UNA EXTRAÑA NUBE...

 

Una extraña nube como látigo en acecho,

cubre de a poco las escuálidas persianas,

un viento ocre y poroso,

sacude la quietud senil de este hospicio

con arlequines y gaviotas.

 

 ¿ Qué destierro de pájaros es éste

en que olvidamos volar?

 

Siento golpetear las horas y las piedras,

y algún que otro estertor de campana.

En el paredón de los fondos,

barro y ortigas se agitan levemente

al paso de los ángeles,

viven con frenesí bocanadas de hulla

negra que pita la locomotora.

 

Allí eligen mis pacientes el reposo

a tanta locura,tristes,cansados de dialogar

a solas con el muro,

temerosos,se dan apenas vuelta,

les humilla saberse mirados

por la sombra.

 

Ellos,sordidos amantes de la paz,

resignados labriegos de la muerte,

ven crecer la hierba,se revuelcan y acarician

la tierra,besan los párpados

al perro ciego del cartero...

Don Tristán,muerto de abulia y cangrena,

sepultado en sus saca de correo.

 

Resignada,la tormenta sacude ropajes,

no existen excusas,conoce su oficio

de aguardar al viento,juntos enajenan

los encalados corredores y a la hora

de la siesta,una marea de lamentos a coro

con truenos y descargas,aturde ventanas,

se cuela por rendijas y visajes,agita sábanas,acusa

sombras;y hace de mis pobres locos

un remolino de hojarasca.

 

En la tarde en que una extraña nube

se ha posado como látigo al acecho...