65a. Estética Patagónica

 

Fotografía: Gabriel Rojo, Escultura: Fernández Olivi,

Grabado: José Florez Nale, Pintura: Rosa Audisio, Dibujo: Luis Abraham

Texto: Miguel Angel Rodriguez

65. Grupo Pampatagónicos

65 b. Arte Pampatagónico

00.INDICE GENERAL

 

 

Estética Pampatagónica

 

Logos sureño,

piquillín e intensión,

Pampatagonia.

 

 

Sur Terminal

 

I.

¿Cómo comprender la dimensión pampatagónica de nuestra estética?

 

Pienso en distancias, salinidades, identidades múltiples y seres que conocen todo porque saben su muerte; pienso en praxis de Pintura, Grabado, Escultura y Fotografía.

 

Y en el pensar, mi cosmos pueblerino fricciona hasta gastar. El tiempo emerge, circular y espiralado, embarazado de colectivos animales en búsqueda espacial del aleph originario. Veo a Guevara, el de Estrella Roja, circunvalando entre peces de pan y dólares ausentes en bolsillos flacos.

 

Siento el mundo-cuadricula castigador del que osa vincular los compartimentos. Cuando relaciona, una persona es tachada.

 

¿Mi Pampatagonia niega a Logos? ¿Somos anti-razón?

Antes bien creo en Denuncia y capacidad de Revertir. Denuncia y reversión tan presentes en mi, como en la obscuridad femenina de Pampa Rankulche.

Camino entre las artes de mis arenas medanales. Espesas masas escultóricas traen al mundo animal muerto. Otra reversión me viene encima. Conocer la vida por el deceso, iniciando un viaje desde dentro, cabalgando las entrañas secas, a sabiendas del valor periférico de lo lejano y oculto.

 

Y ese andar de sierras, aguadas y bardas no puede serlo sin la imagen de reacciones químicas grabadas en papeles y retinas.

 

Grabados y fotografías, cementerios de autos y realismo plasmado; mi pampeanidad patagónica estalla sin terror, codificando la identidad en un viaje terminal.

 

 

II.

Mi desierto que no es desierto, la selva de caldenes, sombras y algarrobos, que no es selva, esta pampa con migrantes, proyectos y cosmovisiones revolucionarias, esta pampa es Patagonia.

 

Extiendo mis manos y exudo la afirmación de reconocerme en el ser otro. Abraham lo enseña en su negación de símbolos olvidados. Conejos, caballos y otros animales no dan origen, como lo hicieron en la milenaria Sumer, a cruces y esvásticas. Por el contrario, espirales dialécticas y circulos de lunas y soles, reafirman nuestra imposible ciclicidad.

 

Sigo extendiendo mis manos. Colapso en Audisio y sus metafísicas acuáticas. La escasez de tierra conmociona. Todo es aéreo, de ideas rebotado, sugiriendo al ser, antes que la nada.

Y el agua, Agua con "a" mayúscula, que no es bautismo, aunque si purificación del buscador de lobos esteparios en multitudes urbanas.

 

Retraigo mis manos y converso con Nale, el místico y colosal amigo de desdoblamientos, embarcaciones, mundos subterráneos y santos portadores de evangelios malditos; Nale, el que roba a los fantasmas la posibilidad de estar sin ser.

 

Nale entrega cargas a la tierra de anacoretas. Me integro a sus piezas alienadas de ajedrez. Hay nave, vive el sarcófago.

 

Y esa tierra pervive en Olivi, y su Ferro descriptible, bacanal y vítreo. Es una imagen sacra, austera, de ciencia callejera. Veo abismos sin ángeles, casi señalando la conflagración del moderno contemporáneo.

 

Conflagración. Esa es la palabra en Rojo. Un mundo natural, artificialmente reflejado, constituyendo recuerdos de Pampatagonia y globalización.

 

III.

Solo el viaje puede salvar.

Arte y asomo.

Humanidad.

 

 

Miguel Angel Rodríguez.