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RIMBAUD, POEMAS MAS POEMAS


sus obras
rimbaud
Deslumbrante y desesperada como su poesía , la Existencia de Rimbaud nos provoca esa misma sensación de vértigo y de energía casi sobrehumana que es uno de los rasgos permanentes de su genio. En el plano de la aventura física como en el plano de la aventura espiritual todo en Rimbaud es rebeldía, inconformismo trascendente, insobornable voluntad de no traicionar uno solo de los impulsos de su ser profundo, de no ceder jamás —sea cual fuere el precio— a la presión de las ideas recibidas, morales, artísticas, religiosas, para abrirse su propio camino a espaldas de una sociedad a cuyas convenciones y a cuya estructura era particularmente incapaz de adaptarse.
He aquí una brevísima relación de esa vida cuyas vicisitudes se precipitan con la rapidez de un sueño.


El 20 de octubre de 1854 nace en Charleville, Francia, Jean-Nicolas-Arthur Rimbaud. El padre era militar y vivió casi siempre separado de su esposa. La madre, de inflexible carácter, pertenecía a una familia de pequeños propietarios del lugar.


La infancia de Rimbaud transcurre bajo el signo de una asombrosa precocidad. A los diez años ya sorprende a sus camaradas y profesores por la calidad de sus ejercicios retóricos. A los quince escribe impecables versos latinos. Más o menos de esa época son sus primeros versos franceses conocidos: "EI Año Nuevo de los huérfanos", publicados en la Revue pour tous, en 1870. Lee ávidamente cuanto le cae en las manos, en especial a los socialistas franceses, libros de magia, ocultismo, novelas del siglo XVII, etc. George Izambard, joven profesor del Liceo, de ideas revolucionarias, se convierte en su amigo y lo orienta en la literatura.


El 29 de agosto de 1870 Rimbaud se fuga de su hogar y llega en tren a Paris, donde es detenido por viajar sin boleto. Izambard paga la multa y lo háce regresar a Charleville. Diez días más tarde vuelve a fugarse. Llega a pie a Bélgica, con la esperanza de ingresar en la redacción de un periódico de Charleroi. Fracasado su intento regresa a Francia y asiste al bombardeo de Mezieres y Charleville por los ejércitos prusianos.


El 25 de febrero de 1871 emprende su tercera fuga. Va nuevamente a París. Allí vagabundea por las calles, y regresa a su casa a través de las líneas enemigas. En Charleville escribe un "Proyecto de una constitución comunista", que se ha perdido, y envía a su amigo Demey la famosa "Carta del vidente", en la que define su sentido de la poesía.


Por intermedio de Bretagne, un extraño personaje entusiasta del arte y el ocultismo, con el que se ha vinculado, se pone en contacto epistalar con Verlaine. Deslumbrado por su genio, éste le envía un telegrama: "Venid, querida gran alma; se os espera, se os desea." En setiembre de ese mismo año Rimbaud llega a París, llevando en su bolsillo el manuscrito del "Barco ebrio".


Comienza así la tormentosa relación de ambos poetas, que trae como consecuencia la separación de Verlaine de su mujer, un largo período de bohemia en el Barrio Latino y sucesivos viajes a Bélgica, Holanda y Londres, en los que estallan violentas disputas, hasta el grave episodio de Mons, cuando Verlaine, en un rapto de desesperación, descargó su revólver sobre su amigo, hiriéndolo en un brazo. Verlaine es detenido y condenado a dos años de prisión. Rimbaud regresa a Roche, a la granja donde ahora habita su familia; se instala en el granero y en pocos días termina "Una temporada en el infierno". Después de hacerla imprimir y enviar algunos ejemplares a sus antiguos amigos de París se desinteresa de tal modo por la literatura que deja el resto de la edición en la imprenta, de donde nunca la retirará. Una nueva etapa comienza en su vida: la soledad y la acción, a la que se lanzará con su acostumbrada vehemencia.


En 1874 se halla en Londres en compañía de German Nouveau. Al año siguiente, en Alemania, trabajando como preceptor en Stuttgart. Allí se le reúne Verlainc por última vez e intenta hacerlo participar de sus convicciones católicas. Rimbaud pone fin al encuentro con una agria discusión, que degenera en pugilato y que obliga a Verlaine a dejar la ciudad a los dos días de su arribo. Se suceden luego ansiosos viajes a través de Italia, Suiza y Austria, con cortos intervalos en Charleville, donde retoma aliento para lanzarse de nuevo a la aventura. En 1876 se alista en Holanda en el ejército colonial y es enviado a Java. A las pocas semanas deserta, y logra regresar a Francia en un velero inglés. En 1877 recorre Suecia y Dinamarca con un circo, y aparece como estibador en Marsella. Más tarde se dirige a Egipto, llega a Alejandría y pasa a Chipre como capataz de una cantera.


El 7 de agosto de 1880 Rimbaud desembarca en Aden, en la costa del mar Rojo, de donde sólo regresará a Europa para morir. Entra al servicio de la firma Viannay, Mazeran, Bardley & Cía., dedicada al comercio de pieles y café, y pasa luego a su sucursal en Harrar. Explora la Somalía y el país Galla y es el primer europeo que penetra a Bubassa y recorre el Ogandine. Envía una precisa relación de su viaje a la Sociedad de Geografía, que lo publica en sus anales.


Liquidada la firma, Rimbaud continuó al servicio de Bardley, que lo recuerda "habitualmente silencioso y triste". Vive maritalmente con una negra abisinia.


En 1887 forma una caravana para venderle un cargamento de fusiles a Menelik, rey de Choa. Su socio enferma y muere y él debe partir solo y asumir todas sus deudas. Después de internarse hasta Antotto, el negocio termina desastrosamente. Menelik fija un precio irrisorio para las armas y al cabo de tres mcses de penurias Rimbaud llega de nuevo a Harrar sin haber obtenido ninguna ganancia.


En febrero de 1891 se le declara un tumor maligno en la rodilla derecha. Liquida sus asuntos y se hace transportar en camilla a Zheila, y pasa luego a Aden para ser repatriado. En el hospital de Marsella le amputan la pierna. Pasa unos meses en Roche, con su familia. En agosto retorna a Marsella, acompañado por su hermana Isabel. Su estado empeora.


E1 10 de noviembre de 1891 muere en el hospital de Marsella, a los 37 años de edad.


LAS ILUMINACIONES

DESPUÉS DEL DILUVIO

Tan pronto como la idea del Diluvio se hubo serenado, Una liebre se detuvo entre las esparcetas y las campanillas móviles y dijo su plegaria al arco iris a través de la tela de araña.
¡Oh!, las piedras preciosas que se ocultaban, - las flores que miraban ya.
En la ancha calle sucia se alzaron los tenderetes, y arrastraron las barcas hacia el mar escalonado arriba como en los grabados.
La sangre corrió, en casa de Barba Azul, - en los mataderos, - en los circos, donde el sello de Dios palideció las ventanas. La sangre y la leche corrieron.
Los castores construyeron. Los "mazagranes" humearon en los cafetines.
En la casona de cristales, todavía chorreante, los niños de luto contemplaron las maravillosas imágenes.
Una puerta crujió, - y en la plaza de la aldea, el niño hizo girar sus brazos, comprendido por las veletas y los gallos de los campanarios de todas partes, bajo el resplandeciente aguacero.
Madame *** instaló un piano en los Alpes. La misa y las primeras comuniones se celebraron en los cien mil altares de la catedral.
Partieron las caravanas. Y el Splendide-Hôtel fue edificado en el caos de hielos y noche polar.
Desde entonces, la Luna oyó gimotear a los chacales por los desiertos de tomillo, - y a las églogas en zuecos gruñir en el huerto. Luego, en el oquedal violeta, lleno de brotes, Eucaris me dijo que era la primavera.
- Mana, estanque, - rueda, Espuma, sobre el puente, y por encima de los bosques; - paños negros y órganos, - relámpagos y trueno, - subid y rodad; - Aguas y tristeza, subid y reanimad los Diluvios.
Porque desde que se disiparon, - ¡oh las piedras preciosas enterrándose, y las flores abiertas! - ¡qué aburrimiento!, y la Reina, la Bruja que enciende su brasa en la olla de barro, nunca querrá contarnos lo que ella sabe, y que nosotros ignoramos.



en el bosque

En el bosque hay un pájaro, su canto os detiene y ruboriza.

Hay un reloj que no suena.

Hay un hoyo con un nido de animales blancos.

Hay una catedral descendente y un lago ascendente.

Hay un pequeño carruaje abandonado en el soto, o bien bajando a toda prisa por el sendero, adornado con cintas.

Hay una compañia de cómicos ambulantes, vestidos para la representación, divisados en el camino por entre la li nde del bosque.

Hay siempre, en fin, cuando se tiene hambre y sed, alguien que llega y os echa de allí.

FRASES

Cuando el mundo sea reducido a un solo bosque negro para nuestros cuatro ojos atónitos, - a una playa para dos niños fieles, - a una casa musical para nuestra clara simpatía, - yo te encontraré.
Que no haya aquí abajo más que un anciano solo, calmo y hermoso, rodeado de un "lujo inaudito", - y yo estaré a tus pies.
Que yo haya cumplido todos tus recuerdos, - que yo sea aquella que sabe darte garrote, - yo te ahogaré.
Cuando somos muy fuertes, - ¿quién retrocede?, cuando estamos muy alegres, - ¿quién hace el ridículo? Cuando somos muy malvados, - ¿qué harían con nosotros? Engalanaos, bailad, reíd. - Nunca podré arrojar el Amor por la ventana.
- ¡Compañera mía, mendiga, niña monstruo!, qué poco te importan estas desdichadas y estas artimañas, y mis apuros. Únete a nosotros con tu voz imposible, ¡tu voz!, único adulador de esta vil desesperanza.



OBREROS

¡Oh aquella cálida mañana de febrero! El Sur inoportuno vino a reavivar nuestros recuerdos de indigentes absurdos, nuestra joven miseria.
Henrika vestía una falda de algodón a cuadros blancos y marrones, que debió llevarse en el siglo pasado, una cofia con cintas, y un pañuelo de seda. Aquello era mucho más triste que un duelo. Dábamos una vuelta por las afueras. El tiempo estaba nublado y aquel viento del Sur excitaba todos los infames olores de los jardines asolados y de los prados resecos.
Aquello no debía fatigar a mi mujer tanto como a mí. En un charco dejado por la inundación del mes anterior en un sendero bastante alto, me hizo reparar en unos pececillos diminutos.
La ciudad, con sus humos y sus ruidos laborales, nos seguía desde muy lejos por los caminos. ¡Oh el otro mundo, la morada bendecida por el cielo y las umbrías! El Sur me recordaba los miserables incidentes de mi infancia, mis desesperaciones estivales, la horrible cantidad de fuerza y de ciencia que el destino siempre mantuvo alejada de mí. ¡No!, no pasaremos el verano en este avaro país donde nunca seremos más que unos novios huérfanos. Quiero que este brazo endurecido deje de tirar de una querida imagen.


¡Pequeña vigilia de embriaguez, santa, aunque sólo fuera por la máscara con la que nos gratificaste! ¡Te afirmamos, método! No hemos olvidado que ayer glorificabas cada una de nuestras edades. Tenemos fe en el veneno. Sabemos dar nuestra vida entera todos los días.Voici le temps des Assassins: Este es el tiempo de los ASESINOS.

MARINA

Los carros de plata y de cobre -
Las proas de acero y de plata -
Baten la espuma, -
Alzan las cepas de las zarzas.
Las corrientes de la landa
Y las roderas inmensas del reflujo
Corren circularmente hacia el este,
Hacia los pilares del bosque, -
Hacia los fustes de la escollera,
Cuyo ángulo golpean torbellinos de luz.



VEINTE AÑOS

Las voces instructivas exiliadas... La ingenuidad física amargamente sosegada... -Adagio - ¡Ah!, el egoísmo infinito de la adolescencia, el optimismo estudioso: ¡qué lleno de flores estaba aquel verano el mundo! Las canciones y las formas agonizando... - ¡Un coro, para calmar la impotencia y la ausencia! Un coro de cristales, de melodías nocturnas... En efecto, pronto han de zozobrar los nervios.


DEMOCRACIA

"La bandera avanza hacia el paisaje inmundo, y nuestra jerga ahoga el tambor.
"En los centros alimentaremos la prostitución más cínica. Aplastaremos las revueltas lógicas.
"¡En los países de pimienta y destemplanza! - al servicio de las más monstruosas explotaciones industriales o militares.
"Adiós a los de aquí, a cualquier sitio. Reclutas de buena voluntad, nuestra filosofía será feroz; ignorantes para la ciencia, taimados para el bienestar; que reviente el mundo que avanza. Ésta es la verdadera marcha. Adelante, ¡en camino!"



"Inventé el color de las vocales ! ... Ordené la forma y el movimiento y me jactaba de haber inventado, mediante ritmos instintivos, un verbo poético accesible, un día u otro, a todos los sentidos."



LAS VOCALES



A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales,
diré algún día vuestros nacimientos latentes:
A, negro corsé velludo de las moscas brillantes
que zumban alrededor de hedores crueles,

golfos de sombra ; E, candor de los vapores y de las tiendas,
lanzas de los glaciares orgullosos, reyes blancos, escalofríos de umbelas;
I, púrpura, sangre escupida, risa de labios bellos
en la cólera o en las borracheras penitentes;

U, ciclos, vibraciones divinas de los mares verdosos,
paz de las dehesas sembradas de animales, paz de las arrugas
que la alquimia imprime en las grandes frentes estudiosas;

O, supremo clarín lleno de estridencias extrañas,
silencios atravesados por mundos y por ángeles:
-O el Omega, ¡rayo violeta de sus ojos
!



A ELLA

 
En el invierno viajaremos en un vagón de tren
con asientos azules.
Seremos felices. Habrá un nido de besos
oculto en los rincones.

Cerrarán sus ojos para no ver los gestos
en las últimas sombras,
esos monstruos huidizos, multitudes oscuras
de demonios y lobos.

Y luego en tu mejilla sentirás un rasguño...
un beso muy pequeño como una araña suave
correrá por tu cuello...

Y me dirás: «¡búscala!», reclinando tu cara
-y tardaremos mucho en hallar esa araña,
por demás indiscreta.





EL BARCO EBRIO

Mientras descendía por ríos impasibles,

sentí que los sirgadores ya no me guiaban:

pieles-rojas chillones los habían tomado por diana

tras clavarlos desnudos en postes de colores.

 

Ya no me preocupaba tripulación alguna,

portador de trigo flamenco o de algodón inglés.

Cuando aquel jaleo acabó y con el mis hmbres de sirgar,

los ríos me permitieron descender adonde yo quería.

 

En los chapoteos furiosos de las mareas,

yo, el invierno pasado, más sordo que el cerebro de un niño,

¡corrí! Y las penínsulas desamarradas

jamás experimentaron alborotos más triunfantes.

 

La tempestad bendijo mis desvelos marítimos.

Más ligero que un corcho, bailé sobre las olas

que llaman arrolladoras a sus eternas de víctimas,

durante diez noches, ¡sin añorar el ojo necio de los fanales!

 

Más dulce que, para los niños, la pulpa de las manzanas acidas,

el agua verde penetró mi casco de abeto

y me lavó las manchas de los vinos azules

y de los vómitos, dispersando las anclas y las garcias.

 

Y desde entonces me sumergí en el Poema

de la Mar, infundido por astros,  lactescente,

devorando los azures verdes; donde, como flotación pálida

y embelesada, un ahogado pensativo a veces desciende;

 

donde, tiñendo de pronto los azules, delirios

y ritmos lentos bajo las rutilaciones del día,

¡más fuertes que el alcohol, más vastos que nuestras liras,

fermentan las rubias amarguras del amor!

 

Yo conozco los cielos que estallan en relámpagos, y las trombas

y las resacas, y las corrientes; conozco el atardecer,

el alba exaltada igual que una multitud de palomas,

¡y he visto algunas veces lo que el hombre creyó ver!

 

¡He visto el sol poniente manchado de horrores místicos,

iluminando los largos coágulos violetas,

y, semejantes a esos actores de antiguos dramas,

las olas rodando a lo lejos su batir de postigos!

 

¡Soñé la verde noche de nieves deslumbrantes,

beso lento que ascendía a los ojos de los mares,

la circulación de las savias inauditas

y el despertar azul y amarillo de los fósforos sonoros!

 

¡Seguí, durante meses enteros, igual que manadas

histéricas, el oleaje al asalto de los arrecifes,

sin pensar que los pies luminosos de las Marías

pudiesen forzar el hocico de los océanos asmáticos!

 

¡Sabed que embestí increíbles Floridas,

mezclando con las flores ojos de panteras con pieles

de hombre, arcos iris estendidos como bridas

bajo el horizonte de los mares, con glaucos tropeles!

 

¡He visto fermentar las enormes marismas, tramapas,

en cuyos juncos se pudre un Leviatán!

¡Hundimientos de aguas en medio de las bonanzas,

y las lejanías callendo en cataras hacia los abismos!

 

¡Glaciares, soles de plata, olas de nácar, cielos de brasas!

¡Horribles varaderos en el fondo de los golfos oscuros

donde las serpientes gigantes devoradas por las pilgas

caen, de los árboles retorcidos, en negros perfumes!

 

Me hubiese gustado mostrar a los niños esas doradas

del azul oleaje, esos peces de oro, esos peces cantarines.

Espumas de flores me acunaron al abandonar la rada

e inefables vientos me  alaron por instantes.

 

A veces, mártir cansado de polares zonas,

la mar cuyo sollozo atenuaba mi balanceo

izaba hacia mí sus flores sombrias de amarillas

ventosas y yo permanecía como una mujer arrodillada...

 

Casi isla, balanceando en la borda las querellas

y los excrementos de los pájaros chillones de ojos claros,

¡bogaba, mientras por mis frágiles ataduras

descendian a dormir los ahogados, reculando!

 

Yo, barco perdido bajo la cabellera de las ensenadas,

arrojado por el huracán al éter sin un pájaro,

yo, cuyo armazón ebrio de agua no hubieran rescatado

ni los Remolcadores ni los veleros de las Hansas;

 

libre, humeando, provisto de brumas violetas,

yo que perforaba el cielo enrojecido como si fuese un muro,

que llevo confitura exquisita para los buenos poetas,

líquenes de sol y azules hastios;

 

yo que corría manchado de lúnulas eléctricas,

yo, tabla loca, escoltado por negros hipocampos,

cuando los meses de julio hundían a garrotazos

los cielos ultramarinos en los ardientes embudos;

 

yo que tembaba oyendo gemir a cincuenta leguas

el celo de los Behemonts y los Maelstroms espesos,

arriando sin cesar  los azules inmoviles,

¡añoro la Europa de las viejas murallas!

 

¡He visto archipiélagos siderales e islas

cuyos cielos delirantes están abiertos al navegante!

¿Es en estas noches sin fondo donde duermes y te exilias,

oh millon de pájaros de oro, oh futuro Vigor?

 

¡Pero, en verdad, lloré demasiado! Las albas son desoladoras.

Toda luna es atroz y todo sol es amargo:

el acre amor me llenó de embriagador torpor.

¡Oh, que mi quilla estalle! ¡Que me hunda en el mar!

 

Si algún agua deseo de Europa es la charca

negra y fría donde, hacia el crepúsculo ungido,

un niño, en cuclillas, lleno de tristezas, suelta

un barco frágil como una mariposa de mayo.

 

Ya no puedo, bañando por vuestra languidez, olas,

seguir la estela de los cargueros de algodón

ni atravesar el orgullo de las banderas y los gallardetes

ni nadar bajo los ojos horrilbles de los pontones.

(version a partir de la traduccion de Anibal Nuñez)


SOL Y CARNE

¡Si volviera el tiempo, el tiempo que fue!
Porque el hombre ha terminado, el hombre
representó ya todos sus papeles.
En el gran día, fatigado de romper los ídolos,
resucitará, libre de todos sus dioses,
y, como es del cielo, escrutará los cielos.
El ideal, el pensamiento invencible, eterno,
todo el dios que vive bajo su arcilla carnal
se alzará, se alzará, arderá bajo su frente.
Y cuando le veas sondear el inmenso horizonte,
vencedor de los viejos yugos, libre de todo miedo,
te acercarás a darle la santa redención.
Espléndida, radiante, del seno de los mares,
tú surgirás, derramando sobre el Universo
con sonrisa infinita el amor infinito,
el mundo vibrará como una inmensa lira
bajo el estremecimiento de un beso inmenso…

El mundo tiene sed de amor: tú la apaciguarás,
¡oh esplendor de la carne! , ¡oh esplendor ideal
¡Oh renuevo de amor, triunfal aurora
en la que doblegando a sus pies los dioses y los héroes,
la blanca Calpigia y el pequeño Eros cubiertos con
nieve de las rosas
las mujeres y las flores su bellos pies cerrados!

Versión de L.S.


LOS CUERVOS
Señor, cuando se hielan

los prados; cuando en las aldeas asoladas

se han callado los ángelus...

sobre la naturaleza defoliada

haz que desciendan de los cielos

los deliciosos, los queridos cuervos.

 

Extraño ejército de severos gritos.

los vientos fríos atacan vuestros nidos.

A lo largo de los ríos amarillos,

en los caminos de los viejos

calvarios, en las fosas y trincheras,

¡dispersaros! ¡Juntaros!

 

Por millares, en los campos de Francia,

donde duermen los muertos

de antes de ayer, ¡dad vueltas y más vueltas

en el invierno para que recapacito todo transeúnte!

¡Sé, pues, el pregonero del deber,

oh, nuestro fúnebre pájaro negro!

 

Pero, santos del cielo en las alturas de los robles

(perdidos mástiles en la noche encantada),

dejad los ruiseñores de mayo para aquellos

que, en el fondo del bosque y en la hierba

de donde no se puede huir, ha encadenado

la derrota prevista.



EL MAL


Mientras los escupitajos rojos de la metralla
silban todo el día en el infinito del cielo azul;
mientras escarlatas o verdes, junto al rey burlón
se desploman en masa los batallones bajo el fuego;

mientras una espantosa locura machaca
y hace de cien millares de hombres una pila humeante
- ¡Pobres Muertos!, en el verano, en la yerba, en tu alegría,
¡Oh, Naturaleza!, tú que hiciste a estos hombres santamente-,

Hay un Dios que se ríe de las telas adamascadas
de los altares, del incienso, de los grandes cálices de oro;
un Dios que con el balanceo de los hossanas se duerme

y sólo se despierta cuando algunas madres, recogidas
en su angustia y llorando bajo su vieja toca negra,
le dan una perra gorda liada en su pañuelo.


ORACION DE LA TARDE
Como a un ángel que afeitan, vivo siempre sentado,

empuñando algún vaso de profundas estrías;
doblado el hipogastrio, miro cómo han zarpado
del puerto de mi pipa tenues espirales...

Cual cálida inmundicia que un palomar ha hollado,
me abrasan dulcemente múltiples fantasías
y es mi corazón triste, árbol ensangrentado
por las amarillentas resinas doradas y sombrías.

Cuando agoto mis sueños de bebedor asiduo
de cuarenta cuartillos, sin ningún sobresalto
me recojo y expulso el ácido residuo.

Tierno como el Señor del cedro y los hisopos,
meo hacia el cielo oscuro, muy lejos y muy alto,
con venia y beneplácito de los heliotropos.



SUEÑO PARA EL INVIERNO


A ella

En el invierno iremos en un vagoncito rosa
con almohadones azules.
Estaremos bien. Un nido de besos locos reposa
en cada una de las blandas esquinas.

Cerrarás los ojos para no ver a través del cristal
hacer señas las sombras de la noche;
esas ariscas monstruosidades, populacho 
de negros lobos y negros demonios. 

Después sentirás tu mejilla rozada.
Un leve beso, como una loca araña,
te correrá por el cuello.

Y me dirás: «Busca», inclinando la cabeza;
y dedicaremos nuestro tiempo a encontrar 
ese animalito que viaja mucho.



Juventud con pereza
a todo sometida,
por delicadeza
perdí hasta mi vida.
¡Que venga el tiempo donde
los corazones se corresponden!

Me dije: ¡ya deja!,
que no puedan mirarte:
y sin la promesa
de dichas gigantes.
¡Que no puedan pararte,
del retiro apartarte!

Esperé tanto tiempo,
que ahora sólo olvido;
temores, sufrimientos
al cielo se han ido.
La sed malsana llena
y oscurece mis venas.

Así la pradera
que al olvido engaña,
crecida y florida
de incienso y cizaña,
en la melodía hosca
de cien sucias moscas.

¡Ah! Las mil viudeces
del alma sufridora,
que no tiene más preces
que a Nuestra Señora!
¿Quién reza en su agonía
a la virgen María?

Juventud con pereza
a todo sometida,
por delicadeza
perdí hasta mi vida.
¡Que venga el tiempo donde
los corazones se corresponden!

Mi triste corazón babea a popa,
mi corazón lleno de caporal:
le escupen cucharadas de sopa,
mi triste corazón babea a popa:
entre las burlas de la tropa
que suelta una risa general,
mi triste corazón babea a popa,
mi corazón lleno de caporal.

Itifálicos y soldadescos,
sus insultos lo han depravado.
Por la tarde dibujan frescos
itifálicos y soldadescos.
Oleajes abracadabrantescos
tomen mi corazón, que sea salvado.
itifálicos y soldadescos,
¡sus insultos lo han depravado!

Cuando sus chicotes hayan concluido,
¿cómo actuar oh corazón robado?
Se oirán báquicos estribillos,
cuando sus chicotes hayan concluido
tendré estomacales desvaríos:
si mi triste corazón es humillado:
cuando sus chicotes hayan concluido,
¿cómo actuar oh corazón robado?

(Itifalicos: Con el falo erecto, empalmados).

Picados de viruelas, cubiertos de verrugas,
con sus verdes ojeras, sus dedos sarmentosos,
la coronilla ornada de costras y de arrugas
cual las eflorescencias de los muros ruinosos.

En idilio epiléptico han logrado injertar
su osamenta a los grandes esqueletos oscuros
de las sillas; ni un día han podido apartar
los pies de los barrotes raquíticos y duros.

Con el temblor doliente de sapos que tiritan,
los vejetes están al asiento trenzados,
junto al balcón en donde las nieves se marchitan
o entra el sol que los pone tan apergaminados.

Y con ellos los sórdidos sillones condescienden;
cede la paja sucia cuando alguno se sienta;
las almas de los idos días de sol se encienden
en las trenzas de espigas donde el grano fermenta.

Y sus dedos pianistas van ensayando a solas,
debajo del asiento, redobles de tambor,
mientras oyen gotear las tristes barcarolas
y sus chollas oscilan con balances de amor.

¡No hagáis que se levanten! Sucede algo espantoso;
se yerguen y enfurruñan cual gatos acosados,
y entreabre sus omóplatos el berrinche rabioso
que infla sus pantalones con frunces ahuecados.

En la paredes dan son sus cabezas mondas
y arrastran los torcidos monstruosos piececillos.
Llevan unos botones como pupilas hondas
que fascinan las nuestras en los negros pasillos.

Invisible, su mano se complace, homicida.
Se filtra en su mirada el veneno feroz
de los ojos pacientes de la perra tundida,
y trasudamos, víctimas en el aprieto atroz.

Se vuelven a sentar; con los puños crispados
piensan en los que llegan y el reposo les quitan,
y bajo los mentones secos y desmedrados
los racimos de amígdalas se inflaman y se agitan.

Y al cerrar sus viseras el austero letargo,
en el ensueño abrasan sillas embarazadas
y ven proles o crías de asientos a lo largo
de mesas de despacho por ellas rodeadas.

Flores de tinta escupen comas igual que células
de polen, y los mecen tiernas y acurrucadas,
cual fila de gladiolos a un vuelo de libélulas
- y excítanles el pene espigas aristadas.

 
El angelote maldito
Techos azules y puertas blancas
como en domingos nocturnos;

al final de la ciudad callada
la Calle es blanca, y cae la noche.

La calle acoge casas extrañas
con persianas llenas de Ángeles.

ero, en dirección a un hito, acude
de pronto, transido y travieso,

Un Angelote negro y dudoso,
tras haber comido demasiada yuyuba.

Se hace caca, y luego se esfuma:
¡pero su maldita caca parece,

bajo la santa luna vacante,
una leve cloaca de sangre inmunda!


¡la hemos vuelto a hallar!

Arthur Rimbaud

¡La hemos vuelto a hallar!
¿Qué?, la Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.

Alma mía eterna,
cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.

Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según..

Nunca la esperanza,
no hay oriente.
Ciencia y paciencia.
El suplicio es seguro.

Ya no hay mañana,
brasas de satén,
vuestro ardor
es el deber.

¡La hemos vuelto a hallar!
-¿Qué?- -La Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.
Versión de Umberto Toso


EL BAILE DE LOS AHORCADOS

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.

¡Monseñor Belzebú tira de la corbata
de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,
y al darles en la frente un buen zapatillazo
les obliga a bailar ritmos de Villancico!

Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados ,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.

¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza ,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!

¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta!
Todos se han despojado de su sayo de piel:
lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.
En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.

El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen, cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.

¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno…

¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes
que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos,
un rosario de amor por sus pálidas vértebras:
¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio! .

Y de pronto, en el centro de esta danza macabra
brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,
llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita
y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,

crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje
con gritos que recuerdan atroces carcajadas,
y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,
vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.



MÍSTICO
En la pendiente del terraplén, los ángeles
cambian sus túnicas de lana en los pastos de acero
y de esmeralda.
Prados de llamas saltan hasta la cima del
Mamelón. A la izquierda, la tierra del borde está pisoteada
Por todos los homicidios y todas las batallas, y todos
Los ruidos desastrosos siguen su curva. Detrás del borde
De la derecha, la línea de los orientes, de los
Progresos.
Y, mientras, la franja superior del tablero está
Formada por el rumor giratorio y saltante de las caracolas
Marinas y de las noches humanas.
La dulzura florida de las estrellas y del cielo y de todo
lo demás desciende ante el terraplén, como una cesta
-contra nuestro rostro-, y forma el abismo
fragante y azul allá abajo.


el sueño de bismark

Más allá de que el texto sea bueno o no, recuerda el espíritu del adolescente Rimbaud que simpatizó con la Comuna.

Es el atardecer. Bajo su tienda de campaña, lleno de silencio y de sueño, Bismarck, un sueño sobre el mapa de Francia, medita. De su inmensa pipa escapa un hilillo azul.
Bismarck medita. Su pequeño índice ganchudo anda, sobre el papel vitela, del Rhin al Mosela, del Mosela al Sena. Imperceptiblemente con la uña rasga el papel alrededor de Estrasburgo: pasa más allá.
En Sarrebruck, en Wissembourg, en Woerth, en Sedán, tiembla, el dedito ganchudo: acaricia Nancy, rasguña Bitche y Phalsbourg, raya Metz, traza sobre las fronteras pequeñas líneas quebradas –y se detiene...
¡Bismarck ha cubierto triunfante con su índice la Alsacia y la Lorraine ! ¡Oh! ¡Qué delirios de avaro bajo su cráneo amarillo! ¡Qué deliciosas nubes de humo exhala su pipa venturosa!... Bismarck medita. ¡Vaya! Un grueso punto negro para detener el índice bullicioso. Es París. Entonces, la uñita malvada, raya, raya el papel, aquí y allá, rabioso, al fin, por detenerse... El dedo queda allí, mitad plegado, inmóvil.
¡París, París! El buen hombre ha soñado tanto con los ojos abiertos que la somnolencia se apodera de él: su frente se inclina hacia el papel. Maquinalmente, la hornilla de la pipa escapa de sus labios y cae sobre el innoble punto negro...
¡Huy! Povero. Abandonando su pobre cabeza, su nariz, la nariz de M. Otto de Bismarck se ha hundido en la hornilla ardiente... ¡Huy! ¡Povero! ¡Va povero! En la hornilla incandescente de la pipa... ¡Huy! ¡Povero! El índice está sobre París... ¡Terminado el sueño glorioso!
¡Esta nariz del viejo primer canciller era tan fina, tan espiritual, tan feliz! ¡Escondan, escondan esta nariz!...
Y bien, querido mío, cuando, para compartir el plato de col fermentada real, usted entre de nuevo a palacio
(líneas faltantes)
¡Y he allí! ¡Habría que soñar despierto!

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