hacer propaganda de la homosexualidad o de la transexualidad, sino una defensa de la diversidad y una llamada a la responsabilidad de todos para convertir o crear a nuestro alrededores espacios seguros donde puedan caber todos los deseos.


Porque ni la homosexualidad ni la transexualidad son enfermedades, pero en cambio la homofòbia y la transfobia sí.

Rosa Sanchis