La silenciosa guerra de las fuentes tipográficas

NOTA: este artículo es una variante de un texto que fue publicado originalmente aquí.


Cuando se habla de «libertad» a la hora de intercambiar archivos, por obvios motivos surge el tema de ODF vs. los formatos privativos de la compañía de Redmond. Creo que sobre esto no hay mucho que agregar, salvo quizás insistir en que el pseudo estándar llamado openXML al momento carece completamente de implementación válida: el formato implementado en las últimas versiones de MSOffice no es el mismo aprobado (vergonzosamente, podrían pensar algunos) por ISO sino un «formato de transición».

Se dice (nunca se afirma) que en la versión 15 del programa del difunto Clip quizás se de soporte completo al formato OOXML en su versión ISO. Esta falta de certeza podría generar en mentes suspicaces la sospecha de que toda la historia de la aprobación por ISO de este formato no fue más que una movida «publicitaria» para hacer creer a todos que la gente de Redmond es buena y juega limpio siendo la realidad completamente diferente... pero bueno, dejemos a las mentes suspicaces con sus pensamientos conspiratorios de lado y concentrémonos en un problema más sutil, pero no por eso menos importante: las fuentes tipográficas propietarias.

Y es que si al abrir un documento en nuestro sistema las fuentes en él utilizadas no se encuentran disponibles, pues tendremos problemas de visualización los cuales pueden llegar a ser bastante complicados en ciertas circunstancias, problemas estos que representan un obstáculo (artificial) a la libre distribución de la información.

Un poco de historia

Durante años la gente ha utilizado las configuraciones por defecto de los programas que usan, o al menos unas muy semejantes a esas configuraciones. Por ello durante años todos hemos recibido documentos .doc escritos en Times New Roman o Arial y también por eso ahora esos mismos documentos nos llegan escritos en Calibri, Cambria y otros parientes.

Más allá de cualquier apreciación estética sobre el diseño de las tipografías que vienen en los productos de Redmond (a mi no me gustan), el hecho importante de destacar es que sus licencias propietarias agregan un obstáculo artificial a la libre distribución de documentos ya que sin esas fuentes (y, justamente por los problemas que podrían generar sus absurdas licencias, no encontrará el lector ningún sistema FOSS que las incluya) los documentos no podrán ser vistos tal y como el autor los concibió.

Para quienes no adquieren esos productos que distribuyen esas fuentes solo queda la opción de «conseguir» las fuentes de algún modo o bien... comprar los productos de marras.

Cuando instalar era posible

Hubo una época en la que la gente de Redmond cometió un error sutil, posiblemente porque creyeron en su soberbia que la dificultad que su licencia ofrecía podría detener cualquier intento de uso externo: dijeron que sus fuentes propietarias (times new roman, arial...) solo podían ser redistribuidas siempre y cuando se respetara el empaquetado original e incluso mantuvieron durante mucho tiempo una página desde donde descargar el dichoso paquete.

Pero sucedió entonces que alguien creó un guión que podía utilizar el programa cabextract para descomprimir el mencionado paquete de fuentes, el cual fue alojado en una página de Source Forge: significó esto que quien corriera ese guión podría legalmente instalar y utilizar las famosas fuentes no solo en otros programas sino también en otros sistemas operativos.

Como veremos más abajo, desde hace algunos años ni siquiera correr este guión es ya necesario: gracias al trabajo de la gente de Red Hat que nos han dado la familia de fuentes tipográficas Liberation disponemos de fuentes que son «métricamente compatibles» con las fuente Times New Roman (Liberation Serif), Arial (Liberation Sans), Arial Narrow (Liberation Sans Narrow) y Courier New (Liberation Mono).

Cuando instalar ya no es posible

Por supuesto, la gente de Redmond aprendió de su error y cuando decidió que era tiempo de cambiar las fuentes predefinidas en sus productos eligió una licencia más restrictiva: ningún mágico paquete cab está disponible y las fuentes no pueden ser redistribuidas de ningún modo.

Si buscan por la red, encontrarán varias guías que aconsejan que para obtener esas fuentes en Linux solamente es necesario instalar el visor de powerpoint con Wine y de esa instalación extraer las fuentes. Pero atención: hacerlo así podría ser ilegal.

De hecho, si miran en la página de descarga del mencionado producto, verán la siguiente frase:

You may use the fonts that accompany the PowerPoint Viewer only to display and print content from a device running a Microsoft Windows operating system

Es decir, el visor de powerpoint solo puede ser instalado en sistemas Windows.

Más allá de cualquier discusión sobre la validez de esta absurda imposición, la conclusión es clara: ellos nos están diciendo con su licencia (la cual aceptamos con solo descargar el paquete, incluso si no la hemos leído) que si queremos usar sus fuentes tipográficas solo podremos hacerlos a través de sus aplicaciones corriendo en su sistema operativo.

Claro, las fuentes en si mismas pueden ser adquiridas en forma independiente por precios que rondan algunas decenas de euros, por lo que si alguien las necesita para alguna aplicación particular allí están, como tantas otras fuentes tipográficas comerciales... pero en este artículo no estamos hablando de aplicaciones particulares sino de la capacidad de compartir documentos, y para ello necesitamos estándares accesibles: ya sea de formatos de archivo como de fuentes tipográficas.

Fuentes alternativas

Ya hemos mencionado a las fuentes Liberation creadas por Red Hat. Estas fuentes son «métricamente compatibles» con las core fonts por lo que si en lugar de Times New Roman usamos Liberation Serif el documento se verá exactamente igual.

Estas fuentes están instaladas en todo sistema Linux del cual tengo noticias, y son distribuidas en otros sistemas con las todas las versiones de OOo / LibO.

De hecho, al abrir un archivo estos programas automáticamente remplazan las fuentes propietarias con las libres cuando las primeras no están disponibles en el sistema. Por lo tanto, si recibimos un documento escrito en Times New Roman o Arial pues no tendremos nada más que hacer ya que el sistema se encargará de todo por sí solo.

Incluso si necesitamos enviar un documento listo para ser editado a un sistema que no cuente con fuentes libres no tendremos problema: dado que Writer reemplazará las fuentes propietarias por su equivalente en la familia Liberation, solo tendremos que escribir Times New Roman o Arial en la casilla del nombre de la fuente para que todo funcione correctamente.

Pero claro, este reemplazo automático solo funciona con Times New Roman, Arial, Arial Narrow y Courier New, ¿qué hacer con las otras fuentes?

Herramientas → Opciones → OpenOffice.org/LibreOffice → Fuentes → marcar «Aplicar tabla de sustituciones» y definir qué fuente reemplazar con cuál.

Conclusiones

«Muy bien, muchacho listo» oigo decir a mis lectores, «esto último que has escrito me dice qué hacer si tengo una fuente alternativa pero no me dice cuál es esa fuente alternativa».

Y es que, al menos que yo conozca, esa fuente perfectamente alternativa a Calibri, o a Cambria, o a... aún no existe.

¿Y entonces? Odiaría utilizar la palabra «luchar» para cosas como esta (para muchos oídos es este un verbo naïf con connotaciones negativas) por lo que en las siguientes líneas intentaré buscar una alternativa...

No es este un problema que me afecte personalmente: más allá de algún .pps que llega a mi cuenta de correo, no tengo que interactuar con los resultados de los productos Redmond (dejando de lado la BIOS, los únicos software propietarios de mi computador son el flash player y skype...) ya que de hecho cuando debo enviar algún documento lo hago siempre en PDF, el cual incluye las fuentes por mi elegidas y se ve bien en cualquier sistema del planeta.

Pero para mucha gente (estudiantes, empleados, gente que necesita intercambiar archivos con personas no siempre dispuestas a probar cosas nuevas) es una verdadera molestia.

Lo ideal para solucionar este tipo de problemas es ir «de arriba a abajo», pero dado que los gobiernos están un tanto lentos a responder a todas estas estrategias de captura de clientes (formatos de archivo cerrados, fuentes no disponibles en otros sistemas, incompatibilidades artificiales...) pues tendremos que recorrer el camino opuesto: no utilizar fuentes no estándar, y si se recibe un documento con esas fuentes intentar explicar a quien lo ha enviado que es mejor cambiar o al menos utilizar un PDF.

Después de todo existen muchísimas fuentes tipográficas de altísima calidad que son verdaderamente libres (la familia Libertine y sus derivados Graphite, las GNU FreeFonts, Junicode, Cardo, ciertas fuentes con tecnología Graphite de las que he hablado en otra parte...), ¿porqué complicarse con otras cosas?

En fin, recomendar, explicar, mostrar (siempre con altura: lo peor que podemos hacer es menospreciar a la gente a la que nos dirigimos) las ventajas de usar alternativas libres.

Esta última frase es un poco más larga, pero ciertamente suena mejor que «luchar» y de hecho podría dar mejores resultados.


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