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Antonio Beltrán Martínez


Antonio Beltrán Martínez (Sariñena, Huesca, 1916 - Zaragoza, 29 de abril de 2006), profesor y cronista oficial de la ciudad de Zaragoza desde 1998 hasta su fallecimiento, fue catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza. Entre otros reconocimientos, fue Medalla de las Cortes de Aragón e Hijo Predilecto y Medalla de Oro de Zaragoza.
Científico español de acreditado prestigio, Catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, hombre una profunda erudición ha sido el primer científico que ha estudiado el Grial desde el punto de vista arqueológico.

El primer estudio científico sobre el cáliz de Valencia, lo realizó el catedrático Antonio Beltrán, en tiempos del obispo Marcelino Olaechea, en el año 1960, llegando a la conclusión que el cáliz que se conserva en Valencia corresponde a una piedra de oriente medio, tallada en un taller oriental, y que es de la época de Jesucristo. 

Hasta el momento, el único estudio de la pieza que existe de este tipo lo realizó hace cincuenta años el catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza Antonio Beltrán (MÁS ALLÁ 194), quien concluyó que el aspecto inicial del cáliz valenciano era muy diferente al actual, ya que el pie, las asas y la vara de unión se añadieron tiempo después a la copa superior, la verdadera reliquia, datada entre los siglos IV a.C. y I de nuestra era y labrada en un taller oriental de Egipto, de Siria o de la propia Palestina, por lo que pudo estar en la mesa de la Santa Cena.
Asimismo, el arqueólogo y también catedrático de esta misma universidad Manuel Martín considera que las conclusiones de Beltrán todavía son válidas: "La química analítica y la física nos permiten realizar un examen de la materia inorgánica que determina la cantera de la que fue extraída la piedra. Lo que nunca podremos precisar es la fecha exacta en que esa piedra pasó a ser cáliz porque no se puede emplear la prueba del carbono 14 al no tratarse de un cuerpo orgánico, ni tampoco si este fue realmente utilizado por Jesús. Si la tecnología fuera más avanzada, podríamos conseguir un margen más estrecho, eso es lo único".

En 1960, Don Antonio Beltrán publicó los resultados de su investigación arqueológica –un estudio de extraordinaria importancia para la acreditación de la reliquia– en un libro titulado “El Santo Cáliz de la Catedral de Valencia“. En 1984 publicaría una segunda edición corregida y aumentada (Imp. Nacher, Valencia 1984, 2ª edición).

La investigación empezó en los años 50 del pasado siglo, cuando el entonces Arzobispo de Valencia, Don Marcelino Olaechea, encargó a D. Antonio Beltrán, entonces catedrático de arqueología en la Universidad de Valencia, un estudio sobre el Santo Cáliz. El profesor, que había estado en la cárcel después de la Guerra Civil y no era una persona especialmente piadosa, se negó en un principio alegando que para poder hacerlo necesitaría una autorización para manipular, tocar y desmontar una pieza que tenía su culto y esos requisitos eran imprescindibles para la investigación. Además, el tenía muchas dudas que esta fuera la copa que usó Jesucristo en la última Cena y quería saber que pasaría si esto se demostrara. Don Marcelino entonces le autorizó a desmontar la pieza, pues era precisamente lo que quería se hiciera, y se encargó  él mismo de dar el resultado de la investigación, caso saliera negativo. Don Antonio nos declaró literalmente que “se había quedado enamorado del talante intelectual del arzobispo” y que precisamente eso le hizo involucrarse totalmente en el estudio de la reliquia.

Es de destacar, ante todo, que el profesor Beltrán consultó con especialistas en copas romanas tanto de Italia como de Inglaterra y, según nos dijo, sus conclusiones fueron refrendadas unánimemente por dichos expertos. Sin ánimo de ser exhaustivo, porque para eso existe la publicación a la que me remito, diremos que Beltrán fue la primera persona que pudo estudiar en profundidad el Cáliz y es hasta hora la única persona que ha podido desmontarlo. El interés fundamental del estudio de Beltrán consiste en haber aclarado que el Cáliz tal y como hoy lo conocemos está formado en realidad por tres partes perfectamente diferenciables.

La parte superior del cáliz, la principal, es una copa de piedra, a modo de tazón sin asas, tallada en un ágata o cornalina oriental. Es un vaso “murrino” (pulido con mirra) procedente de un taller oriental helenístico-romano, que puede datarse entre el siglo IV a.C. y el siglo I d.C., y más concretamente entre los siglos II y I a.C. Estas características le hacen perfectamente compatible con una “copa de bendición” de las que se usaban en Jerusalén para la celebración de Pascua en el primer siglo de nuestra era. En este sentido podemos afirmar que la arqueología no contradice en absoluto lo que la tradición afirma. En el museo británico de Londres, por ejemplo, se muestran dos copas muy semejantes a la copa valenciana, también talladas en piedras semipreciosas, procedentes de oriente, y que se atribuyen a la misma época. No es por tanto tan descabellado pensar, como podría pensarse a simple vista, que la parte superior del cáliz pudo haberse usado en la última cena.

La idea del profesor Beltrán está basada en un descubrimiento sorprendente realizado por él: una extraña inscripción en letra cúfica (una escritura muy primitiva, simplificada, de origen árabe, que carece de vocales) marcada con un buril sobre la piedra del pedestal. Son diversas las interpretaciones que se han realizado sobre el texto y su significado.


Beltrán lanza la idea de que dicha inscripción debería leerse “Lilzahira”, es decir “para la más floreciente”, haciendo referencia a “la ciudad floreciente” (Al Medina al Zahira), o sea, la “Medina Azahara” construida por Almanzor en el siglo X, en la actual provincia de Córdoba. Según él, la inscripción sería una marca realizada para mostrar la pertenencia a la vajilla del palacio, y no se borró al darle un nuevo destino. Sin embargo, no es la única interpretación posible y, de hecho, no se admite pacíficamente entre otros autores. Además, la inscripción no implica necesariamente la datación de la naveta: podría haberse marcado muchos siglos después por manos totalmente ajenas a las de su fabricante.

La tercera parte del Cáliz la constituye el vástago con el nudo y las asas que sirve para unir la copa principal y la naveta invertida. Ésta es la parte menos estudiada: lo que sí sabemos es que está descrita, tal y como es actualmente, en el inventario de bienes del Rey Martín fechado en 1410, así que lo podemos afirmar con total seguridad es que es anterior a dicha fecha. Toda la ornamentación de la copa constituye un exquisito trabajo de orfebrería en oro al que se han añadido perlas, esmeraldas y rubíes. Beltrán considera que el cáliz salió ya alhajado del monasterio de San Juan de la Peña y que los monjes se esforzaron en realzarlo, lo cual demuestra el valor que le atribuían, si bien es preciso advertir que no se trata de una ornamentación realizada por unos monjes aficionados. Estos adornos nos hacen pensar en una labor profesional que en su día debió tener un valor económico extraordinario.

 Los Orígenes del Grial en las leyendas artúricas por Rafael Beltran 



Antonio Beltán, catedrático de arqueología y asesor de la UNESCO, quien realizó un profundo estudio de la reliquia.

Crean un archivo sobre el Santo Grial de Valencia.

Las autoridades eclesiásticas valencianas han decido crear un archivo dedicado al Santo Cáliz que se custodia y venera en la Catedral de la capital del Turia. Una iniciativa sin precedentes que pondrá a disposición de curiosos e investigadores toda la información existente sobre el cáliz sagrado. En sus dependencias se podrá consultar toda, la documentación que se conserva sobre la pieza religiosa: desde los manuscritos que certifican la estancia de la reliquia en diferentes ciudades y sus traslados, así como bibliografía, documentales y films. Pero, sin lugar a dudas, el documento más importante al que se podrá acceder es el informe científico efectuado en 1960 por el profesor Antonio Beltrán, Catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, a petición del Arzobispo Marcelino Olaechea, y en el que se afirma textualmente: "Con respecto a su autenticidad histórica, que nada prueba la arqueología en contra, sino que, por el contrario, la apoya y confirma, puesto que conduce a la siguiente afirmación: La copa se remonta a la época comprendida entre los siglos IV a.c. y I de nuestra Era, y más concretamente, en los siglos II-I a.c., y que fue labrada en un taller oriental de Egipto, de Siria o de la propia Palestina, por lo que bien pudo estar en la mesa de la Santa Cena y pudo ser la que Jesucristo utilizó para beber, para consagrar o para ambas cosas". Una extraordinaria iniciativa que verá la luz coincidiendo con el 5O aniversario de la Cofradía del Santo Cáliz. 

Francisco Contreras. (Revista Año Cero,07-156, julio, 2003)