Isabel Victoria  Krisch

 

 


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  • Nació en Buenos Aires el 10 de mayo de 1953. Es profesora de Geografía y Ciencias Sociales desde hace más de 20 años. Paralelamente, es correctora literaria y escritora. Tiene tres libros de poemas publicados: Cruzar el lodazal (1997), Que se rompa el amarillo (2000) y Entre la roca y el aire (2005); y su primera narrativa, que es una biografía de un señor de 90 años llamado Antonio Rabini, de nacionalidad italiana, que vive en Argentina desde 1925: Via Garibaldi 25. Camerano (2006). Ha participado en nueve antologías.

    Actualmente prepara un libro de pintura y poesía con su amiga artista plástica Elbia Sander, una segunda biografía y un libro de poemas egipcios.

 

 

 

Hombre del mar

 

Como la aurora que besa la arrogancia del viento
una cáscara ferrosa va abriendo surcos azules
mientras en el horizonte una gaviota ronda

el inefable perfil del sextante supera la soledad del océano
lleva la bruma táctil adherida a la piel
y en los ojos plenos la tierra que no se ve

una dualidad en vértigo de talud se encrespa
el alma le profiere a gritos cientos de lunas invisibles
y a sus pies la morada abisal del mundo marino lo sostiene

meciéndose sobre el abismo tumultuoso
el hombre tiñe el enigma de la mirada
en murallas de melancolía

por entender la dilación del universo
la informidad de las aguas el movimiento perpetuo
su espíritu se expande

recorre el volumen de cada gota
y su propia existencia crece
mientras en el horizonte una gaviota ronda

 

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Poema 40

 

hablé de una dualidad y la enfrenté como a los esquistos
destruyendo aquellos que me quedaban debajo de las plumas
soñé con amarillos desde el círculo sagrado
y sometí el cuerpo al cambio la purificación

aunque siempre queda una astilla adherida en el cristal vivo
remonté la esclavitud moral y volé al ritmo de las esferas

todos somos diferentes —me dije—
y abrí el camino que nos espera a cada uno

cerrando los ojos de la nuca pude descubrir los de la conciencia
e integrar el espíritu que clama aún nuevos orgasmos
que grita la redención la chispa el alimento

el volumen de la propia piel es el latido universal
y la vida/arrebato está más allá de sus bordes

todos los viajes comienzan con el primer paso

ya es hora de partir —me dije—

hoy todo está tan vivo
hubo tanta roca y vislumbro tanto aire