Gustavo  Tisocco


REGRESAR a PAGINA PRINCIPAL 

Caminemos hermana por el remanso de los sueños,

volvamos a creer

que somos príncipes

del cuento sin hambres ni asesinos.

Trepemos hermana la cúspide inerte del tiempo,

dejemos de lado esta orfandad

que nos increpa sin preámbulos

y seamos risas en la vieja cueva.

Abracémonos hermana entre hastío y penumbras,

dejemos nuestros brazos cansados

reposar por un instante en la eternidad

a pesar de  que ya no hay cosmos.

Sólo después hermana

estarán listas las maletas para nuestro viaje.

 

---------------

De pequeño me decían

-no vayas al río-

que puedes morir.

Yo me sumergía en profundas odiseas,

nadaba entre espasmos tórridos

y gemía en el agua.

Buscaba cada vertiente

y cuanto mas profundo

el limite líquido-aire

traspasaba mi cabeza inquieta,

más brincaba mi corazón,

más estallaba mi sexo.

De niño me decían cuidado con el río...

-------------

La eternidad en mis dedos.

Agazapada en retazos

de ruido y vacío

la muerte espera.

Entre acentos y metáforas descubro el elixir. 

¿Acaso Borges, Alfonsina o Pizarnik

sabían el secreto?

¿Fue Vallejo, Orozco o Neruda quienes  develaron el misterio?

La Dama se yergue sobre mí,

no le temo, escribo. 

----------------- 

De niños jugábamos a los muertos,

pero la muerte era extraña, lejana,

apenas una osadía.

Comíamos moras

y los labios tenían el color del invierno,

poníamos flores en las manos, en el pelo

y con el rosario enredado,

orábamos alrededor de quien cerraba los ojos

en esa travesura horizontal.

Éramos muertos ingenuos,

felices, audaces pétalos de escasas primaveras

y reíamos hasta el cansancio.

Ahora somos flores mustias.

Los días son tan breves

y quedan tan pocos octubres.

Nos duele la casa gris, el patio deshabitado,

los ladridos que ya no están,

las fotos en la pared.

¡Qué lejos quedó la infancia!

 

Victoriosa

la muerte juega con nosotros

y nos asusta.

------------

Oruga

Me increpo en el piso,

me arrastro,

sé del frío,

del cemento,

la pradera.

Ignorado

bestial

insignificante

partícula ínfima

alimento de águilas.

Paciente

previsor

calmo

certero

vital.

Aguardo...

Me crecerán alas, lo sé.

---------------

Te ofrezco la súplica

que nunca hice,

mi casa abatida

mi eterna tristeza

detrás de ninguna sombra.

Te doy lo poco que existe

en mi asilo de tormentas,

esta sin razón

de ser pequeño

entre mis andamios.

Desnudo ante ti

mi suicidio habitual,

este corazón sin alas,

mi promesa de seguir el rumbo.

Y aunque de mis huesos

ya no queden más

que eternos epitafios,

te dejo mi último sollozo

sobre la mesa inerte del tiempo.

Me cedo a ti y no soy abismo,

sino un frágil barrilete

extraviado en el viento.

 

En Río de Letras