Espectativas. La primera vez (2)
 

¿Cómo podemos saber de la sexualidad si no conocemos nuestro propio cuerpo?

Esta pregunta, que aparece en uno de los vuestros comentarios, es muy interesante, no solamente porque nos hace mirar dentro y interrogarnos, sino porque lleva además implícita una respuesta: la persona que sabe del placer que puede darse, que es capaz de escuchar el propio cuerpo, de sentirlo y de mimarlo, tiene muchas más posibilidades de compartirlo satisfactoriamente. Contrariamente, es mucho más complicado sintonizar con otros cuerpos sin el cuidado, la estima y el conocimiento del propio cuerpo erótico

¿Y cómo se hace eso de conocer-se? ¿Dónde dan los cursos para aprender sexualidad y erotismo? ¿Es lo mismo?

La sexóloga Montse Calvo diferencia entre Erotismo y Sexo atlético. El primero es un juego, un aprendizaje divertido de nosotros y de los otros; por contra el segundo, con el adjetivo atlético (del griego athón, que quiere decir lucha), es una demostración, una exhibición de técnica que pretendemos dominar por imitación de unos modelos marcados por exigencias.  

Volvamos a la Primera Vez y analicemos el modelo que desde todas las instancias se nos pretende inyectar directamente en vena. Ya hemos comentado que el Modelo Sexual Hegemónico en nuestra sociedad diferencia entre el precalentamiento y la Práctica en mayúsculas. Esta primera vez es heterosexual (discrimina las prácticas homosexuales) y sexista (la relevancia y la consideración social de la virginidad es distinta para chicos y chicas; por lo tanto, la regla de la inversión no funciona; así que ¡desconfiemos!).  

Sin embargo, la primera vez coital despliega también una serie de expectativas bien curiosas. Los sexólogos Silverio Sáez y Santiago Frago (me copio la metáfora del cine y amplío su excelente artículo sobre la primera vez) comentan de manera muy divertida que con esta práctica esperamos asistir a una peli de Ciencia Ficción y a una de Cine Negro. Y yo añadiría que también a un Drama Romántico.

Las expectativas de Ciencia Ficción nos llevan a creer, y por lo tanto a esperar, que el coito sea una actividad muy placentera; de hecho, que sea la más placentera. Y como somos actores de película, aunque no haya un aprendizaje previo, el chico controlará la situación sin dudar, gracias a la naturaleza, que es sabia (o eso se piensa ilusoriamente), confiando en la intuición o en cuatro trucos que nos habrá enseñado alguna película porno. Por su parte, la chica no se mostrará demasiado activa, no sea que él piense que es una experimentada, y ni mucho menos tratará de controlar la situación.

Por lo que respecta a las expectativas de Cine Negro, que yo diría más de Cine Gore Caballeresco (me acabo de inventar el género), se espera que el primer coito sea doloroso y sangrante porque, para poder penetrar la fortaleza, hay que desgarrar el inexpugnable himen, que se rendirá inundándonos de sangre. Además de eso, y por si no fuera suficiente, al caballero se le presupone valentía y ningún temor, y a la dama, un cambio sin retorno ya que, una vez perdida, la virginidad no se recuperará nunca más.

Rosa Sanchis

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