Feldenkrais y Rabine

 
FELDENKRAIS Y RABINE, UN SOLO CORAZON

Victoria Zotalis ( v_zotalis@yahoo.com.ar)

 

Cuadernos

 

Me gustan mucho los cuadernos. Colecciono cuadernos.

Un día compré un cuaderno grande, importante,  con tapa dura, subdivisiones de cartulina, solapas con sobres, autoadhesivos. Su misión era alojar las notas de mis clases de canto basadas en el Método Rabine, con Elisa Viladesau. Allí desgrababa las clases y me dedicaba a apuntar sensaciones, elaboraciones que surgían del trabajo, y nuevamente generaba excusa para volver a la librería y ornamentar con dibujos y recortes varios.

Con el paso del tiempo y los devenires, sin premeditación, fue sucediendo que se convirtió también en el cuaderno de anotaciones de las clases de Feldenkrais, que tomaba en el Rojas con Roby Liaskowsky. Y ahí se encontraron los dos métodos funcionales con una convivencia de hojas intercaladas.

¿por qué no aproveché la ocasión para inaugurar uno de mis cuadernos del stock de cosas nuevas? Es que era indiscutible que estos dos mundos hablan el mismo idioma.

Para empezar, tienen la nobleza de no pretender imponerse, de entender que además hacerlo es infructuoso (o que el fruto que dá, se pudre inmediatamente)

 

Cuando yo te digo YA es YA?

 

Natatorio de club. Un padre y su hijita -de cuatro años aproximadamente- caminan de la mano hacia la  pileta. Padre al agua. Niñita al borde. Padre parece querer hacerle perder miedo al agua y le pide que salte a sus brazos, que están por cierto muy lejos. Niñita atemorizada. Padre dice “¡YA!”. Niñita quiere obedecer pero no se anima. Padre insiste y ordena “¡Cuando yo te digo YA es YA!”. Niñita oscila, y finalmente obedece, salta con miedo y se agarra asustada a su Padre. Su cuerpito en el agua está tenso.

El otro día presenciaba esta escena y pensaba en las imposiciones que cargamos, que hacen ruido y no dejan escuchar lo que habla lo propio. Pensaba en el valor que se le da a estos –algunas veces elegantemente disfrazados- modos autoritarios de ¿enseñar? ¿aprender? Como diría algún proverbio chino, cometen la necedad de pretender aquietar o dominar el agua tratando de controlarla con las manos.

Ahí pensaba en cómo lo que siempre me conmovió de base en estos métodos funcionales es este proponerse amorosamente esperar, registrar y entender cuál es el tiempo necesario de cada laguna, según qué viento sople hoy, para que se aquieten sus aguas, en vez de calmarlas/controlarlas con las manos. Manos que a veces son más bien garras, que apresan y quieren poseer.

Acerca de esto el colombiano Luis Carlos Restrepo, en su libro “El derecho a la ternura” dice: El acto decisivo del poder está en agarrar. Cuando agarro un objeto lo hago sin consentimiento, suponiendo que las cosas deben estar dispuestas a mi servicio en el momento en que las requiero. Dice también:  lo opuesto al agarre es la caricia, pues es imposible acariciar por la fuerza, ya que la experiencia se convertiría al momento en un maltrato. Para acariciar debemos contar con el otro, con la disposición de su cuerpo, con sus reacciones y deseos. La caricia es una mano revestida de paciencia que toca sin herir y suelta para permitir la movilidad del ser con quien entramos en contacto. Mano acompasada que intenta reproducir en sus movimientos la dinámica caprichosa de la vida. Mano que renuncia a la posesión y que aprende del otro en un suave coqueteo.

Y a veces estas “garras” pueden ser modos de agarrar el aire, agarrar el tórax con el puño de la panza y apretarlo como un pomo pretendiendo exprimirlo y obtener sonido. Esto es caer en el formato de cuerpo-instrumento, es aplastar la sensibilidad, el registro con la violencia de la imposición.

Y a veces, caricia puede ser un modo de hablar a un alumno, a uno mismo, puede ser un modo de pensarse y vivirse acariciadamente con talentos, limitaciones, transformaciones…

Esta disponibilidad a sentir, este aprender a hacer contacto con lo singular de uno y del otro, esa escucha es parte de un diálogo, dónde es necesario escuchar para adentro para escuchar para afuera. Entonces, enseñar es aprender y viceversa.

 

Mi papá me ama?

 

Niñita ya en el agua, manitas crispadas de desesperación de supervivencia, agarradas al cuerpo fuerte, pero rígido del Padre, supuestamente seguro.

¿cuántas veces se llega a la situación de aprendizaje como una niñita a los brazos de El Que Sabe y dice cuándo y cómo entrar al agua? ¿cuántas veces se llega a la situación de enseñanza como un Padre que es El Que Sabe cuándo y cómo el otro debe entrar al agua? Relaciones de poder, cautivante engaño de ser amos o esclavos. De este ovillo dialéctico, quiero tomar la hilacha de la reducción y a veces hasta ausencia de lo propio en estos peligrosos juegos.

Cuando el docente dice lo que hay que sentir, lo que es correcto aludiendo a un modelo, generalmente único, ideal e impersonal, o más complejo aún, al modelo de sí mismo, la relación se empobrece. Incluso el prestigioso sabelotodo, también sale perdiendo (el amo es también esclavo! Siempre depende de los esclavos para garantizarse su poderío).

Creo que estos formatos paternalistas y autoritarios se perpetúan en dinastías y dinastías de amos y esclavos y logran que en la sociedad y por lo tanto en la educación, cueste ejercitar otros modos. El huevo y la gallina de la triste demanda de mano dura.

 

A brillar, mi amor

 

Wikipedia nos ilustra: Etimológicamente alumno es una palabra que viene del latín alumnum, que deriva de la palabra alere, que significa alimentar, significa también "alimentarse desde lo alto", contraponiéndose al significado de "alumno" como "carente de luz", muchas veces usado en forma errónea.

Quiero confesar que hasta este momento yo era de los que creía ofuscada y en forma errónea, veo, en el concepto de “carente de luz”, cosa que había escuchado por ahí de otras bocas.

De todas maneras, Wikipedia me confirma también que este “malentendido” es común, y que por lo tanto habla no sólo de un error sino de una dualidad recurrente que entonces tiene cierto punto de realidad (Excuse- moi, pero hace tiempo entendí cómo a través de los “errores” se cuelan hacia la superficie muchas verdades o creencias profundas!)

Y esto me da aún más pie para plantear la disyuntiva:

¿El alumno carece de luz propia y el maestro –que sí la tendría por obra y gracia de vaya a saber quien- llega con la antorcha y se la da?

¿O el alumno tiene luz, deseo, apetito, preguntas, saberes sobre sí mismo y quiere nutrir eso que es, para que florezca?

Si dos bichitos de luz se aproximan en vuelo, aunque uno sea más viejo o grandote, aunque uno tenga más horas de vuelo, o que el otro conozca mejores campos de flores…¿no se iluminan mutuamente? Yo creo que sí…

La luz propia es la que sabe con qué quiere alimentarse. Nutrir esta luz es volverse poderoso. Ser poderosos no es necesariamente abusar del poder. Ser poderosos es desplegar las capacidades del ser. Eso creo yo. A brillar, mi amor, vamos a brillar, mi amor…

 

Ten- go, un mundo de sen-sa-cio-nes…

 

Don Rabine y Don Feldenkrais recorrieron este camino en común: ambos profundizaron muchísimo en el conocimiento anatómico humano y especialmente del sistema nervioso. A partir de ahí, entre otras cosas, desarrollaron teorías acerca del aprendizaje. Y estos sí que son dos bichos de luz bien gordos! Porque por supuesto que hay bichos muuuy luminosos. Estos por suerte saben de generosidad…

Y entonces empezaron a circular otras dinámicas de clases, con profesores que preguntan al alumno sobre lo que sienten, dándole un valor primordial a ese saber y no apresurando respuestas y certezas. Aparecieron sugerencias o propuestas en lugar de imposiciones. Silencios, esperas, escuchas. Sugerencias y propuestas con la potencia y la alegría de quien invita a jugar con convicción de que el juego puede estar buenísimo. Sugerencias y propuestas con el márgen para que, en caso de que un juego no funcione, buscar un juego nuevo más interesante.

Y entonces empezó a desplegarse una riquísima y diversa fauna de maestros, alumnos y clases, alejándose cada día más y más del estereotipo o el modelo único, a pesar de poder compartir ciertas bases conceptuales. Y una celebración de esto.

También aparecieron maestros con permiso para dudar, y no sostener el pesado bronce del sabelotodo, apareció el intercambio entre maestros, el apetito de saber de alumnos y profesores. Abandonando la totémica idea de lugar o saber único es posible compartir realmente.

No digo que estas cualidades sean patrimonio solamente de estos métodos, pero sí que esto suele propiciarse en ellos.

El punto es que valorizando lo singular y, por lo tanto, lo enriquecedor de lo múltiple, lo diverso, el cuerpo-ser deja de ser un modelo prediseñado standard. Cada uno tiene su vivencia única de su cantar, de su caminar, de su leer, su mundo de sensaciones, su mundo de vibraciones, evocando al poeta Sandro que ya nos lo viene diciendo hace rato. Y a partir de abrazar esa singularidad va a brotar el mejor fruto. Y el mejor encuentro con el Otro, para compartir enseñajes y aprendizancias.

Esto me hace pensar que somos una suerte de singulares neurotransmisores multicolores de una macro danza de bichitos de luz, de un gran movimiento humano en busca de más libertad, y de la buena (esta afirmación, tal vez, es de un romanticismo idealista desatado, lo sé, pero es que me emociono….imagine no posession, it’s easy if you try, imagine all the people, living life in peace, uh, uh, uh)

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