El Museo y los Baleros

 

 


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El Museo y los Baleros

 

Estamos prontos a contar en la Argentina con el primer MUSEO MUNICIAPAL DEL JUGUETE, un hecho  verdaderamente importante, desde lo histórico, cultural, antropológico y  artístico.

 

No obstante el mayor desafío en la realización de un MUSEO es su dinamismo; el logro de un lugar en donde niños y adultos puedan tener contacto con objetos y estilos de juegos,-que fueron más corrientes en otras etapas de la vida humana-, poder relacionarlos con los que los acompañan en el presente, pero además, incluir un espacio amplio y abierto en el que sea posible la participación,  la diversión y el conocimiento; con lo que se transformaría en un MUSEO VIVO, capaz de superar la mera contemplación.

 

Se destaca el Objetivo General del proyecto que es (…) Lograr, a través de la creación del Museo Municipal del Juguete de San Isidro, el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño y de la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes Nº 26.061, como una política de estado que tenga como fin último la formación de personas que, en el futuro, puedan ser las hacedoras de una sociedad solidaria, creativa y responsable. (…)

 

Ningún humano debería perder su capacidad de juego, de hecho, tampoco los artistas deberían perderla, quienes hasta lo que se conoce, están incluidos en la categoría “humanos”. Más de 200 artistas se pusieron a jugar e intervinieron o pintaron su BALERO invitados por otro artista amante de los juguetes y motorizador de la idea, JORGE MEIJIDE.

 

EL BALERO es un juguete que se considera originario de América Latina, jugado en épocas anteriores al “encubrimiento” de América, es por eso, un juguete que desde otras épocas y culturas nos habla de nuestra identidad,  esa identidad que es además, un producto del mestizaje con el que estamos amasados, -esa mezcla de inmigrantes e indígenas que nos define en esta parte del continente-.

Se presume,  de acuerdo a estudios  recientes, que los mayas realizaban este juego  con cráneos humanos, los que oficiaban de bolas agujereadas. También se supone otro origen en Francia en el siglo XVI pero prefiero -aunque el tema no genere las controversias inherentes a la nacionalidad de Carlos Gardel-, ante la duda, situar su origen en nuestro continente.

Como anécdota contemporánea, hace unos pocos meses, en una convocatoria artística de otras características,  un artista tucumano nos sorprendió con un balero cuya bola agujereada era un hueso de caracú al que había titulado “balero criollo”.  

Esta breve reseña es al sólo efecto de despertar la curiosidad, la fantasía y la aventura del conocimiento, a la que somos afectos los grandes y los chicos.

 

Días pasados al intentar contarle sobre el proyecto a una joven vecina, y presumiendo que por su edad, no sabía de que se trataba, me sorprendió mostrándome el balero con el que diariamente su marido se “calmaba los nervios” -un hermoso balero con tachas- , quien pretendía que ella aprendiera, pero, a pesar de la práctica y tal vez por la poca paciencia, no lograba hacerlo, se golpeaba la mano cada vez que lo intentaba; a raíz de eso me dijo graciosamente, “este juego no es para todos”.

 

No obstante su frase, me gustaría reflexionar, que la idea de JORGE MEIJIDE no resultó como el “antón pirulero” en el que “cada cual atiende su juego”; más de 200 artistas solicitaron su balero, jugaron con él, lo rompieron, lo pintaron, lo rearmaron y se lo entregaron para que por medio de un sorteo a beneficio -del que oportunamente se dirá la fecha de realización- se logren aumentar los fondos económicos para la consolidación definitiva del proyecto.

O sea, que bien podemos decir que, “se viene el gran sorteo de baleros” o que “se siente,… se siente el balero está presente” y prepararnos para la adquisición de uno de ellos, con que lo sabremos, estamos contribuyendo a la construcción de un Museo para todos los argentinos. Los artistas realizaron el aporte de su capital -no monetario-, que es su creatividad.

 

Desde estas pampas celebramos y participamos en este tipo de propuestas conformadas como trabajos colectivos de toda una comunidad (la gente y sus artistas), y de hecho nos gustaría, fueran ejemplos a imitar por otras comunidades, no ya con la misma idea sino, con la misma concepción de Museo Vivo pero con la característica que le sea propia a su espacio social.

 

Quedará de nosotros, apenas, la huella que hayamos podido dejar, tal vez con forma de esperanza multiplicada.

 

Rosa Audisio

Artista Visual

Gestora Cultural

Marzo 2009