El erotismo: la droga del siglo XXI
 

Cuando yo era adolescente, me dieron en el instituto una charla sobre sexualidad. El título era: “Sexualidad y drogas”, y en aquel momento no entendía demasiado bien la relación entre una cosa con la otra. A mí me parecía más lógico hablar de “Sexualidad y placer”, de “Sexualidad y emociones”, de “Sexualidad y amor”, de erotismo, de pasión, de desamor, del qué dirán, del todos lo hacen, de tenerla grande o pequeña... Pero lo que nos contaron en aquella charla, seguro que con toda la buena intención, fue que para tener relaciones sexuales (que había que entender como coitales) se debía usar un método anticonceptivo que nos protegiera del embarazo. Entonces había las pastillas anticonceptivas; (ahora podemos encontrar parches hormonales, anillos vaginales que sueltan hormonas, etc.). Además, nos recomendaban, para protegernos de las enfermedades de transmisión sexual, el uso del preservativo.

Para mí y para mis compañeros y compañeras, los consejos que nos daban aquel señor y aquella señora nos quedaban muy lejos: teníamos catorce años y la media de inicio en las relaciones coitales nos los años 80 rondaba los veinte años.

Lo que dijeron sobre las drogas se me ha borrado de la memoria. Solamente recuerdo que hablaban de yonquis y de jeringuillas de heroína, realidad que también quedaba muy lejos de nuestras vidas. No recuerdo que dijeran nada del hachís ni de la marihuana, tampoco de las anfetaminas ni de los ácidos, que empezaban a circular por entre el alumnado más mayor del instituto.

¿Qué pasa hoy día con las drogas? ¿Por qué, en el siglo XXI continúa hablándose de sexualidad y drogas?

 Estas son buenas preguntas, pero la mejor de todas es: La información que damos sobre las drogas ¿es útil para tener una sexualidad placentera, igualitaria y segura?

 Tal vez hayáis asistido a alguna de estas charlas de sexualidad y drogas y podáis contarnos vuestra experiencia e intentar contestar a la pregunta.

 Yo solamente lanzaré tres ideas y recomendaré un artículo que podéis encontrar en el blog pinchando en la foto:

  • Cuando se habla de drogas, se diferencia entre drogas ilegales y drogas legales. Entre las segundas es curiosa la generalización y buena prensa de aquellas que pretenden mejorar el rendimiento (la Viagra).
  • La desinformación y los mitos alrededor del efecto potenciador del placer que proporcionan las drogas es enorme.
  • El alcohol es consumido en muchos casos para desinhibir y perder las vergüenzas que nos da relacionarnos.

Como siempre, me vienen preguntas:

  • ¿Somos las personas máquinas y la sexualidad un coito centrado en un pene grande y duro?
  • ¿Si no tuviéramos vergüenza, o por lo menos poseyéramos recursos personales para superarlas, podríamos gozar de relacionas placenteras y seguras con todos los sentidos corporales en marcha (y no con el cerebro y el cuerpo convertidos en barcos a la deriva en una mar de presiones y de expectativas de película)?
  • ¿Podría ser que buscáramos las drogas como un refugio para un sexo mecánico y aburrido porque no nos atrevemos (o no sabemos) vivir la relacions con recursos propios?
  • ¿Qué tal convertir el erotismo en la nueva droga del siglo XXI?

Rosa Sanchis