Helios   Buira

 

 


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Palabras de Ernesto Sábato para Helios Buira :

 

  • La historia del arte está plagada de olvidos, desconocimientos e injusticias, debido al carácter esencialmente subjetivo de la obra artística y de la correspondiente subjetividad del juicio estético. Lo que es notable para uno, puede ser pésimo para otro. Lope de Vega dijo que El Quijote era el peor libro que había leído en su vida, y así fue siempre; sobre todo, cuando el otro está cerca. Me duele que un artista de la calidad de Helios Buira sea desconocido. La injusticia siempre me ha dolido, y mucho más en el caso de Buira, porque conozco la severidad con que trabaja, alejado de las modas, solitario, tomando como punto de referencia los valores de los grandes maestros. Helios Buira, tan gran amigo como extraordinario artista. Una de las pocas amistades con que cuento para sobrellevar mi existencia. Tengo la honda esperanza de que alguna vez su genio será reconocido.

Ernesto Sábato-1996

 

 

 

El tipo volaba.

 

En medio del festejo, mientras los invitados bebían, paladeaban bocados preparados a la sazón y hablaban en agradable reciprocidad, él se elevó verticalmente, apenas medio metro del piso; recorrió lentamente con su mirada todo el salón a la vez que regocijándose de las voces que se iban transmutando en susurro y menguando hasta llegar al silencio. Un intenso silencio; podría hasta decirse un corpóreo silencio. Entonces Él, con graduales movimientos fue tomando posición horizontal, muy lentamente, dando la sensación de que se introducía en ese corporal silencio; así, comenzó a sobrevolar por sobre las cabezas de quienes parecían estatuas dada la inmovilidad provocada por tamaña sorpresa; a medida que él avanzaba en su vuelo de grafías ondeantes, armoniosas, podía observarse también el movimiento de las cabezas que seguían con la mirada el sentido de su trayecto y ese meneo de cabezas era una sinrazón dada la rigidez de los cuerpos. Él, con una sonrisa imperceptible, disfrutaba como pocos pueden llegar a disfrutar de esa manera en todo el planeta.

De repente, se escucha en un grito, una voz de tono metálico, una voz excitada: -¡Eso lo hace cualquiera! Y el cuerpo del dueño de la voz sale disparado como saeta hacia el techo del salón, se estrella en el cielorraso y cae con el cráneo destrozado, quedando inmóvil en el piso.

Es el momento en que los invitados abruptamente salen de su quietud y comienzan entre gritos, llantos, desesperación, a correr por todo el salón, buscando puertas de salida, huyendo, tropezando unos con otros, golpeándose contra columnas, sillas, mesas y todo se transforma en un caos indescriptible.

Mientras, Él, con absoluta serenidad, sale por una de las ventanas y elevándose, se dedica a gozar desde la altura, el espectáculo que ofrece Buenos Aires por las noches.