La herramienta justa

Este artículo es una corrección de otro originalmente publicado aquí.

Existe una triste tendencia de pedir que un programa nos haga todo. Podríamos llamar a esta tendencia el «síndrome MacGyver» o de «la navaja del ejercito suizo» y consiste en, por ejemplo, querer que un procesador de textos pueda editar documentos PDF, o que sea capaz de realizar dibujos complejos, o...
Si bien en teoría es un concepto interesante, este síndrome tiene la potencialidad de arrastrarnos hacia absurdos como el de la siguiente imagen (un producto real que alguna vez apareció en comercio):

El objeto es hasta agradable a la vista, pero con el afán de querer tener «todo en un único lugar» ¿cómo se hace para cortar la carne sin sostenerla? ¿cómo hacemos para comer las legumbres sin ensuciarnos con la sopa que tomamos en la entrada? ¿cómo logramos sostener el engendro sin cortarnos con el cuchillo?...

Como usuario Linux desde hace muchos años tengo bien incorporado el concepto de que una aplicación debe «realizar una tarea, pero realizarla bien».
Por ejemplo, si bien existen extensiones para LibO/AOO que permiten cosas como insertar ecuaciones LaTeX o notación musical a través de LilyPond, creo que cada tarea debe realizarse con la aplicación apropiada en lugar de mezclar todo en un único lugar. Y es que insertar todos estos agregados nos dará documentos llenos de objetos que harán más lento el programa, más inestable, el formato será más difícil de administrar... en fin, que la «solución» agrega más problemas que los que teníamos en un principio.
Si Math no es suficiente (y es fácil que no lo sea) pues es momento de pensar en utilizar el magnífico LyX como interfaz de LaTeX/XeTeX.
Si necesitamos crear una partitura musical, es mejor considerar una herramienta específica como puede ser LilyPond o el fantástico Musescore.

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Usar la herramienta justa para el trabajo siempre nos ahorrará dolores de cabeza.
Ahora bien, es necesario admitir que esta eficiente separación de tareas puede también traer sus inconvenientes. Por ejemplo, ¿qué hacer si necesitamos un libro donde se intercalan páginas de texto (por ejemplo, detalladas biografía de autores) con páginas de partituras (las composiciones de esos autores)? ¿Se justificaría allí tener una herramienta que haga todo más o menos bien en lugar de varias herramientas que hagan las cosas perfectamente pero por separado?
No.
Writer puede exportar magníficos archivos PDF. Musescore puede exportar magníficos archivos PDF.
Lo único que nos falta es una herramienta que nos permita unir esos archivos PDF convenientemente.
pdftk es una librería que ofrece herramientas de línea de comando para trabajar con documentos PDF, cortándolos, uniéndolos... lo que se necesite, mientras que pdftk-qgui es una interfaz gráfica para esas librerías muy simple de utilizar.

En resumen: planear bien el trabajo, realizar cada una de sus partes con la herramienta apropiada y luego reunir todo al final es siempre la mejor opción.

Afortunadamente con esta paranoia de los «smart phone» la gente se está acostumbrando (¡finalmente!) a utilizar aplicaciones pequeñas que realizan pocas tareas, o incluso solo una, por lo que es de esperar que el síndrome MacGyver desaparezca lentamente, o al menos resulte atenuado.

Eso sí, esperemos que esto no degenere en una nueva paranoia, la del «minimalismo» donde es casi imposible hacer algo ya que las herramientas disponibles son demasiado simples...