Feldenkrais y la postura/actura

Roberto Liaskowsky

Conceptos posturales del Método Feldenkrais 

La estabilidad brinda seguridad y es agradable, pero también significa dificultad para iniciar un movimiento, así como para ser desplazado.

La inestabilidad es más riesgosa, pero brinda más fácil movilidad. Las dos son biológicamente importantes; ser adictos a una de las dos, nos torna inseguros por la falta de opción.

 

La postura humana es un equilibrio dinámico, y es mejor a medida que más se aleja de él, y puede recuperarlo.

Nuestro sistema nervioso, así como nuestro cuerpo, trabajan para reestablecer el equilibrio más que para mantenerlo. La postura es, entonces, ese lugar de la trayectoria de un cuerpo móvil, en donde cualquier desplazamiento, por necesidad, comienza y finaliza; ésto es una consideración dinámica de la postura.

 

El aspecto postural relacionado con la supervivencia o autoconservación es el más crítico. Puede limitar la supervivencia a una fracción de segundo, y es la medida más estricta del buen movimiento, y una buena postura es un instante particular del buen movimiento.

 

Al ponerse de pie, el cuerpo humano eleva su centro de gravedad al nivel más alto que sea compatible con su estructura.Normalmente, el cuerpo almacena energía potencial, para comenzar, en el campo gravitacional, en forma indiferente, 5 de los 6 movimientos cardinales en el espacio. Para moverse hacia abajo, derecha, izquierda, adelante y atrás; sólo necesita dejar fluír esa energía almacenada por el haberse elevado, y será transformada con sólo inhibir sus frenos. El comienzo de un movimiento es tan rápido como la intención de moverse, o en otras palabras, tan rápido como la intención de la corteza motora.

 

- La postura sólo puede ser mejorada, y no corregida; una postura correcta ya no tiene posibilidades de desarrollo. Sólo el concepto de una postura ideal puede ser considerado correcto. Los modelos no existen en la realidad en forma ideal, sólo se puede acercar a ellos, y hay casi tantas direcciones de acercamiento, como radios en un círculo.

 

-  La lentitud de un movimiento es necesaria para descubrir lo superfluo y exagerado, que en la acción, es peor que lo insuficiente, porque cuesta un esfuerzo inútil.

La acción rápida y apurada durante el aprendizaje es tensionante, lleva a la confusión, lo hace incómodo e innecesariamente cansador. El aprendizaje debe ser placentero y fácil, los dos hacen que la respiración se simplifique, lo que es aprendido de otra manera raramente puede tornarse espontáneo.

 

-  Las secuencias de movimiento, usualmente no evocan el acto final. De esta manera se puede actuar con facilidad, sin preocuparse y urgirse para llegar al objetivo. Llevando nuestra atención a ir logrando, en vez de la urgencia de cumplir con éxito. El proceso de aprendizaje es más fácil, tranquilo y rápido. El esforzarse por un objetivo fijo reduce la incentivación para aprender. Durante el aprendizaje, se debe eliminar toda intención de hacer las cosas sólo en forma correcta. La concentración es a veces un principio útil en la vida, pero en el aprendizaje, la atención debe ser dirigida alternadamente al “background” y a lo puntual. Esto se vuelve familiar, de forma tal de poder percibir ambos simultáneamente.

 

-  El aprendizaje para nosotros, significa aprehender lo desconocido. Si eliminamos lo que parece ser erróneo desde el principio, el aprendizaje carece de interés. Los errores pueden ser eliminados cuando sabemos cuáles son los aciertos. Los errores no deben ser deshechados, sino tomados como alternativas. La A.T.M. conduce al autoconocimiento y a encontrar fuentes y reservas inexploradas.

 

-  Se dice que la mala postura es dañina. Me aventuro a afirmar que esta opinión es de concepción enfermiza. No hay posibilidad alguna de daño por el sólo hecho de existir una configuración no alineada o extraña del cuerpo, salvo los efectos locales menores.

Una persona bien coordinada (organizada) puede adoptar cualquier posición durante un tiempo determinado, sin los efectos patológicos que acompañan la misma configuración en aquellos que naturalmente, sin voluntad o decisión llegaran a ella. Ese efecto patológico no se debe a una configuración patológica per-se, pero sí al hecho de que es compulsiva, es la única que la persona con coordinación defectuosa usa para realizar dicho acto.

 

Así, un asmático sostiene su pecho, garganta y cabeza en una configuración especial, a la cual retorna continuamente. De todas las posibles alineaciones, está forzado a usar una sola, la cual una persona bien coordinada puede adoptar con inconvenientes mínimos, sin volverse asmático en absoluto.

 

La exclusión de usos alternativos es obviamente compulsivo. El patrón de reacción de este modo, que llega siempre al mismo estado, es el agente productor del daño, no la configuración anatómica. De hecho, tan pronto como la compulsión desaparece, el estado asmático comienza a desaparecer; si el asmático deja de reaccionar como tal, deja de serlo.

 

-  En toda acción bien coordinada y aprendida, se pueden distinguir ciertas similitudes:

 

A) Ausencia de esfuerzo: el esfuerzo puede ser considerado como movimiento desperdiciado, y siempre es debido a otras acciones relacionadas con la intencionada.

Externamente, el esfuerzo puede ser identificado a través de apenas perceptibles irregularidades en el ritmo respiratorio, flexión o giro desigual de la columna vertebral (una o más vértebras son sostenidas rigidamente, y solo en una o dos se localiza y fuerza el movimiento), y por fijación innecesaria de articulaciones en el espacio (transferencia abrupta de movimiento de una articulación a otra).

 

B) Ausencia de resistencia: cuando la resistencia es máxima, la sensación de esfuerzo es la mayor posible, con eficiencia = 0. Cuanto más sutil sea la observación para eliminar las resistencias, más finas serán las habilidades. La sensación de resistencia coincide con una falencia en la distribución de la contracción muscular.

 

C) Presencia de reversibilidad: en cualquier instante de un acto correcto, éste puede ser detenido, con la posibilidad de continuar o regresar, sin cambio preliminar en la actitud ni esfuerzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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