Homofobia, sexismo y masculinidad (3)
 

¡Si te quedas parado, es que eres un marica! porque los hombres de verdad no aman a otros hombres. La homofobia es eso: el miedo y el odio a la homosexualidad y a los homosexuales, y el pánico de los hombres a amar a otros hombres o que otros les amen a ellos. Son las tres patas de la identidad masculina tradicional: el individualismo (no soy un niño), la misoginia (no soy una mujer) y la homofobia, con su triple violencia.

De la segunda, de la violencia contra las mujeres, hablaremos más adelante. Pero solo un pequeño aperitivo: uno de los peores insultos que se le puede decir a un hombre es “nenaza”. Ya se sabe lo que se le asocia: debilidad, cobardía, sentimentalismo, pasividad, sometimiento... Nada que ver con la manera de ser de la mayoría de las mujeres, pero... hay que alejarse de cualquier característica que se considere propia de éstas.

Otras formas de machismo consisten a aprovecharse del cuidado, del trabajo doméstico, etc. que ellas desarrollan de manera gratuita. También es sexismo del bueno, la desresponsabilización de la igualdad, o incluso el boicot al deseo de equiparación de las mujeres, considerando el feminismo como lo contrario del machismo o convirtiendo las justas reivindicaciones feministas a la dinámica del ganar-perder, según la cual lo que las mujeres quieren es pasar de abajo a arriba y, por lo tanto, mandar sobre los hombres.

Y, por último, el amor. Para la masculinidad tóxica, el amor es una batalla y en las guerras, la confianza es peligrosa, no se debe mostrar debilidad sino todo lo contrario porque el objetivo de la contienda es ganar. Desde esta óptica, algunos sociólogos ven el adulterio como la manera que tienen los hombres de esconder la dependencia emocional de sus parejas, porque no pueden admitir que las “necesitan”.

Por lo que respecta la homofobia, las datos de un estudio realizado durante el curso 02/03 a cerca de 300 adolescentes valencianos de entre 14 y 18 años, nos aporta los siguientes resultados:

·         Dos de cada tres adolescentes consideran que lesbianas, gays, transexuales y bisexuales son tratados de forma injusta en los centros educativos, discriminación que se considera por encima del 80% en el conjunto de la sociedad.

·         Más de un 20% (casi un 40% en el caso de los chicos) afirma sentirse incómodo/a en la relación con lesbianas y gays.

·         Un 17,2% (casi un 40% de chicos) considera inapropiado que lesbianas y gays expresen sus sentimientos en público. No obstante, solo un 3,5% (un 6,8% de chicos) cree correcto tratar con menosprecio a las personas homosexuales, aunque un 10,3% más se muestran indiferentes ante este trato.

·         Con respecto a cómo creen los y las adolescentes encuestados que debería tratar la sociedad a lesbianas y gays, un 77,3% afirma que deberían tener los mismos derechos mientras que un 17,9% considera que algunos no les conciernen, principalmente el referido a la adopción y a tener hijos.

·         Para un 4,1%, ser homosexual no es correcto.

Destaco el segundo punto y la diferencia entre chicos y chicas en la consideración de la homosexualidad. La homofobia es típicamente masculina y los varones tradicionales se creen en el derecho de atacar a los gays, especialmente a los más femeninos, porque han consentido en renunciar a sus privilegios de machos adoptando las formas y maneras de las mujeres.

El próximo día 17 de mayo es el Día Mundial contra la Homofobia y la Transfobia porque el año 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de su listado de enfermedades mentales.

La homosexualidad no es una enfermedad, ha dicho la OMS.

¿Serían enfermas las personas homosexuales si no hubieran estado eliminadas de la lista? ¿Y sanas las heterosexuales? ¿Y las bisexuales? ¿Y las transexuales? ¿Y las...?

¿Quién nos da permiso para ser “normales”?

Lo dé quien lo dé, el trabajo la tenemos nosotros. El otro día les comentaba a los alumnos del IES Bocairent que espero no jubilarme antes de ver como los chicos se saludan por los pasillos dándose un beso y un abrazo cálido, y no una colleja o un manotazo en la espalda como hacen ahora.

El miedo a mostrar afectos y emociones, el temor a sentir cariño por otros varones, es también consecuencia de esta homofobia que obliga a los hombres a vivir con la coraza puesta permanentemente. El problema es que se trata de una coraza radiactiva, y ya se sabe que las radiaciones lo contaminan todo.

La elección está clara: ¿radiactividad masculina o cariño?

Rosa Sanchis