“Corazones Vivos” o “Corazones Muertos”

 

   El azar hizo que una lente curiosa captara en un lugar destinado a la venta de antigüedades, un grupo de piezas apiladas como conformando un cementerio de objetos que otrora estuvieran llenos de vida.

 

   El tema sería una anécdota más -en esta sociedad de consumo habituada al desguace de los objetos caídos en desuso-, si en esa oportunidad, aproximadamente unos diez corazones coloridos no conformaran ese grupo de piezas; entre ellos, allí en la loma, mi corazón de ADN, paradójicamente llamado “el origen de la vida”.

 

   “Corazones Vivos” constituyó una convocatoria artística para intervenir corazones de fibra de vidrio los que serían rematados a beneficio de la Fundación Favaloro. Previo al remate, se exhibirían en espacios públicos, aeropuertos y shoppings, en Buenos Aires y en diferentes ciudades de la Argentina; Ezeiza, Aeroparque, Iguazú, Salta, Córdoba, Bariloche, Mar del Plata, Mendoza y Río Gallegos por mencionar sólo alguno de ellos; tal como se informara oportunamente.

 

   Suponiendo, que no fuera posible la adquisición por medio del remate de todos y cada uno de los corazones -dada las características de la compra de arte en nuestro país-; es dable pensar en alguna opción que no desprecie de manera tan evidente la creación artística.

 

   Es probable que desde el punto de vista legal no haya posibilidad alguna de reclamo, no obstante desde el punto de vista moral, es necesario que este hecho se conozca, para que todos los artistas, que tenemos una gran propensión a ser solidarios con proyectos sociales, nos preguntemos sobre la destinoerrancia -término acuñado por el filosofo francés Jacques Derrida- de nuestro trabajo. Si lo valoramos, por ser producto de nuestra creatividad, es imposible seamos indiferentes a su destino, que no es precisamente en este caso, un destino de gloria.

 

   Quisiera expresar mi agradecimiento a todos los que hicieron posible esta nota -con la esperanza de que además sirva para que alguna empresa o coleccionista de arte repare esta situación-; recordando lo manifestado por el crítico de arte Miguel Ángel Rodríguez en otro contexto, pero perfectamente aplicable esta situación; (…) Es preciso tomar conciencia sobre el valor, para la cultura de los pueblos, de la memoria pictórica e icnográfica. Esto implica identificar las tendencias destructoras de obras de arte, elaborando estrategias que las minimicen o anulen, de manera de preservar los deliciosos mundos visibles e invisibles que nos hacen ciudadanos. (…).

 

   Invito a mis colegas a darse una vuelta por Tigre en Buenos Aires; tal vez encuentren su corazón y puedan así, no dejarlo al pobrecito, mutilado de esperanza y de razón.

 

------------

 

 

Con el afecto eterno que todos y cada uno de los artistas tenemos por esas obras nuestras que se fueran a otras manos; a éste,  mi corazón de ADN, se le suma un hermoso regalo digital -que lo incluía- que me hiciera el reconocido artista uruguayo Clemente Padín y que denominara “el corazón de la unidad latinoamericana”