Memorias de Ambrosio Salazar
 

Memorias sobre la Resistencia de La Breña del Teniente Coronel AMBROSIO SALAZAR y MÁRQUEZ
Documentos
   
(Escrita por su hermano Juan P. Salazar)

EXPLICACIÓN
La guerra con Chile, y en particular, la Campaña de La Breña, ha sido muy poco tratada por nuestros historiadores nacionales; las hazañas del general Cáceres y sus gloriosos guerrilleros, eran ignoradas hasta hace muy poco. El Mariscal de la Breña, el soldado mas grande de la guerra sin lugar a dudas, era casi desconocido –cosas injustas de la vida-; ni que decir de sus lugartenientes de la epopeya de la resistencia: Ambrosio Salazar y Márquez, José Mercedes Puga y otros esclarecidos patriotas.

Las inéditas e importantes Memorias del vencedor de los combates de Sierralumi, Concepción, San Juan Cruz y segundo combate de Concepción, halladas casualmente después de insistente y larga búsqueda, confortaron y facilitaron mi afán, largamente acariciado, de escribir algo de la legendaria y olvidada Campaña de La Breña.

Las Memorias del general Cáceres, tan importantes pero muy sucintas, no abarcan todas las numerosas e importantes acciones de la Campaña de la Resistencia; era pues necesario indagar de los sobrevivientes, recopilar y rescatar documentos inéditos, tradiciones y testimonios guardados por los descendientes de los gloriosos combatientes. En ese afán tuve conocimiento de la existencia de las Memorias del Teniente Coronel Ambrosio Salazar, ya famoso como actor principal del combate de Concepción; pero pasaron varios años antes de encontrarlas.

En Huancayo residía, ya retirado, un magnífico profesor que tuve en la escuela, a quien visitaba siempre que iba a ese lugar porque nos proporcionaba datos importantes sobre la Campaña de La Breña. Un buen día del año 1974 que lo visité, con gran sorpresa y alegría le escuché decirme: “Yo tengo las Memorias de don Ambrosio Salazar”. El heroico breñero, ya anciano, enfermo y sin familia, anhelaba viajar a Lima a radicarse, para lo que necesitaba dinero; pensó que vendiendo sus Memorias, que las consideraba importantes, podría obtener alguna suma considerable. Ofrecido a varios intelectuales y profesores, nadie quiso comprárselas ni por sumas irrisorias. Sólo lo hizo mi antiguo maestro, Lorenzo Alcalá Pomalaza, quien al obsequiármelas, me dijo: “Más por lástima que por interés se las compré en 100 soles; al leerlas comprendí que había hecho una buena adquisición, por su originalidad y hechos inéditos importantes que contenía; ¡se lo regalo!, de repente me voy y se pierde todo, yo se que lo dejo en muy buenas manos”.

Para mí fué una enorme sorpresa y una alegría única encontrar en poder de mi querido profesor lo que tanto había buscado. Después de leer las Memorias y explotar su contenido, las entregué personalmente al general Felipe de la Barra, Presidente del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú el año 1974, refiriéndole la forma como las había hallado. Él le envió, a mi pedido, un oficio al citado profesor, agradeciéndole la importante donación.
El Teniente Coronel Ambrosio Salazar no tuvo el honor de rendir su vida en Huamachuco con su unidad, el batallón Concepción No.7, del cual era segundo jefe, porque estando en La Oroya, ante la segunda ofensiva chilena al interior, fué enviado por el general Cáceres al valle del Mantaro con la misión de reunir al personal necesario para afrontar la nueva contienda. Habiendo avanzado rápidamente el enemigo, al punto de que el ejército patriota casi fué sorprendido en La Oroya, el general Cáceres ordenó a Salazar, antes de partir al Norte, que se desplazara con sus efectivos a Huancavelica, para ponerse a órdenes del coronel Justo Pastor Dávila que venía del Sur, lo cual lo privó reincorporarse a su batallón. Sin embargo, el destino lo reservó para conquistar nuevos laureles comandado a sus huestes en el segundo combate de Concepción el 4 de julio de 1883, enfrentando a la columna Urriola que habiendo penetrado hasta Huancayo volvía a La Oroya.

Ambrosio Salazar, anteriormente, había brillado combatiendo a los chilenos cuando estos intentaron volver a Comas. Después de la acción de Sierralumi, varios jefes enemigos le enviaron mensajes exigiéndole que se rindiese y que entregue los chilenos muertos y el botín que se les tomara el 2 de marzo de 1882. Los mensajeros, a pesar que llevaban bandera blanca, fueron recibidos a pedradas por los vigías de Salazar; y cuando al fin consiguieron trasmitir la nota a gritos, recibieron de los comasinos esta contestación: “A todos los perros chilenos los hemos arrojado al río”.

No hubo más interlocución. Fue seguramente por esa negativa, y ante la imposibilidad de que lo recibiese Salazar, que el jefe chileno obligó al alcalde de Concepción, bajo amenaza, a enviar una vergonzosa nota a Ambrosio Salazar, que éste, en actitud altiva y valiente que le honra, respondió el 27 de abril de 1882 en los siguientes términos:

“Tengo en mis manos el oficio de vuestra señoría en el que tiene a bien proponerme que deponga las armas y entregue a la vez el botín de guerra tomado a los araucanos, así como también el cadáver del oficial chileno muerto en la refriega.

“Para aceptar tal propuesta sería necesario no ser peruano, no tener sangre en las venas ni dignidad en el alma; el castigo que se les ha inflingido a los salteadores de América es merecido, y continuaré exterminado araucanos en cuanta ocasión me sea propicia.

“Si los enemigos vuelven a invadir este pueblo como V. S. me asegura, mi derrotero está determinado: ellos me encontrarán siempre en el camino del honor y del saber.!No me rindo!, ni entrego nada de lo que se me exige; puede V. S. así decírselo a su mandante”.

No hubo más amenazas ni intento de invadir; y como dijera Ambrosio Salazar: “En Comas se izó la bandera del Perú delante del enemigo y no se arrió jamás”.

Quien fuera tenaz contra los invasores y tempestad vengadora en las cumbres andinas, merece ser reivindicado para siempre del olvido que le acompañó en el ocaso de su vida; el Perú le debe el bronce que perpetúe su gloria. Sus restos reposan hoy merecidamente en la Cripta de los Héroes de la Guerra del Pacífico, donde tuvimos el honor de conducirlos el 9 de julio de 1986, sacándolos de un humilde nicho que nunca lució una lápida ni un ramo de flores que le dieran el perfume que su gloria merece.

Y una forma de reivindicarlo, exaltando su nombre como Paradigma del Valor y del Patriotismo, es publicando por primera vez sus Memorias, dictadas a su hermano Juan P. Salazar como Cáceres lo hiciera a Julio C. Guerrero. Se trata de una pulcra edición bellamente ilustrada, que respeta escrupulosamente la ortografía y dicción de la época en que fué redactado el documento. Plausible entonces el esfuerzo emprendido por la Orden de la Legión Mariscal Cáceres y la Universidad Alas Peruanas, instituciones que se han fijado el objetivo de coadyuvar en el noble esfuerzo de rescatar las páginas más gloriosas de la historia patria, para cimentar con bases sólidas nuestra Identidad Nacional.

Lima, 3 de marzo del 2001.
Mayor EP Eduardo Mendoza Meléndez.
 

HISTORIA DE LA ÉPICA
LA RESISTENCIA DE LA BREÑA
DURANTE LA BRUTAL CONQUISTA LLEVADA A EFECTO POR LAS HORDAS DE CHILE, EN 1882 Y 1883.

Por: Juan P. Salazar

Este trabajo está dedicado á la población escolar del Perú de la presente y futuras generaciones, por el sencillo motivo de que el protagonista de esa epopéyica resistencia fué un adolescente.

Primera edición
Huancayo 1918

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN
El estudiante isabelino don Ambrosio Salazar y Márquez, consiente de sus deberes para con la Patria, imitando á los españoles de 1808, que combatieron heroicamente contra los franceses de Napoleón Bonaparte, armó el brazo del pueblo para luchar contra los enemigos extranjeros de su país. Fue quien lanzó el primer grito de guerra sin cuartel en la Breña.

Deshechos nuestros ejércitos en los campos de batalla; hollado el suelo nacional, por el invasor; impotentes los pequeños ejércitos, que, después de la toma de la capital por el enemigo, se organizaron bajo el comando de varios caudillos, para expulsar del suelo patrio al insolente conquistador; abandonada á su propia suerte, la región central del Perú, por la retirada del ejército peruano, desde Chosica hasta Ayacucho, no cabía otro medio, que, librar combates parciales de asalto, contra los destacamentos y guarniciones de retaguardia del ejército chileno, hasta aniquilarlos: ésta idea brotó en el cerebro de Salazar, para proceder como procedió, en Comas y Concepción.

Estos hechos, eminentemente, patrióticos, que libraron de la humillación á la patria vencida; es la lección objetiva más elocuente y la enseñanza más práctica, del más puro patriotismo; por eso dedicamos éste trabajo á la juventud escolar, á fin de que, de entre ellos, surjan algún dia, imitadores de la hermosa actuación del primero y único Boy scout del Perú, durante la guerra del 79, cuya sola actitud aislada, ocasionó enormes bajas al ejército de Chile, en la célebre resistencia de la Breña. Los poderes públicos están obligados á hacer que se divulgue ésta brillante página de nuestra historia, por todos los ámbitos de la República, con objeto de preparar á sus hijos, para las emergencias del porvenir. Son estos grandes ejemplos, los que imponen grandes deberes.

El Autor.

PRIMERA PARTE
Las diversas expediciones chilenas al Centro de la República
Los chilenos no dieron por terminada la guerra, con la toma de Lima, enseñoreados de la capital, destacaban fuertes expediciones al interior del territorio, con objeto de imponer onerosos cupos, ó saltear las haciendas de ganado, á efecto de esquilmarlos económicamente, como á pueblo conquistado, por la ausencia de toda fuerza peruana en la zona central del Perú.

En el año 81, antes de la organización del ejército del Centro, mandaron una expedicion á las órdenes de un coronel Letellier, al Cerro de Pasco y Huánuco, quien impuso á esos pueblos enormes cupos, sin resistencia alguna. Tampoco hubo resistencia cuando enviaron otra expedicion al mando del coronel Lagos, el sanguinario de Arica; ésta invasión llegó hasta Tarma, donde amenazó imponer cupos á cañonazos.

Constituido el ejército del Centro, en número de cinco mil hombres, mandado por el general Cáceres, tuvo por cuartel general Chosica; esto acontecía á mediados del año 81. En enero del 82, ese ejército se retiraba y se defeccionaba, casi en presencia del invasor, el cual, en número de cuatro mil hombres de las tres armas, fué destacado de la capital, que persiguió muy de cerca de á aquél, hasta Pucará, dirigido por el mismo jefe de la expedicion coronel Canto, con la consigna de destruirlo, para sobre sus ruinas, imponer el gobierno de Iglesias, creado á la sombra de sus bayonetas.

Esta expedicion suscitó la resistencia armada de los pueblos de las provincias de Jauja y Huancayo; durante los seis meses de la ocupación extranjera.

La cuarta y última expedicion chilena, fué á fines del 83, bajo el comando del coronel Urriola, en calidad de pacificadora, que avanzó hasta Ayacucho. Los pueblos no tuvieron en cuenta la misión que traía el rechazo al enemigo, fué tan tenáz y sangriento como antes.

I
COMBATE DE COMAS

Nos hemos propuesto narrar los hechos relacionados con los acontecimientos militares del Centro, durante la tercera invasión chilena, con toda la imparcialidad del historiador, apoyándolos en documentos oficiales fehacientes, á fin de hacer resplandecer la verdad histórica, para que quede establecida de una vez por todas, que, sin el movimiento de Comas, el 2 de Marzo del 82, no habría habido, ni resistencia del Centro, ni combate de Concepción. Aquel, fué, el punto de arranque, tanto para la homérica resistencia, que duró seis meses; cuanto para el heroico combate, en el que no quedó ni un sólo enemigo sobre la arena. Esta lección objetiva es la más fecunda de nuestra historia.

Derrotadas nuestras huestes en los campos de batalla, no pudo contenerse la marcha triunfal del invasor, hasta la capital de la República; de allí se desbordó á los demás departamentos, como un turbión incontenible, en son de conquista. Esta región la más inmediata á la capital, fué invadida por un cuerpo de ejército, fuerte de cuatro mil hombres de las tres armas, comandado por el entonces coronel Estanislao del Canto; el ejército del Centro encontrábase á la sazón en Ayacucho, hasta donde avanzó, después del combate de Pucará, realizado con la vanguardia del enemigo en la mañana del 5 de febrero de 1882, al continuar la retirada emprendida desde Chosica.

Como consecuencia de la retirada del general Cáceres, quedaron sometidos al ominoso yugo del araucano, todos los pueblos del los departamentos del Centro, donde reinaba el terror más pavoroso, que las bayonetas de la soldadesca chilena infundían. Los vencedores disponían de vidas, honras y haciendas. Ante tal situación, huérfanos de todo amparo, al menos inmediato, á los pueblos de esta zona, no les quedaba otro camino que el de reaccionar con las armas en la mano, cuadrándose al enemigo, para no legar á la posteridad una página triste de abyección é ignominia; y sobre todo para no empañar la gloriosa tradición de la “victoria de Junín”, en cuyo suelo fueron vencidos los crueles dominadores de tres siglos: se sabe, el amor de la tradición, crea, la conciencia nacional.

Cuando nadie lo esperaba, resonó con la intensidad de un estallido eléctrico, el triunfo de Comas, por fuerzas preparadas con el mayor sigilo, por un estudiante recién salido del Colegio de “Santa Isabel”, después de haber terminado sus estudios de instrucción media. Este alumno, fué Ambrosio Salazar y Márquez.

Desde este dia, flameó en la cumbre más alta de la Breña la enseña del Perú, tremolada por un adolescente; vencida, pero no humillada, poco há, en las tristes jornadas de San Juan y Miraflores.

Comas, punto estratégico de primer órden, en esta región, es capital de uno de los distritos de la provincia de Jauja; se halla situado al N.E. de Concepción, dista de esta ciudad, ocho leguas, diez de Jauja y doce de Huancayo, en aquél entonces cuartel general del grueso del ejército chileno. Es allí donde fijó su centro de impulsión patriótica, el mencionado estudiante, para hacer morder el polvo al enemigo extranjero; mientras el ejército del Centro invernaba en Ayacucho, desde su retirada de Chosica y su victoria de Acuchimay, realizada el 22 de febrero del 82, sobre las fuerzas comandadas por el coronel peruano don Arnaldo Panizo.

II

Veamos, ahora, en que horrendas circunstancias, se libró el combate de Sierralumi, en Comas.

El Jefe del ejército chileno, acantonado en Huancayo, destacó parte del “Escuadrón Yungay”, á órdenes de dos distinguidos oficiales de su ejército, el capitán Fernando Germain y el teniente Ildefonso Alamos, para que expedicionasen sobre la hacienda Rumatullo, situada al oriente del pueblo de Comas, á extraer reses de dicha hacienda, no sólo para el consumo del ejército enemigo, sino también para vender á los extranjeros, quienes aprovechando de las desgracias de nuestra patria, combinaban grandes negociaciones con los invasores. El italiano Luis Loero fué el guía de esa expedicion.

En la mañana del 24 de febrero del 82, se presentó en la población de Comas, un piquete del “Escuadrón Yungay”, compuesto de cuarenta hombres; el jefe de la expedicion Germain, exigió de pronto rancho para esos individuos, que se les proporcionó sin dilación alguna, y después de consumido, siguieron su derrotero sin decir una palabra acerca del objeto de comisión, ni adonde iban, ni cuando regresarían; solo se limitaron á encargar que, para su regreso, preparasen rancho agradable y abundante.

A raiz del avance de los expedicionarios, el pueblo reunido en comicio popular, nombró por aclamación Comandante Militar de la plaza al estudiante Salazar y Márquez, por haber manifestado éste desde su arribo á aquel pueblo, el 8 de febrero, que urgía organizar fuerzas y reunir armas, para un á taque sorpresivo á la guarnición araucana de Jauja o de Concepción. Se resolvió en ese momento, por opinión unánime del pueblo y sobre todo su jefe, presentar combate al destacamento á su regreso. Cualquiera que fuese el éxito que se obtuviera.

La primera medida adoptada por el jefe de la plaza, para estar al corriente del camino que tomaría el enemigo á su regreso, fué enviar chasquis detrás de éste, á conveniente distancia, siguiéndoles las pisadas hasta el término de su viaje, con la misión de transmitir, á su vez, las noticias á otros que, á distancia equidistantes, se iban ubicando en toda la extensión del trayecto, á medida que avanzaba el enemigo en su itinerario. Necesitaba el jefe de la plaza tener dato seguro sobre la ruta de la vuelta, para improvisar trincheras en los sitios más estrechas del tránsito. Podían haber optado al regreso cualquiera de las tres vías que dan acceso á esa región. Con el procedimiento que se adoptó, se había establecido una línea telegráfica, á usanza del tiempo incaico, que dió proficuos resultados.

Los chasquis anunciaron al cuarto dia, que los chilenos regresaban por el mismo camino que los había conducido, trayendo un respetable contingente de reses y caballos; desde luego ya hubo base para construir trincheras, situar piedras para galgas y contar casi con el triunfo, porque, inevitablemente, tenían que volver á pasar por Sierralumi, especies de horca caudina.

III

El desfiladero de Sierralumi tiene más de un kilómetro de largo, de camino estrecho cortado á pico; por el pie corre un río de mucho caudal en invierno, á 200 metros, antes de llegar al puente del río, para pasar al pueblo de Comas, se levantó una trinchera doble, toda de piedra destinada para los expertos tiradores, capitaneados por Manuel Arroyo.

La parte alta del camino estrecho es un despeñadero de varios centenares de metros de extensión, abundante en piedras de todo volumen; allí se colocaron cincuenta hombres con objeto de hacer funcionar las galgas, luego que los chilenos tropezacen con la trinchera preparada, porque era de esperarse que las reses y los arreadores, que venían fraccionados, estuviesen ya todos dentro de la quebrada, encerrados como en un cartabón.

Así sucedió en efecto. Entre las malezas del otro lado del puente, para ascender ya á Comas, se emboscaron convenientemente treinta hombres con rifles Minié, bien provistos de municiones.

Dispuestas así las cosas, hasta el primero de marzo, sólo esperaban que los enemigos ocupasen toda la quebrada que, desde las once del dia del dos, principiaron á descender; alas once y veinte minutos, por señal convenida, hicieron funcionar las galgas, en cuanto el capitán de la trinchera y sus compañeros iniciaron los fuegos de fusilería, en la trinchera levantada en pleno camino, pero en lugar estratégico.

El efecto producido por las galgas fué desastroso para los enemigos, quienes rodaban al abismo que se extiende al pie del ya mencionado camino cortado á pico, arrastrados por las mismas reses selváticas que, al ruido de las piedras que, al desprenderse una por lo empinada del cerro, arrastraba diez en su caída; prodújose un torbellino espantoso, que, en ménos de veinte minutos, quedaron inhabilitados para el combate de fusilería; más de la tercera parte del destacamento chileno, entre éllos Germain, con las piernas fracturadas. Los que venían atrás y los que aún salieron ilesos de las galgas, optaron por abandonar sus cabalgaduras y las reses que arreaban, para desplegarse en guerrilla en la margen izquierda del rio, desde donde se empeñó un encarnizado combate con los comasinos emboscados entre los arbustos de la margen derecha; después de dos horas de continuada refriega, quedaron en el campo treinta y cinco chilenos y solo salvaron cinco, á uña de caballo y por caminos extraviados, incluso el teniente Alamo y el guía Loero.

El completo éxito de éste combate generó, por decirlo así, la épica resistencia de la Breña, contra nuestros implacables enemigos; iniciada y sostenida por un pueblo patriota y su joven caudillo. Sin ésta altiva y patriótica actitud, todo habría pasado sin protesta alguna, como en un pueblo envilecido, servilmente conquistado.

IV

A fin de que, el capitán Germain y los suyos, cayesen cuando ántes á la trampa, se excogitó un ingenioso ardid, que rindió los más óptimos frutos; el cual consistió en lo siguiente: se colocaron sobre piedras, en la parte más visible de la plaza, cuatro grandes peroles llenos de agua, con fogatas de paja húmeda, que producían mucha humareda; con el preconcebido propósito de hacer creer á los invasores, que el encargo sobre rancho agradable y abundante, se cumplía al pié de la letra. En cuanto los rotos voltearon la cumbre del desfiladero, hacia Comas, se encontraron con ese hermoso espectáculo, á causa de que, desde aquella cumbre, se abarca el pueblo con la vista, en toda su extensión, por estar situado éste, en plano más bajo, sobre una pequeña colina. Ante perspectiva tan atrayente, los de Chile apresuraron su marcha, notablemente, y pronto se dió buena cuanta de ellos.

Los hijos de Comas, que colocaron con más eficacia, en la preparacion y ejecución del plan concebido por el jefe de la plaza, fueron los siguientes: Luis Chavez, José Gil, Manuel Arroyo, el cura Soto, José Manuel Mercado, Jerónimo Huaylinos, Nazario Valero, Venancio Valdez, Vicente Buendía, Baltazar Chavez, Isidro Muñoz, Mateo Garay, Pedro Medina, Venancio Martinez, Andrés Gonzales, Pablo Bellido, N. Huancauqui, José R. Paitampoma, Manuel de la O., Melchor de la O, Presentación de la O, Gregario de la O, Evaristo Solís y Facundo Mercado; todos los demás ciudadanos del distrito cumplieron tambien con su deber en aquel dia de imborrable recordación.

El comandante militar de la plaza, el héroe adolescente, después de dirigir al pueblo una conceptuosa proclama, se ocupó de enviar, el parte oficial de ese hecho de armas, al jefe superior, político militar de los departamentos del Centro, que se encontraba en Ayacucho, á cincuenta leguas de distancia, del teatro de la resistencia: tan vigorosamente iniciada; el expreso Juan Yupanqui, conductor del documento oficial regresó á los veinticinco dias trayendo la contestación y la ratificacion del nombramiento, conferido en plebiscito á favor de Salazar, como comandante militar de la plaza, seis dias ántes del combate. ¡Un solo hombre de poca edad, cuadrándose al ejército invasor, para suplir la deficiencia del ejército peruano, que se retiró casi cien leguas, de Chosica hasta Ayacucho! Este hecho merece ser considerado entre los grandes acontecimientos que registra la historia de la humanidad. (Anexos nos. 1, 2, 3 y 4).

V

Enfrentados desde entonces los de Comas con todo el ejército de ocupacion de la zona central, por el golpe asestado al desplante araucano; aquellos permanecieron vigilantes, durante cincuenta dias, esperando por momento otra invasión del ejército chileno, en represalia del descalabro del destacamento expedicionario. Esta actitud, como dejamos dicho, fué de cincuenta dias, en razón de que ningún pueblo de toda ésta región, imitaba la patriótica rebelión de Comas. Estuvo sólo, aislado, ante la pasividad é inercia de los demás pueblos, que indiferentes lo miraban, en aquella hora solemne que demandaba cohesión y fuerza.

Chupaca fué invadido por el ejército chileno, el 19 de abril, nó por haber aniquilado ese pueblo, algún otro destacamento araucano, sino porque yá imitando á Comas, se levantó en armas, dejando observar sus movimientos, por el vecino cuartel general chileno. En aquella sorpresiva invasión, tuvo que batallar el araucano, con hombres de temple espartano, que cayeron sobre el escudo, causando muchas pérdidas al invasor.

El 22 de abril se levantaron en armas Huaripampa, Ricrán, Orcotuna y Sicaya; en Huaripampa peleó el pueblo con la guarnición chilena de Jauja, capitaneado por el Cura Mendoza, quien luchó valerosamente, hasta perder la vida, junto con muchos de sus compañeros. Los demás pueblos, no tuvieron oportunidades de medir sus armas con los invasores, por no haberse puesto á tiro de fusil con éstos.

Estos sucesivos levantamientos distrajeron la atencion de los enemigos y descuidaron amagar e invadir á Comas, para reducirlo á cenizas y pasar á cuchillo á sus habitantes, según vociferaron en todos, los tonos los famélicos invasores de Arauco.

El botín de guerra que cayó en manos de los comasinos el, dia del combate de Sierralumi, fué el siguiente: ochocientas reses y cien caballos extraídos de la hacienda Runatullo, treinta y cinco caballos chilenos, aparados de brida á espuela y otras tantas carabinas Winchester, chapa blanca, no conocidas hasta entonces en el Perú.

La cólera chilena puso á precio la cabeza del comandante Salazar y Márquez, autor principal de la hecatombe araucana; ideó todo los medios para conseguir su objeto, hasta querer corromper conciencias por el oro, para que guiasen otra nueva expedicion á Comas. Pero, el levantamiento casi general de los pueblos, que se efectuó después, frustró, el desquite que intentaban los vándalos del Pacífico.

VI
Es preciso fijar la atención, con el interés que inspira aquel grandioso acontecimiento, realizado hace treinta y seis años; que, durante la catástrofe nacional del 79, ningún pueblo de la República, hizo uso de su libertad y soberanía popular, con más eficacia y oportunidad, que, Comas; nombrando en plebiscito por aclamacion, un jefe que presidiera sus actos militares, de propósitos deliberados; ante la ausencia de toda autoridad militar superior, dentro de la sección territorial, ocupada por el invasor; y ante la resolución inquebrantable, de no ceder más terreno al araucano.

El nombramiento recayó, como tenía que recaer; en la persona de un adolescente, que llevó á ese pueblo, la idea primera, de reacción y guerra sin cuartel; y respondió en seguida la confianza depositada en él, con el aniquilamiento en Sierralumi de la horda capitaneada por Germain, que, harta de huano y salitre, comenzaba á saquear en alta escala las haciendas ganaderas de Junin.

Comas merecerá en todo tiempo, un “HURRA” de los peruanos de patriotismo acrisolado, por su actitud levantada y digna, en el período más crítico del infortunio nacional, en el que, en todo momento, se respiraba el olor acre de la pólvora, en éste vasto cementerio, de abnegados patriotas y salteadores, venidos de la, tierra de Arauco. Este hecho es el más glorioso y significativo de nuestros anales; realizado por el pueblo sin la menor intervención del ejército, llamado del Centro. Sin embargo, la épica hazaña de Comas, no está debidamente apreciada, por los contemporáneos, de aquel incomparable acontecimiento.

VII
Combate de Concepcion

Consumado el triunfo de Comas, llegó el momento de pensar en la destrucción de la guarnición enemiga de Concepción, allegando previamente, material de guerra, que, no fué cosa de un dia, mucho más, cuando ningún auxilio se esperaba de otra parte, causa de que no existía gobierno nacional sólidamente constituido, reconocido y acatado por todos los peruanos, desde el 17 de Enero de 1881. La delegación gubernativa del gobierno provisorio de García Calderón, que se decía, tenía su sede en Lima, ocupada entonces por los chilenos, fué una entidad invisibles e impalpable, que nada apreciable hizo por mejorar la defensa del país vencido, en aquella aciaga época.

El jefe que inició, la reacción contra la invasión enemiga y los que con posteridad lo secundaron, se mantuvieron firmes e impertérritos durante cinco meses, envueltos en la ola de sangre derramada á cada momento, por los fusilamientos de los que, en la refriega caían en manos de los invasores y los golpes bien dirigidos de los peruanos contra los destacamentos chilenos.

Los que emprendieron la cruzada patriótica, no sabían de retiradas, ni de huídas, habían resuelto quemar, también, el último cartucho o sucumbir: siempre buscando al enemigo para el combate.

Sin éste firme propósito, la resistencia de los pueblos del Centro, habría carecido de orientación, no habría acariciado ningún ideal: pero, se quiso diezmar invasores lo más posible y se consiguió, aunque no ámpliamente el objeto; no han podido triunfar en toda la línea, por haber estado en la brecha, solos y desamparados; el cuartel general de Ayacucho, ni siquiera con armamento, ni municiones los auxilió. Aquel momento histórico, fué de los más terribles, pero, la obra estaba en manos de hombres consientes de sus deberes, que no rehuían el peligro, poniéndose á distancias inaccesibles.

Las treinta y cinco carabinas Winchester, tomadas á igual número de chilenos muertos en el combate de Comas, no fueron utilizadas por falta de municiones de ese sistema. Aquel dia desempeñaron papel importante, las galgas, por el sitio en el que se les obligó á presentar combate á los enemigos, y los rifles Minié, único sistema que hasta entonces usaban los naturales de aquel pueblo, en sus cacerías, por lo cual tienen predilección, desde que pueden manejar un rifle o una escopeta. Para el asalto á Concepción se necesitaba armamento moderno de precisión, por tratarse de mayor número de fuerzas contrarias con parque abundante.

Hasta fines de Junio del año referido, contaba el jefe de la plaza con 105 rifles modernos, con una dotación de más de cien tiros cada uno; con cuyos elementos organizó una columna de 105 hombres que en corto tiempo fué convenientemente militarizada; llamose “Cazadores de Comas”, que integró la division vanguardia del ejército del Centro, que vino de Ayacucho á Izcuchaca y de éste lugar pasó á Comas, por indicación del jefe de las fuerzas de ésta plaza, al general Cáceres, en oficio que oportunamente le dirigió, haciéndole ver que, tal medida levantaría el espíritu de los pueblos y reforzaría la fuerza efectiva del flanco oriental, en vista de que el ejército enemigo, ocupaba el valle de Jauja en toda su extensión; además, Tarma, Oroya, Chicla y Cerro de Pasco.

VIII

Aunque en la contestación de la jefatura superior, al parte pasado por el comandante militar de la plaza de Comas, sobre el triunfo de Sierralumi; decíale á éste que se mantuviera á la defensiva, sin comprometer combate con los enemigos; éste mandato no se avenía con el temperamento del vencedor de los araucanos en el combate aludido.
Concibió otro golpe de mano, contra otro destacamento de caballería, mandado por el sargento mayor Bell, que, periódicamente, iba á San Jerónimo, destacado de este cuartel Genera. Parece que el objeto de esos viajes continuos era reforzar de vez en cuando, la guarnición de Concepción y tener siempre bajo su férula á San Jerónimo, para que no imitase á los demás pueblos del valle de Jauja, sublevándose también, dificultando así el envio de víveres para el ejército Chileno. Ello, es que, Bell no cesaba de hacer sus viajes, con mucha frecuencia, á la cabeza de veinticinco hombres de caballería.

Este codiciable racimo de araucanos, exitó, sobremanera, el patriotismo de Salazar, en el sentido de hacerlos caminar á los de Bell, por el mismo rumbo que á los de Germain en Comas; aunque la empresa en esta vez era más peligrosa y arriesgada, por la cercanía al cuartel general enemigo, y, á la guarnición chilena inmediata; sólo un procedimiento rápido, podía coronar el éxito apetecido.

Comunicó su plan á sus compañeros de confianza, que lo acogieron con entusiasmo, entre ellos un Máximo Aguilar, natural de Comas, arrojado y valiente corbatón, que había vivido en los cuarteles de la policía de Lima, la mayor parte de su vida.

Aguilar por orden del jefe de la plaza, y en comisión importante del servicio, salió de Comas el 28 de abril, á ponerse al habla, con algunos compatriotas de San Jerónimo, educados como Aguilar , en la misma escuela de la policía de la capital; éstos debían secundar el asalto proyectado.

Como la distancia que media, entre Comas y San Jerónimo, no es más que de ocho leguas, en la noche del mismo dia, llegó Aguilar á este pueblo; habló con sus camaradas y entregó cartas, en las que se combinaba una estrategia, maduramente, meditada, para arrollar al enemigo, llegado el momento sicológico. Ya iba á retirarse del pueblo, para regresar al centro de operaciones, cuando la viuda de los tristemente célebres Turín, se notició de la estadía de Aguilar en San Jerónimo, persona aquella que odiaba á éste implacablemente, por haber formado parte de la expedicion á la hacienda “Ayna” por órden de la jefatura superior, encomendada al teniente coronel Ismael Gonzáles, para presentar á los Turín, vivos o muertos, sino entregaban las armas de propiedad del Estado que poseían, con fines inhumanos y bárbaros.

La viuda denunció ante el Mayor Bell, que, en ese instante llegaba de Huancayo, la presencia de un montonero de Comas en la población; el jefe chileno destacó en el acto, cuatro soldados para apresar á Aguilar, en casa determinada. Preso éste, lo primero que se le encontró en el cinto, fué un hermoso revolver, descubierta el arma, la suerte del preso estaba descontada.

Bell prosiguió su marcha á Concepción, llevando á Aguilar en la grupa de uno de sus soldados; en esta ciudad se le sometió á un consejo de guerra verbal, presidido por el jefe citado e integrado por los oficiales de la guarnición; concluido en corto tiempo, el consejo que lo sentenció á muerte, regresaron á San Jerónimo, donde se le fusiló, en el patio del plantel de instrucción primaria, después de haberse confesado, como lo pidió el sentenciado, con el cura de la parroquia, doctor don Ricardo Basurto: murió como un bravo, sin consentir que lo vendáran para su fusilamiento.

Este acontecimiento se realizó, como ya se dijo, en uno de los últimos dias del mes de abril de 1882; frustrándose un plan bien concertado. La muerte de Aguilar, causó profunda consternación entre los suyos; pero, este hecho, el fusilamiento de Rosado, Samaniego y Gutarra, en ésta ciudad; la muerte del cura Mendoza en Huaripampa; la salvaje masacre en Huamancaca, de la familia Peñalosa, los fusilamientos de Sanchez en Sapallanga y de Marino en Acopalca; fueron vengados dos meses más tarde, en el célebre combate de Concepción. Ese combate tradujo al lenguaje humano, todo el rencor que los corazones peruanos, abrigaban y abrigaban, contra los estranguladores de su nacionalidad.

IX

El 30 de junio llegaron á Comas las dos pequeñas columnas, mandadas por el coronel Gastó, á las que se incorporó de orden superior la “Columna Comas”, con su primer jefe, teniente coronel Ambrosio Salazar Márquez; cesando desde ese dia, del mando militar de la plaza, para constituir la división vanguardia, que debía operar contra el invasor, después de unos dias de descanso.

La división mencionada, aunque impropiamente, llamada tal, por su pequeñéz, dejó Comas el 8 de julio, saliendo á la zona ocupada por el enemigo, con el objeto de orientarse sobre el paradero del general Cáceres, que regresaba de Ayacucho y su plan de campañas, en órden á al expulsión del araucano, de la sección territorial que ocupaba á título de conquista. Ese mismo dia, á las cuatro de la tarde, llegó al pueblecito de San Antonio, ubicado en las alturas del convento de Ocopa; una hora más tarde, se presentó á caballo el joven Crisando Meza, llevando el encargo del Sr. Obispo Valle, oculto en el antedicho convento, desde meses atrás, por temor á los cupos onerosos, que los enemigos imponían, á las personas espectables y ricas; el expresado Meza, manifestó en presencia de todos los jefes, que el Obispo le había encargado decir, al jefe de las fuerzas llegadas de Comas, que había recibido cartas de Lima, procedentes de personas de elevada posición social y política, las que le aseguraban, que el general Linch había ordenado ya el jefe del ejército de ocupación del centro, su reconcentración inmediata al cuartel general; que convenía no perder tiempo, en trazar un plan, á fin de hostilizar al enemigo en su próxima retirada.

Terminado con la relación anterior, la misión de Meza, se puso enseguida á órdenes del jefe de la “Columna Comas”, quien desde ese momento lo nombró su ayudante, para los servicios sucesivos á la patria, en aquellos instantes álgidos de peligro. Este aviso fué una especie de acicate para Salazar, que inflamó su entusiasmo, por lo que opinó, decisivamente, poco después, en la junta de guerra de Lastay, por el inmediato ataque á los araucanos que guarnecían Concepción.

X

El 9 de Julio prosiguió su marcha la division Gastó, tomando rumbo al Sur, á cierta altura, con el objeto de aproximarse á Marcavalle, punto avanzado de la ocupación chilena, donde según conjeturas fundadas, se efectuaría el primer encuentro entre las avanzadas chilenas y las fuerzas peruanas que regresaban de Ayacucho.

Pasaron por Santa Rosa de Ocopa y Alayo; doblando enseguida hacia la izquierda, tomando la encañada que conduce al caserío de Lastay; aquí, se hizo alto en media pampa, donde el comandante de la “Columna Comas”, manifestó al coronel Gastó, que, exactamente, se encontraban en la altura de Concepción, y que debía resolverse, si se atacaba o nó, ésta plaza, ocupada por una guarnición chilena.

El coronel Gastó, ante indicación del primer comandante de la fuerza de Comas, hizo reunir á los demás primeros jefes, para deliberar sobre éste punto, haciendo presente que sus instrucciones, se limitaban sólo para estar á la defensiva, sin comprometer ningún combate; el comandante de las fuerzas de Comas tomó nuevamente la palabra, para decir que: si las instrucciones eran tales él, por su parte, atacaría al enemigo extranjero; que las fuerzas de su mando las había organizado con ese propósito, haciendo todo género de sacrificios y esfuerzo personal y que estaba decidido á no seguir, un paso más hacia el Sur; en ese instante, el sargento Mayor don Luis Lazo, que escuchaba la deliberación, sin pertenecer al consejo de guerra, dijo: “yo no he venido á estar á la defensiva, sino á pelear con los enemigos de mi patria; me adhiero y lo acompaño al comandante Salazar, en su resolución de atacarlos en el acto”. El Coronel Gastó, no dio tempo á que los demás jefes emitieran su opinión; decidió asaltar la plaza, pero, manifestando, que el ataque se llevaría á cabo, en la madrugada del dia siguiente, o sea, el 10. Sobre este punto, prevaleció la opinión del comandante Salazar y Mayor Lazo, por el ataque incontinenti. (Anexo n° 5).

XI

Actuaron, pues, en el asalto á la guarnición chilena de Concepción, las columnas “Pucará”, “Ayacucho” y “Comas”; ésta mandada por Salazar y las otras, por los entonces comandantes Freyre, y Carvajal, respectivamente; pero, como este jefe saliese herido al principio del combate, su segundo, el Mayor Lazo, siguió peleando á la cabeza de la fuerza. El asalto se inició á las cuatro y minutos de la tarde del 9 de julio, cumpliendo con toda exactitud, en todas sus partes, el plan, previamente trazado.

Después de tres horas de encarnizado combate, la guarnición enemiga, perfectamente pertrechada, fué reducida á menos de la mitad de su efectivo, mientras peleaba á cuerpo libre, desplegada en guerrilla en la plaza; á las siete de la noche se encerró en su cuartel, desde cuyas ventanas alcanzó á los asaltantes muchas bajas, como la de los capitanes, José Manuel Mercado y Cipriano Camacachi, de la “Columna Comas”, que se aproximaron bastante á la trinchera del enemigo y la de don Avelino Ponce, que á las nueve de la noche, avanzó con unos cuantos guerrilleros del pueblo de Apata e Izcos, hasta frente al cuartel enemigo. Los chilenos abandonaron sus primeros atrincheramientos, pasándose á las habitaciones del departamento contiguo, á un costado de la iglesia, á las doce de la noche, perforando las paredes que aún las dividen, donde se resistieron hasta las nueve de la mañana del diez, hora en que tocó á su término el toque sangriento, con la muerte de toda la guarnición y la toma de casi todos los rifles Grass, por los de la “Columna Comas”. (Anexo n° 6).

Consta del parte oficial, que elevó á la comandancia general, de la división vanguardia del ejército del Centro, el jefe de la “Columna Comas”, al dia siguiente de la hecatombe, los nombres de los pocos vecinos patriotas de esa ciudad, que cooperaron al éxito, excepcionalmente único, obtenido durante la infausta guerra del Pacífico.

La detonación de las armas de fuego, con las descargas cerradas que hacían los combatientes, despertó la curiosidad de los vecinos de los pueblos inmediatos, que concurrieron en tropel, a contemplar el combate como simples expectadores, sin tomar parte en la refriega; ni disponían de armas para esta especie de encuentros.

Es preciso hacer constar, que el lejano pueblo de Andamarca, aportó también su contingente de sangre, para el combate de Concepción; un regular pelotón de jinetes bien armados, capitaneados por Hipólito Avellaneda, vino de allá, por orden del comandante Salazar, quien lo incorporó á la columna de su mando, para formar un solo cuerpo. Su llegada al cuartel general fué oportuna, en la antevíspera del asalto á la ciudad, que en pocas horas más, había de ser, como lo fué, “La Troya del Centro”.

A las siete de la mañana del diez de julio, cuando ya el cuartel chileno estuvo completamente dominado por las fuerzas de Comas, se presentaron unos cuantos armados, del inmediato pueblo de San Jerónimo, al mando de don Melchor Gonzáles, que tomaron pequeña parte en la rendición de los que aún se resistían en el cuartel, á ordenes del capitán chileno, don Ignacio Carrera Pinto.

Lo que después se notó de reprensible, en algunos habitantes de la ciudad de Concepción, fué, que sin contribuir á engrosar las filas atacantes, para acabar pronto con los araucanos, se contrajeron desde que se rompieron los fuegos, á apoderarse y esconderlos para sí, los cuatro caballos de los oficiales chilenos y otras tantas mulas del parque de los mismos, que pastaban en un cerco de “Lulin”; dichos individuos fueron unos mocetones del bajo pueblo, del barrio de la “Alameda”, encabezados por un Claudio Salazar, antiguo sirviente de don Diego Guerrero, avecindado en la ciudad, teatro del acontecimiento histórico.

Si el hecho anterior, es reprensible, el siguiente, es acremente vituperable: cuando la ciudad antedicha, quedó escueta después del combate, por haber emigrado sus habitantes, por temor al tradicional repase araucano, al no encontrar con vida, la guarnición que había dejado; al constituirse aquellos, nuevamente en sus casas, pasado yá el peligro, y encontrándolas robadas, interpusieron sus quejas, ante la primera autoridad política del departamento, don Guillermo Ferreyros; está, después de practicar los esclarecimientos del caso, ordenó el fusilamiento de los jefes de la pandilla de saqueadores, Gabriel y Leonardo Meza, del caserío de “Huaychulo”, suburbios de la ciudad, varias veces citada.

XII
Consideraciones á posteriori

Las operaciones bélicas del Centro, en julio del 82, no estuvieron presididas por una dirección hábil, carecían de un Estado Mayor activo, que concertara un golpe audaz y simultáneo, contra los enemigos esparcidos en el extenso departamento de Junín. ¿Por qué quedaron sin atacarse las guarniciones aisladas de Tarma, Jauja, Chicla y Cerro de Pasco? No hubo, pués, ningún acuerdo en ese sentido, de la superioridad militar, que, recién llegaba de Ayacucho. Cada jefe de fuerza, obraba según su patriotismo le sugería. El 5 de julio atacó Tafur, La-Oroya, con las guerrillas del banda Occidental del Mantaro, para salir lastimosamente derrotado; el 9 del mismo mes, atacaba Gastó Concepción, obligado por Salazar, por que así lo había determinado éste, desde que triunfó en Comas y organizó por su cuenta fuerzas con ese fin. El ataque á Marcavalle, en la mañana del 10 de julio, por las fuerzas venidas de Ayacucho y las guerrillas del departamento de Huancavelica, fué una providencial coincidencia, con la prolongación del combate de Concepcion. Sin embargo de haberse librado combates aislados, sin concierto, ni competencia técnica, pudo estimarse el resultado como medianamente satisfactorio. (Anexo n° 7).

Desde el 6 de febrero del 82, dia posterior al combate librado en Pucará con los chilenos, en protección de la retirada de las tropas peruanas que se dirigían á Ayacucho, el enemigo estableció su vanguardia en la cumbre del cerro Marcavalle. Durante seis meses, los indios de Tongos y Pasos, de la provincia de Tayacaja, sostuvieron casi diarios tiroteos, desde los picachos de sus cerros, con dicha avanzada; quedando tambien escalonadas otras más, en Pucará y Sapallanga.

Estas avanzadas, desconectadas entre sí, y á distancia de cinco, y tres y dos leguas, respectivamente, de Huancayo, cuartel general del araucano; llegado el momento del ataque á Marcavalle, han podido ser arrolladas y destruidas. Pero, á causa de no haber estado bien armadas, tanto las guerrillas, como la pequeña division de 800 hombres de Ayacucho, que fué reorganizada sobre la base de los rendidos de “Acuchimay”, que también carecían de material de guerra suficiente;dejaron escapar á los de Marcavalle, dejando en el campo sólo unas cuantas bajas. Ya no existía el ejército de Chosica, que había completado su defeccion, en la empinada subida de Julcamarca, de ida á Ayacucho.

Es sobremanera sensible, que el “batallón Santiago”, formado con los presidiarios de Chile, no hubiera tenido la misma suerte, de los de “Chacabuco” en Concepcion. Aquel batallón traído para conquistar el Centro del Perú, con un total de 600 plazas, ha debido quedarse para siempre, en los mismos puntos donde guarnecía; -pero faltaron municiones para castigar, ejemplarmente á los 600 más famosos criminales de nuestros implacables enemigos.

La causa principal, para que los invasores, de comandante en jefe á último soldado, no hubiesen hallado su tumba, en este departamento, arranca desde más arriba; desde cuando el Dictador, después de la doble derrota sufrida en las puertas de la capital, no se hubiese preocupado, de trasladar al interior, por el Ferrocarril Central siquiera una parte del material de guerra, almacenado en Santa Catalina; desde que es fácil deducir con fundamento, que en su mente tendría ya trazado su derrotero de huída, á esta region, en caso de una posible derrota; material y vestuario que los enemigos dispusieron á su entera satisfacción, vendiéndolo más tarde, al gobierno creado y prohijado por sus bayonetas; mientras los nuestros carecían de todo, en las escarpadas cumbres de la Breña, por redimir á su patria, de la esclavitud que tenían en perspectiva, originada por la torpeza de sus gobernantes.

XIII

Durante el transcurso de las distintos etapas de la historia, han existido pueblos, como Grecia antigua, que se apresuraban á inmortalizar á sus héroes, que morían o se sacrificaban por su Patria; inscribiendo sus nombres en el mármol o en el bronce, á fin de que pasaran á la posteridad cubiertos de gloria y sus acciones se hicieran dignas de imitación.

Los pueblos que así dignifican á sus héroes, nada tienen que temer del porvenir de su nacionalidad, son éstos los centinelas avanzados de su honor; pero, los pueblos decadentes y degenerados, que, en su seno albergan hasta traidores, caminan á su ruina, tiene país vencido y mutilado, dias peores les espéran, en las vicisitudes de su historia.

En el sitio en que ántes se asentaba, la casa parroquial de la ciudad de Concepción, y que después sirvió dicho edificio, de último baluarte á nuestros extranjeros agresores, cuando la indignación de los buenos hijos del Perú, no contaminados con la riqueza envenenada del huano y salitre, estalló contra ellos; se ha levantado un obelisco, en memoria de aquel brillante hecho de armas, á iniciativa del comandante general de la segunda región, coronel La Combe de nacionalidad francesa.

Tal obelisco no puede ser sinó provisional, hasta que la gratitud nacional, erija otro, digno de la magnitud del acontecimiento; entonces éste llevará el siguiente epitafio:

“Aquí yacen los héroes del Centro,
los que cayeron sobre el escudo,
los que sin elementos de combate,
lo improvisaron todo, en el momento crítico del peligro, por salvar la
dignidad nacional y exterminaron en leal refriega, á la 4ª. Compañia del “Batallón Chacabuco”, en la tarde y en la noche, en la madrugada y en el dia, del 9 y 10 de julio de 1882 ”.

Esta expresiva leyenda, debe considerarse en todo tiempo, como el testamento de los caídos y el programa, severamente imperativo, de las generaciones del porvenir; aunque los que ven el resultado, no ven lo que cuesta alcanzarlo.

XIV

La cuarta y última invasión chilena, á ésta región, fué la del coronel Urriola, desprendida de la fuerte division, destacada de Lima, en abril del 83; con el ostensible propósito, de destruir el ejército del Centro, comandado por el general Cáceres é imponer el gobierno de Iglesias, creado y fomentado por Chile.
Como el general Cáceres se retirase de Tarma hacia el norte, hasta Huamachuco, la división aludida lo persiguió hasta más allá de Huánuco, guiada por el chilenófilo Luis M. Duarte; quién un año más tarde, fué asesinado en Concepción, no se sabe, si, por un grupo fanático de patriotas, que quisieran castigar su nefasto crimen de lesa patria, como Bolivia á Daza; o un grupo de asesinos vulgares en desquite de agravios antiguos. El hecho está todavía cubierto de tupido velo, la historia se encargará de esclarecer más tarde lo que haya motivado este acto delictuoso.

Urriola con el “batallón Miraflores”, fuerte de ochocientas plazas y un escuadrón de caballería, avanzó hasta esta ciudad en julio del 83; aquí se esperaba que esa fuerza fuese batida, por la division del coronel Dávila, venido de Huaytará y las guerrillas de Huancavelica, mandadas por el coronel don Tomás Patiño. Empero, los chilenos se retiraron á Tarma, por no haber tenido eco simpático, como ellos lo esperaban, la misión pacificadora que traían; los pueblos los rechazaron y hostilizaron, mirándolos siempre, como á crueles e irreconciliables enemigos.

Sólo la comisión destacada de Pucará, campamento peruano, para cortarles la retirada á los chilenos, en caso de un combate, encomendada al teniente coronel don Ambrosio Salazar y Márquez; tuvo un encuentro sangriento en Concepción, 2° combate en ésta ciudad, en la tarde y noche del 6 de julio del 83, causándoles al invasor numerosas bajas. (Anexos Nos. 8 y 9).

Cuatro meses más tarde, ó sea, en noviembre de ese mismo año, volvió Urriola de Tarma, con su tropa aumentada á dos mil quinientos hombres y avanzó hasta Ayacucho, donde se encontraba el general Cáceres, después de la derrota de Huamachuco; retirándose este general á Andahuaylas, con las pocas fuerzas que tenía á sus órdenes, hasta la vuelta de los chilenos, a su cuartel general, después de breve estadía en aquella ciudad.

El 7 de agosto del mismo año 83, á raíz de la hecatombe de Huamachuco, cuando los chacales del repase, yá no tuvieron estorbo alguno en el departamento de Junín; el coronel Urriola antes de avanzar más adelante, con su división compuesta de las tres armas, se dirigió al pueblo de Santa Rosa de Ocopa, con objeto de apresar al señor Obispo Valle, amenazando destruir el convento á cañonazos, si éste no se daba preso sin resistencia; medida adoptada por instigación del traidor Duarte, guía del ejército araucano.

Lo creían al señor Valle, agitador de las turbas guerrilleras de esa comarca; tal creencia ha sido infundada, dicho Prelado, nunca se entrometió en esos asuntos. Empero, sí, prestó un importante servicio á la Patria, trasmitiendo á los venidos de Comas el año anterior la noticia de que: yá hacía dias, que, había recibido cartas de Lima, en las que le aseguraban, que el general en jefe del ejercito enemigo, había impartido orden al jefe de la división del Centro, para que se reconcentráse en la capital.

Sin este oportuno aviso, el jefe de la “Columna Comas”, quizás no hubiera opinado en Lastay, por el ataque ipso ipso; y la postergación de unas cuantas horas, ó un dia más, para emprender el ataque, habría frustrado el éxito que se obtuvo, con tan oportuno asalto, en la tarde del 9 de julio. El 11 llegó el ejército chileno á Concepción, en retirada á Lima, cuando en la mañana del dia anterior había terminado la refriega, con el exterminio de la guarnicion chilena, después de un combate que duró cerca de veinte horas.

El señor Obispo fué apresado y remitido hasta la Estacion de Chicla, escoltado por una fuerza enemiga, después de habérsele intimado prision antelada, por medio del nuevo gobernador de Concepción, José Manuel Lizárraga, otro vil turiferario del gobierno emergido de las desgracias nacionales, patrocinado en aquel entonces, por los hijos bastardos del Perú.

En julio del 84, vino de Lima á esta ciudad, con el único objeto de entrevistarse con el general Cáceres, el ayudante del general en jefe del ejército chileno, capitán Armstrong, en misión especial de hacer reconocer por aquel general, el tratado de Ancón, como un hecho consumado. Una vez reconocido, el oficial chileno, se regresó incontinenti.

Huancayo, ha atestiguado desde los albores de la independencia del Perú, dos sucesos históricos de infinita trascendencia. Siendo el primero: la proclamación de la independencia en 1812 por el doctor don Estanislao Márquez1 -y el coronel don Pedro Granados; y el segundo: el reconocimiento del malhadado tratado de Ancón por el general Cáceres, en 1884, para cuyo efecto vino desde Lima, un señor Armstrong, secretario del general Lynch.

Vencido el Perú, en la guerra de invasión de ladrones y asesinos del 79, como dijo el eminente publicista francés y catedrático de la facultad de derecho, de la Universidad Mayor de San Marcos, don Pablo Pradier Foderé; cuando se trató de hacer la paz, pensó con unanimidad admirable, tal como quiso arreglar ese convenio internacional, el Presidente Provisorio de la República, doctor García Calderón, es decir, sin cesión de territorio, pagando una indemnización razonables, fijada de común acuerdo o por medio de un arbitraje.
Persuadido el gobierno de Chile, que, el del Perú, no accedía á las exigencias del vencedor, por haber manifestado aquel de antemano, que no estaba dispuesto á sacrificar en un tratado de paz el territorio del Perú; el jefe militar de Chile, lo redujo á prisión al Presidente y sin pérdida de tiempo lo remitió preso á Santiago, en la mañana del 6 de noviembre de 1881.

Resuelto á no consentir en la cesión del territorio, guiado por un sentimiento de alta política americana, dijo el jefe militar de Chile, poco antes de ser reducido á prisión: “queriendo la verdadera paz, no puedo resolver á desmembrar el territorio del Perú; porque no quiero que mi nombre pase á la posteridad con el estigma de reprobación que los pueblos de América impondrán al que legalice entre ellos el funesto sistema de conquista”. Palabras luminosas y proféticas de aquel gran estadista.

Un eminente publicista americano refiriéndose á la inquebrantable entereza del gobierno de García Calderón, ante la presión de Chile, al negociar la paz, dice: “Se vé, pues, que el Presidente y los hombres que con él constituían el gobierno provisional, á pesar de las terribles circunstanciasen que el Perú se encontraba, no olvidaron su honor y sus deberes, conservaron su energía, su serenidad, su inteligencia, su comprensión de las cosas y probaron ser absolutamente dignos de la confianza de la nación e iguales á la hora de extremo peligro y extremo infortunio en que su patria se encontraba, cuando, en una negociación en que los estadistas de mayor experiencia y lealtad habrían podido equivocarse, engañados por la esperanza y abrumados por la espantosa adversidad; éllos se mantuvieron de pié, con los ojos abiertos, firmes y dueños de sí mismos, sin sacrificar nada, en un momento en que todos los sacrificios eran posibles. Nada honra tanto la inteligencia y las virtudes del gobierno provisional como su conducta en esta negociación”.

Esa entereza de espíritu, del gobierno provisorio, una vez conocida en el interior del Perú, con algún retardo, hizo empuñar las armas, al estudiante aludido que, con tanto brío inició la reacción en el Centro.

Después de todo, ya sabemos cual fué el desenlace de la desgraciada guerra del Pacífico, por culpa de las ambiciones hidrópicas, nacidas hasta en los cuarteles, cuando la tarea de hacer la paz, sólo incumbía á los estadistas de larga visión política y diplomática. (ojo atrás –anotación de Salazar-). Aquí= (hay un añadido del propio Salazar).

Tal es, el triste momento de hoy, consecuencia fatal del ignominioso tratado de Ancon, llevado á cabo por el general Iglesias, hombre de cuartel, y por sus intensos colaboradores; que cumplido el término de ocupación chilena, de Tacna y Arica, según aquel pacto internacional; sigue en todo su vigor, la chilenización brutal y salvaje, impuesta hace años, en las tierras irredentas, por la única voluntad del detentador. En el problema del Pacífico, hasta su completa solucion, habrán todavía de surgir infinidad de complicaciones y dificultades, atendida la fé púnica de los hombres dirigentes de la República usurpadora.

XVI

“Sin embargo de tanto heroísmo desplegado por Comas, no sólo por el hecho del combate, sino por las circunstancias que de éste se derivaron, como el continuo amago del numeroso y terrible enemigo, durante cinco meses, para incendiarlo y destruirlo; hasta hoy los poderes públicos del Perú, especialmente, su Congreso, no ha(n) dictado siquiera una ley á fin de premiar su patriotismo en cualquier forma, para estímulo de las futuras generaciones en casos idénticos y (para) tener (un) pueblo valeroso, celoso de su dignidad y autonomía.

Sin el triunfo de Comas, de donde arranca la epopéyica resistencia del Centro, ésta no se habría llevado á efecto, por la debilidad numérica del ejército, que, por no poder contrarrestar el empuje del chileno, en Chosica, se retiró hasta Ayacucho; nos hallábamos pues, huérfanos de toda protección de parte de aquel, desde el dia de Pucará”. (Eco de Junín. N° 23).

XVII

Queda dicho que el combate de Pucará, se realizó en la mañana del 5 de febrero del 82, entre la vanguardia chilena de Canto y tres compañías del batallón “Zepita”, dirigidas personalmente por el general Cáceres; una de cuyas compañías estuvo mandada por el entonces teniente Muñiz. El teatro de la lucha, fué ambas arillas de río Pucará, que corre por el pie de este pueblo, que está situado sobre una meseta.
La aproximación del enemigo fué anunciada por un disparo de cañón chileno, cuya bala perforó dentro del poblacion, el techo de una casa, inmediata á la que se alojaba el general Cáceres esa noche; se pudo detener el avance del araucano, no tanto por la actividad que desplegó el jefe del ejército, sino por el inmenso aluvión que esa mañana arrastraba el río, por la lluvia torrencial en la noche; sin esta circunstancia, el ejército peruano habría sido sorpresivamente arrollado por el chileno, que no bajaba de dos mil hombres bien armados. La causa para esta casi sorpresa, al ejército que defendía la honra nacional, fué, que el encargado de avisar al general Cáceres, el avance del enemigo á esta ciudad, que lo era el Mayor Meléndez, gobernador de este Cercado, no cumplió su misión como su deber se lo imponía; sin dar oportuno aviso de asunto tan urgente y de suyo delicado, huyó á Yanacocha, lugar situado al occidente del Mantaro. El Subprefecto Carvo, tomó rumbo opuesto, retirándose á Pariahuanca: motivo por el cual, el general Cáceres, careció de datos sobre los movimientos del ejército invasor.

En cuanto los chilenos ocuparon esta ciudad, en la tarde del 4 de febrero, destacaron en persecución de Cáceres, que avanzó al Sur, al medio dia de la misma fecha, una fuerza de caballería, mandada por un comandante Baeza que prometió regresar pronto, trayendo la cabeza del general Cáceres; Baeza murió en el combate del siguiente dia, sus restos fueron llevados á Chile.

Durante la refriega, el ejército peruano, sin la menor desorganización, avanzó paulatinamente á Izcuchaca á órdenes del coronel Secada, para pisar en breves horas más, el departamento de Huancavelica, quedando el de Junin, en plena dominacion chilena, sin la presencia de un solo soldado peruano.
Fin de la primera parte.

Cuatro palabras (antes de la 2ª. parte)
Si, hasta los hechos pasados en autoridad de cosa juzgada, se quiere desfigurar y ensombrecer, pronunciando discursos disparatados, como el del coronel La Combe, el dia de la inauguración del obelisco de Concepción; con mayor razón se falsearía la historia de lo que no se conoce á fondo como el motivo que originó, la ida á Comas, de las diminutas fuerzas, mandadas por el coronel don Juan Gastó.

Necesitamos, pues, poner de relieve esos hechos, realizados en aquella luctuosa época, cuando no todos estaban dispuestos, á afrontar la muerte, por defender la honra nacional; á fin de que, los ignorantes osados, que hablan de lo que solo tienen ligera idea, sin datos auténticos, ni hagan comulgar con absurdos descomunales, á las generaciones no coetáneas de ese magno acontecimiento patriótico, que, aún está pendiente del juicio de la historia: si no se consignaran tales hechos, con toda fidelidad, quedaría en blanco, la página más saliente de la historia nacional, durante la infausta guerra del 79: á ese fin tiende, la presente reseña histórica.

El Autor.

Un párrafo que debió consignarse en el capítulo precedente y que por punible distracción no se consignó, lo puntualizamos enseguida para que que los episodios y crímenes de la Breña se conozca mejor en sus detalles. Dice así:

Otro tipo que se hizo detestable, durante las desdichas de la patria, fué el jaujino Gregorio Castilla; este venal e infame asesino, se comprometió matar al general Cáceres por oro chileno. Para ejecutar su nefasto crimen, le armó una emboscada al ilustre vencido de Huamachuco, que entonces encabezaba la honra nacional, en el lugar del caserío de Tarmatambo, cuando caminaba de prisa perseguido por los araucanos desde Junín: el escondite del presunto matador fué designado con anterioridad para consumar su criminal intento á mansalva y sobre seguro; le asestó varios tiros de carabina sin hacer blanco.

El general Cáceres, supo de fuente fidedigna, quien había sido su pérfido victimario, ordenó su persecución y captura poco después, pero Castilla se internó en las montañas de Comas, donde permaneció mucho tiempo de incógnito, hasta que los tiempos cambiaron y la orden de captura quedó en nada. Los nombres de tales traidores y malvados hay que exhibirlos para su debida execración por las generaciones presentes y venideras.

SEGUNDA PARTE
I

Descritos los sucesos narrados en la primera parte, tales como se produjeron, queda establecido: que el 2 de marzo del 82, fué aniquilado en Comas, el destacamento chileno, mandado por el capitán Germain; que todavía el 22 de abril del mismo año, se alzó en armas el cura Mendoza de Huaripampa, siendo este pueblo, el primero que secundó, de un modo efectivo, el movimiento de insurrección patriótica, que el estudiante isabelino, inició contra el enemigo extranjero, en el Centro del Perú, en la fecha referida; que durante cincuenta dias se mantuvo sólo, el comandante militar de la plaza de Comas, enfrentado á toda el ejército de ocupacion, sin tener otro pensamiento, que el de repeler otra invasión á esa plaza, en cuanto, humanamente le fuera posible; desde que el pueblo había tomado en sus propias manos, la causa de la Patria, en sus momentos de cruel infortunio.

Cuando Huaripampa y otros pueblos más, se levantaron en armas, viendo que Comas no se rendía, ante la arrogante intimacion del invasor, cuando tal movimiento se hizo casi general y llamó seriamente la atención de éste; entonces el jefe de la reacción se propuso infligirle mayores pérdidas en sus filas, atacando en sus cuarteles, á las guarniciones de retaguardia.

Pero, como se trataba de un enemigo fuerte y envalentonado, por sus triunfos en San Francisco, Alto de la Alianza, Arica, San Juan y Miraflores; con armamento moderno de largo alcance y parque abundante, necesitaba ante todo, proveerse de rifles de precision y municiones suficientes; á eso quedó reducido por de pronto, el ahinco del expresado jefe, quien tuvo que dedicar sus desvelos á la consecución del armamento que se requería, para una empresa de mayor magnitud; sin descuidar la parte fundamental del problema, ó sea, excitar el celo y entusiasmo de los hombres de acción de los distritos vecinos, para el levantamiento general de éstos, á fin de hacer sentir la justa indignación de ésta parte del Perú, contra los descendientes de Lautaro y Caupolicán. Tal fué el objetivo central de la inesperada reacción.

II


En medio de la angustia pavorosa y el caos que reinaba, en todo el suelo peruano, en aquel triste momento histórico; particularmente, en las regiones ocupadas por el enemigo, después de la retirada de los pequeños ejércitos nacionales; fué obra digna de romanos, adquirir rifles de precisión, con dotación suficiente para un asalto vigoroso; pero, se vió precisando á hacerlo, para complementar el triunfo de Comas, con otro golpe de mano, á una, ó á ambas de las guarniciones, anteriormente, enunciadas.

El jefe que comprometió su propia existencia y la de un pueblo entero, con la profunda brecha que le ocasionó en Comas, al soberbio y altanero invasor, tuvo que desplegar labor intensa en conseguir el número de rifles que creía necesario, para contar con alguna probabilidad con el triunfo, sobre cada una de las guarniciones indicadas, que constaban de ochenta hombres.

Esfuerzo inmenso desplegó el comandante militar, para obtener el armamento que necesitaban; y sólo así, pudo entrever la eficacia del audaz proyecto que concibió, desde que los chilenos distrajeron su atención, con el levantamiento casi general de los pueblos del valle de Jauja, en los últimos dias del mes de abril del 82, á los cincuenta dias del primer triunfo obtenido en la Breña. Ese esfuerzo patriótico, casi sobrehumano, en la hora suprema de la prueba, de un joven de corta edad, sin más amparo que la Providencia; no ha sido apreciado en todo el valor que ha tenido y tiene, para formarse una idea de lo que ese hecho magno significa, como ejemplo objetivo del más acendrado patriotismo, en esa segunda guerra de independencia.

III

A raíz del triunfo de Comas, de repercusión continental , por su inmenso valor moral; muchos jóvenes voluntarios, de los diversos pueblos del valle de Jauja, se presentaron al Jefe de la Plaza; poniéndose á sus órdenes, incondicionalmente, para empuñar un rifle y batirse contra los enemigos extranjeros; ésta actitud, sugirióle al comandante militar, la idea de confiar á dichos jóvenes, el mejor armamento; por haberle inspirado éstos más confianza, para llevar á cabo un asalto, con la resolucion de triunfar, ó vender cara la vida de la demanda.

Empero, uno de los muchos, que se puso á órdenes del jefe de la plaza, que respondía al nombre que Eulalio Bazán, reveló á uno de sus amigos de Comas, el plan de aquél, es decir, el de armar con los rifles modernos recién conseguidos, á los venidos de los pueblos ocupados por los chilenos, postergando á los comasinos, para poner en ejecucion, un plan de vida ó muerte.

Esta revelacion del subalterno, causó despecho ó resentimiento, á uno de los más exaltados comasinos, que dio origen á un motin, encabezado por el capitán Vicente Buendía, con la compañia de su mando, contra el comandante militar y su segundo jefe, Mayor Uladislao Masías, llegado poco há, de Ayacucho.

Buendía y el instructor de su compañia, Bazán, intimaron prisión á ambos jefes, que se hallaban desprevenidos; poniéndoles centinelas, con objeto de apoderarse del parque, es decir, de los rifles y municiones, que, Salazar, á costa de su peculio, esfuerzos y sacrificios había acumulado, para coronar la obra patriótica por él iniciada.

Es de advertir, en honor á la verdad, que solamente, Buendía y Bazán, con la compañía que aquel mandaba, se rebelaron contra los jefes, pretendiendo tener preferencia, en la distribución de los rifles de precision; las otras cinco compañias, con sus respectivos capitanes, todos patriotas y sensatos, permanecieron fieles y obedientes al jefe de la plaza, que yá ceñía el laurel inmarcesible de Sierralumi, por su brillante iniciativa y mejor estrategia, para obtener ese audaz triunfo de la Breña, casi en presencia de todo el ejército chileno, que ocupaba el departamento de Junin.

IV

Ese hecho punible frente al enemigo extranjero, le hizo idear un plan, al jefe de la plaza, que seguidamente lo puso en práctica. Sin vanas protestas, ni quejas inútiles, sobre la insubordinación de los capitanes, se dirigió por oficio, al jefe superior del Centro, que todavía se encontraba en Ayacucho; empleando todas las precauciones del caso, á fin de que no se transparentase, el medio á que había recurrido. En dicho oficio fechado el 29 de mayo, decíale al general Cáceres; que, “convenía á todo trance, mandase un batallón á Comas para atacar al enemigo por ese flanco; que, con la presencia de fuerzas venidas de Ayacucho, se reconfortaría el espíritu de la legión de pesimistas, que, creían, que no había elementos para reaccionar con eficacia contra la derrota; que, así se destruiría la creencia antipatriótica, de los que propalaban la voz, de que el general Cáceres, no contaba con fuerzas suficientes, para regresar al Centro; que, también se animaría para un combate campal, á las fuerzas militarizadas de Comas, dotadas yá de armas de precision y municiones, pues, se había penetrado, que esa gente, era reacia y levantisca; que, con ésta fuerza y el batallón que viniese podría causársele grandes pérdidas al invasor, atacándolo por el flanco oriental, cuando llegase el momento oportuno”.

Accediendo á éstas razones, muy óbvias de suyo, fué, que, el jefe superior, mandó á Comas, las columnas “Pucará” y “Ayacucho”, comandadas por el coronel Gastó; ambas estuvieron dotadas de rifles de precision de diversos sistemas, con escasas municiones y sin parque. Arribaron á Comas, el 30 de junio del 82.

Si es evidente, que el auxilio material recién venido de Ayacucho, no fué tan importante, el moral fué grande: los pueblos se convencieron, que, yá no podía dudarse del regreso del general Cáceres, á combatir junto con éllos, contra el enemigo extranjero, que hollaba nuestro suelo; los de Comas salieron á la lucha, encabezados por su jefe, sin quedar ni uno solo, de los bien armados y municionados, inclusos los capitanes amotinados, enrolados de últimos soldados, en la “Columna Pucará”.

V

La cruel catástrofe, que sobrevino á la República, con la derrota de sus huestes en los campos de batalla trajo consigo, la casi completa disolución nacional ; ante ésta casi total vorágine, fué sumamente difícil, que surgiéran hombres denodados, para la defensa nacional, sin contar con la más remota esperanza de socorro y sin más ambición, que, sacar ilesa la bandera del Perú; sólo una voluntad templada para la acción, como la del comandante militar de Comas, de patriotismo sin paralelo, en aquéllos momentos de consternación general, ha podido afrontar situación tan terrible, á despecho de cuantos trataban de disuadirlo, por medio de cartas particulares y notas, para que depusiera las armas, haciéndole ver su actitud temeraria, ante un enemigo fuerte y poderoso, cuando todo estaba perdido, incluso el general Cáceres, que no tenía cuando regresar de Ayacucho; á causa de que éste, por el desbande de su ejército en la cuesta de Julcamarca, no sólo se había quedado sin tropas, sino también sin armamento; y, que era imposible regresar al teatro de la heroica resistencia, en su condicion de general sin ejército. En una palabra, habían perdido la fé y parecía que carecían, hasta de instinto patriótico.

Todos los pesimismos de los poseídos de pánico, en esa hora del infortunio nacional y adversos á la valerosa resistencia, iniciada por Salazar, contra las hordas enemigas; no fué parte á desanimarlo, para que desistiera de su actitud. Había vencido en Sierralumi, al frente de cuatro mil chilenos, tendidos en el departamento de Junin, cuando yá Cáceres se encontraba en Ayacucho; teniendo el enemigo facilidades para reforzar su ejército, con parte de los veinticinco mil soldados de Chile, que ocupaban la capital de la República; disponiendo, como disponían á su arbitrio del ferrocarril Central de la Oroya; todo esto no lo intimidó al esclarecido patriota, para que hubiera podido decidirlo á soltar las armas; por el contrario, pensó en dar otro golpe más audaz todavía, atacando á una de las guarniciones enemigas, más inmediatas al cuartel general peruano, situado en el lugar más estratégico de la Breña, distante tan solo doce leguas de Huancayo, cuartel general del ejército araucano. Se mantuvo, pues, firme en su puesto de honor, por todo el largo período de la ocupacion araucana, causando en sus filas considerables bajas, que serán, eternamente, imborrables en la memoria de Chile.

VI

Si las pequeñas fuerzas llegadas de Ayacucho no hubiesen estado tan desprovistas de municiones, habríase dividido la fuerza total, en dos columnas, para atacar, simultáneamente, Jauja y Concepción, tal como pensó el jefe de las fuerzas de Comas; pero, el motivo puntualizado, que es convincente, determinó, para que solo se asaltase la segundo plaza, con todas las fuerzas; contándose como principal factor para el triunfo, con la “Columna Comas”, que constaba de 170 hombres, con 115 tiros por plaza.

Atenido á la eficiencia de esos 170 hombres, bien armados y municionados, fué, que su jefe opinó en la junta de guerra de Lastay, por que el ataque se verificase en el acto, y, además, por que, después de cinco meses de preparativos, con tal propósito, desde el triunfo de Comas, debía realizarse su objetivo á todo trance; el impetuoso ataque al enemigo, con todas las fuerzas de frente y de flanco, dió por resultado el exterminio de la guarnición chilena de Concepción.

De los patriotas abnegados y valerosos, que constituyeron, los 170 hombres de la “Columna Comas”, muchos murieron en el asalto, entre éllos los capitanes José Manuel Mercado y Cipriano Camacachi; además, salieron 19 heridos, los cuales se medicinaron hasta salir completamente curados del hospital de sangre, improvisado por los Reverendos padres de Ocopa. De esos heridos, muchos sobrevivieron en Comas, así como tambien de los que salieron ilesos del combate; sin embargo, ninguno se apresuró á recibir con avidez indecorosa, las monedas conmemorativas de la inauguración del obelisco, sino otros, que ni sobrevivientes espectadores han sido. Concepción se asaltó á la luz del dia, los jefes asaltantes, auténticos, inconfundibles, son muy conocidos por los contemporáneos del suceso, que no es remoto y también por los historiadores chilenos, de la guerra del Pacífico.

En el antedicho asalto, las fuerzas venidas de Ayacucho, no han sufrido más pérdidas, que unos cuantos desertores; sin duda por su corta actuación en el combate.

VII

“No podemos dejar de insistir, declarando enfáticamente, que se necesita tener toda la sencilléz de un tonto, ó la torpeza de un cretino, para afirmar en el discurso inaugural de la pirámide de Concepción; que, unos cuantos soldados armados de rifles Minié, mandados por el coronel Gastó, resolvieron atacar la guarnición de Concepción. ¡Unos cuantos soldados armados de rifles Minié, exterminaron á ochenta chilenos armados de rifles modernos Grass, con abundante parque!... ¿Qué calificativo merece tan estúpida afirmación? Ninguno. Pero, sí, el más soberano desprecio, mucho más, cuando, quien lo dice, es un extranjero.

“Todos y cada uno de los jefes, que actuaron en Concepción, han sido y son hombres conscientes de sus deberes patrios; habían desempañado ya papel importante, en otros combates y en situaciones más azarosas, obteniendo resultados idénticos al de Concepción; han sido y son capaces de trazar un plan militar y de llevarlo á cabo, con todo el brío y precisión matemática necesaria, han sido y son peruanos que defendían la honra de su patria, no aventureros que cuidaban el estómago; suponer absurdos, tratándose de empresas guerreras, sobre todo, ignorando la situación que atravesaba el Perú en aquel período trágico, en que había desaparecido el gobierno nacional y no existía ya ejército propiamente dicho, que afrontara con el enemigo, una situación decisiva; es desconocer el fuego sagrado, que animaba y anima á todo peruano, patriota de corazón, cuando trata de reivindicar el honor de su país, mancillado por la planta de los cartagineses de América”. (De “La Voz de Huancayo”).

VIII


Terminada la jornada de Concepción, bajo todo punto de vista, brillante y heroica, los restos de las fuerzas, que, en élla habían actuado, es decir, las columnas “Pucará”, “Ayacucho” y “Comas”, recibieron orden del general Cáceres, que venía atrás, comunicada por el Mayor Saravia, de picar la retaguardia del ejército chileno, que se retiraba hacia Tarma; ésta ardua comision encomendada á fuerzas disminuídas, fatigadas y desmunicionadas, principalmente, la fuerza última, que sostuvo diecisiete horas de combate; fué, algo temeraria, habiendo habido, como habían, fuerzas de refresco, que en ninguna parte habían combatido. Sin embargo, picaron de cerca, la retaguardia del enemigo, hasta las goteras de Tarma, ingresando éste en dicha ciudad, el 13 de julio, dando tiempo, aquí, á que el 3° de línea, que venía del Cerro de Pasco, se le uniera, para seguir juntos la marcha de reconcentración á Lima.

Reunidos el 15 en San Juan Cruz, los vencedores en Concepción y los vencidos en el Oroya, se enfrentaron con los doscientos soldados de caballería chilenos, que trajeron otros tantos infantes á la grupa; después de dos horas de combate, ambos beligerantes experimentaron fuertes pérdidas, quemando los nuestros hasta el último cartucho, pero, con éxito poco satisfactorio. Allí, murieron, Lino Huamán, dos jefes de la guerrilla de Chupaca y otros valientes patriotas.

Conviene puntualizar, aunque á la ligera, cómo se efectuó el encuentro en la Oroya, cuya resultado fué doloroso para nuestras armas. El coronel don Máximo Tafur, comandante general de las guerrillas de la banda occidental del Mantaro, venido de Ayacucho á última hora, en julio del 82; decidió asaltar á la guarnición chilena del puente citado, el 5 de julio, contando para el efecto, con más o menos doscientos hombres, fraccionados en tres columnas por los tenientes coroneles Eduardo Toledo Ocampo, Manuel Meza y Demetrio Arauco, comandantes militares, también de última hora de Huaripampa, Sinco y Chupaca.

Cuando en una empresa bélica no hay unidad en el comando y todos quieren mandar y ninguno obedece, surge la discusión de los consejos de la fábula, de si son galgos o podencos, como acaeció en el inconsulto ataque á la guarnición antedicha, cuyo resultado fué desgraciado como queda aseverado. No sólo esto, sino que todos los jefes, contando con la seguridad del triunfo, se hicieron candidatos á la prefectura de Junín, que originó discusiones insustanciales e inoportunas, que enfriaron el entusiasmo de los subalternos para la acción, y fueron lastimosamente derrotados, muriendo en ese encuentro, entre otros muchos, un distinguido joven de Mito, apellidado Ledesma. ¿Quién ignora que el entusiasmo es el gran propulsor para realizar las grandes acciones?.

En Concepción prevaleció el acuerdo acerca del plan que debía observarse en la acción de armas inmediata; Gastó y Salazar lo trazaron en privado y los ejecutaron al pié de la letra. En todos predominaba una sola aspiración y un solo pensamiento: la destrucción del enemigo. Solo así pudo ser coronada la empresa guerrera aludida, con el éxito más brillante.

IX

El dia de la inauguración del monumento de Concepción no solo se falsificaron héroes, sino también se ha alterado la fecha en que tuvo lugar aquel combate, haciendo aparecer una distinta á la en que se realizó.

El suceso se efectuó, según consta de los oficiales, el 9 y 10 de julio del 82; pero á La Combe se le antojó suponer, sin fundamento alguno, que el hecho se había llevado á cabo el 12 de julio del citado año; así consta de la inscripción que llevan las monedas conmemorativas que se distribuyeron aquel dia entre los concurrentes á la fiesta inaugural. ¿No es esto falsear la historia, descarada y estúpidamente?. Pues, en la mañana del 13 de julio, las fuerzas peruanas combatieron en Concepción, dejaron Jauja, para seguir adelante, picando la retaguardia del enemigo, que había pernoctado en Yanamarca, ingresando á Tarma en la noche de ese mismo dia

El período crítico de la campaña redentora del Centro, durante la tercera invasión chilena, que tuvo por consignar destruir el ejército de Chosica, para imponer á la sombra de sus bayonetas, colmo lo impuso después el repudiado caudillo de Montán, fué desde el combate de Comas hasta el de Concepción, o ase, de marzo á julio del año anotado; durante el período álgido de esa campaña, el comandante militar de Comas, fué el alma de esa heroica resistencia, que asumió los caracteres de una epopeya, sin rendir la plaza ante la intimación del enemigo.

Las represalias que se ejercitaron durante ese período de ocupación chilena en uno y otro campo, fueron terribles y sangrientos. Los chilenos fusilaron al cura Mendoza de Huaripampa, á Samaniego, Rosado y Gutarra de Sicaya, á Aguilar de Comas, capturado en San Jerónimo desempeñando una comisión, al doctor Peñalosa y familia en Huamancaca por meras sospechas sin que se hubiera tomado parte en la rebelión de los chupaquinos, á Merino en Acopalca y á Sánchez en Sapallanga. También los peruanos no dieron cuartel á los once chilenos tomados ilesos al final del combate de Concepción, incluso el capitán Ignacio Carrera Pinto, Jefe de la guarnición de esa ciudad.

Todavía más. Cuando el ejército chileno se retiró de Huancayo, en obedecimiento á órdenes superiores de su cuartel general y por la aproximación de las fuerzas del general Cáceres que venían de Ayacucho, no habiendo encontrado á su paso por Concepción más que ochenta cadáveres de la guarnición, que allí habían dejado; pues toda ella había parecido en el combate librado con los asaltantes de esa plaza. Entonces, el coronel del canto hizo tocar á sangre y degüello.

La caballería del coronel Alcerreca, después se asesinar muchas personas distinguidas de la ciudad, entre ellas á don Miguel Patiño, don Juan de Dios Salazar, don Isidro Lizárraga y otros más, recorrió las afueras de la población matando mucha gente del pueblo, que no había podido huir más lejos de la saña chilena, cuyo número se hizo ascender á treinta en total.

X

Del cuartel general peruano (Comas) partieron varias insinuaciones á los centros guerrilleros, tendientes á coordinar un ataque intempestivo, llegada la oportunidad, enderezadas á las distintas guarniciones de retaguardia del ejército chileno, que ocupaba Huancayo.

El cura Pérez, jefe de los guerrilleros del distrito de Pariahuanca, fué insinuado para que á la cabeza de éstos, él, o sus tenientes, se aproximasen á la quebrada de Camisería, con objeto de apoderarse sorpresivamente de los doscientos caballos de la caballería del coronel Alcerreca, disminuidos en cuarenta que quedaron para siempre en Sierralumi, que en los ubérrimos potreros de la hacienda Hualahoyo pastaban, cuidados por una veintena de rotos bien armados.

El cura guerrillero contestó con evasivas á esa insinuación, sin duda por que no disponía de gente armada, capaz de arrollar á los rotos pastores del ganado caballar. Por fin esa gente de Pariahuanca no fué útil para nada durante el conflicto de la invasión; solo para contemplar asombrada, saliendo por primera vez de sus montañas, el 12 de julio, el cuadro lúgubre y pavoroso que presentaba Concepción después de la hecatombe de que fué teatro.

Chamorro y Monteblanco, jefes de los guerrilleros de Ricrán, han sido insinuados más de una vez , para que haciendo esfuerzos extraordinarios, no teniendo de quien esperar nada, consiguieran material de guerra para caerle de improviso á la guarnición de Tarma; contestaron que era imposible conseguir armas y municiones en que ellas circunstancias para el golpe que se premeditaba. Tampoco se utilizó el servicio de sus masas armadas de lanzas, que permanecieron agazapadas en sus riscos durante toda la campaña, impropiamente llamada del Centro, cuando solo algunos pueblos de las dos provincias meridionales del departamento de Junín, resistieron batallando contra los invasores; mientras las otras dos provincias de este departamento se dejaron avasallar ovejunamente, como si en aquel entonces no hubiera habido en el seño de ellas hombres de acción.

Después de la muerte del cura Mendoza de Huaripampa, se les insinuó á los de este pueblo Muniyauyo y Sincos, para que organizasen debidamente sus fuerzas, de manera que significasen en su oportunidad un factor útil para atacar jauja, conjunta o separadamente con Comas, en desquite de la muerte del cura.

Tardaron mucho en prepararse, hasta que á fines de junio del 82 llegó de Ayacucho el coronel don máximo Tafur, nombrado comandante general de las guerrillas de la banda occidental del Mantaro. Juntamente vinieron también los tenientes coroneles Arauca Meza y Toledo Ocampo, comandantes militares, respectivamente, de los distritos de Chupaca, Sincos y Huaripampa; jefes de ejército y experimentados, pero que condujeron á todas las guerrillas de aquella banda al triste fracaso de la Oroya, el 5 de julio del 82.

Los demás pueblos, de los muchos que existen en el valle, permanecieron estáticos, casi petrificados, ante la irrupción famélica de los bárbaros del Sur.

Quedaba solamente Comas con las armas en la mano para vengar por segunda vez la iniquidad araucana. Así lo hizo, en efecto: en su itinerario de Sierralumi hasta Concepción; le causó al enemigo 115 bajas, que éste no lo olvidará jamás, aunque se arranque la memoria.

XI

El jefe del ejército chileno, durante su corta estadía en tarma, en su retirada á Lima, después de la hecatombe de Concepción, dirigió una proclama al ejército de su mando, en uno de cuyos párrafos decía: “Pero no olvidéis los rasgos generosos de que siempre habéis hecho uso para con esos prójimos de la humanidad degradad”.

Llamar “humanidad degradada” á los dueños de casa, que repelieron con energía la agresión de ladrones y asesinos, que, con, el ostensible propósito de asesinar invadieron ajena propiedad, es el colmo del cinismo. El derecho de legítima defensa es á todos permitido, á hombres y naciones, luego, al que injusta y sorpresivamente ataca, con el fin de asesinar y robar, es lícito ultimarlo. ¿Y qué hicimos en Comas y Concepción?; lo que está permitido por el derecho natural, o sea matarlos y exterminarlos como á bandoleros de ciudades y pueblos indefensos.

Es sensible que por tan poca cosa, canto se haya permitido decir tanta procacidad; hemos debido levantarnos todos los peruanos de esta parte del territorio, como un solo hombre, y hacer con todos lo que se hizo en Comas y Concepción; cuando menos con todas las guarniciones de retaguardia del ejército invasor. Así el calificativo de “Humanidad degradada” nos habría producido menos escozor, castigando en mayor escala á los invasores del 79. Pero, nos declararon la guerra cuando nos encontrábamos desprevenidos; no tuvimos suficiente material de guerra, ni hombres competentes para la dirección del Estado, sólo desertores del deber y de los puestos de honor; sobre todo nos faltó un Gran General, de que siempre hemos carecido.
Un Foch y 200.000 hombres bien armados y equipados, habría sido y sería ahora el remedio radical para nuestra deplorable situación: ¡Hoy, con país vencido y mutilado y dos provincias detentadas por el cóndor araucano!.

¡Son funestas las reflexiones que se agolpan á la mente cuando se piensa en la triste herencia legada á la presente y futuras generaciones! El odio contra Chile debe conservarse, como se conserva el fuego sagrado de las Vestales.

XII

La historia y la posteridad han de fallar un dia sobre la altivez y patriótica actitud asumida por el joven estudiante, sin inspiración extraña y por cuanta propia; que sin detenerse á pensar en la ferocidad araucana, expuso su vida, la de su familia y la del pueblo que lo secundó con eficacia, para librar su bandera de la humillación y oprobio; vencida ya inmerecidamente en todos los campos del desastre, merece pues bien de la Patria; puesto que, con sus hechos efectivos y ejemplarizadores, ha escrito una gloriosa página en la historia del Perú.

Tanto más gloriosa dicha página, cuando que castigo, merecidamente, con los reducidos elementos de que disponía, á los filibusteros de la nación, que en América implantó el derecho de conquista, declarando al Perú y Bolivia una guerra expoliadora, injusta y cruel; que abusó de su fuerza, no respetó durante la lucha ni después de la victoria, las leyes de la guerra, que acatan todos los pueblos civilizados; ni se sometió á los principios consagrados en bien de la humanidad.

XIII

Este último capítulo ha sido reservado para consignar la parte que le cupo de la crueldad y terrorismo que los invasores desplegaron contra toda la familia del jefe de la plaza de Comas, especialmente contra su padre don Ascencio Salazar y Castilla, por el gran crimen que su hijo había perpetrado en Sierralumi, en honor de su bandera, exterminado á los cuarenta araucanos del “Escuadrón de Yungay” mandados por el capitán chileno Fernando Germain.

Para no caer en manos de los enemigos, el padre del mencionado jefe, tuvo que abandonar todos sus intereses, situados en el pueblo de Quichay, inmediato á Concepción; emigrando en seguida á la cumbre de los cerros de la hacienda “Suitucancha”, por todo el tiempo de la ocupación chilena en esta zona, á causa de que las comisiones que se destacaban del cuartel general chileno, se sucedían unas á otras con el pregonado propósito de capturar á Salazar (padre) y fusilarlo.

No habiendo sido tomado por ninguna de las comisiones, por haberse puesto previamente fuera del alcance de éstas, por avisos oportunos de personas de buena voluntad, el jefe chileno adoptó una estrategia para conseguir su objeto.

Canto, de acuerdo con uno de los gamonales chilenófilos del pueblo de San Jerónimo, que ejercía el cargo de Alcalde Municipal, envió un individuo llevando una nota del Alcalde para el emigrado, con instrucciones de buscar á Salazar en las punas hasta encontrarlo. En la nota se le decía á éste que había sido nombrado Gobernador del distrito y que se constituyese cuanto antes á desempeñar el puesto que se le había conferido; pero, como el juego era demasiado burdo para caer en la celada que le tendía, se retiró con su familia más al interior, á un punto casi inaccesible de la Breña, para no ser capturado.

Pero llegó el momento por todos anhelado para saldar cuantas con los invasores. Cuando la “columna Comas”mandada por su hijo y las dos columnas más venidas de Ayacucho, dejaron su cuartel general con objeto de asaltar Concepción, por determinación antelada del vencedor de Sierralumi; se unió á esas fuerzas don Ascencio Salazar; tomada la plaza después de tres horas de combate, encabezo un grupo de patriotas constituido por Andrés Mandujano, Rufino Meza, Sántos Moreno y otros; se apoderó en seguida de una de las torres de la Iglesia, de la que dominaba el cuartel chileno, de donde dirigió con el grupo que lo acompañaba, certeros tiros contra los araucanos.

El resultado de este combate es universalmente conocido. Quedó así arreglado con los enemigos la cuenta pendiente de persecución, captura y fusilamiento que contra el padre del ilustre paladín de la Breña proyectaba el jefe de los rotos que irrupcionaron el Centro.

XIV
El desgraciado fin del ejército del Centro

A fines de abril del año 1883, el general en jefe del ejército de Chile, Lynch, destacó hacia el centro una fuerte división, compuesta de 5.000 hombres de las tres armas, al mando del coronel León garcía, con el ostensible propósito de destruir el ejército mandado por el general Cáceres, que entonces ocupaba la ciudad de Tarma como cuartel general. Esta fué la cuarta y última invasión al Centro, que fué guiada por el traidor Luis M. Duarte.

Los enemigos tomaron el camino de Nievería y canta marchar en línea recta hasta Tarmatambo y cortarle de esa manera la retirada hacia el sur ejército de Tarma.

Ocupada Tarmatambo se resolvió la retirada al Norte, previo un consejo de guerra de los jefes de ese ejército, convocado por el general Cáceres.

Los chilenos persiguieron precipitadamente á Cáceres, hasta más allá de Huánuco.
Noticiado el general Lynch de la retirada de Cáceres al Norte, envió una fuerte división de 3.000 hombres al mando del coronel Gorostiaga, por mar, que desembarcó en Chimbote y se internó al interior de la sierra, con el objetivo de efectuar un movimiento envolvente contra el ejército peruano; ocuparon los chilenos el inexpugnable cerro “Sasón”, cerca de Huamachuco; el general Cáceres se reunió con el coronel Recavarren, que actuaba en el norte sometido á las órdenes de la jefatura suprema del Centro, cuyas fuerzas reunidas formaban un total de cerca de 4.000 hombres.

Después de un tiroteo de dos dias entre ambos ejércitos beligerantes, el 10 de julio del año 83, se decidió atacar el ejército de Chile en sus posiciones inexpugnables. La batalla duró cerca de dos horas; el ejército peruano se abalanzó contra el enemigo con todo brío y entusiasmo, pero en un desgraciado momento echó de menos de las bayonetas de que los peruanos carecían para atacarlo de cerca; se declaró pues la derrota por falta de arma blanca.

Murieron en esta batalla el general Pedro Silva, los coroneles Luna, Astete, Gastó, Tafur (Máximo), Leoncio Prado, Aragonés y Rueda. El anciano y veterano coronel don Manuel Tafur murió de enfermedad natural cerca de Huamachuco, originada por la larga campaña del Norte.

Murieron cuatro tenientes coroneles y otros sargentos mayores, entre ellos el mayor Melchor Ramírez, hijo de la ciudad de Concepción.

La carnicería y la hecatombe de Huamachuco no debe ser olvidadas por los buenos peruanos, “aunque se arrancan la memoria”, profesando odio eterno al Caín de América, hasta que la providencia permita algún dia el rescate por el cañón, de Tarapacá, Tacna y Arica.

ANEXO N° 1
Un sello de la Alcaldía de la Municipalidad de Comas.

Comas, febrero 24 de 1882

Señor don Ambrosio Salazar

Tengo el honor de poner en conocimiento de Ud. , que el pueblo de Comas, reunido en comicio popular , ha nombrado á Ud. por aclamación, comandante militar de esta plaza, con el objeto de combatir á su regreso del destacamento chileno de 40 hombres de caballería que en la mañana de hoy ha pasado por aquí con dirección hacia el Oriente.

El acuerdo de este pueblo está en armonía con su modo de pensar que Ud. Expresó después de concluir la lectura del oficio del Señor Cura Reyes, Alcalde Municipal del Consejo Provincial de Jauja, que envió á este despacho pidiendo reses para la guarnición chilena de Jauja; y en caso de no hacerlo así la misma guarnición se constituiría aquí, para sacar por sus propias manos las reses necesarias para el rancho de la aludida guarnición. Esta amenaza irritó al pueblo y decidió combatir á todo evento á los araucanos que pasaron adelante cuando cumplan el derrotero de su comisión; pero de modo preciso bajo su acertada dirección.

Esperamos que Ud. á la brevedad posible de sirva hallarse entre nosotros para acordar todo lo que haya menester para lograr el mayor éxito de nuestra empresa patriótica.
Dios gue. A Ud.
(Firmado) Luis Chávez
Nota: El oficio del Alcalde de Comas fué enviado inmediatamente á la hacienda Marancocha, alojamiento del estudiante isabelino Ambrosio Salazar.

Contestación

Marancocha, febrero 24 de 1882

Señor don Luis Chávez

Alcalde del Concejo Distrital de Comas.

He leído con orgullo patriótico el oficio que me envía Ud. , por que he visto que un pueblo viril como Comas no se dejará hollar .................................. departamento de Junín, sin control militar alguno.
Estaré en ese pueblo dentro de una hora para acordar todo lo conducente para declarar guerra sin cuartel á los filibusteros del siglo diecinueve. Un aplauso por la ferviente y digna decisión de todos nuestros amigos.

Dios gue. A Ud.
(Firmado) Ambrosio Salazar.

N° 1
Proclamación del Comandante Militar de la Plaza de Comas después del combate de Sierra-Lumi.

Comasinos:
Parece que el Dios de los Ejércitos quisiera proporcionarnos coyunturas para medir nuestras armas con los chacales de la Araucanía; ¿qué otra cosa signifícale que casi sin pensarlo hayamos destrozado ayer una buena porción de los bandoleros de América?.

Si es evidente que nos preparábamos para hacerles daño mayor posible, o picotear siquiera al formidable ejército enemigo, tendido en el valle comprendido entre Pucará y Jauja; no pensamos ni un instante que, como conducimos por una mano secreta, cayesen al centro mismo donde encontraron su tumba cavada.

La falta de elementos bélicos ha sido suplida con nuestra fe y civismo; pues combatimos con las armas que la naturaleza nos proporcionara, con galgas , hondas, palos y pocos rifles. De los cuarenta chilenos del escuadrón “Yungay” y sus guías extranjeros, yacen ahora mismo casi en total al pie del empinado Sierra Lumi, el cual con su mancillado con su inmunda planta, estas regiones donde no hay huano ni salitre.

Amigos:
Sea, pues, la gloriosa función de armas de ayer, el prolegómeno de la serie de triunfos que la Providencia nos depara en lo sucesivo. Estamos solos, el ejército del Centro está á gran distancia; no importa, ,los pueblos del valle, los del Perú entero, creo que imitarán el ejemplo que ayer les dimos. Y si no se ponen de pie, solos nos batiremos hasta sucumbir. La suerte está echada; porque es preciso que no se nos oculte que el desquite del enemigo tiene que ser tremendo, sangriento y sin cuartel.

Amigos todos:
Por ahora no pensamos sino en sostenernos dentro de nuestras trincheras, hasta ver la actitud de los pueblos y proveernos de material bélico; si el enemigo acomete, nos batiremos sin cederle un ápice de terreno y habremos probado al mundo que, en un rincón del Perú, un puñado de patriotas prefirieron morir peleando, antes que sobrevivir á la humillación inferida por el araucano.
Vuestro leal amigo,

(Firmado) Ambrosio Salazar
Comas, Marzo 3 de 1882
(Colección Ahumada Moreno).

N°2
Parte Oficial del Combate de Comas.

Comandancia Militar de la Plaza de Comas.
Marzo 3 de 1882
Señor General don Andrés A. Cáceres, Jefe Superior Político y Militar de los Departamentos del Centro.
S.G.

Tengo el honor de poner en conocimiento de Ud. el resultado del combate en Sierra- Lumi, á inmediaciones de este pueblo, con un destacamento chileno de caballería, el 2 del corriente, por las fuerzas de mi mando.
Adueñado el ejército chileno del departamento de Junín, después del combate de Pucará, realizado el 5 de febrero último y la consiguiente retirada de US. Hasta Ayacucho, con ejército que le obedece, el expresado departamento soporta con gran indignación el terror que impera en todo su ámbito, por la impotencia para enfrentarse y destruirlo si posible fuera, al enemigo extranjero.

En estas circunstancias, recibió el Alcalde Municipal de este distrito, don Luis Chávez, un oficio del Alcalde Municipal del Concejo provincial de Jauja, cura Reyes, para remitirle reses, para el sostenimiento de la guarnición chilena de esa plaza y en caso de no hacerlo, amenazaba el referido Alcalde, mandar una comisión chilena con el objeto de extraer reses á viva fuerza.

Puesto el oficio en mi conocimiento lancé la idea de presentarle combate á la comisión chilena, idea á la que se adhirieron con entusiasmo todos, especialmente el Alcalde Chávez y su popular secretario den José Gil.

La resolución estaba tomada , pero aún nada se había hecho para llevarla á la práctica; cuando de improviso se presentaron en el pueblo, el 24 de febrero, cuarenta soldados de caballería del “Escuadrón Yungay”, mandados por el capitán don Fernando Germain y el teniente don Idelfonso Alamos, perfectamente armados; pidieron rancho abundante para cuarenta individuos de tropa, almorzaron enseguida y después de comer algunas depredaciones por las á fueras del pueblo, prosiguieron su marcha, sin decir á donde iban ni cuando regresarían. Seguidamente el pueblo se reunió en comicio popular y nombróme por aclamación comandante militar de esta plaza.

Desde ese momento me preocupé de adquirir rifles y municiones, mandé preparar galgas en el desfiladero de Sierra-Lumi, envié chasquis detrás de los araucanos para orientarme acerca del punto á donde iban y la ruta que tomarían á su regreso; los chasquis desempeñaron su papel con precisión extraordinaria.

Por fin, el 2 del corriente, á las once de la mañana, se presentaron en la cumbre del cerro Chacán, arreando más de 800 reses, extraídas de la hacienda Runatullo, de propiedad de la familia Valladares; cuando se hallaron todos dentro del camino del desfiladero, que es angosto, largo y cortado á pico, con abruptas quebradas hacia la parte baja y cuando la primera fracción de las reses, arreada por un pelotón de chilenos, se acercó á Sierra-Lumi, donde mandé construir una trinchera de piedras y coloqué allí diez eximios tiradores, capitaneados por Manuel Arroyo; se dio la señal convenida, de un toque de corneta, desde el lado opuesto de la gran quebrada, para desprender las galgas y disparar los rifles; tanto estos, como las galgas, produjeron efectos desastrosos en las filas enemigas, que en menos de veinte minutos, murieron más de la mitad del destacamento aludido; la otra mitad de la fuerza filibustera combatió hasta la orilla izquierda del río que pasa por el pie de Sierra-Lumi, siendo al fin exterminada por los certeros tiros de mis fuerzas, apostadas en los matorrales de la carilla opuesta.

En resumen, quedaron aniquilados 35 chilenos, inclusive jefe Germain; salvaron solo cinco de todo el destacamento, á uña de caballo, extraviando caminos, casi todos heridos. Les hemos tomado las 800 reses robadas de Runatullo, 35 carabines Winchester, chapa blanca y 35 caballos, aperados de brida á espuela. De nuestra parte tenemos cinco heridos de bala.

Esta acción militar, librada sin más apoyo que el de la Provincia y su espléndido resultado, me inducen á creer, firmemente, que levantará el espíritu patriótico de los demás pueblos de esta comarca, para tomar las armas en masa, con el fin de hacerles morder el polvo á los salteadores de América; esperando que US. No demorará en acudir el teatro de la lucha armada con el ejército de su mando, para ayudar el esfuerzo de los pueblos en su empeño de expulsarlos de este suelo de brillante tradición, á los vándalos de la edad contemporánea, que impunemente lo profanan; vuelvo á reiterarle si súplica, á fin de que apresure su regreso, ante la contemplación de que ahora estoy solo en la brecha, al frente de cuatro mil invasores

Dios gue. A US.
(Firmado) Ambrosio Salazar.
(Colección Ahumada Moreno)

N°3
Contestación del General Cáceres

Ayacucho, Marzo 30 de 1882
Señor Comandante Militar de la Plaza de Comas

Con la más viva complacencia he recibido á comunicación de usted del 12 del mes en curso, con que me dá parte de la acción de armas ocurrida en el pueblo de su jurisdicción el 2 del citado mes, entre las fuerzas del mando de usted y un destacamento enemigo, que fué vergonzosamente derrotado con pérdidas notables en gente, caballos y armamento.

Es para esta jefatura sumamente satisfactorio que el vecindario de Comas, colocándose á la altura del deber, y hasta de los sacrificios que la defensa nacional impone á todo ciudadano, haya escarmentado al enemigo con todo el riego de su indignación, supliendo con su fe y civismo las desventajas con que se presentó en la lucha, por falta de disciplina, dirección militar y armamento, pues no venció sino con las armas que la naturaleza pudo proporcionarle, como hondas, palo y galgas. Si esta una amarga lección para el enemigo, es también una fecunda enseñanza para los pueblos, que no dudo se apresurarán á imitarla en vista de sus gloriosos y fecundos resultados.

No dudo que el ejército de mimando apoyado por una enérgica actitud popular, habría conseguido para poner á raya la expedicion chilena y librar de su vandálicas de Junín, que hoy sufren el oprobioso yugo del enemigo. Mas, ya que el entusiasmo patriótico comienza á despertarse, acudiré presuroso al punto del peligro á sostener en cualquier terreno la causa nacional, luego que haya puesto término á la reorganización del ejército á cuyo objeto consagro mi atención y mis desvelos.

Entretanto conviene que Ud. procure mantenerse á la defensiva aprovechando todas las ventajas que ofrecen su posición y los accidentes del terreno, sin descuidarse de alejar cuanto sea posible el ganado y demás víveres, de manera que no puedan servir al enemigo.
Dé usted el parabién á nombre de la patria y al mío á los guerrilleros que le acompañan á usted en la jornada del 2, muy particularmente á los ciudadanos que han suscrito el parte que recibí adjunto y que se publicará en el registro oficial.

Dios gue. A Ud.
(Firmado) Andrés A. Cáceres
(Colección Ahumada Moreno, tomo 6°).

N° 4
Nombramiento de Comandante Militar, remitido de Ayacucho, después de la victoria de Comas. El pueblo en comicio popular, por aclamación, para emprender dicha jornada, habíale ya conferido tal nombramiento. Un gran sello de la República.

ANDRES A. CÁCERES
General de Brigada y Jefe Superior Político y Militar de los Departamentos del Centro.

Por cuanto:

El ciudadano don Ambrosio Salazar ha contraído méritos en servicios de la Patria, asistiendo como Comandante de las Guerrillas del pueblo de Comas en la refriega que tuvo lugar el 2 de Marzo actual con un destacamento de las fuerzas chilenas.

Por tanto:

Le confiero el nombramiento de Comandante Militar de Comas, y ordeno y mando que se le reconozca por tal y se le guarden todas las distinciones anexas á su cargo.
Dado en el cuartel general de Ayacucho á los 309 dias del mes de Marzo de 1882.

(Firmado) Andrés A. Cáceres.

N° 5
Artículo escrito por el autor que lo suscribe sobre el Consejo de Guerra que tuvo lugar una hora antes del asalto á Concepción.

Asalto y exterminio del destacamento chileno de Concepción
Las fuerzas asaltantes de la guarnición chilena de Concepción, dejaron su Cuartel General de Comas, el sábado 8 de julio de 1882; ese mismo dia, en la tarde, llegaron á San Antonio, pueblecito situado en las alturas del convento de Ocopa. Allí se presentó el joven Crisando Meza, enviado por el doctor don Manuel Teodoro del Valle, Obispo de la Diócesis de Huánuco, que se hallaba oculto desde meses antes en ese convento, por librarse de la saña enemiga, que se traducía en onerosos cupos para todos los hacendados de esta región. El joven Meza cumplió el encargo para el jefe de las fuerzas de vanguardia del ejército del centro, de parte del Obispo Valle, manifestando al coronel Gastó, en presencia de todos los jefes, que el prelado aludido decía tener noticia fidedigna, que de un momento á otro, evacuaría los chilenos el departamento de Junín, por haber recibido ya la orden del general en jefe, para reconcentrase en Lima en breve término; noticia venida de Lima al Obispo por cartas particulares de personas bien informadas de la capital.

A las diez de la mañana del nueve de julio dejaron el pueblo de San Antonio, para encaminarse á las goteras de Concepción , por caminos extraviados, al lado más vulnerable de la plaza, á fin de emprender el asalto con probabilidades de éxito. Llegaron al caserío de Lastay á las tres de la tarde, dirigidos por el comandante don Ambrosio Salazar, jefe de la “Columna Comas”, que fué el alma de la expedicion, como que era el único jefe que conocía palmo á palmo la topografía de la ciudad, ocupada por el enemigo. Dicho caserío está situado sobre Concepción, á tres kilómetros de distancia hacia el oriente, donde tuvo lugar un consejo de guerra, provocado por el jefe de la “Columna Comas”, quien no quiso avanzar una línea más hacia el Sur, asegurando al coronel Gastó y demás jefes, que ese era el flanco por donde debía atacar al enemigo extranjero.

El consejo de guerra se constituyó con los siguientes jefes: coronel don Juan Gastó, que lo presidía; teniente coronel don Andrés Freyre, primer jefe de la “Columna Pucará”, teniente coronel don Francisco Carvajal, primer jefe de la “Columna Ayacucho”, y teniente coronel don Ambrosio Salazar, primer jefe de la “Columna Comas.”

El coronel Gastó manifestó que tenía instrucciones de la jefatura superior para mantenerse á la defensiva, sin comprometer combate con el enemigo, y que además el ataque á Concepción no podría emprenderse por dos razones: por la inoportunidad de la hora (4 p.m.) y porque hasta ese momento nada se sabía sobre los planes estratégicos del general Cáceres que se aproximaba del sur para atacar el grueso del ejército chileno, que á la sazón ocupaba Huancayo.

Entonces el jefe de la “Columna Comas”, comandante Salazar , dijo: que con sentimiento no lo acompañaría al señor Gastó en su deseo de cumplir las instrucciones superiores que había recibido, que disponía la fuerza suficiente que él había organizado en Comas para atacar Concepción, según plan de antemano concebido, y que en el acto procedería á realizar el ataque, antes de que el desaliento cundiera en ánimo de los suyos.

Ante tan rotunda declaración de Salazar, el coronel Gastó se quedó como vacilante; al instante el sargento mayor don Luis Lazo, que no formaba parte del consejo de guerra, pero á corta distancia escuchaba con atención las deliberaciones de éste, levantó la voz y dijo: Señor comandante Salazar, yo lo acompaño en su empresa de ataque, he venido á pelear con los enemigos de mi patria, no á mantenerse á la defensiva.

Ambas declaraciones tan espontáneas como concluyentes, fueron para el coronel Gastó una especie de impulsión eléctrica, que en el acto resolvió el ataque á plaza, sin dar tiempo á que los demás jefes expresaran su opinión; esta resolución que constituía el objetivo común fué recibida con marcado regocijo por todos los circunstantes.

Aunque se resolvió el asalto, el plan para verificarlo no quedó acordado; este fué concertado en privado, entre el coronel Gastó y el comandante Salazar, mientras caminaban á la cabeza de las fuerzas, la distancia que medía entre Lastay y Concepción.

En cuanto llegaron á la cumbre de la colina, que por el Este domina á la ciudad, la “Columna Comas” con sus jefes ocupó la falta del “Cerro León” y abrió los fuegos contra el enemigo para llamar la atención de éste, hasta que el coronel Gastó llevase á cabo un movimiento envolvente, desembocado á espaldas de la fuerza chilena y quedar encerrada ésta en un círculo de fuego, por la aproximación de las fuerzas peruanas por todos los flancos. El movimiento de flanqueo se efectuó después de un nutrido fuego de fusilería, de más de media hora, entre la guarnición chilena y la fuerza que mandaba el comandante Salazar.

La hecatombe de Concepción es ya demasiado conocida, aquí sucumbió toda la guarnición chilena y sus jefes: capitán don Ignacio Carrera Pinto, teniente Arturo Pérez Canto, subtenientes Julio Montt y Alberto Cruz.
Como consecuencia del encarnizado combate, los heridos de gravedad de las fuerzas agresoras, ascendían á número considerable, casi todos de la “Columna Comas”, por el brío desplegado por ésta para tomar la plaza y el cuartel ocupado por el enemigo. Todos los heridos fueron asistidos en el hospital de sangre preparado por los Reverendos Padres de Ocopa.

Para hacer constar de una vez por todas que el asalto á Concepción y su brillante éxito, fué debido á la enérgica actitud asumida por el comandante Salazar en el consejo de guerra de Lastay; basta hacer constar también que dicho jefe no necesitó de inspiraciones extrañas, ni de instrucciones superiores, ni de cooperación alguna de parte del ejército de Centro, para presentar combate al “Escuadrón Yungay” que expedicionó sobre Comas el 24 de febrero último, hasta derrotarlo y destruirlo; en ese entonces no se contaba en toda esa región con más aliada que la Providencia al iniciar combate contra parte del ejército araucano destacado en Lima, con el propósito ostensible de destruir nuestro ejército de Chosica. Con ese notable hecho de armas, según Consta del parte oficial de esa gloriosa jornada que se publicó en el Registro Oficial de Ayacucho, se tendrá el convencimiento de que si el coronel Gastó, ciñéndose á instrucciones superiores, no hubiese ordenado el ataque á Concepción, Salazar con la fuerza de su mando, que le costó su trabajo y su dinero para equiparle, lo habría llevado á efecto por su cuenta, procurando asegurar el mejor éxito posible.

Como nadie ignora, cuando el comandante militar de Comas emprendió el ataque contra el destacamento de Germain, que fué un hecho temerario, sin paralelo en nuestra historia, disponía de muy escasos elementos bélicos y el general Cáceres se encontraba entonces en Ayacucho, á 50 leguas de distancia de la resistencia armada, para la ejecución del de Concepción, dos columnas del ejército del Centro, desprendidas de Izcuchaca, aunque sin municiones, concurrieron al citado combate, formando división con la “Columna Comas”, cuyo jefe como se sabe fué el intrépido batallador de Sierra-Lumi.

Tarma, Setiembre del 82.
(Firmado) Melchor Ramírez
Mayor de Ejército
De “El Perú” N° 26.

N°6
Parte Oficial del combate de Concepción

Comandancia de la “Columna Cazadores de Comas”
Ingenio, julio 10 de 1882- 1p.m.

Señor coronel don Juan Gastó, Comandante General de la División Vanguardia del Ejército del Centro.
S.C.C.G.

Ayer á las diez a.m. dejamos el caserío de San Antonio, á donde arribamos en una sola jornada, habiendo salido de Comas el 8 del que rige, con objeto de atacar la fuerza chilena que guarnecía la ciudad de Concepción. A las 4 p. m. Llegamos á otro caserío nombrado Lastay, que está sobre la expresada ciudad á distancia de tres kilómetros; aquí hicimos alto para distribuir á la fuerza de mi mando, que constaba de 170 hombres con rifles desiguales, las municiones que á costa de muchas fatigas me arbitré en Comas, después del primer combate que libré en dicho pueblo contra una fracción del escuadrón chileno “Yungay”, que fué destrozado también por las fuerzas que me obedecían el dos de marzo del año en curso.

US. opinó que la hora era inoportuna para emprender el ataque y que además era necesario saber con fijeza sobre el paradero del señor General Cáceres y su ejército, o de algún movimiento que éste haga contra el grueso del ejército enemigo, que en la actualidad ocupa Huancayo; y que, en consecuencia, era más conveniente en concepto de US. ocupar las alturas de este pueblo, para estar atento á las evoluciones que lleve á cabo dicho señor general y operar en seguida de concierto con ellas .

Yo no quise cejar ni un punto de la resolución que traía desde que salí de Comas, de atacar al enemigo sin pérdida de instante. Viendo el sargento mayor don Luis Lazo, 2° jefe de la columna Ayacucho, que mi propósito era inquebrantable , se asoció á mi dictamen y dijo en voz alta, como á US. le consta, que él me acompañaría en mi empresa aunque sea solo.

Entonces US. me dio el alto y honroso de dirigir el ataque, alegando que no conocía la topografía de la ciudad que, media hora después, fué el teatro de la lucha sangrienta; acepté desde luego tan honrosa comisión inmediatamente me adelanté á tomar el camino que conduce sobre el Morro que sobre sale de la colina que domina Concepción por el este, distante mil metros de la plaza de la ciudad, con la columna de mi mando, el 2° jefe de ella sargento Mayo Uladislao Masías y don Crisanto Meza, quien espontáneamente, me ofreció sus servicios del dia anterior en San Antonio.

Una vez que hube llegado al expresado Morro, abrí los fuegos contra los chilenos, que desplegaron en guerrillas en la plaza y en el patio del convento que hacía de cuartel, nos esperaban, á consecuencia sin duda de algún aviso que en ese instante tuvieron de nuestra aproximación por ese lado. Por espacio de una hora sostuve un nutrido fuego de fusilería en esa posición hasta que US., según convenimos de antemano, se introdujese á la ciudad sin ser visto por el enemigo, siguiendo el camino de Quichuay, para llevar á cabo un movimiento envolvente , es decir, para desembocar á retaguardia de los combatientes de la plaza, por la equina de la casa la Sra. Valladares; tomada la retaguardia por US. descendí de frente para tomar el flanco derecho de los adversarios, apareciendo por los portales.

El movimiento se ejecutó sin tropiezo ninguno, los chilenos de la plaza, luego que se apercibieron de ello, se replegaron al cuartel incontinenti; hasta esa hora mis fuerzas no sufrieron más bajas que dos caballos, uno de ellos de mi ayudante, capitán Cipriani Camacachi. Eran las 6 p.m.

Pocos minutos después, el ayudante de US, capitán Revilla, me comunicó que US. en su propósito de conservar intactas sus fuerzas, en obediencia á instrucciones superiores, se retiraba á las alturas á pernoctar y procurarle rancho á sus soldados. También me participó que el teniente coronel don Francisco Carvajal había sido herido.

A las 6 y 30 p.m. ordené á mis ayudantes Bellido y Camacachi que trajesen kerosene de la tienda de don Daniel Peña, quien minutos antes me dio dos rifles con 50 cápsulas de dotación cada uno, y ofrecióme el aludido combustible si necesario fuera. Los ayudantes no se hicieron esperar mucho, trajeron de 12 á 15 latas de petróleo y procedimos á incendiar el convento, arrojándolo sobre sus techos; opté por esta medida para obligarlos á rendirse o salir de allí para batirse á cuerpo libre; no conseguí mi objeto: los enemigos no cesaron de dirigirnos sus proyectiles por las numerosas ventanas del edificio; Camacachi, que fué uno de los que con más intrepidez cebaba el fuego, perdióla mano derecha de un tiro que los enemigos le asestaron desde su encierro.

Algunos de Concepción, no arriba de once, se pusieron á mis inmediatas órdenes, con sus respectivos rifles, y tomaron parte activa en el combate, fueron los siguientes; Daniel Peña, don Ricardo Cadenas, doctor Santiago Manrique Tello, don Sántos Moreno, don Dámaso Peña, Esteban Alzamora; Marcos Chamorro, Adolfo Coca, subteniente Juan A. Castillo, Ismael Carpio y Mariano Villavisante; de todos éstos murieron en la acción Chamorro y Alzamora.

Los enemigos abandonaron el cuartel reducido á cenizas á las 12 de la noche y se refugiaron en el local contiguo, situado al costado izquierdo de la iglesia matriz, dejando en aquel más de 15 cadáveres.
Entonces los nuestros, con ese brío irresistible que desde el principio del ataque desplegaron, los estrecharon en un círculo más reducido; se apoderaron de las paredes de los flancos, de las torres de la Iglesia y de los techos de ésta.

A esta hora se hizo la lucha por de más encarnizada; los oficiales chilenos dentro del salón principal del último local, destacaban fracciones de 6 u 8 soldados, se batían con desesperación y de seguro después de 15 o 20 minutos de sostener con los nuestros nutrida fusilería en total fuera de combate, gravemente heridos o muertos. Los que ocupaban la torre próxima al á última trinchera del enemigo, son los que bajas han ocasionado á éste.

Cesaban los fuegos de una y otra parte por intervalos más o menos cortos de tiempo; en esta situación nos mantuvimos toda la noche hasta las 7 á.m. de hoy; á esta hora anhelamos llegar al epílogo del sangriento drama, ideamos hacer forados en las paredes que circundan al cuartel y dar el último asalto.

Concluída la operación de los forados por varias partes y viendo los enemigos que el peligro era inminente, izaron un pañuelo blanco, símbolo de paz; creyendo los nuestros que ya se redirían, avanzaron sin hacer fuego, hasta medio patio, donde fueron recibidos con una lluvia de balas, no sin causarnos numerosas bajas. Esta innoble acción produjo en la fila asaltante la más viva indignación, que arrancó juramentos de un modo unísono para no dar cuartel al resto de los que aún se resistían dentro de los espesos muros de su trinchera. En el acto se abalanzaron 50 hombres al recinto de los enemigos, como una jauría de tigres, y ultimaron á éstos después de una resistencia verdaderamente horrible. El capitán Carrera Pinto, subteniente Cruz y 9 soldados sacados de trinchera, fueron fusilados en la plaza; los subtenientes Pérez Canto y Montt sucumbieron en el fragor de la lucha dentro de aquella.

A las 9 á.m. de hoy, la función de armas tocó á su término, cuando ya no hubo enemigos con quienes combatir.

En resumen: toda la guarnición chilena de Concepción, de capitán á tambor, constaba de 79 hombres ha sido totalmente exterminada, después de 17 horas de combate casi incesante; además, fueron muertas también dos mujeres de los soldados, de tanto coraje, que en lo más recio del combate, animaban á los suyos en alta voz que continuasen peleando. Ha sido encontrada muerta entre los montones de cadáveres una criatura recién nacida y otra fué salvada viva por don Dámaso Peña; una de las mujeres había dado á luz dias antes del combate dos criaturas gemelas.

No necesitó recomendar la conducta de los que asaltaran Concepción, ella se recomienda por si misma; fué su divisa vencer y vencieron. Cuentan con más de 40 bajas, entre muertos y heridos, siendo mayor el número de éstos; serán llevados para su curación al convento de Ocopa, donde los padres franciscanos, según carta que tengo á la vista, han improvisado un hospital de sangre.

Los caballos de los vencidos fueron tomados por algunos individuos del pueblo, muy al principio del combate, quedan en poder de mis fuerzas todos los despojos de éste: rifles, vestuario y peroles.

Pocos momentos antes de ingresó US. á la, plaza con la fuerzas de su mando y contuvo con energía los desbordes de los guerrilleros, que, procedentes de los pueblos vecinos, acudieron á última hora en masas considerables. Como US. ha visto personalmente, la mayor parte de los cadáveres están hacinados en el local que ocuparon á las 12 de la noche, en el que se refugiaron al principio del combate, esto es, el convento, hay más o menos 15: en la plaza quedan 13 inclusive lo de los oficiales y dos mujeres.

Elevo á US. este parte con los detalles que escribo, á fin de que por su órgano llegue á conocimiento del general Cáceres, jefe superior para que se entere sobre el espléndido triunfo alcanzado por la columna de mi mando contra una fracción del ejército de Chile que guarnecía Concepción: que aunque tenemos noticia segura sobre su paradero, hasta el momento, pero á juzgar por los dias que lleva de camino desde su salida de Ayacucho, debe estar ya cerca del cuartel general del grueso del ejército enemigo (Huancayo) aprontándose para el ataque.

Dios güe á US.
(Firmado) Ambrosio Salazar
Colección Ahumada Moreno.

N°7
Parte Oficial del general Cáceres sobre los combates de Marcavalle, Pucará, Concepción y San Juan Cruz.

Tarma, julio 31 de 1882
Señores Delegados del Supremo Gobierno en Lima.

Reservándome el cumplimiento de la obligación de dar al Supremo Gobierno el parte detallado de los últimos sucesos acaecidos en este departamento, tan luego que reciba los documentos necesarios de la Comandancia en Jefe y del E.M. del ejército de mi mando, tengo la honra de hacer á UUS. relación breve de todo lo ocurrido.

A costa de algún trabajo y venciendo toda clase de obstáculos, reorganicé el ejército del Centro en la ciudad de Ayacucho, después de lo cual me puse en marcha á Huancavelica, donde tuve que demorara tres dias con el objeto de suministrarme recursos pecuniarios y demás útiles indispensables para movilidad de la tropa.

El 19 del mes próximo pasado salí del último punto con dirección á Izcuchaca, plaza que ocupamos el 20, habiendo pernoctado el dia anterior en la hacienda de Acobambilla. En Izcuchaca encontré más de dos mil guerrilleros y una columna en estado regular de organización al mando del coronel don Miguel Gálvez, dispuesto á seguirme con valor y con entusiasmo, deseando correr la suerte que le tocare al ejército.

Después de un dia de descanso y dejando al Ejército acampando en el último lugar, acompañado de mis ayudantes seguí la marcha sobre Acostambo, Ñahuimpuquio, Tongos Pazos, lugares inmediatos al enemigo, con el objeto de hacer los reconocimientos necesarios de todas las posiciones que rodean á Marcavalle y Pucará, pueblos donde estaban situados las primeras guarniciones chilenas. Al mismo tiempo llevaba el objeto de organizar convenientemente otra numerosa masa de guerrilleros compuesta de columnas de diferentes puntos que se encontraba asediando al invasor por todas partes aunque con mucha desventaja.

Conseguidos estos don móviles, regresé á Izcuchaca y ordené la inmediata movilidad de las diferente divisiones de línea, á la vez que dispuse que el coronel Gastó con dos columnas ligeras de infantería, marchase sobre Comas, por la derecha de Huancayo, á organizar las guerrillas de ese lado y situarse convenientemente entre Jauja y Concepción para resistir allí y recibir órdenes posteriores.

Con el objeto de desconcertar al enemigo, hacerle que distribuya sus fuerzas y fije su defensa por todos lados, ordené igualmente: que los guerrilleros de la izquierda del río jauja, compuesta de las columnas mandadas por los tenientes coroneles Toledo, Arauco y Meza y á órdenes del Comandante General Tafur asaltasen la guarnición de la Oroya y cortasen el puente; al mismo tiempo también expedí las órdenes necesarias al Subprefecto de Huarochirí para que todos los guerrilleros de esta Provincia, en masa, dieran golpe sobre la guarnición de Chicla.

Estos dos objetos no llegaron á conseguir del todo, á pesar de haberse realizado los ataques, por que ellos no se ciñeron á mis instrucciones y los combates se dieron sin aguardar el refuerzo necesario para asegurar los resultados.

El 29 del mismo tuvo lugar dicho movimiento de tropas á las 11 á.m. de ese dia llegué á Acostambo, donde tuve conocimiento que los montoneros de Pazos se batían seriamente con 400 chilenos, poco más o menos, que con tres piezas de artillería salieron probablemente ya á hacer un serio reconocimiento para saber si mi Ejército se hallaba en esos lugares, o ya para resarcirse del golpe dado el dia anterior por los guerrilleros á la guarnición chilena de Marcavalle á los que obligaron á retroceder hasta Pucará.

Después de dos dias de estacionamiento en Acostambo, moví todo el Ejército á Pazos, campamento general, tanto del Ejército como de las divisiones de guerrilleros. Después de algunos dias de reconocimiento y sobre todo de organización, resolví emprender el ataque formal sobre los chilenos el 9 del corriente. Tal pensamiento comuniqué al coronel Gastó y ordené que en un mismo dia y hora asaltara la guarnición chilena de Concepción, que era la retaguardia del enemigo, á la vez con el grueso del Ejército emprendiera sobre Marcavalle, pucará, Sapallanga y Huancayo simultáneamente.

Combinado el plan con los detalles que verán UUS. en los partes respectivos, al rayar la aurora del dia señalado, se dio principio al ataque por Marcavalle. Quince minutos fueron suficientes para que el campo quedase por los nuestros, no habiéndose comprometido en esta acción más que dos compañías del batallón “Tarapacá”. Al mismo tiempo al mando del coronel Domingo Cabrera y la columna “Izcuchaca” al de igual clase don Miguel Gálvez con una celeridad increíble no solo habían cortado la retirada de la guarnición enemiga que toda pereció, no solo habían destrozado la guarnición de “Pucará” y ocupado la población, sino que pasando el río, sostenían un recio combate con la guarnición de Sapallanga.

Convencido del furor que dominaba á los guerrilleros; de la prevención que sostenía para la población de Huancayo, deseando dar golpe seguro y decisivo sobre las fuerzas enemigas que ocupaban esta ciudad: con noticia cierta de lo ocurrido en Concepción, hice tocar retirada y posesioné mi ejército en las alturas de Pucará. El 10 tuve conocimiento de la retirada emprendida por las fuerzas de Huancayo y de la toma del cuartel de Concepción, donde pereció toda la guarnición chilena al brío irresistible de los guerrilleros de Comas mandados por el teniente coronel provisional don Ambrosio Salazar. El 11 ocupé la ciudad de Huancayo y puse al ejército en inmediata persecución del enemigo, que penetró en ese dia en Concepción y haber reducido á cenizas á la población y no haber respetado almacenes y casa extranjeras, especialmente alemanas que fueron saqueadas; salieron el 12 en la mañana, llegando á Jauja ese mismo dia después de incendiar en su tránsito los pueblos de Matahuasi, San Lorenzo y Ataura que se encuentran en el camino.

De jauja salieron el 13 perseguidos siempre por mi Ejército y causando en su pavorosa fuga males incalculables en los pueblos indefensos por donde pasaban ; llegaron ese mismo dia á Tarma después de haber andado nueve leguas y colocaron sus avanzadas en Tarmatambo, distantes una legua de esta población.

El dia 15 ordené se hiciera un ataque para desalojarlos de la última posesión, orden que cumplieron los guerrilleros de acaballo al mando del coronel Tafur. En la tarde de ese mismo dia bajé con una compañía del batallón Zepita, y la situé de avanzada en el cerro de Tarmatambo que domina Tarma por la izquierda.

Al dia siguiente 16 ordené que los guerrilleros tomaran los cerros que dominaban la ciudad por la derecha llamando la atención del enemigo, y librar un combate parcial por ese lado, con el objeto de tomar yo el lado izquierdo que corta los caminos de retirada y darles el ataque decisivo al dia siguiente. El combate parcial tuvo lugar en los cerros de San Juan Cruz donde los enemigos sufrieron bajas considerables; pero tuve el sentimiento de no darles el final, porque en las primeras horas de la noche de ese mismo dia continuaron la fuga por le camino de Casapalca ruta de la Oroya. Debe UUS. Suponer las pérdidas sufridas en fuga y derrotas tan continuadas, desde Marcavalle hasta este lugar, dejando en nuestro poder municiones, vestuario y equipo en la proporción que detallarán los partes de las diferentes oficinas que adjuntaré oportunamente en mis comunicaciones al ministerio del ramo.

Mientras tal se realice, suplico á UUS. se apresuren poner los hechos brevemente relacionados en conocimiento de S.E. el Vicepresidente de la República.

Rechazados y expulsados los invasores de este importante departamento, ponen al gobierno en posesión de más brazos y elementos para la defensa nacional ; atiende mucho á la brevedad de su acción y restablece las medidas de organización pronta que su alta sabiduría á de sugerirle.

Respecto á las fuerzas que me obedecen réstame agregar: que el ejército de línea es digno de todo elogio por la moralidad observada y el sufrimiento y resignación soportadas con abnegación en esta ruda campaña; pero muy en especial debe llamar la atención del Supremo Gobierno el levantamiento en masa y espontáneo de todos los indígenas del departamento de Junín y Huancavelica, prestando en su concurso valiosísimo servicios. Tal hecho es el presagio de un movimiento y transformación unánimes que en breve harán cambiar en la República la faz de la guerra actual.

Por mi parte dispuesto siempre al sacrificio en aras del honor nacional y resuelto á consolidar la obra de unión y solidaridad que serán nuestra salvación; protesto continuar como hasta aquí, esperando solo par mis actos el reconocimiento del deber cumplido.

Dios güe á US.
(Firmado Andrés A. Cáceres.
(Registro Oficial de Ayacucho, n° 19 y Colección Ahumada y Moreno).

N°8
Parte oficial del teniente coronel don Ambrosio Salazar, destacado en comisión para combatir conla fuerzas del coronel Urriola, en julio de 1883: 2° Combate de Concepción.

Comandancia de las fuerzas en comisión.
Apata, julio 6 de 1883.
S.C.C.G.

Después del acuerdo celebrado en Pucará entre US. y los coroneles don Tomás Patiño y don Guillermo Ferreyros, prefectos respectivamente de los departamentos de Huancavelica y Junín, tendente á atacar á la división Urriola (chilena) compuesta de 800 hombres de las tres armas que ocupaba Huancayo; puso á mis órdenes el coronel Patiño un piquete de caballería mandado por el capitán don Benjamín Ugarte, el cual constaba de 40 hombres bien armados ; para que tomando la ruta de la banda occidental del Mantaro, me situase á retaguardia del enemigo, en el morro de San Jerónimo, distante, dos mil metros más o menos, del camino real, por el que los chilenos tenían que pasar de todas maneras, es decir en dispersión o en retirada.
Pues, según el enunciado acuerdo, debía US. atacar por empeños e iniciativa del referido coronel de Tomás Patiño, con las fuerzas de éste y la división del mando de US. á la enemiga acantonada en Huancayo, en la madrugada del 4 del mes en cursi.

También formaban parte de la comisión á mí encomendada los tenientes coroneles don Gaspar Carrera y Milciades Rios y el sargento mayor Ardiles; el, penúltimo Subprefecto de la Provincia de Jauja, nombrado por el coronel Ferreyros.

Me ceñí estrictamente á las instrucciones verbales que recibí de US. y el coronel Patiño, conocedor de aquellos lugares; encamíneme desde luego hacia el puente de Chongos, recorrí todos los pueblos de aquella banda hasta Mito, entresacando de cada á la gente provista de armas, para ocupar en seguida el punto designado de antemano, con el fin de hacerle resistencia al enemigo en su retirada o de aproximarse con todas las fuerzas organizadas hasta las puertas de Huancayo, para secundar el ataque combinado por US. y los prefectos Patiño y Ferreyros, caso de luchar el enemigo á pie firme.

En Sicaya se nos adhirieron, encabezados por Rafael Samaniego, hijo menor de Vicente Samaniego, fusilado por los chilenos en Huancayo el año pasado junto con Rosado y otros.

Los de Alayo, Huanchar, Santa Rosa, Ingenio, Quichuay, etc., pueblos situados en la banda oriental del ya mencionado río, acudieron con grande entusiasmo á ayudarnos en nuestra patriótica empresa. Con este contingente quedó la fuerza de mi mando en pie de hacer una enérgica resistencia al enemigo, en el puesto que me señalaron el coronel Patiño y US.

Constituían un total de 200 hombres, que creí convenientemente fraccionarlos en dos porciones para el momento del combate, y ordené que ocupase el aludido morro una porción, y la colina próxima al puente de fierro de Concepción, la otra.

Entre el morro y la colina media una distancia de un kilómetro, extendiéndose á sus pies la pampa de San Jerónimo.

A la 1 p.m. de antier, desde la cúspide del Morro, de donde se descubre con claridad todo el camino de superficie plana de Huancayo á Concepción (4 leguas) divisamos á los chilenos que se retiraban en orden; supusimos en el instante que: no queriendo contrarrestar el empuje de la división del mando de US. y de las fuerzas guerrilleras organizadas por el prefecto de Huancavelica en su jurisdicción para empeñar el combate, optaban por retirarse hacia donde se encuentra el grueso de su ejercito (Cerro de Pasco).
A las 3 p.m. estuvieron los invasores á tiro de rifle de las posiciones que ocupábamos.

Abrimos los fuegos contra éstos, con tan certeras punterías que les causamos numerosas bajas, que á nuestra vista se habrían los claros en sus filas, por lo que se vieron obligados á retroceder desde media pampa para atrincherarse en la población; una vez atrincherados destacaron compañía tras compañía, desplegadas en guerrilla, para que se batiesen con las fuerzas que me obedecían. En esta situación nos mantuvimos hasta las 6 p.m. sin dejarlos avanzar una línea adelante.

Desde las 4 p.m. principiaron á hacer funcionar sus ametralladoras contra nosotros, colocándolas en la plaza, y eh ese mismo acto habían desprendido también 100 hombres de caballería con otros tantos infantes á la grupa por la quebrada de Vitis para atacarnos por la espalda.

El comandante don Gaspar Carrera, que durante el choque ocupaba un punto saliente del morro, fué quien primero se apercibió de que los enemigos de á caballo ascendían con precipitación del empinado camino, con el fin de arrollarnos por retaguardia. Pudimos salvar de este apurado trance, avanzando aceleradamente al dominante Cerro del “León”, en razón de que nos habría sido difícil, o acaso imposible, atender con buen éxito la fusilería y tiros de metralla que los enemigos nos dirigían de vanguardia y retaguardia; estábamos, pues , ya entre dos fuegos. La noche que tendía su negro manto y el conocer á palmo esos terrenos cos salvaron de una hecatombe segura. Eran las 7 p.m.

La caballería enemiga, desorientada, creyó que habíamos seguido el camino del llano de Pucapachas y emprendieron al golpe nuestra persecución hasta el vértice del ángulo que forman al cruzarse los caminos de Concepción y San Jerónimo en un punto denominado alto-Perú, donde después de incendiar algunas chozas, tomaron el camino recto que conduce á Concepción , punto de convergencia con el grueso de los suyos. Según informes que tuve después, la caballería chilena fué guiada por un peruano del pueblo de San Jerónimo, uno de esos seres abyectos adictos á la causa de la paz, que ha poco nació en las aldeas de Montán.

Entretanto, la otra fracción n de nuestra fuerza, situada sobre el puente, se batió en retirada con la vanguardia chilena, que ya avanzó de San Jerónimo; y cuando el grueso de la división enemiga ocupó la legendaria ciudad de Concepción, teatro el año próximo pasado de la más gloriosa función de armas habida en la zona central del Perú, los nuestros abrumados por el número, estimaron conveniente retirarse á los suburbios de la población, al puente de Matinchara, sitio designado con antelación para reorganizarnos, cualquiera que fuese el éxito de la resistencia.

Pero por una fatal coincidencia, la caballería enemiga, burlada por las fuerzas que á mis órdenes combatieron en el morro, al dirigirse á Concepción descendió sobre Matinchara, donde la fracción nuestra que peleó sobre el puente antedicho, reparaba las fatigas originadas por el prolongado choque; y creyendo éstas que las que se aproximaban fuesen fuerzas hermanas, es decir, las que me obedecían, ni siquiera dieron el alto á los enemigos; éstos, sobre seguro, descargaron una nutrida fusilería que causó más de 30 bajas, cayendo entre ellos José Córdova , quien comandaba esa fuerza.

Estas contrariedad no fué parte á arredrarnos; les picamos la retaguardia durante toda la noche con más brío que antes, hasta las inmediaciones de jauja; no les dejamos acampar en ningún sitio, fué una cruzada sin cuartel la que la obscuridad de la noche les abrimos, después de haber luchado durante tres horas, cuerpo á cuerpo.

El comandante Carrera, mayor ardiles y capitán Ugarte han cumplido su deber de una manera sobresaliente durante el combate y en la subsiguiente persecución; en todo el camino desde San Jerónimo hasta Matahuasi hemos encontrado muchos cadáveres de soldados chilenos; han sido considerables las pérdidas sufridas por la divisón chilena mandada por el coronel don Martiniano Urriola.

Hemos recogido nueve caballos cansados del enemigo y dos cargas de municiones, en una de las orillas del río denominado la “Yucha”.

El teniente coronel don Milciades Rios, Subprefecto de esta provincia, luego que ingresó á su jurisdicción quiso seguir persiguiendo al enemigo que se dirigía á tarma, pero con tal mala suerte que, según carta que en este momento acabo de recibir de Jauja, ha sido ultimado á bayonetazos por un grupo de soldados de caballería apostado al efecto en una quebrada de la ranchería de Yanamarca.

Este parte dará á US. y á los coroneles Patiño y Ferreyros clara idea de que todos han cumplido con su deber hasta donde humanamente les ha sido posible por salvar el honor del país, al luchar con un enemigo aguerrido y cuatro veces superior en número y armamento.

(Firmado) Ambrosio Salazar.
Al señor Coronel don Justo Dávila, comandante en Jefe del cuerpo de ejército del Centro.
(Colección Ahumada Moreno).

N° 9
Contestación del Coronel Dávila al comandante Salazar.

Comandancia en jefe del cuerpo del Ejército del Centro.
Jauja, julio 10 de 1883

Señor teniente coronel don Ambrosio Salazar.

He leído con complacencia el parte oficial elevado por Ud. á este despacho, dando cuenta sobre el éxito del combate trabado en la llanura de San Jerónimo con la división Urriola, al emprender ésta su retirada de la ciudad de Huancayo. Al combinar con los señores coroneles Patiño Y Ferreyros el ataque sorpresivo contra la división chilena acantonada en la referida ciudad, creíamos convenientes para que nuestro plan surtiera mejores efectos, mandar una fuerza para que nos secundase en el ataque por retaguardia del enemigo; con ese fin encomendé á Ud., previo acuerdo con los citados jefes, esa ardua comisión, al frente de una pequeña fuerza de caballería, que ha suplir la deficiencia del número con el brío desplegado: ha llenado, pues, su cometido satisfactoriamente en tal desigual refriega. Lamento mucho la muerte del comandante Rios, que en estos momentos implica un defensor menos de los pocos peruanos abnegados que luchan sin tregua por sacar ilesa la honra del Perú.

Felicito á Ud., lo mismo que á sus compañeros, por los proficuos resultados obtenidos en ese encuentro de ramas; pues, ante las bajas al enemigo que no han sido pocos y los despojos de guerra quitados á éste, no cabe otra declaración que no sea felicitarlos muy de veras.

Dios guarde á Ud.
(Firmado) Justo P. Dávila
(Colección Ahumada Moreno).

N° 10
Carta del ex-comandante militar de la plaza de Comas á la hija del ex-secretario de esa comandancia militar, sobre un documento oficial muy importante.

Quichuay, diciembre 5 de 1917
Señorita Josefina Gil

Comas.
Apreciada señorita:

Entre los papeles dejados por su señor padre don José Gil, Ex secretario de la comandancia militar de la plaza de Comas, se encuentra un documento oficial muy importante, es la nota del alcalde Municipal del consejo de la ciudad de Concepción, dirigida á mí, en abril del 82, como á jefe de esa plaza, entonces la única plaza militar en el Centro, frente al enemigo, después del triunfo de Sierralumi, sobre un destacamento chileno.

En dicha carta el señor Juan E. Valladares, presionado por el jefe chileno Canto, y á nombre de éste, me intimaba, primeramente, que depusiera las armas y que enseguida entregara el cadáver del capitán Germain (Fernando), los treinta y cinco caballos y otras tantas carabinas tomados á los enemigos muertos en el combate; agregando además que si no acedía á todo lo que imperativamente se me exigía, el ejército chileno invadiría nuevamente Comas, á incendiar la población y aniquilar á sus habitantes.

Este documento se me hace hoy muy necesario para insertarlo en el libro que un escritor á preparado para la historia de la resistencia de la Breña y suplícole encarecidamente me lo remita con el portador, que va con el único y exclusivo objeto de traerlo.

Su afmo. Y S.S.
(Firmado) Ambrosio Salazar y Márquez.

Contestación á la anterior
Comas, Diciembre 7 de 1917

Señor Ambrosio Salazar y Márquez
Quichuay

Muy señor mío:
En contestación á su apreciable de antier debo decirle que el documento oficial á que Ud. se refiere y que contenía todos los puntos que me puntualiza , ha estado en mis manos repetidas veces al escoger papeles importantes para mí del archivo de mi señor padre. Pero como Ud. ni nadie lo había reclamado antes de ahora, lo he quemado, no hace mucho tiempo, junto con otros papeles lo he quemado, no hace mucho tiempo, junto con otros papeles inútiles ya inservible.
Siento mucho este hecho, que ya no tiene remedio.

Su affma. y S.S.
(Firmado) Josefina Gil.

N°11
Contestación del Comandante Militar de la Plaza de Comas al Alcalde del Concejo de Concepción.

Señor Alcalde del Concejo de la ciudad de Concepción.

Tengo en mis manos el oficio de US. En el que tiene á bien pro ponerme que deponga las armas y entregue á la vez el botín de guerra tomado á los araucanos en el combate del 2 de marzo último en Sierralumi; así como también cadáver del oficial chileno muerto en la refriega.

Para aceptar tal propuesta sería necesario no ser peruano, no tener sangre en las venas, ni dignidad en el alma; el castigo que aquí se ha infligido á los salteadores de América, es merecido; continuaré exterminando araucanos en cuanto la ocasión me sea propicia , o sucumbiré en las demandas antes que rendirme.

El cura Mendoza de Huaripampa acaba de sacrificar su vida en aras del honor nacional, peleando con los invasores (en abril 229; si los enemigos vuelven á invadir este pueblo, como US. Me asegura, mi derrotero está trazado; ellos me encontrarán siempre en el camino del dolor y del deber, no me indo ni entrego nada de lo que se me exige, puede Us. así decírselo á su mandante.

Dios güe. A US.
(Firmado ) Ambrosio Salazar.

Así respondía en 1882 un adolescente para salvar el honor nacional, se puso á la cabeza de ciudadanos armados para luchar sin cuartel contra los enemigos extranjeros. Nota del Editor

Juicio de la Prensa
Un episodio de la guerra del 79
Máximo Aguilar

Obra es de civismo desenterrar del olvido en que yacen esos humildes seres, héroes anónimos, que en hora aciaga para la Patria rindieron por ella la vida.

En el mes de febrero de 1882 los chilenos habían llevado su invasión hasta Huancayo.Por este tiempo parecía como que tantos desastres inmerecidos hubiera sembrado en el espíritu de los hijos de Junín el desaliento y la decepción más grandes. No obstante los abusos y exigencias intolerables del invasor nada se hacía por defender el territorio que en mejor época santificó el legendario Húsares de Junín. (Nos referimos en este relato á época anterior al levantamiento del cura Mendoza).

A doce leguas de Jauja se extiende Comas, habitado indios en su mayoría, los que viven del cultivo de sus campos y el ganado que crían en sus punas. Su situación geográfica muy accidentada, la necesidad de atravesar forzosamente para llegar á él, quebradas profundas y estrechas que están cerradas por líneas de graníticos cerros, cuyas afiladas crestas parecen otras tantas atalayas que dominan todos los desfiladeros, hacían presumir que los habitantes del lugar veríanse libres de la presencia de los chilenos cuya obra destructora había empezado ya. Pero no fué así, el coronel Canto destacó de Huancayo 40 hombres del escuadrón Yungay á órdenes del capitán Fernando Germain para, que recogiera de Comas y de la hacienda Runatullo animales y víveres. Escusado es decir las depredaciones que la tropa chilena efectuó á su paso, el caso es que había estar en Comas, de regreso á Huancayo con todo el botín conseguido, el 2 de marzo. Supiéronlo los comasinos y el primero en la noche, sigilosamente, se reunieron los principales y acordaron formar un montonera para atacar á los chilenos; eligieron como jefe al entonces joven estudiante don Ambrosio Salazar y Márquez, hoy teniente coronel.

II

Sabido es lo que ocurrió en Sierralumi, angosto desfiladero á poca distancia de Comas. Allí perecieron Germain y 38 hombres de su escuadrón; solo dos salvaron milagrosamente. Entre los que se alistaron de los primeros y tomaron parte del ataque contra los del Yungay, estaba Máximo Aguilar, de 30 años de edad, nacido en Comas, criado en Lima y Había residido por varios años en San Jerónimo.

El desastre de Sierralumi hizo para los chilenos odiosos el nombre de Comas, á la vez que despertó entusiasmo entre los guerrilleros. El comandante Salazar, deseando aprovecharlo, pensó en bajar de sus posiciones inopinadamente y sorprender cualquier destacamento chileno en el valle de Jauja á Huancayo y provocar un levantamiento general contra los invasores. Mas, aislado y desprovisto de datos, como estaba, era imposible intentarlo, resolvió de acuerdo con sus pocos oficiales, enviar un individuo inteligente, arrojado y valeroso, al mismo tiempo que hábil conocedor de los lugares, para que recogiera noticias sobre la tropa chilena existente en Concepción y San Jerónimo y llevar comunicaciones á algunos compatriotas de esos distritos con el objeto de que se previnieran y estuvieras listos para cooperar al ataque que se proyectaba. Como la comisión envolvía peligro grave y era demasiado arriesgada, Márquez no quiso, de momento, designar á ninguno: se limitó á reunir 10 de sus mejores guerrilleros, entre los que figuraba Aguilar, y después de ponderarles la importancia de la comisión así como sus peligros, preguntó si algunos se hallaban con ánimo para realizarla; Aguilar se levantó y con voz segura dijo: “Mi comandante, yo deseo ir y le prometo que harpe lo posible por que Ud. quede satisfecho”.

III

Así fué; Aguilar tomó los datos; más al entregar los datos tuvo que hacerse conocer de algunos, y por su desgracia doña X (cuyo nombre silenciamos) que había seguido con él por intereses que le guardaba profundo rencor, se dio cuenta de su presencia, malició el objeto que le conducía y llevó su felonía hasta denunciarlo al jefe del destacamento chileno existente en San Jerónimo. Es de advertir que el resto del escuadrón Yungay, cuyos 38 hombres habían perecido en Sierralumi, tenía su residencia en Concepción al mando de su jefe el mayor Bell y pertenecía á él el grupo destacado en San Jerónimo. Reducido á prisión Aguilar fué conducido á presencia del mayor Bell. Comasino y montonero victimario seguramente del capitán Germain, esta sospecha era suficiente para despertar todo el rencor y odio, que naturalmente existía en el jefe y compañeros de los que habían perecido en Sierralumi. No era cuestión de fusilarlo, había que hacerle sufrir, había satisfacer en ese indio desgraciado toda la venganza que proclama la sangre de los camaradas que habían muerto, sabe Dios cómo!

Y el infeliz hubo de sufrir...! Ante la exigencia de su torturadores para que declarara á qué había venido, quién lo había mandado y con quienes se había visto, calló, cerró sus labios á la delación y prefirió que su silenciosa terquedad llevara hasta el paroxismo el furos de sus enemigos . por fin cuando su cuerpo se doblegaba á los impulsos del dolor físico y desfallecía, resolvieron fusilarlo.

El hecho tuvo lugar el dia 29 de abril, en el patio de la escuela de San Jerónimo. Ni en sus últimos momentos faltó á Aguilar la energía de su espíritu. Cuando el sentimiento del patriotismo domina al hombre, suele éste enardecerse y llegar hasta la excelsitud. Aguilar no quiso que le vendaran y sereno se colocó al frente del pelotón que había de victimarlo. A la primera descarga cayó ensangrentado y dícese que aún tuvo ánimo para lanzar un viva al Perú.

IV

La noticia del fusilamiento y los detalles de la valerosa muerte de Aguilar repercutieron dolorosamente en el corazón de su jefe y compañeros, quienes lo lamentaron y poseídos de justo encono hicieron de su venganza una obligación. Dos meses después, el 9 de julio del mismo año, Concepción, la de la gentil campiña, la capital del más hermosos distrito de Jauja contempló la destrucción total de la cuarta compañía del batallón Chacabuco, obra casi exclusiva de los guerrilleros de Comas, que, mandados por el mismo valiente jefe, el comandante Salazar y Márquez, así vengaron al pobre compañero muerto como saben morir los héroes.

Huancayo, 20 de julio de 1913
(Firmado) Miguel á. Martinez.
De “El Comercio”, n° 34.051

Para la historia
El combate de Comas

El acontecimiento militar de mayor relieve llevado á efecto á la zona central del Perú durante la ocupación chilena, es, sin discusión, el combate de Comas; este suceso de alta significación para la honra nacional que en la época más luctuosa se realizó, será mejor apreciado por la posteridad; los contemporáneos son siempre reacios á la justicia; el heroísmo es fruto de lenta maduración.

Por las condiciones en que se libró aquel combate, se juzgará de su importancia y trascendencia; narremos los hechos para refrescar la memoria.

I

Desde la retirada del ejército del Centro de Chosica hasta Ayacucho, en Enero del 82, el ejército invasor, fuerte de 4.000 hombres de las tres armas, que traía por consigna la destrucción de aquel , quedó acantonado en la ciudad de Huancayo. Durante el tiempo de su permanencia, que felizmente no fué muy prolongada , imperó allí el terror con todo el cortejo de depresiones sin cuento; nadie contaba con su vida ni propiedades.

La brillante retirada de Pucará, dirigida por el general Cáceres el 5 de febrero del 82, en que se le ocasionó al enemigo fuertes baja en su división vanguardia que perseguía de cerca el ejército peruano, lo hizo cejar y estacionarse en aquella ciudad.

En tan crítica situación, era necesario probar ante el mundo, aunque el Perú estaba vencido, no estaba humillado; con ese fin se irguió altivo un pueblo en la cúspide de la Breña, para hacer morder el polvo al araucano, en la medida de lo posible; este anhelo patriótico se cumplió ampliamente.

Un pueblo estrangulado por la saña del vencedor, ante la impasible actitud de América , que á lo más manifestaban sus poetas en sentidos versos sus románticas simpatías por nuestra causa, hubo de destacar héroes del seno de la sociedad civil para sacar ilesa la honra de la Nación.

II

Con el ostensible propósito de extraer mil reses de la hacienda Runatullo, de propiedad de la familia Valladares, envió el coronel canto una comisión de 40 soldados de su caballería del escuadrón Yungay, á órdenes del capitán Fernando Germain y del teniente don Idelfonso Alamos ; dicha comisión llegó á Comas el 24 de febrero guiada por el italiano Luis Loero.

Los comasinos, luego que los chilenos avanzaron á la expresada hacienda, se reunieron en comicio popular y nombraron por aclamación comandante militar de la plaza al entonces estudiante don Ambrosio Salazar y Márquez, que desde unos dias antes se encontraba entre ellos y quien de antemano había propuesto la idea de presentar combate á toda la fuerza chilena que se presentara en el pueblo o sus cercanías.

Procedióse á la organización de las fuerzas sin pérdidas de momento, siendo los principales colaboradores de tan arriesgada empresa los siguientes ciudadanos de varonil espíritu: José Gil, Luis Chávez, Manuel Arroyo, Baltasar Chávez, Jerónimo Huaylinos, Vicente Buendía, Francisco Valdez, Venancio Valdéz, José Manuel Mercado, pedro Medina, Nazario Valero, José R. Paitampoma, Isidro Muñoz, Mateo Garay y otros cuyos nombres se nos escapan por ahora.

III

El 2 marzo, á las once del dia, se presentaron los chilenos en la quebrada de Sierralumi, de regreso de Runatullo con el fruto de sus rapiñas. Los comasinos rompieron los fuegos y desprendieron sus galgas sobre los enemigos, trabándose en seguida un encarnizado combate que duró cinco horas, obteniendo aquellos éxito completo en la refriega: quedaron en el campo 35 cadáveres de la comisión chilena, incluso el capitán Germain. El teniente Alamos salvó con cuatro de sus compañeros, uña de caballo por caminos extraviados. El 2 de marzo último fué el 26 aniversario de fecha tan memorable para la historia militar del Perú.

El combate fué dirigido personalmente por Salazar, jefe de la plaza , quedando en poder de los vencedores 35 caballos aperados de brida á espuela y otras tantas carabinas Winchester. Entretanto el general Cáceres y su diminuto ejército se hallaba en Ayacucho, á 50 leguas de distancia del teatro de la resistencia armada.

IV

El triunfo obtenido en Comas fué de fecundos resultados; las provincias de Jauja y Huancayo se levantaron en armas como un solo hombre, á imitación de aquel heroico pueblo que impávido empuñó las armas ante los 4.000 chilenos que ocupaban la ciudad de Huancayo y que el general en jefe haber destacado más de Lima por el ferrocarril de la Oroya que lo poseía.

Sin embargo de tanto heroísmo desplegado por Comas, no solo por el hecho del combate sino por las consecuencias que de éste se derivó, como el continuo amago de parte del enemigo durante cinco meses, para incendiarlo y destruirlo; hasta hoy, los poderes públicos del Perú, especialmente su Congreso, no ha dictado ni siquiera una ley á fin de estimular su patriotismo en cualquier forma, para imitación de las futuras generaciones en casos idénticos y tener pueblos valeroso celosos de su dignidad y autonomía.

Sin el triunfo de Comas, de donde arranca la epopéyica resistencia del Centro, ésta no se habría llevado á efecto por la debilidad numérica del ejército, que por no poder contrarrestar el empuje del chileno en Chosica, se retiró hasta Ayacucho: nos hallábamos, pues, huérfanos de toda protección de parte de aquel desde el dia de Pucará.

Los héroe del 2 de marzo merecen bien de la Patria, porque cumplieron con su deber hasta el heroísmo, haciendo reflejar la gloria del triunfo al ejército que no tuvo representante en el combate mencionado; todos los asaltantes fueron extraños á la carrera de las armas, pero tenían suficiente patriotismo y virilidad para afrontar tan terrible situación durante el período más angustioso del Perú, tras sus pavorosas derrotasen los campos de batalla. En Comas se izó la bandera del Perú frente al enemigo y no se arrió jamás.

Cerro de Pasco, 18 de Setiembre de 1908
(Firmado) Veritas
(De “El eco de Junín” del Cerro de Pasco. N° 33)

Nuestra efeméridades de hoy.
El combate de Concepción.

Hoy hace treinta años que un puñado de valientes aumentaron con su heroísmo las páginas de nuestra historia dando glorias á la patria.

El general Cáceres, que solo contaba con más o menos mil hombres, armados con rifles de diversos sistemas y calibres, con una duración de 45 balas por plaza, no ignoraba que la expedicion chilena en el departamento de Junín, fuerte de 4.000 soldados al mando del coronel Estanislao del Canto, podía sostenerse una lucha de mucho tiempo, pero no se amilanó y salió de Ayacucho sobre dicho departamento de junio de 1882; como se pusiese en Izcuchaca, donde se hizo alto, que las fuerzas chilenas estaban escalonadas de Pucará á Jauja, dispuso el general Cáceres que la división vanguardia al mando del coronel don Juan Gastó emprendiera marcha sobre el pueblo de Comas, por caminos extraviados, para que unidos al comandante don Ambrosio Salazar, que tenía á sus órdenes las guerrillas de ese pueblo, que en su mayor parte estaban armados con rejones, expedicionasen sobre Concepción, donde había una fuerte guarnición del Regimiento “Chacabuco”, á cargo del capitán Ignacio Carrera Pinto y tres oficiales más.

En efecto, habiendo llegado á Comas el 30 de junio, después de un descanso para refrescar á la tropa que había pasado muchas penurias por lo accidentado del camino, á la vez montañoso, salieron el 8 de julio, llegando el mismo dia al pueblo de San Antonio donde pernoctaron; continuaron su marcha al dia siguiente, recibiendo en el camino el coronel Gastó un oficio del general Cáceres ene l que le avisaba que ese dia atacaba Marcavalle, lugar ocupado por fuerza chilenas, á fin de que viendo ataque simultáneo entrara el pánico en las fuerzas enemigas.

Con este motivo hubo un consejo de guerra de jefes promovidos por el comandante Salazar, á fin de acordar el ataque á la Plaza de Concepción. En este consejo prevaleció el voto persistente del comandante Salazar, á fin de acordar el ataque á la plaza de Concepción. En este consejo prevaleció el voto persistente del comandante Salazar, reforzado por el del mayor Luis Lazo, por el ataque inmediato.

El 9 de julio puestos á la vista del enemigo, procedieron al ataque á las 4 p.m. recibiendo los nuestros un fuego nutrido. Se dispuso que las guerrillas del comandante Salazar entraran á Concepción por la izquierda al trote y tomaran posiciones entre el camino de Huancayo y el puente de Concepción para cortarle al enemigo la retirada; por la derecha la columna Pucará, y por el centro la columna Ayacucho. Al bajar por la altura que domina la población, esta columna recibió el fuego mortífero que le hacían de la torre de la Iglesia y parapetos del cuartel las tropas chilenas, resultando herido de la pierda izquierda el primer jefe comandante Francisco Carvajal.

Como quiera que estaban nuestras fuerzas dueñas de la población, el enemigo no tuvo otro medio que encerrase en su cuartel y ser incesante en el fuego que hacía. En esta situación, las nuestras le intimaban rendición, siendo su respuestas descargas cerradas, manifestando un heroísmo que se conocía ser forzado, por su situación de estar sitiados y con la esperanza de que viniera auxilio de Huancayo que era el cuartel general, sin comprender que las nuestras habían tomado toda precaución: habiéndose suspendido la refriega á las 10 de la noche del 9 para continuar en la madrugada del 10.

Al amanecer del 10 se reanudó el combate, y como no se rindiese se optó por el medio de incendiar el cuartel con latas de kerosene; como en efecto al verse los chilenos sin resguardo por estar las puertas del cuartel devoradas por el fuego, se acobardaron dando un empuje valeroso el jefe de las guerrillas comandante Salazar con los suyos sobre el cuartel que el salir despavoridos los chilenos huyendo del incendio, se encontraban con los nuestros que no tenían otra arma que el rejón, trabándose una lucha titánica hombre, en la puerta del cuartel, resultando muchas bajas en los nuestros, pero se logró exterminar al enemigo extranjero.

Considerando el general Cáceres que fuera á sufrir algún fracaso la división en referencia del coronel Gastó, ofició al comandante general de las guerrillas, coronel Máximo Tafur, que acababa de combatir á la guarnición chilena en la Oroya, acudiese en auxilio á Concepción, las que eran compuestas de un cuerpo de guerrilleros de la Paccha con rejones y hondas al mando del hoy coronel Abel Bedoya y S. y dos escuadrones de 50 hombres cada uno, armados con escopetas recortadas, al mando del coronel Flores y del entonces comandante Eduardo Toledo Ocampo, fuerzas que llegaron en momentos precisos prestando servicios utilísimos; pues el jefe de los guerrilleros de la Paccha coronel Bedoya y S. recibió orden de hostilizar la retaguardia de la expedicion Canto. Tal fué el famoso combate de Concepción.

(De “La Crónica” N° 90).
Episodios nacionales

¡2 de Marzo de 1882!

Esta fecha nos hace recordar el memorable combate de Sierralumi, donde un puñado de valientes peruanos al mando del teniente coronel don Ambrosio Salazar, se batió con un piquete de caballería chileno dirigido por el capitán don Fernando Germain.

Sierralumi es un desfiladero que se halla sobre la cadena oriental de los Andes, 12 leguas al este de Huancayo, formado por dos quebradas paralelas, teniendo á su costado derecho el camino que conduce á Comas y á su base el río del mismo nombre, que corre por abrupto sendero. Mide de este punto al distrito mencionado (que pertenece á la provincia de Jauja) 1.000 metros de distancia y de éste á la ciudad de Ayacucho, lugar en que se hallaba las fuerzas del general Cáceres, 50 leguas.

Lo que tenemos que admirar en este hecho de armar, no es el número ni la categoría de los combatientes, sino la energía, presteza y patriotismo de los guerrilleros peruanos, sin embargo de la enorme desigualdad de las ramas con que estaban escudados y el valor de los contrarios durante la refriega.

Es del dominio público que la región del Centro, fué para los chilenos el teatro de sus nefandos hechos y donde ejercieron un rigorismo cruel y despiadado. Dos fueron las expediciones que esquilmaron esa región: en la segunda trataron de hacer sentir su látigo exterminador hasta las vírgenes montañas del oriente, como en efecto lo verificaron, apertrechando un piquete de caballería del “Escuadrón Yungay” compuesto de 40 hombres y dos guías extranjeros, que á las órdenes del capitán Germain partieron de Huancayo (lugar donde se estacionó el grueso del ejército de la división Canto) el 23 de febrero de 1882, con dirección á las haciendas montañosas de Runatullo y Andamarca, situadas á las 11 y 23 leguas, respectivamente, al E. de la provincia de Jauja; en la que después de haber cometido todo género de exacciones, tomaron á viva fuerza 800 reses, un ingente número de ganado caballar y lanar y multitud de productos naturales.

Pero, cuando confiados en su aparente fuerza, volvían al centro de sus operaciones bélicas, fueron sorprendidos á h. 11 á .m. de un dia como hoy por los aguerridos camasinos, que ante las tropelías antedichas, se armaron de rifles, galgas y rejones, con los que atacaron á los chilenos de los más empinado del desfiladero indicado; comprometiendo así una lucha que desde el principio se hizo por demás encarnizadas, pues hasta que el enemigo no selló con su sangre ese terreno granítico, no tuvo término la pelea.

Así es como, después de tres horas de incesante combate, los comasinos alcanzaron un completo triunfo el 2 de marzo de 1882, no sin lamentar la desaparición de más de 100 vidas.

He aquí la proclama que dirigió el comandante militar de la plaza de Comas don Ambrosio Salazar, después del combate. (la proclama á al que alude figura ya entre los documentos oficiales).

Así escomo los pueblos del interior defendiendo su bandera bicolor , trabaron rudos combates, tales como los de Concepción que con justicia se le llama horroroso – en cuyo cuartel quedaron envueltos en su sangre todos los chilenos que pertenecían al batallón “Chacabuco” comandados por el capitán Ignacio Carrera Pinto; Marcavalle, Pucará, Huaripampa, Tarma- Tambo y otros, en que perecieron más de mil de los enemigos, los que por su parte tomaron sangrientas represalias.

Pero ya estos hechos han pasado al dominio de la historia, la que dictará su inapelable fallo y decidirá quienes han sido los fieles defensores de la patria, quienes los cobarde que huyeron vergonzosamente de los campos de batalla y quienes los que enarbolaron el estandarte de conquista en pleno siglo XIX.

(Firmado) David C. Caballero.
De “El Diario”, N° 730.

Recuerdos de la Guerra del 79

Consumada la ocupación de Lima por el invasor con su cortejo de abominaciones cuyos rigores sufrieron todos los pueblos á medida que la invasión se extendía; los habitantes del interior suaves y pacíficos por naturaleza, se levantaron y formaron legiones armadas de rejones y hondas, y, á la sombra bendita de la bandera de la patria, defendían su honra y su propiedad y la honra y la integridad del suelo patrio.

Nuestra guerra del 79 cuanta muchos episodios en que figura el indígena con sus armas primitivas defendiendo su heredad y el suelo de sus mayores. Así sucedió en Comas, pueblo de las montañas de Junín, que el 24 de febrero de 1882 fué invadido por 40 ginetes del ejército de Chile. Nada respetaron estos hombres en su delirio de rapacidad y maldad. El botín fué amplio: solo de la hacienda Runatullo extrajeron 800 reses. Exasperados esos tranquilos habitantes con tantas extorsiones, se prepararon para castigar al invasor.

No contaban con dirección militar; pero entre ellos había un hombre animoso, don Ambrosio Salazar, hijo de la comarca, que preparó la resistencia; no contaban con armas y las suplieron con las que su ingenio les proporcionó, como hondas, palos, galgas y rejones. Así las cosas, el 2 de marzo siguiente se presentaron de regreso los invasores con su valioso botín, y, al descender la montaña que conduce al pueblo, sus moradores, ya preparados, los atacaron, trabándose combate reñido, que costó á los chilenos 35 bajas, la pérdida de rifles, 35 carabinas y todo el ganado extraído Runatullo. El enemigo quedó así escarmentado con todo el rigor de la indignación del pueblo.

Ese período de la defensa nacional fué fecundo en enseñanzas y en sacrificios. Muchas páginas llenaríamos si nos propusiéramos consignarlas; pero como no es ese nuestro propósito, nos ocuparemos á grande rasgos de otros hechos de armas cuyos aniversarios coinciden en el presente mes. La historia, que ha recogido esos hechos, consigna la valerosa resolución de esos tranquilos hijos del Perú, para afrontar el sacrifico en la lucha desigual.

(Firmado) Lizardo Revollé.
De “El comercio” N° 33, 334.


(El escritor aludido, en un extenso artículos, se ocupa de otros combates más librados con el ejército de Chile, durante la aciaga ocupación del Centro; á nuestro propósito solo cuadra el artículo trascrito, que es probar hasta la evidencia, que el organizador de la resistencia del centro, fué el estudiante don Ambrosio Salazar y Márquez, cuando la antedicha región quedó abandonada á su propia suerte,,por la retirada del ejército peruano, desde Chosica hasta Ayacucho).

Ecos de la romería patriótica en Concepción

Discurso pronunciado por el Presidente de la Asociación Pedagógica “Mantaro”, normalista Sr. Demetro López Gutierrez en la fiesta cívica del 9 de Julio último, ante un público de más de tres mil asistentes, entre autoridades, instituciones, escolares y vecinos de distritos.

Señor Alcalde:
Señoritas y Señores:

A través de las edades, de las civilizaciones, mentores, juventudes y pueblo, siempre se han reunido en torno de una catacumba, de un osario , de un campo de batalla, de sus monumentos y pirámides; para conservan latente el hecho histórico, que enaltece, como el heroísmo colectivo á la muerte del guerrero que cae en defensa de la patria. Así como los franceses al son de sus marsellesas, de sus cantos bélicos recordaban la derrota de Sedán y vivían para una hora de irredentismo, en que hoy la torpe autocracia ha caído para siempre fulminada por la fuerza de ideas madres humanas; así como los bersagliere en un eterno “Avante Saboya” transmontaron sus cordilleras, después de paciente preparación y culto á sus Mazzini, á sus Garibaldi en pos de Trento y Trieste; así como los polacos no perdieron el recuerdo de sus Sobieski á sus héroes nacionales durante la centuria y media que vivieron sin nacionalidad, mártires restaurados hoy; así vienen desde hace cinco años los ciudadanos de estas tierras, sus hijos, sus scouts en derredor de esta pirámide que simboliza el arrojo de la raza, en las despiadadas horas del 79, el heroísmo glorioso e infortunado; á inspirarse en las hermosas lecciones de coraje , de virtudes militares que á cada instante nos evoca este granito, hoy que ha sonado para el mundo la paz de las reintegraciones históricas y étnicas. La Asociación Pedagógica Mantaro, en cuyo nombre hablo, encuentra siempre en estas romerías cívicas, lecciones de carácter , de valor, de suerte común, de justicia, para las generaciones del porvenir, por eso, alienta y patrocina, desde cuando hincáramos en 1915.

Con las alas de la fantasía vayamos en raudo vuelo al pasado adverso, veamos al bicolor amado, dando el adiós de despedida, allá en el Morro, envolviendo entre sus pliegues al heroísmo anciano, que nos habla al corazón de integridad territorial; de quemar siempre el último cartucho; veamos al legendario Grau hundiéndose en el Pacífico, asombrando al mundo con sus generosidades y heroísmo; por último hablemos sobre las campañas de la Breña, cuyo genial conductor es el admirable anciano General Cáceres, que ha puesto los servicios de su espada en bien de los sagrados intereses patrios. Recordemos como los orgullosos vencedores, después de ocupar á Lima, envían al coronel Canto el 1° de Enero de 1882 con 4.800 hombres los sagrados intereses patrios. Recordemos cómo los orgullosos vencedores, después de ocupar á Lima, envían al coronel Canto el 1° de Enero de 1882 con 4.800 hombres, provistos de las tres armas, para amilanar la altivez peruana, á la indomable valentía de los habitantes de estas tierras, á quienes el mago de los Andes, los había hechizado, para castigar á la soldadesca chilena; que talaban campos, incendiaban las poblaciones, desvalijaban las casa, destruían las fábricas, asesinaban á los ancianos, mujeres y niños, cometían excesos comparables á los de los bárbaros germanos, agresivos, brutales, torpes autócratas.

Arrogante el chileno sostiene su cuartel general en Huancayo, con destacamentos en Concepción, Jauja, Tarma, Oroya y Chicla; las crueldades chilenas y el plan del general Cáceres, de destruir á las guarniciones enemigas se desenvuelve con la brillante retirada de Pucará llevada á cabo el 5 de febrero de 1882; con el desastre de Sierralumi de los 35 chilenos, de ,los 40 del escuadrón “Yungay” del capitán Germain.

Recordemos el sacrificio de Chupaca el 18 y 19 de abril de 1882, defendida por los pueblos de Chupaca, Sicaya y Orcotuna; la crueldad contra la señora Arauco y el doctor Peñalosa en Huamancaca Chico; los heroísmos de los guerrilleros Samaniego, Gutarra y Rosado Lindo que esperar el bronce y el mármol para esculpir la altivez de la raza, como la heroica Chupaca una columna conmemorativa; las correrías del cura Mendoza en Huaripampa, de los Álvarez en Muquiyauyo. Veamos cómo los pacíficos habitantes de este hermoso valle á la voz de hogar, de la patria y á imitación de Comas, luchan en abril de 1882 y resuelven destruir á las guarniciones de Comas, luchan en abril de 1882 y resuelven destruir á las guarniciones enemigas que en los anteriores hechos de armas sufren bajas formidables.

Para que esta fiesta histórica, de los puros idealismos, que cual el Fénix de la fábula, nos haga renacer la inspiración sagrada de ver reintegradas nuestras cautivas, repitamos la patria mutilada del poeta y hallemos lección:

“Y esa mujer de carne desgarrada
por infame puñal con la mirada
de un sol de gloria en la pupila incierta;
esa sobre el cañón crucificada,
esa es la imagen de la patria muerta”.


Para que esta ceremonia cívica llene todas sus solemnidades, hay que repetir siempre el hecho histórico, que cuando inaugurara por primera vez en 1915 al pie de esta simbólica pirámide decía: “El general Cáceres destroza en Marcavalle el 9 de julio de 1882 al batallón chileno Santiago, al mismo tiempo en que el coronel Gastó asaltaba la guarnición de Concepción, comandada por el capitán Carrera Pinto. El coronel Gastó al atacar por el lado Este de esta ciudad, tiene como auxiliares el cura señor Pérez, al señor José G. Esponda, al valeroso teniente coronel señor Andrés Freyre, que comandaba la columna Pucará; al comandante señor Francisco Carvajal, que cae herido en la refriega, asumiendo más tarde su papel el sargento mayor señor Luis Lazo; al intrépido isabelino, autor brillante de Sierralumi, don Ambrosio Salazar y Márquez, á la cabeza de la columna “Cazadores de Comas”; al teniente coronel señor Ambrosio Salazar y Márquez con la columna de guerrilleros de Quichuay. Serían las cuatro de la tarde, en que por todos los caminos, que unen á los pueblos vecinos, penetraron puñados de guerrilleros á esta plaza consecuente con sus deberes y consignas recibidas. Orcotuna envía á sus guerreros patrocinados por el coronel don Martín P. Arroyo, los tenientes coroneles señores Teodosio López y Julián E. López, caen de sus filas los Astacuri, Paucarpura, heridos de muerte los señores Julián Mesía, el papel de tales autores es saliente. Mito concurría con sus guerrilleros, tenido por jefes á don Aurelio Gutierrez, Bernardo Lozano y Fidel Ledesma, sufren algunas bajas. Estas importantes agrupaciones operaban por el lado Oeste.

Por el lado Sur, San Jerónimo asumía importante por haberse encargado de cortar la comunicación con el grueso del ejército chileno acantonado en Huancayo. En el cerro “León” con parte de los guerrilleros del Oeste formaban un cordón largo, dirigían á los civiles de San Jerónimo don Melchor Gonzáles y el teniente coronel Trujillo. Los señores Sotelo, Santibáñez, Timoteo Gamarra tienen participación distinguida. Por el lado Norte el coronel don Abel Bedoya y Seijas, jefe de los guerrilleros de Apata, operaban decididamente. Concepción ofrecía el concurso de toda su juventud; venerables ancianos sentíanse erguidos en esa hora grande, sin distinción de edades; sus hijos con el calor y la altivez de la raza alentaban á sus guerreros y hasta los neutrales mostrábanse solidarios.

Con tal plan de ataque todos los guerrilleros penetraron á esta plaza; la lucha fué tenáz y despiadada que duró por el espacio de tres horas, hasta que la tropa enemiga fué reducida á más de la mitad; la justicia de nuestra causa, el valor no desmentido del peruano con sus armas improvisadas, impone terror al bien equipado chileno, que se encastilla en su cuartel causando numerosas bajas peruanas desde sus ventanas. Caen como héroes en el fragor de la pelea los Mercado, Avelino Ponce, granados, Córdova, Martínez y otros. Al verse acosados abandonaron sus parapetos en la mitad de la noche del 9 refugiándose en una de las habitaciones demolidas contigua á la iglesia: previsores nuestros guerreros, cierran las bocacalles con serenidad y prudencia rodeando así el cuartel enemigo . Al amanecer del 10 de julio de 1882, el anciano don Ascencio Salazar, acompañado de los civiles don Rufino Meza, Sántos Moreno, Tomás Castro, Mandujano y otros se apoderan de la torre; suscitándose entonces la lucha con mayor encarnizamiento. El señor Eduardo Salazar y Márquez, en el fragor del combate, consubstancias inflamables suministradas por el patriota comerciante don mariano Villasante, causa terror al chileno, que abandonan algunos su escondite para caer á las puntas de los rejones peruanos. La guarnición enemiga á las 10 de ,la mañana no había perecido.

Describir ahora el valor desplegado en esa hora suprema de las justas reivindicaciones, de las justas represalias, es para mí grande; basta saber que todos los jefes se portaron como héroes contra los chilenos de Chacabuco, también provistos de armas y municione y vitualla; mientras que los nuestros solo poseían unas cuantas carabinas Minié; la mayoría armados de rejones, hondas, lanzas y escopetas. Entre los ciudadanos de esta ciudad destacándose las figuras viriles de los señores, que algunos de ellos sobreviven: don Luis Salazar, Gregorio Peña, F. Sedano, Valera, Heredia, Masías, Julián Santiesteban, Antonio Cama, C. Santillana, Crisando Meza, Andrés Salazar y otros.

El coronel Canto, al acampar en esta ciudad, tocó degüello general, no respetó vidas, ni á los neutrales; al francés señor Yourné fué víctima de la soldadesca, pereció asesinado el anciano don Juan de Dios Salazar, y las cosas saqueadas e incendiadas ardían cual Troya.

Arrastrado el Perú á la más injusta de las luchas por la insaciable voracidad araucana, tuvo que sostener desigual combate fratricida; indefenso, sin armamento, abandonados por todos nuestros hermanos de América, aún por ese mismo país por quien nos sacrificamos, que hoy pretende tener derecho en nuestras cautivas. En todos los hechos de armas siempre nuestros mayores opusieron pecho al vencedor, nuestro bicolor amado nunca fué arriado ni humillado; mantengamos el fuego sagrado del patriotismo como ayer, en la urna de nuestros corazones y pensamientos y vivamos con ejemplar altivez trabajando en la paz.

Señores: en el reloj del tiempo, ha marcado ya la hora de las reparaciones, háse derrumbado el último de los imperialismos europeos, sacrificando millones de víctimas heroicas y lozanas. Brilla la luz de un bello amanecer para el Perú. Vehementes aleluyas entonan millones de ciudadanos en el mundo, oprimido por la negra esclavitud de la autocracia. La hidra venenosa de Chile bien pronto será aplastada, será incapaz de ahogar las voces de redención, que aclaman nuestros hermanos de Tarapacá, Tacna y Arica; por la alteza de la justicia, el derecho sobre la fuerza, que ha triunfado en el mundo.

Mientras tanto nos toca, señores, dignificar esta hora histórica elevándonos sobre lose personalismos egoístas, defendiendo con calor el triunfo de la justicia y de la luz, sobre las rancias prebendas conservadorcitas, en desuso de este siglo y en esta hora; para nuestras reivindicaciones después cesarán los odios de estas tierras de Colón, para dar paso franco á la solidaridad universal.! Adelante señores, en pos de la revancha atinada y patriótica.

Proclama del Comandante Militar de la Plaza de Comas al dejar ese Cuartel General para emprender el asalto á la guarnición chilena de Concepción. *

Compañeros de Comas:

El 2 de marzo del año corriente, obtuvimos aquí un espléndido triunfo, aniquilando una fracción del “Escuadrón Yungay”, comandada por el capitán chileno don Fernando Germain y el teniente don Ildefonso Alamos. Entonces no teníamos, como tenemos ahora, elementos bélicos en cantidad apreciable, acumulados, exclusivamente, por nosotros á fuerza de actividad: solo tuvimos galgas y unos pocos rifles y sin embargo el triunfo nos perteneció por entero.

El ejército que ahora se aproxima, á órdenes del señor general Cáceres, estuvo entonces en Ayacucho, distante cincuenta leguas del cuartel general del invasor; no teníamos pues, en ese entonces, para contrarrestar á los cartagienenses de América, más que la fuerza de nuestros brazos y nuestras inexpugnables posiciones. En caso de ataque á esta plaza por los enemigos que actualmente se hallan en Huancayo, en número de 4.000 hombres de las tres armas, como varias veces hicieron la tentativa de hacerlo; solo nuestras peñas habrían rodado sobre ellos para destrozarlos como ayer ; y si la fortuna, aliada suya en los campos de batalla, hubiera vuelto á sonreírles, habríamos sucumbido en nuestras trincheras, envueltos en nuestro ensangrentado pabellón. Tal fué el juramento que hicimos.

Compatriotas:

El ejemplo dado por nosotros á los pueblos de esta zona el 2 de marzo en Sierralumi, ha sido el toque de generala para éstos, ha producido óptimos frutos; casi todos se han levantado en armas contra los araucanos: en Huaripampa se han batido como leones, acaudillados por el denodado cura Mendoza; el dia de Chupaca hubo héroes,,aunque sin jefes de mando superior; en Sicaya batallaron hasta caer prisioneros Samaniego, Rosado y Gutarra, pocos dias después fusilados en Huancayo. ¿Cómo nos incumbe, pues, cumplir ahora mismo nuestro deber, sino es así; una vez que fuimos abandonados á nuestra propia suerte por nuestro ejército, que se retiró en presencia del invasor, desde Chosica hasta Ayacucho?.

Hoy siquiera contamos con un pequeño refuerzo, que ya se encuentra entre nosotros, al cabo de cinco meses de estar solos, vigilantes, con el arma al brazo, para frustrar las incidias del feroz enemigo, tan cerca de nosotros: marchemos, pues, sin vacilar sobre el cuartel de Concepción, para medir nuestras armas con las de esa guarnición. La historia, que mira desde más alto y juzga el conjunto, consignará en sus páginas nuestros esfuerzos sobrehumanos, encaminados á dejar á cubierto la honra del Perú, aunque no sea para alcanzar la palma de la victoria.

Amigos:
A la obra, pues; recordad la conceptuosa frase de un ilustre pensador, que á cada instante os he inculcado: “El que no espera vencer, está vencido”.

Comas, julio 7 de 1882.
(Firmado) Ambrosio Salazar.


Proclama del Coronel chileno Canto al ejército de su mando, después de la hecatombe de Concepción.

Soldados del Ejército del Centro:

Al pasar por el pueblo de Concepción, habeís presenciado ese lúgubre cuadro de escombros humeantes, cuyo combustible fueron los restos queridos de cuatro oficiales y sesenta y tres de tropa del batallón “Chacabuco” 6° de línea. Millares de manos salvajes fueron autores de tamaño crimen; pero es necesario que tengaís entendido que los que defendían el puesto que se les había confiado eran chilenos, y que fieles al cariño de su patria y mandados por el entusiasmo de defender su bandera, prefirieron sucumbir todos, antes que rendirse á turbas desenfrenadas.

Los que perecieron en Concepción en defensa de los intereses de nuestra querida patria y de la tranquilidad de ese pueblo ingrato, han obtenido la palma del martirio, pero una y mil veces benditos sean , puesto que su valor y sacrificio les ha dado derecho á la corona de los héroes.

Amigos chilenos:

Si os encontraís en igual situación á los setenta y siete héroes de Concepción sed sus imitadores y entonces agregaréis una brillante página á la historia nacional y haréis que la efigie de la patria se presente una vez más con el semblante risueño en símbolo de gratitud por los hechos de sus hijos.

Si llegáis á combatir con los hombres de la nación peruana, acordáos en todo caso de los hermanos que tan valientemente se sacrificaron en Concepción; pero no olvidéis los rasgos generoso de quien siempre habéis hecho uso. Para con esos prójimos de la humanidad degradada.

Soldados:

Seguid siempre en el sendero de vuestro entusiasmo y abnegación; conservad la sangre fría y arrojo de los Caupolicanes y Lautaros, sed siempre dignos de vosotros mismos y habréis conseguido la felicidad de la patria.

Chilenos todos:

¡Un hurra á la eterna memoria de los héroes de Concepción!

(Firmado) E. del Canto
Tarma, julio 16 de 1882.

PARA LA HISTORIA
Retirada de Canta de la división mandad por el coronel Manuel R. de Santa María.
I


Una mañana de uno de los primeros dias de la última semana del mes de marzo del año anotado, circuló en Canta la grave noticia acerca de la aproximación de cinco mil chilenos de las tres armas, destacadas de Lima, con el objeto de destruir la pequeña división acantonada en aquel pueblo; hallábanse á la sazón detenidos en Nievería por las guerrillas de toda esa comarca; el guía de ese cuerpo de ejército enemigo fué el conocido Luis M. Duarte, cuya cínica actitud causó profunda indignación entonces en todo espíritu honrado y patriota.

En la otra quebrada de Huarochirí, casi paralela á la de Canta, se encontraba la más fuerte división peruana, mandada personalmente por el general Cáceres, desde su regreso de Huamantanga; los enemigos se dirigían sobre la de más débil resistencia, para aniquilarla fácilmente y desbordarse otra vez al departamento de Junín.

II

En tal situación, el comandante general, coronel Santa María, convocó á un consejo de guerra á los primeros y segundos jefes de los batallones que constituían la división de infantería.

Concurrieron pues al consejo de guerra los siguientes jefes: coronel Santa María, comandante general de la división que la presidió; coronel José María Ballenas, primer jefe del “batallón Concepción”; teniente coronel ; teniente coronel Manuel Trujillo, segundo jefe del “Batallón Tarma”; teniente coronel Ambrosio Salazar, segundo jefe del “batallón Concepción”, y el sargento mayor de artillería Pastana, que mandaba dos pequeños cañoncitos de retricarga.

El señor Santa María manifestó á los jefes reunidos el objeto de la convocatoria, que era conocer la opinión de dichos jefes sobre la nueva situación creada con la aproximación de las numerosas fuerzas chilenas que se encontraban en Nievería; agregando al mismo tiempo que él sabía que el señor general Cáceres no se encontraba en la quebrada de Huarochirí, á la cabeza de su ejército , sino en tarma, por carta que había recibido de esta ciudad, sin mostrarla, pero sí poniendo la mano sobre la cartera.

Después de la corta exposición del coronel Santa María, el señor comandante Bermúdez, jefe del “Tarma”, dijo: que opinaba por la retirada á Tarma, tanto por que el general Cáceres se encontraba allí, cuanto porque sería estéril la resistencia que se opusiera á la numerosa fuerza chilena. El señor coronel Ballena opinó en el mismo sentido, por las mismas razones.

El comandante don Manuel Trujillo, 2° del “tarma”, se adhirió también á las anteriores opiniones. El teniente coronel don Ambrosio Salazar dijo: que no convenía la retirada á Tarma, sino abandonar Canta, para atrincherarse en sus alturas, que no dista más que cuatro cuadras del pueblo, para resistir al enemigo con alguna probabilidad de éxito, desde aquellas ventajosas posiciones.

El sargento mayor de artillería señor Pastrana, opinó por la retirada á Tarma, por ser excesivamente fuerte la fuerza invasora de las tres armas y que todo sacrificio sería inútil.

III

Quedó pues, resuelta la retirada á Tarma, por cuatro votos contra uno; á las cinco de la tarde de ese mismo dia, el comandante Salazar recibió orden de la comandancia general, trasmitida por medio del ayudante de ésta, entonces mayor don Antenor Bedoya, para salir de avanzada á las siete de la noche, hasta las cercanía del pueblo de Lachaqui, distante una lengua de Canta, camino de Nievería, con la primera compañía del “batallón Concepción”, mandada por el capitán don Sebastián Montes, con orden también de retirarse de la avanzada á las cuatro de la mañana.

Ambas órdenes fueron estrictamente cumplidas por el jefe indicado; cuando á las cinco de la mañana llegó éste á canta, de haber cumplido las órdenes impartidas por la comandancia general, en la víspera, la división desfilaba ya en retirada á Tarma, llegando ese dia á Capillayo; el segundo dia á Corpacancha; el tercero á Atocsaico; el cuarto dia habría llegado á Tarma, pero al avanzar de Atocsaico, más o menos legua y media hacia Tarma, hasta cerca de una hacienda semidestruida que queda á la izquierda del camino, se presentó venido de Tarma, el coronel don Mariano Muñoz mandado por el jefe de estado mayor del ejército del Centro, coronel don Manuel Tafur, que había sabido con anticipación la retirada del coronel Santa María, para decirle á éste, á nombre del jefe indicado, que contramarchara á la quebrada de Huarochirí, donde se encontraba el general Cáceres. Quedaba, pues , desengañado desde ese momento el coronel Santa María, que la carta que decía tener en su cartera, recibida de Tarma, le suministraba falsa información en cuanto se refería al paradero del general Cáceres.

Santa María, en obedecimiento á la orden superior, tomó la ruta de la quebrada de Huarochirí, avanzando ese dia hasta la hacienda de Punabamba, que está situada al pie de la cordillera de Antarura o monte de Meiggs. Al dia siguiente arribó la división á Casapalca, saliendo de Punabamba á las ocho de la mañana.

IV

A las tres de la tarde del dia inmediato llegó el general Cáceres de Matucana, muy furioso, después de haber ordenado, sin duda, que las fuerzas que se encontraban en ese pueblo, se retirasen también, por que estas legaron en la tarde ese mismo dia á Casapalca.

El comandante en jefe del ejército del Centro, en cuanto desmontó, sin entrevistarse con nadie, ordenó por medio de sus ayudantes, que los jefes de la división retirada se reuniesen en uno de los salones del hotel de Casapalca, con objeto de verificar un careo.

El general Cáceres, al primero que interrogó sobre su opinión respecto á la retirada, fué al comandante Salazar; éste expuso que en el consejo de guerra celebrado en Canta, había opinado por la no retirada á Tarma; pero sí opinó por dejar Canta y atrincherarse en sus alturas, que dista cuatro cuadras del pueblo, para resistir con alguna probabilidad de éxito á los cinco mil chilenos de Nievería.

Es de advertir que Canta esta situado en la falta de un cerro, en cuya cima hay enormes blocks de piedras, que constituyen por si solas una fortaleza natural.

Todos los demas jefes adujeron, como lo habían hecho antes las mismas razones que tuvieron para optar por la retirada á Tarma.

El jefe superior del Centro, después de oirlos, los destituyó y sometió á juicio militar, á todos los jefes que habían opinado por la retirada, incluso al comandante general, reemplazándolos en el acto con otros jefes; excepto al comandante Salazar, que quedó en su puesto.

El mayor Pastrana, sin embargo de haber opinado por la retirada, no fué destituido de su puesto, continuó en él, según se dijo entonces, por no haber habido otro jefe de artillería con quien reemplazarlo.

V

Reunidas las divisiones de Canta y Matucana en Casapalca, prosiguieron se marcha de retroceso, juntas, hasta Tarma; de donde, después de una estadía de veinte y cinco dias más o menos, se emprendió la otra retirada al Norte; cuando los chilenos de Nievería avanzaron hasta Tarmatambo, cortándole la retirada al Sur, al ejército mandado por el general Cáceres.

La retirada al Norte, como nadie lo ignora, tuvo su triste epílogo en la hecatombe de Huamachuco; allá se libró la batalla entre las fuerzas chilenas que desembarcaron en chimbote, al mando del coronel Gorostiaga, y el ejército peruano que partió de Tarma, al que se le unió después, en el departamento de Huarás, las tropas que obedecían al coronel Recavarren, formando así un total de cerca de cuatro mil hombres.

Nada nos incumbe decir, acerca de la retirada del ejército peruano al Norte; solo hemos querido ocuparnos de la de Canta, de acuerdo con la verdad histórica pura y neta, para que la historia aprecie más tarde este incidente militar en su verdadero punto de vista.

El que mayor luz deseara sobre este particular, puede acudir al archivo del ministerio de la guerra, donde suponemos existe el expediente del juicio militar á que fueron sometidos los jefes de la retirada tantas veces aludida.

Lima, julio de 1893.
Veritas
De “El Diario” de 1893.

Un episodio de la Breña

Por una de esas obras de la diosa casualidad, me encontraba en el pueblecito de San Antonio, situado á corta distancia arriba del Convento de Ocopa, en la tarde del 8 de julio de 1882, á donde fui llamado por las autoridades de ese pueblo, para imponerme del contenido de una nota contestación del general Cáceres, que, desde Ayacucho había traído el famoso andarín apatino Santiago Volador, en respuesta á las que fué conductor á la sede provisional de la superioridad militar en aquella desgraciada época del desastre nacional.

A las cuatro de la tarde de aquel tan recordado dia arribaron al pueblo las fuerzas del improvisado ejército peruano, que, á fuer de patriotismo y esfuerzos sobrehumanos, se formó en presencia de la invasión araucana; llegó primeramente la fuerza de Comas, mandad por su primer jefe teniente coronel Ambrosio Salazar y Márquez, que ceñía en su frente el laurel de Sierralumi por el aniquilamiento en masa del destacamento expedicionario de caballería compuesto de cuarenta hombres del “Escuadrón Yungay”, comandado por el capitán chileno don Fernando Germain, el 2 de marzo de 1882.

La fuerza antedicha formaba parte de la división vanguardia del ejército del Centro, que la compañía, además, la ligeras columnas Ayacucho y pucará, mandadas por el coronel don Juan Gastó en calidad de comandante general; llegaron estas columnas una tras otra, hasta integrar la pequeña división mencionada .
La llegada de la división fué inesperada, sin embargo, con motivo de la recepción de la respuesta del general Cáceres, el pueblo estaba á la sazón reunido con todas sus autoridades .

A su inmediata llegada, el jefe de la columna Comas se dirigió al pueblo á preguntarles como andaban de patriotismo, por que ya se acerca, dijo, el momento de probarlo prácticamente.

Una de las autoridades, haciendo uso de su macarrónico castellano, le contestó: señor, estamos ejercitando guerrillas.

El autor del aniquilamiento del destacamento chileno en Comas, les volvió á preguntar si sabían de cuantos hombres se componía la guarnición chilena de Concepción; varias voces contestaron que, sin precisar el número, calculaban que habría unos cincuenta hombres.

El aludido jefe Inter. Locutor, excitado con la espuela á su corcel de combate, dijo: apenas alcanzan una taza de té.

Estas sencillas palabras hicieron subir de punto el entusiasmo del auditorio, que redobló visiblemente. Era la víspera del memorable combate de Concepción.

II

No trascurrirían treinta minutos, cuando se presentó á caballo el joven don Crisanto Meza, trayendo un mensaje de los jefes venidos de Comas, de parte del señor Obispo Valle, oculto desde meses atrás en el convento de Ocopa, por temor á los cupos que los chilenos imponían á todas las personas acaudaladas.

Dicho mensaje era decir á los jefes recién llegados, que los chilenos no tardarían en retirarse á efecto de reconcentrase en la capital; pues dicho Prelado estaba al tanto de lo que pasaba en Lima, por cartas particulares que había recibido de la capital de personas muy enteradas de las disposiciones del general Linch, desde quince o veinte dias antes.

Al dia siguiente, domingo, nueve de julio, prosiguió su marcha la pequeña división sobre la plaza ambicionada, descendiendo á Santa Rosa de Ocopa, para tomar después la esquina del panteón del pueblo de Alayo, hacia la izquierda, para embocar por el callejón de Inquich y desmbocar en la “Pampa de Lastay” , con el objeto de tomar el flanco izquierdo de la plaza de Concepción y emprender el ataque por allí, una vez desocupada ésta de la afluencia de gente que había concurrido á la feria dominical.

Después del consejo de guerra celebrado en Lastay, en el que se trató sobre el ataque sin pérdida de tiempo y en el que prevaleció en todas sus partes la opinión del comandante Salazar y Márquez, se emprendió la refriega que duró diez y siete horas, es decir, hasta el lunes diez, nueve de la mañana.

La fuerza que más sufrió en la prolongada lucha, fué la “columna Comas ”, que tomó la plaza y sostuvo el combate toda la noche del nueve al diez de julio, con fuego incesante de fusilería; perdió dos capitanes, cuatro oficiales de clase inferior, muchos soldados y más de veinte heridos, los que se medicinaron en el hospital de sangre improvisado por el RR.PP. de este convento.

III

Pues bien, la taza de té con que el comandante Salazar creyó tomar la plaza de Concepción, se le convirtió en un lago de sangre; la guarnición no constaba de cincuenta chilenos, como aseguraban, sino de ochenta hombres, armados hasta los dientes, con parque abundante, rifles modernísimos de largo alcance sistema Grass; la lucha fué encarnizada, los enemigos esperaban por momento la llegada del grueso de su ejército de Huancayo, en retirada para la capital, esperando así que las fuerzas asaltantes fueran arrolladas y pulverizadas por aquel; razón por la cual combatieron hasta el último momento, hasta ser exterminados en masa, de capitán á corneta los de la 4ª. Compañía del batallón chileno “Chacabuco” mandados por el capitán don Ignacio Carrera Pinto.

El combate de Concepción fué el complemento directo del de Sierralumi en Comas, éste generó, por decirlo así, la resistencia popular del centro, en ausencia del ejército comandada por el general Cáceres, que se retiró de Chosica hasta Ayacucho y permaneció allí hasta julio del 82, hasta cuando las fuerzas enemigas recibieron orden de reconcentrarse en Lima.

Dudamos que tenga paralelo en la historia del mundo la actividad asumida en aquella época por el intrépido estudiante Salazar y Márquez; fué el cerebro dirigente de la reacción contra la invasión araucana; un hombre de corta edad, impulsado solo por su ferviente patriotismo, por su propia cuanta, cuadróse á todo el ejército enemigo de ocupación, fuerte de 4.000 hombres de las tres armas, con éxito brillante para la honra nación; mucho más, cuando ya en todas parte surgía los derrotistas chilenófilos y traidores que eran otros tantos enemigos que hacían causa común con los invasores.

Escribimos estas líneas á fin de que este hecho efectivo y real, único en la historia, que salvó de la humillación á la Patria vencida sirva de luz y faro á las generaciones del porvenir y sea conocido en los últimos rincones de nuestra nacionalidad, como un modelo ejemplar de patriotismo de nuestra raza.
Pero, por desgracia, este magno acontecimiento , del desastre del 79, está olvidado, casi oscurecido por incuria de los historiadores peruanos.

Santa Rosa de Ocopa, noviembre de 1893.
(Firmado ) Atanasio Valera.
De “El Diario”de 1893.

LA BREÑA
(Inédito)
Un desplante araucano merecidamente castigado
I


Aunque en nuestra condición de no combatiente, á causa de corta edad en la época de la invasión chilena á esta región del territorio nacional, no hemos contribuido á diezmar al invasor en calidad de ciudadano armado; como simples espectadores hemos sido testigos presénciales de muchos actos trágicos en aquel inolvidable pretérito de nuestra infortunada patria, en la encarnizada lucha empeñada entre patriotas e invasores.

Un hecho que no podemos relegar la olvido, por que palpita incesantemente en nuestra memoria, es el que pasamos á narrar para conocimiento y contemplación de las generaciones del porvenir.

II

En la mañana del 8 de julio de 1882 solicitamos con ahínco por el señor don Sántos Porras, secretario de la Municipalidad del distrito de Concepción, cuyo alcalde fué en aquel entonces don Juan E. Vallesteros y que poco antes hasta la batalla de San Juan fué también jefe del batallón Concepción n° 27.

Dicha solicitud obedecía á que lo ayudase al señor Porras en la urgentísima labor de preparar recibimos para los contribuyentes de Concepción al cupo impuesto por los chilenos, para el socorro y sostenimiento de esa guarnición, cuyo cupo fué decretado y establecido desde l primer dia de la ocupación enemiga de la capital del distrito mencionado: de idéntica manera procedían en todos los pueblos que ocupaban, con el derecho de la fuerza.

El poder ejecutivo y judicial no existía desde el 17 de enero del 81, dia en que los chilenos ocuparon la capital de la república, á raiz de las pérdidas de las batallas de San Juan y Miraflores, de modo que, desde el memorable dia, solo habían municipalidades en los pueblos ocupados por los invasores, con cuyo órgano administrativo popular, se entendían los vencedores para proveerse de víveres y dinero para el mantenimiento del ejército de ocupación, fuerte de cuatro mil hombres de las tres armas.

III

Constituidos momentáneamente en la ciudad de Concepción, dejando nuestra residencia nativa,, de lo primero que nos informamos fué de un aviso que el jefe chileno había hecho fijar en las cuatreo esquinas de la plaza de aquella ciudad, y que á la letra decía:

“Por orden del jefe de la plaza, se pone en conocimiento del pueblo, que, si en el término d dos dias, contados desde esta fecha, no paga la municipalidad el cupo pecuniario que se le ha impuesto; se dará puerta franca á la guarnición del próximo domingo nueve del corriente, para que saquee á la población; no siendo responsables estas jefaturas por las depredaciones que los soldados cometan”.

Concepción, julio 7 de 1882.
(Firmado) Victor Luco.

Ante tamaña vandálica amenaza, el pueblo se descorazonó, todos sus habitantes se apresuraron á erogar el cupo que les correspondía, como lo habían hecho desde el primer dia de la ocupación; no sabemos de manera evidente si la municipalidad entregó l chileno la erogación reunida. No asalta esta duda por haber llegado el dia nueve de julio, dia en que los rotos debían expiar todo los crímenes cometidos en el curso de la guerra de asalto y saqueo que Chile nos declaró el 79. Desde la tarde de la víspera del dia mencionado, al fuerza de Comas ocupaba el caserío de San Antonio, mandad por el ex -comandante militar de aquella Plaza don Ambrosio Salazar y Márquez, ya en la clase de teniente coronel y primer jefe de la “Columna Comas”, formando parte de la división vanguardia del ejército del centro, comandad por el coronel don Juan Gastó en calidad de comandante general.

IV

El arribo de las fuerzas peruanas al caserío de San Antonio había sido noticia da por una anciana, Paula Laiba, que vivía en este pueblo, á un sobrino suyo, N. Espinoza, por el cuidado que le inspiraba la suerte de éste, que pertenecía como corneta á la fuerza enemiga que guarnecía la plaza, que desde luego, no había sido chileno, como todos lo creían, sino peruano, nacido en el pueblo de Andamarca; el sobrino trasmitió la noticia á los oficiales y soldados araucanos , que recibieron la nueva con algazara y burla, añadiendo que nada podrían hacer contra ellos unos pobres montoneros, estando tan expeditos en el manejo de las ramas, que hasta esgrima jugaban diestramente.

En efecto, según se confirmó después, el corneta había sido peruano, había pertenecido anteriormente á nuestro ejército; después de las derrotas de San Juan y Miraflores, se dejó catequizar por los araucanos por la destreza y gusto con que tocaba su instrumento; sabido es que los chilenos en cuanto á música son un especie de mulas de carga, pues, ni gusto ni oído para ello.

Por fin, el corneta corrió la suerte de los chilenos, á quienes se asimiló en cuerpo y alma, sin duda por el íntimo convencimiento que tuvo de que los guerrilleros no le darían cuartel, como que la consigna de todo peruano, que en aquellos álgidos momentos reaccionaba contra los extranguladores de nuestra patria, era no dar cuartel ni al enemigo ni al traidor; tenían el firme propósito de fusilar al traidor, es decir, al mal peruano, al hijo bastardo de la patria, con igual razón que al enemigo. Si muchos han salvado la pelleja, ha sido porque cuando se encontraban aquí, interpolados entre los araucanos, estaban resguardados y cuando se retiraban éstas, huían también, entropados con los enemigos extranjeros, á la sazón cuartel general de los invasores.

V

En la mañana del nueve de Julio se movieron las fuerzas peruanas de San Antonio, para tomar el flanco Este de la ciudad de Concepción y emprender el ataque por ese lado; el resultado de ese combate es ya universalmente conocido, el horripilante epílogo fué el merecido castigo de los salteadores de América; prescindimos por ahora describirlo circunstanciadamente por haberlo hecho en otra oportunidad. Pero de lo que no podemos prescindir, es de consignar en estas líneas la honda impresión que experimentamos, después de contemplar como simples curiosos los sucesos inherentes á esa gran calamidad llamada guerra: el espectáculo que presenta la cuidad fué de los más lúgubre y pavoroso; por un lado se veían los escombros humeantes del templo, convento y principales casa comerciales reducidas á cenizas, por otro lado, el hacinamiento de los ochenta cadáveres de los chilenos de la guarnición en el antiguo cementerio, tras de la iglesia; aquí lo primero que se nos presentó á la vista, fué el cadáver del corneta, á quien no conocíamos en vida, pero dedujimos su identidad por el sello que había dejado estereotipado en sus labios, la boquilla de su instrumento. Allá en las afueras de la población hallamos cadáveres de peruanos muertos en represalia del exterminio de la guarnición en total.

Nadie estaba hasta entonces en el secreto de que dicho corneta fuera peruano, solo nosotros por la particularidad de haber existido en este pueblo, distante de Concepción, la tía de aquel infortunado, que asociado á los semiternos enemigos del Perú, marchó á la tumba cayendo en manos de los patriotas que resolvieron sacudirse de yugo tan ignominioso , á costa de todo sacrificio: con la coincidencia de que cayera el mismo dia designado por ellos para saquear, violar y matar á los habitantes de un pueblo inerme, pacíficamente conquistado. ¡Araucanos de la Providencia, que nadie puede penetrar, e n sus inescrutables designios!

VI

Al Aquiles de la Breña, que así llamamos al infatigable e impertérrito estudiante don Ambrosio Salazar y Márquez, de cuyas heroicas hazañas somos y han sido testigos presénciales todos los habitantes de la zona central del Perú, en aquellos momentos de más cruel infortunio de nuestra nacionalidad; se debe que los araucanos hayan mordido el polvo por estas breñas, cuando el ejército de Chosica se internó unas cien leguas hasta Ayacucho y no regresó sino cuando los pueblos se habían desangrado en incesantes batallas con el enemigo extranjero durante seis meses.

¿Qué hacer ante la orfandad en que quedó el departamento de Junín con cuatro mil araucanos en su suelo?. Emprender sus buenos hijos combates de asaltos contra las guarniciones de retaguardia de las famélicas tropas de Arauco, ya no teníamos auxiliares para luchar afirme, en campo abierto, ya no existían Bolívar. Sucre, San martín, para haberlos destrozado en conjunto, como en Junín y Ayacucho, en esta otra segunda guerra de independencia.

Santa Rosa de Ocopa, Julio 10 de 1900.
Atanasio Valera.

Recuerdos de la Guerra del 79

Consumada la ocupación de Lima por el invasor con su cortejo de abominaciones cuyos rigores sufrieron todos los pueblos á medida que la invasión se extendía; los habitantes del interior suaves y pacíficos por naturaleza, se levantaron y formaron legiones armadas de rejones y hondas, y, á la sombra bendita de la bandera de la patria, defendían su honra y su propiedad y la honra y la integridad del suelo patrio.

Nuestra guerra del 79 cuanta muchos episodios en que figura el indígena con sus armas primitivas defendiendo su heredad y el suelo de sus mayores. Así sucedió en Comas, pueblo de las montañas de Junín, que el 24 de febrero de 1882 fué invadido por 40 ginetes del ejército de Chile. Nada respetaron estos hombres en su delirio de rapacidad y maldad. El botín fué amplio: solo de la hacienda Runatullo extrajeron 800 reses. Exasperados esos tranquilos habitantes con tantas extorsiones, se prepararon para castigar al invasor.

No contaban con dirección militar; pero entre ellos había un hombre animoso, don Ambrosio Salazar, hijo de la comarca, que preparó la resistencia; no contaban con armas y las suplieron con las que su ingenio les proporcionó, como hondas, palos, galgas y rejones. Así las cosas, el 2 de marzo siguiente se presentaron de regreso los invasores con su valioso botín , y, al descender la montaña que conduce al pueblo, sus moradores, ya preparados, los atacaron, trabándose combate reñido, que costó á los chilenos 35 bajas, la pérdida de rifles, 35 carabinas y todo el ganado extraído Runatullo. El enemigo quedó así escarmentado con todo el rigor de la indignación del pueblo.

Ese período de la defensa nacional fué fecundo en enseñanzas y en sacrificios. Muchas páginas llenaríamos si nos propusiéramos consignarlas; pero como no es ese nuestro propósito, nos ocuparemos á grande rasgos de otros hechos de armas cuyos aniversarios coinciden en el presente mes. La historia, que ha recogido esos hechos, consigna la valerosa resolución de esos tranquilos hijos del Perú, para afrontar el sacrifico en la lucha desigual.

Concepción: 9 y 10 de Julio de 1882

Fuerzas del “Chacabuco”, mandadas por el capitán don Ignacio carrera Pinto, se encontraban de guernición en esa plaza.

Reconcentrada nuestras fuerzas bajo las órdenes de los coroneles don Juan Gastó y don mariano Aragonés, penetraron á la plaza de Concepción, donde estaba el cuartel de las fuerzas chilenas, y se trabó el combate de la tarde del nueve, que fué reñido por ambas parte, quedando indeciso hasta el dia siguiente, en que se renovó con terrible encarnizamiento. De nuestra parte perecieron muchos jóvenes conocidos de la localidad.
Arrollada y vencida la guarnición chilena por las guerrillas peruanas, que suplían con su patriotismo la carencia de elementos de defensa, se presentó la división canto y, como represalia del desastre, hizo incendiar á la floreciente ciudad de Concepción , entregándola á las mayores abominaciones. No hubo cuartel para nadie ni se respetó el pudor. Los pueblos del tránsito, Matahuasi, San Lorenzo, Ataura, corrieron igual suerte; pero la vista del hijo, del hermano, del esposo sacrificado, de la esposa ultrajada , del hogar incendiado, no amedrentaba á los habitantes de esas serranías. Enardecidos marchaban animosas á la defensa del suelo querido, ofrendando su sangre en los altares de la patria.

Los corazones de los cuatro oficiales chilenos que cayeron en este combate, han sido depositados en una cripta, en Santiago, que ostenta la siguiente inscripción:

“Aquí en el primer templo de Chile, y á la vista del Dios de los ejércitos, para perpetuo ejemplo de patriotismo, se guarda los corazones de Ignacio Carrera Pinto, Julio Montt, Arturo Pérez Canto y Luis Cruz Martinez. La religión bendice su heroísmo y la patria sus nombres entre los héroes y los entrega á la historia. Perú 9 y 10 julio de 1882” .

Además se ha dado á las escuelas fiscales de Antofagasta, Pisagua y otros conquistados, los nombres de los setenta y tres soldados muertos en Concepción.

Los mártires peruanos de esta jornada no han recibido todo el homenaje de la gratitud nacional. Deber es de los centros patrióticos hacer un llamamiento para perpetuar dignamente la memoria de nuestros héroes.

Es deuda que debe pagar la actual generación.
Marcavalle y Pucará: 10 de julio de 1882

Las posiciones de Marcavalle ocupadas por la vanguardia enemiga, compuestas de las mejores tropas de la división canto; debían ser ocupadas por el ejército del Centro: en los planes del general Cáceres entraba esta operación como preliminar de la expulsión del invasor del departamento de Junín.

El nueve fueron reconocidas esas posiciones y distribuidas convenientemente las fuerzas peruanas para iniciar el combate en la madrugada del dia siguiente. Rotos los fuegos á la cinco de la mañana del 20 y empeñado el combate que fué obstinado en la defensa que el enemigo hizo de sus posiciones, cedió éste el campo al indomable valor de su adversario, perseguido en su retirada por dos compañías del “Tarapacá” y los guerrilleros, quedaron comprometidas las pocas tropas chilenas acantonadas en el pueblo cercano de Pucará, que tuvieron que abandonar después de una débil resistencia, á la aproximación de nuestras tropas, para dirigirse al pueblo de la Punta, á una legua de Huancayo, ocupado por fuerte división enemiga compuesta de las tres armas.

Idéntica suerte corrieron los chilenos que defendían las posiciones de Tarmatambo y San Juan Cruz, que abandonaron con dirección á la Oroya. Sus pérdidas fueron considerables, dejando en los lugares de combate ochenta y tantos muertos del batallón “Santiago”, entre ellos muchos jefes y oficiales cuyos nombres se ignoraron. Se tomaron por los guerrilleros más de 200 rifles y municiones, equipo y cabalgaduras.
El ejército del Centro, secundado eficazmente por los guerrilleros de los distintos pueblos de las serranías, siguió empujando al invasor hasta expulsarle del departamento de Junín, causándole pérdidas enormes en su filas.

Combate de San Pablo: 13 de Julio de 1882

Situadas en San pablo se hallaban fuerzas chilenas del “Concepción” y del “Talca” y una fracción de granaderos á caballo, en número de 600 hombres, al mando del sargento mayor don Luis á. Saldes, pertenecientes á la división del comandante don Ramón Carballo Orrego.

A las siete de la mañana del 13 se presentó la división peruana, compuesta de varios cuerpos , en número de 417 hombres, al mando del coronel don Lorenzo Iglesias, y después de conocer la situación del enemigo , se trabó reñido combate en las laderas de San Pablo, que duró más de dos horas. Vencido el enemigo se retiró á la costa, dejando 90 muertos de tropa y el teniente del “Concepción” don Alfredo Cruzat. Se tomaron armas, municiones en abundancia y 60 caballos. Cayeron prisioneros el capitán del “Talca” don Isaac Z. Meza, el teniente del mismo cuerpo don Gregorio Salgado, el practicante don JoséVergara y 28 individuos de tropa, algunos de ellos heridos.

El pueblo de San Luis fué incendiado en su tránsito por las fuerzas de Saldes.
Por nuestra parte tuvimos sensibles pérdidas, entre los que se cuentan el coronel don Eudocio Rabines, el teniente coronel don Julián Cruzada y más de 100 individuos de tropa.

Batalla de Huamachuco: 10 de Julio de 1883
¡Huamachuco!, pueblo noble, generoso, cuna de Sánchez Carrión y de otros varones preclaros; tu nombre evoca á los peruanos tu martirio. Está escrito ya con letras de oro las mejores páginas de los anales de la patria.

Luchaste tres dias al lado de los defensores e la bandera nacional y el Dios de los ejércitos te negó el laurel de la victoria.

El enemigo rabioso, implacable, innoble, no dio cuartel al caído, al herido indefenso. El “Repase”, invención chilena para ultimar á los moribundos, los cadáveres insepultos por varios dias, el incendio, el saqueo de la población, el terror de la habitantes á la vista de desenfreno sin igual, no olvidará Huamachuco mientras el hombre conserve la memoria.

Hechos prisioneros Leoncio Prado, Miguel Emilio Luna, Florencio A. Portugal, Belisario Cáceres y Osma, fueron fusilados, muchos de ellos en el mismo campo de batalla.

La guerra sin cuartel en un absurdo entre las naciones civilizadas . Naturalmente, los chilenos, deseosos de excusar su delito, han alegado que luchaban con guerrilleros, con fuerzas irregulares, con forajidos, pero, incuestionablemente, los autores de los fusilamientos de Huamachcuo se han presentado ante la historia como violadores de las leyes de la humanidad. El coronel don Alejandro Gorostiaga luchó con un ejército regular, disciplinado, dirigido por jefes y oficlaes del ejército del Perú y defendían su patria invadida. Eran, pues, beligerantes, y como tales estaban amparados por las leyes del derecho internacional.

La jornada del 10 pudo ser victoriosa para nuestras armas, pues toso se había ahí dado cita: valor, abnegación, resolución de vencer.

Nuestras fuerzas arremetían con creciente ardor. Los chilenos se defendían bravamente, replegando sus guerrillas á las alturas del cerro Sazón. Un momento más y la victoria se habría pronunciado por las armas peruanas, que entusiastas y animosas seguían trepando las posiciones chilenas hasta más allá de la mitad de dicho cerro; cuando inesperadamente las fuerzas chilenas acometen con empuje á bayoneta calada, ataque que no pudieron resistir los peruanos que no tenían bayonetas y que, además, estaban escasos de municiones.

La derrota se pronunció desde ese momento. Hubo pérdidas muy sensibles de nuestra parte. Además de las que hemos señalado, sucumbieron el general don pedro Silva, coroneles don Juan Gastó. Don Máximo Tafur, tenientes coroneles don Ciriaco Salazar, don Alejandro Sarriá y sargento mayor don Santiago Zavala.
Fecundas enseñanzas ha dejado la malhadada guerra. Tras el desastre, el retroceso en la vida nacional: he ahí el balance abrumador.Ser previsores y que ningún acontecimiento nos vuelva á sorprender, es deber de todos los peruanos.A las madres, en el hogar, y á los maestros en las escuelas les toca buena parte en esta grandiosa misión de educar á los niños en el amor á la Patria, en el conocimiento de su historia y en el cariño á sus guerreros. El fuego sagrado del patriotismo debe ser conservado perpetuamente vivo.

(Firmado) Lizardo Revollé.


Oficio del señor Alcalde del Concejo Distrital de Concepción, invitando al señor Salazar y Márquez para que asista á las fiestas que la ciudad de Concepción á celebrado en conmemoración del cincuentenario del glorioso hecho de armas que tuvo por escena esa ciudad el 9 y 10 de Julio de 1882.

Circ. N°8

Sello de la Alcaldía Municipal de Concepción.
A 5 de julio de 1932

Señor Ambrosio Salazar,

Sobreviviente de la guerra del 79.
Ciudad.
Señor:

La ciudad de Concepción ha de celebrar próximamente el cincuentenario del glorioso hecho de ramas del 9 de Julio de 1882, que tuvo por escena el mismo lugar donde hoy está erigido el monumento encargado de decir á los hijos de este heroico pueblo, lo que fueron capaces los patriotas de aquel tiempo, de cuyo número forma Ud. parte honrosa.

La corporación que presido, teniendo en cuenta el significativo hecho patriótico que encierra esta fecha y conciente de su importancia nacional, tiene el agrado de invitar á Ud. para con su presencia y la de las demás autoridades del lugar, den á las ceremonias del 9 de julio próximo el realce , y solemnidad con que se necesita revestir una fiesta que como ésta está encaminada á presentar á las actuale sy venideras generaciones del Perú una elocuente lección de patriotismo.

Con esta oportunidad presento á Ud., con toda cordialidad las consideraciones de mi estima personal.

Patria y Libertad.
(Firmado) J.L. Peña.

Sr. Alcalde del Honorable
Concejo Distrital de Concepción.
Finca Antalá, Julio 7 de 1932
S.A.

He tenido el honor de recibir el estimable oficio de ud. invitándome para que asista á fiestas que esa heroica ciudad prepara para celebrar el glorioso hecho de armas que se realizó en ella el 9 y 10 de julio 1882.

Aunque mi actuación en aquella fecha ha sido en primera línea, por ahora no me es posible asistir por tener la salud muy delicada á causa de una prolngada enfermedad que me hace temer una recaída en mi dolencia trasladándome hasta esta ciudad; excuse Ud. y los dignos miembros de esa honorable municipalidad mi falta de asistencia á las fiestas antes dichas, sírvase beber una copa de champagne por los valerosos asaltantes contra la guarnición chilena que fué íntegramente aniquilada y por los capitanes José Manuel mercado y Cipriano Camacache de la columna Comas que murieron en el asalto, valerosamente llevado á efecto del señor Gastó sólo experimentaron una baja que fué la del comandante Carvajal que salió herido muy al principio del combate, dichas fuerzas se retiraron á las afueras de la ciudad á pernoctar allí para evitar la deserción de la gente colecticia: su actuación fué, pues, corta una vez tomada la plaza; en cuento á la toma del cuartel fué cuestión de 17 horas de combate.

Con sentimientos de la más alta consideración que Ud. y sus dignos compañeros de la corporación edilicia celebraron pletóricos de entusiasmo el cincuentenario de tan magna epopeya del Centro.

Dios y Patria.
(Firmado) Ambrosio Salazar y Márquez.

Editorial de “Quincenario N° 12” que se edita en la ciudad de Concepción y se ocupa de la hecatombe realizada en Julio de 1882.

“Hay siempre una lágrima para todo el que muere y un lamento sobre todo sepulcro, por humilde que sea; pero las naciones robustecen y aumentan el grito funeral por los héroes y al victoria llora la muerte de los bravos”.

Lord Byron.


“Nos haríamos dignos de Bolognesi y Grau si sepultáramos hoy todas nuestras debilidades, todas nuestras miserias y todos nuestros vicios.

Gonzáles Prada.


Hoy conmemoramos el cincuentenario del asalto gigantesco al cuartel chileno en Concepción, por los peruanos, el 9 de julio de 1882, asalto no superado por ninguno de los de su clase habido con los chilenos en otro distrito del territorio peruano.

Por esos “Concepción” quisiera reseñar en páginas de oro esta hecatombe, quisiera escribir con pluma del mismo fuego patriótico que alentaron los brazos de los bravos asaltantes en esta heroica ciudad.

Y para hacer algo digno de los héroes de esa hazaña gigante, para hacerle vivir, hoy, en las mentalidades presentes, con todos los colores vivos y espeluznantes de aquella tragedia, con todo el arrebato del delirante patriotismo de los inmortales peruanos de aquella fecha. “CONCEPCIÓN” quisiera las plumas de Homero, del dante o del Shakespeare, quisiera aquel fabuloso tesoro de inspiración y de intelectualidad de aquellas líricas mentalidades. Pero imponente para siquiera imitarlos, se conforma con sólo entretejer, modestamente, con las mejores rosas de los jardines de su admiración, la corona de sus recuerdos de esa falange de mártires peruanos que dieron vida á este legendario suelo en la historia Patria , y que con sus muertes y que con sus sacrificios nos han dejado el más hermoso ejemplo de cómo se debe morir por la patria, pese á los derrotistas del pacifismo.

La grandiosidad de esta epopeya se yergue andina, majestuosa, y con el lenguaje que dá la elocuencia de los hechos dice á la juventud presente y á las generaciones venideras, representadas, ahora, por la niñez, ¡vengan!... ¡Vengan! En este grandioso dia, vengan aquí y que la Patria os contemple renovado el juramento de morir por la Patria .

Y á tí madre concepcionina, te dá el encargo de enseñar á tus hijos, que en sus oraciones recuerden, con toda unción de reverencia, al hazaña de los que glorificaron á Concepción con su sangre redentora derramada en este suelo perpetuada por esa mole coronaria y regada de flores, que llamamos “EL MONUMENTO A LOS HÉROES DE CONCEPCIÓN”

Y á vosotros, profesores de todo el Perú, que vuestro oficio más que instruir , es Educar, os dice: interesaos por desarrollar en vuestros educandos el sentimiento del santo amor á la Patria

Sólo á sí, los maestros peruanos abrirán la ruta segura de la prosperidad y la dicha del Perú, ahora que las aguas de la política extranjerizante parece hervir con el fuego volcánico de los más avernos de las ambiciones personales, con olvido de todo sentimiento Patrio.

Ahora que hasta el mismo astro Sol parece negarnos su luz para hacer lúgubre el cuadro de disociación social, de odios entre hermanos y de crisis moral, en que parece que se hundiera la patria sino reaccionamos oportunamente bajo los amplios pliegues de esta única bandera salvadora:

“LIBERTAD, PAZ, ORDEN Y TRABAJO”