Las máscaras de los Diablos Danzantes de Yare de Corpus Christi


Por: Shalo Smith Olaya

San Francisco de Yare-Venezuela

Fotos: Shalo Smith Olaya

Shalo Smith es un artista plástico que estudia Antropología en la Universidad Externado de Colombia de Bogotá. Es un venezolano que vive en el país  desde hace ocho años. El texto que publicamos a continuación es el primer capítulo de su tesis de grado, una investigación sobre las Máscaras de los Diablos Danzantes de Yare. Un viaje que lo llevó a encontrarse con sus ancestros, a mirar con otros ojos su cultura.  Antropología literaria.

Encuentro con los ancestros en dominio colombiano y el retorno a Venezuela con las máscaras de los diablos danzantes

 

Tras años de rebuscar, de escudriñar sin un propósito tangible. Con la vena y el talento artístico desbordante, perseverante. Las ganas de expresarse se tornaron en un viaje que me llevó hasta Colombia. La tierra de mis ancestros maternos. Mis abuelos. Ellos  se apoderaron de mí y yo los enaltecía, los profanaba al mismo tiempo. El recorrido por algunas zonas de Colombia (Putumayo, La Sierra Nevada y la Guajira) marcó la estancia terminantemente. Los viajes no sólo fueron físicos, el espíritu de los chamanes y las plantas medicinales me trasladaron hasta el cordón umbilical con la madre tierra. Casi una iniciación en el mundo de los más sabios y poderosos. Allá vi los ancestros.

 

El universo de la transformación se había abierto para mí. Otro mundo que contenía significados sublimes, indescifrables muchas veces. Un viaje mágico y aventurado se había iniciado. Después de esta experiencia no sería el mismo de antes. No lo presagiaba. Estaba convencido de que seguramente realizaría un trabajo pictórico y cambiaría de tema más tarde. La antropología apareció súbitamente en esta búsqueda de manera irrevocable. El proyecto de vida había sufrido una mutación,  dejó de ser sólo un proyecto de arte para convertirse en una investigación interdisciplinaria. En una búsqueda llena de incertidumbres.

 

Hace 5 años atrás ya me había topado con el tema de las máscaras. Los ancestros, el punto de encuentro con la máscara a escala global. Sin embargo, la idea como un proyecto de investigación no se cristalizó formalmente, sino hasta entrado el tercer semestre de mi pregrado de antropología.

 

Después decidí realizar una investigación sobre las máscaras de América Latina y del Caribe como mi tesis de grado y pensé en pocas opciones debido a mi desconocimiento. Pero de cualquier forma me abalancé sobre el mismo.

 

Hoy la tesis de grado es una línea de investigación que abordará un primer objetivo: Las Máscaras de los Diablos Danzantes de Yare.

 

Después de dos años de no haber ido a Venezuela el hecho estaba inscribiéndose. El retorno.  Previo a la partida, se realizó un acuerdo con la Universidad Externado de Colombia, donde curso mi pregrado de Antropología. Con la decanatura de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades y el Bienestar Universitario. Tuve que saldar el seminario disciplinar estructuralismo en Antropología y algunas otras materias de transito, para poder avanzar hacia Caracas. Adelantar la entrega de algunos trabajos finales. Gestioné el dinero para el trabajo de campo junto con la doctora Lucero Zamudio. Sortear entre lo inesperado y lo planeado. Más dudoso y asustadizo que de costumbre. Me esperaba lo desconocido. Pero yo insistente necesitaba y ansiaba emprender la aventura.

 

El 27 de mayo la salida vía Caracas desde Bogotá estaba presto. Mi esposa y mis dos hijas Luna y Sol. A las 4:30 de la tarde, llegamos a la cuidad de la Guaira Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía a la 5:45p.m. (Hora de Venezuela).

 

La estadía fue familiar. Mi abuela y gran parte de mi familia materna y paterna residen en la ciudad de Caracas; lo que me permitió encontrar una Caracas llena de posibilidades para mi trabajo de campo.

 

El 2 de Junio me dediqué a confirmar algunas direcciones y teléfonos de personas e instituciones relacionadas con mi tema de investigación o que al menos tenía alguna relación al respecto. Entre las más importantes estaba la Fundación de Etnomusicología Folklore (FUNDEF). Institución que investiga, conserva y colecciona las artesanías, etnografías, instrumentos musicales, grabaciones de todas las fiestas y celebraciones tradicionales y la musicalidad de la variedad de culturas de los pueblos de Venezuela, América Latina y el Caribe.

 

El primer contacto que se hizo con dicha fundación fue por medio de la Dirección Nacional de Artesanía (DINAR). Se planteó una primera cita con la directora de la institución, Heufife Carrasco, para el día 6 junio.

 

Otras instituciones con la que me contacté fueron el Fondo para la Promoción Mirandina de Turismo (FONPROMITUR) y la Corporación Mirandina de Turismo COORPROMITUR.

 

En FONPROMITUR  me entrevisté con el Director Ejecutivo, José Miguel Pérez Olarte, con quién intercambiamos algunos datos sobre la fecha de inicio de la festividad del Corpus Christi en San Francisco de Yare. Me facilitó algunas direcciones y teléfonos de algunos miembros de la cofradía de los Diablos Danzantes de Yare: Douglas Rivas (presidente de la cofradía), Manuel  “Mocho” Sanoja y familia (artesano fabricante de máscaras) y otra familia de artesanos Los Morgado. Además, ofreció un puesto de regreso para el día jueves 10 junio (día de Corpus) después de la 4:30 p.m. desde San Francisco de Yare hacia la ciudad de Caracas, lo que incluía un agasajo para algunas personalidades que acudieron a la institución para asistir a la celebración del Corpus Christi.

 

Días previos a la festividad de Corpus decidí avocarme a la consecución del equipo de grabación y registro fotográfico: cámara de video digital HI 8 y  cámara fotográfica digital; tal equipo se obtuvo por medio de Shirley Smith y el Teniente Coronel Rafael Pérez y la Sra. Ingrid Isea (mi suegra) quien proporcionó la cámara fotográfica. El apoyo de la familia había sido fundamental, sin ellos probablemente mucho de lo que se logró hubiese sido una frustración.

 

Mi primera visita a San Francisco de Yare fue el 8 de junio. Mi papá, después de haber dudado, decidió acompañarme. La salida ameritaba trasladarse desde la ciudad de Caracas hasta la población de San Francisco de Yare, lo que incluía un desplazamiento desde San Bernardino a la estación del Metro de Bellas Artes - La Hoyada, de allí al terminal de pasajeros de la Hoyada, donde debíamos tomar un carrito hasta los Valles del Tuy, ubicados a 500 metros sobre el nivel del mar, al sur occidente del país, en el Estado Miranda.

 

Después tomamos  un transporte adicional hasta la población de San Francisco de Yare. Todo este trayecto nos tomaría unas 2 horas y media,  aproximadamente. Nuestro arribo a la citada población fue a la 10:45 a.m.

 

La Primera Imagen De Yare

 

8 de junio

Estamos en la Plaza de Bolívar. El piso es de piedras grandes y bien fijadas al suelo. Hay  árboles frondosos y altos, de un verde vivo pero no estos no son tan altos como para competir con la prominencia de la Iglesia, blanca con dos entradas y dos puertas de madera, una por la parte principal y otra por la lateral que colinda con las calles cardinales de acceso y salida al municipio. El santuario es el templo sagrado de la religión católica. En el Evangelio de San Mateo 16 : 13-20 Jesús declara: "Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia." Él no quiso un grupo de creyentes subsistiendo aislados o como ovejas sin Pastor. [1] Según dicho ene. Evangelio, Jesús le otorgó a Pedro el poder para edificar el templo sagrado; sin embargo, la Iglesia católica como tal se edificó en el siglo VI. De allí en adelante su expansión se prolongó hasta la plaza de San Francisco de Yare.

 

Desde la perspectiva en la que me hallaba, entrando al pueblo, hacia el lado izquierdo, se veía una gran máscara de un diablo (que para los habitantes parecía no ser tan grande, ni tan colorida, solo estaba allí como parte del paisaje) con aspecto de animal bovino, pero con colmillos blancos bastante aguzados, con la boca abierta y una lengua verde profunda, predominaba el azul celeste o cielo de fondo. El borde de los labios de color rojo, con algunos arabescos que prefiguran los pómulos y la nariz de anaranjado. En la frente una especie de tercer ojo con el centro verde esmeralda. Los ojos extendidos y dilatados, un pequeño reborde amarillo otro anaranjado y el centro blanco. A la altura de los cachetes, pero en la parte posterior, aletas de dragón. En la parte superior de la cabeza otra llamarada amarilla y dos prominentes cachos, en la raíz de negro, con terminación de flama, en el centro amarillo y en la punta rojo fuego. Una valla o especie de anuncio publicitario: Bienvenidos a San Francisco de Yare, Municipio Simón Bolívar, Tierra de los Diablos Danzantes de Yare.  

 

Gran máscara de bienvenida

                

No había mucha gente en la plaza central, lo que contrastaría dramáticamente con el día siguiente, la actividad principal sentarse a conversar leer un periódico o tomarse un café. Personas mayores, algunos transeúntes de variado sexo y edad, pocos niños.

 

Estuve por unos minutos en una esquina de espaldas a la iglesia que se encontraba diametralmente opuesta a la máscara gigantesca que quedaba del lado enfrentado. Compré y comí unas empanadas de carne mechada y una malta Polar, la marca más famosa y probablemente la más consumida en todo el país.  Al ver la primera imagen de la plaza pude determinar la estructura principal del pueblo, dos calles centrales y el templo principal.

 

Al bajar por una de las calles centrales, a mitad de camino me encontré con una casa de una planta, pintada de rojo y con una placa en la parte superior de la puerta principal: Casa Cultural de los Diablos Danzantes de Yare. Entré, quedé inmerso en el universo de los diablos yarenses. Se aglutinaban algunas personas  en el cuarto que parecía ser de recepción. Había ropajes rojos, blancos y satinados puestos inadvertidamente sobre un escritorio. Una señora sacudía impetuosamente otra falda roja. Un niño ajustaba sus alpargatas para la faena del día de corpus.

 

En las paredes pendían algunas máscaras de diablos que eran veteranas, casi reliquias, otras más contemporáneas, afiches y fotografías, casi un museo. Un lugar para la exhibición de objetos preciosos. El color rojo, blanco y negro era predominante. Y el diablo parecía poseer el espacio. Nada tenebroso muy carnestolesco. A la primera persona que me dirigí al entrar fue casualmente al capataz de la cofradía de los diablos danzantes.  Con él conversé sobre mi objetivo de investigación y le hicimos un primer esbozo sobre mi inquietud. Le presenté la carta traída de la Universidad Externado de Colombia. Él se dispuso a realizar algunas preguntas sobre nosotros y nuestra procedencia. Después, se tomó un café  y nos invitó a conocer algunas máscaras que estaban en un cuarto contiguo. Así nos hizo algunas recomendaciones para iniciar nuestro documental, matizando que debería acercarme a los artesanos de la comunidad, afirmando que si mi interés eran las máscaras ellos podían compartir sus conocimientos conmigo.

 

Cuando terminó sus recomendaciones nos estimuló inmediatamente a  ir a la casa de Los Morgado. A una cuadra de la casa de los diablos, encontramos una vivienda con aspecto de taller artesanal. Incluso, en el patio de la entrada había una mesa con algunas de las artesanías que la familia confeccionaba, entre las que se destacaban las máscaras de distintos tamaños y colores, y motivos; llaveros, camisetas, pisapapeles, marca libros. Desde la ventana del segundo piso, una señora nos dijo que estaban bastante ocupados. Nos invitaron a venir al siguiente día entre la 9  y 10 a.m.

 

Primer Capataz de la cofradía de los Diablos Danzantes de Yare

 

Me dirigí a la plaza principal de nuevo. Allí conseguí hablar con varias personas, habitantes, algunos oriundos de la población que habían llegado hace mucho tiempo. Recogí impresiones sobre como era el pueblo normalmente y cómo cambiaba todo cuando llegaban estos días de fiesta. Ya se veían instalados algunas pancartas de venta licor, de cerveza: Bhrama y Polar, las más conocidas y consumidas; nos comentaron que la Bhrama hace tiempo donó un dinero para que se restaurara la iglesia y  son los “patrocinantes oficiales” de la festividad.

 

El hambre azotaba mi estómago insistentemente. Fui en busca de un  almuerzo suculento, bien sazonado y cocido: Asado Negro, un plato típico venezolano. Entre tanto mi papá, había decidido quedarse en la plaza, leer el periódico, tomarse una cerveza y cuando también tuvo ganas me acompaño a comer, mientras se quejaba del calor y un fuerte dolor en la planta de los pies.

 

Al final de la tarde después de haber tenido el primer contacto, decidí que debía regresar a Caracas. Al día siguiente iniciaba el Corpus Christi y los preparativos estaban a pedir de boca. Yo me sentía muy ansioso. No había logrado tener ningún encuentro con artesanos, ni tocar máscara alguna. Ni siquiera podía presentir que entre el bullicio y los diablos mi destino quedaría signado por la experiencia conmemorativa y el fervor religioso incansable.

 

La Roja y Rebelde Danza de los Diablos Danzantes de Yare

 9 junio

Llegué a la 9:30 a.m. acompañado por mi papá  y mi esposa, quienes con el pasar de los minutos se vieron entregados a la fiesta. Confundidos entre las personas, perdí su rastro hasta horas más tarde. Al principio pensé que ellos podrían ayudarme a controlar los equipos que llevaba conmigo, la cámara fotográfica y de video. Las cuales tuve que blandir tal acróbata de circo. Por el temor de perderlas o dejarlas caer. Sin embargo, ellos se atenuaron y yo quedé solo con la multitud.

 

Volví donde la familia Morgado. Había bastante gente en los alrededores. Entre turistas, visitantes, habitantes, promeseros y diablos. Me acerqué a la casa y me dijeron definitivamente que no me atenderían.  Decidí continuar con el itinerario del devenir de la víspera de la fiesta de Corpus. Me dejé guiar por los diablos que ya caminaban de un lado a otro. El rojo prevalecía vivamente anunciando las horas que vendrían de sudor, esfuerzo y baile. En el centro de la Plaza de Bolívar ya estaba instalado un toldo blanco con sillas. Se desarrollaba un acto donde el alcalde del estado Miranda le declaraba a los diablos como patrimonio cultural de Venezuela. Allí se entregó una placa a la cofradía.

 

Cofradía de los Diablos Danzantes de Yare a la espera de la condecoración como patrimonio cultural del Estado Miranda

 

Inicié el registro fotográfico. El episodio de mayor interés en ese momento era la ceremonia de condecoración, precedida de un discurso político e histórico sobre la región. La liturgia para pedir permiso por parte de la cofradía de los Diablos Danzantes de Yare a la máxima autoridad eclesiástica estaba por iniciar.

 

A las 12:00 m la liturgia empezó, la temperatura ya estaba bien elevada; aunque por la mañana había llovido, un anciano y otros habitantes con los que había hablado más temprano me dijeron que siempre el día de Corpus llovía, el calor sofocaba a más de uno, entre los que me encontraba yo. La lluvia se hizo presente, la plaza estaba agolpada de gente. No había mucho espacio para caminar.

 

Vi a un diablito cargando y luciendo con mucho orgullo su máscara de diablo raso, fácil de identificar porque sólo tiene dos cachos. Diablos y diablitos andaban por doquier. ¿Qué es ser un diablo de la cofradía o sociedad ritual? Lo habitual es que si se es diablo es porque se paga una promesa, porque se tiene la creencia en el Santísimo Sacramento o por una tradición familiar. Algunos cargos son hereditarios.

 

La diferencia entre los diablos de mayor jerarquía radica en dos elementos: Uno la máscara. Dos, la edad. La máscara que lleva dos cachos indica que se es diablo raso, es normalmente joven y sus obligaciones solas se remiten a la promesa. Mientras que si la máscara tiene tres pitones o cuatro cachos es capataz. Los cuatro picos significan que se es el capataz mayor o primer capataz. Éste tiene mayores obligaciones, como la organización y colaboración con lo relacionado a la conmemoración de corpus. Son quienes se encargan de enseñar a los diablitos cuál será su función dentro de la cofradía. 

 

Es fácil develar a los que pertenecen a la hermandad de corpus: la camisa y el pantalón rojos, ajustados al cuerpo, de algodón o poliéster. Un rosario, dos o tres, si se tienen más mucho mejor, de diferentes tamaños, de madera o plástico. Una cruz obrada de palma bendita en firme en el lado derecho del tórax, sobre el bolsillo, por fuera de la camisa. El pantalón tipo pescador o hasta el tobillo de rojo. Las medias de poliéster y las alpargatas rojas o negras. Un bastón de palo con un retazo de telilla rojo amarrado a la punta. Eso para los hombres, sea cual sea su jerarquía.

 

Las mujeres llevan una pañoleta roja ceñida a la cabeza sosteniendo el cabello como lo hacían las mujeres colectoras de cacao. La camisa blanca (para las iniciadas o más jóvenes), manga corta y con una cruz de paja bendita en mero centro de la espalda. Las más antiguas todas vestidas de rojo, llevan una cruz en la parte delantera de la pañoleta que se planta en la cabeza.

 

Una gran cantidad de amuletos y rosarios colgando del cuello son un atributo de fuerza. El diablo que los cargaba era un capataz mayor, se notaba su experiencia. Tanto en la forma de llevarlos como en los años que parecían tener sus 10 ó 12 cruces colgantes, de variados colores, materiales y pesos. Seguramente heredadas de un diablo más antiguo, un familiar. Me dio la impresión de que estaba al frente de un santero cubano. No obstante, sabia yo que una gran distancia religiosa les separa. Y sus fines no son los mismos. Los Diablos Danzantes de Yare le rinden culto al Santísimo Sacramento y las danzas son ofrendas por medio de las cuales se pueden alcanzar algunos estados físicos que permiten exorcizar al mal.

 

Después de finalizada la entrega de la placa a la cofradía los diablos se dirigieron a su morada. La cual había visitado anteriormente. Allí tuve la oportunidad de apreciar por primera vez la antesala a lo que serían tres días de danza continua. El atuendo más vistoso era la máscara por lo llamativo de sus colores y el tamaño que sobre sale en gran manera por encima de todo el cuerpo, con sendos cachos que orientan la mirada hacia sí mismos. Variados diseños y formas entornan la figura diabluna. Colmillos prominentes y afilados, aludiendo a dragones. Narices anchas, expresiones de boca entre-abierta como si fueran a comerse algo o alguien. Medio jocosas, casi burlescas y al mismo tiempo profanas, temerosas y divinas protectoras del mal. Allí me encontraba yo, frente a zendos monstruos, sumergido entre sus colores y figuras.  

 

En la casa de los Diablos Danzantes se inició la primera danza del día, al menos la primera en la que yo estuve. No podía realizarse por fuera de allí. Según la tradición, sólo se puede danzar públicamente después de haber recibido el beneplácito del obispo, la aprobación se proveía durante la ceremonia. El redoblante vibraba con fuerza a un ritmo continuo, las maracas daban el matiz indígena, las máscaras y los amuletos el tinte de heredero africano de esclavo bagual. Pocos instrumentos y una gran fuerza sonora eran el acompañante adecuado para expiar al maligno, el súcubo. Los pies, dos pasos adelante y dos atrás, muy ágilmente. Movimientos repetitivos, la carátula colgando hacia al piso con los cachos deambulando de izquierda a derecha al ritmo del redoblante. La cabeza totalmente roja y cubierta por la tela. Algunos con la maraca en mano hacen ademanes de acompañamiento. La mano derecha agita incisivamente la misma de tal manera que el ritmo es marcado por el diablo bailarín. Fijando la mirada hacia arriba o al frente, pero con el cuidado necesario para que no  se caiga de la cabeza.

 

Poderosos gritos amansan a Satán. Gritos provenientes de los mismos promeseros que ensalzados en el baile y el fervor religioso exhiben sus sentimientos, temores y alegrías. Muchas preguntas me visitaban mientras estaba presenciando tremenda expresión. ¿Quién será el vencedor y el vencido? ¿Qué fuerza se esconde tras la creencia de hallarse como un diablo para evitar ser poseído por el mismo? ¿Qué relación entre la máscara y el promesero? ¿Por qué utilizar una mascarilla tan colorida para representar al demonio, al mal? ¿Por qué si es una promesa parecen tan felices?

 

Después de unos 35 minutos, con ciertas intermitencias, de danza en la parte interior de la casa de los diablos, se detuvieron. Algunos se abanicaron con un poco de agua, otros con refresco, un atisbo, algo que amainara la fuerte temperatura que arreciaba en pleno mediodía. De lance en lance, se reunieron nuevamente y todos estuvieron listos para regresar a la plaza central. Era la hora en que comenzaría la liturgia del día de Corpus.

 

Éramos un gentío apiñado en la plaza central. Todos esperábamos por el inicio de la danza frente a las puertas del templo medular, la construcción por alteza de la religión católica. Peregrinos y creyentes, vestidos de rojo. Para mi sorpresa las mujeres de la cofradía conducían a los diablos mayores y diablitos. Podían verse familias enteras y familiares acompañando a sus congéneres. Un poco antes por las dos calles principales la banda de promeseros entonó el primer toque que se extendió hasta la apertura de la iglesia.

 

El intenso sol, la luz expedida por las telas rojas, el sudor en la frente, las manos y los pies. El redoblante estallando con más potencia que nunca, demostraban la pasión religiosa en un santiamén. Los diablos revoloteando para adelante y para atrás. Los brazos, de aquel que carga la maraca despedían resonancias fulleras. Gritos estremecedores. La sombra proyectada en el piso de los cachos de la máscara virada hacia abajo, creaba formas circulares y efervescentes. Metido en el poder de los diablos y diablitos  experimenté junto con propios y extraños el éxtasis de la fiesta religiosa.

 

El lente de la cámara de video era mi ojo y viceversa. Mi lente-ojo era la peripecia etnográfica. Se extendía o entrecortaba, subía o bajaba, se contraía o dilataba hasta armar escenas y episodios espontáneos. Durante una hora continuaron los diablos zapateando hasta el hartazgo. Se abrieron las puertas, se inició la liturgia de aquiescencia.

 

El sacerdote (oficiante de la ceremonia asignado por la parroquia que a su vez es ordenado por al Vaticano) se asomó y los diablos se hincaron con sus máscaras sobre el suelo. Un símbolo de sumisión. La liturgia tiene como finalidad el culto a Cristo, quien está presente y actuante en todas estas manifestaciones. Para los creyentes y promeseros es la figura más importante del rito.

 

La estructura de la liturgia suele tener dos partes bien diferenciadas: lecturas y homilías (liturgia de la palabra) y ritos sacramentales (liturgia del sacramento) En el caso de los Diablos de Yare, el Santísimo Sacramento es el santo más poderoso, al que se le rinde tributo.

 

Al final, después de una hora, el padre dio unas palabras que indicaban las acciones a  realizarse, pero casi eran privadas, a los feligreses y a la cofradía de los infernales. Con la mano derecha tomó el agua bendita que llevaba con la izquierda y lanzó en forma de cruz la bendición, sobre todos aquellos que el goteo lograba salpicar. Tres veces. El capataz mayor se levantó del suelo y solicitó el permiso para danzar. El sacerdote consintió con sus palabras y los diablos danzaron por primera vez después del beneplácito.

 

Desde la Plaza partieron hacia la primera casa donde había un altar, conformado por una mesa donde estaba una réplica del Santísimo Sacramento, una vela de color rojo o blanco, un florero con alguna rosa o flor especial. Es la representación terrena de la divinidad, un lugar donde se ora y se puede acercarse a Dios, un espacio donde se median  solicitudes al supremo protector. Según los creyentes el altar es la presencia del Santísimo Sacramento. Se coloca porque se han visto los resultados, ellos han visto las magnanimidades del Santo más aguerrido. Así me lo hizo saber la mujer y el hombre que en la puerta de su casa recibían a la cofradía danzante.

 

Las familias se congregan alrededor de los Diablos Danzantes mientras estos zapatean frente al altar. Las mujeres estaban sentadas al lado izquierdo junto con algunos diablos que reposaban también, o que simplemente estaban guiando los pasos indómitos y lances que los diablillos enceguecidos por el portentoso antifaz no lograban controlar.

 

Entre las mujeres de la cofradía se aprecian diferencias en el vestido, las más jóvenes, aprendices, llevan franela o camiseta blanca. Mientras que las más veteranas, están plenamente vestidas de rojo. Sin embargo su función es prácticamente la misma, con variaciones según la edad, ya que las ancianas o abuelas no pueden mantenerse en pie y con la misma intensidad que las jóvenes.

 

Entonces, las novatas entran en acción arriando a los diablos hacia el centro de la bailanta: debido a que cuando los diablos portan la máscara, no pueden ver todo el entorno, durante el baile se pueden caer, perder el equilibrio o salirse del espacio propicio para ello. Así pues, las mujeres ayudan a que los diablos mantengan el orden dentro de lo que podría parecer un caos.

 

En esta casa los diablos parecían ya destinados a tomar un reposo y almuerzo. Sancocho, una sopa espesa que contiene legumbres y carne de res junto con gallina, de ahí que se le del nombre de cruzao. Una comida tradicional de la zona y que se estila compartir o ser oficiada por la primera casa que se visita el día inicial de Corpus.

 

Hora y media más tarde la cofradía se tomó la calle nuevamente, y se dirigió camino abajo, hacia donde había más casas. Allí se llegó caminando entre el paso rápido y danzarín. Se repetía la acción, los diablos se plantaron frente al altar que estaba ubicado en la entrada de la vivienda. Los residentes estampados en la puerta observaban con agrado la llegada de los diablos y su posterior accionar.

 

Yo tome algunas fotografías y me acerqué hacia la que presumí era la dueña del hogar. Con mi cámara de video le hice unas preguntas: ¿Por qué se pone el altar? ¿Qué función tiene? Ella respondió: “Bueno porque se han visto los resultados. Se le reza”. Su esposo intervino inmediatamente y dijo: “El altar es la presencia del Santísimo”. Yo contra pregunté ¿Y él los protege a ustedes? Él respondió: “Ese es el Santo más aguerrido que hay”. Continué atrás de la procesión que ya había adelantado hacia otra casa. Más viviendas se visitaron esa tarde.

 

Listos para regresar, aunque en el fondo yo quería quedarme, pero no había plan, no había posada disponible y el dinero no alcanzaba. Debimos abandonar el pueblo. El regreso a la ciudad de Caracas era inaplazable. Mi papá entre el bullicio ya se había ido, mientras que mi esposa aguantó a fuerza de agua y cerveza la caminata. Al final de la tarde ya había bajado de temperatura.

 

El final del rito

 

10 de Junio

Al día siguiente, ya cansado aunque entusiasmado, debía regresar a Yare. Había tomado el mismo camino de los otros dos días anteriores. Está vez me demoré más que antes debido a un accidente automovilístico en la vía.

 

Mi ojo, nuevamente, era la cámara de video, la extensión de mi cuerpo y mi mirada solo se remitiría, en términos generales, a la herramienta audiovisual. No llevaba la cámara fotográfica, ni mis ilustres acompañantes. Esta vez estaba totalmente solo con la masa. Corrí frenéticamente al bajarme del carrito. Sabía que había iniciado y perdido algo del evento. La cofradía de los diablos estaba danzando dentro del cementerio. Allí se visitaban los diablos muertos, estos son parte de la vida del Corpus Christi y de la cofradía.

 

Sólo alcancé a ver el efugio de la cofradía junto con la muchedumbre, salir del cementerio. Bajé por una larga y empinada calle. Ésta nos insertaría en la calle de la casa cultural de los satánicos. Posteriormente nos dirigimos a la plaza central. Allá también la gente esperaba. ¿Por qué? La iniciación de la liturgia y la aparición del Santísimo Sacramento,  el cual sería traído en altar. Cargado y custodiado por el obispo de la parroquia. Así la espera se prolongó. Llegó el medio día y apenas aparecían los preparativos. De un instante a otro el ambiente pareció enmudecer. Venía la procesión.

El obispo cargaba con sus dos manos, sostenía el símbolo que representaba el Santísimo Sacramento. Un objeto de oro. El padre vestía muy diferente que el día anterior. Hoy llevaba una sotana, ya no de color rojo, sino encima del traje blanco, una vestidura de color amarillo refulgente, que en el frente constaba de dos cruces en bajorrelieve. Cuatro personas cargaban una especie de toldillo de color amarillo. La multitud y el calor eran vastos. La temperatura era elevada. Yo conquisté unos centímetros del piso coronándome los bordes de una papelera de la plaza. La ocurrencia había de funcionar para registrar el evento.

 

Un ayudante de misa o capellán acompañaba al padre con un trozo de pan en su mano. Éste posteriormente en la procesión tomaba de cuando en cuando el Santísimo Sacramento para darle reposo al padre. Tras de estos, venía la procesión de los diablos danzantes y otros feligreses. El resto esperábamos en los alrededores o al frente de la iglesia. Así se abrió paso para la entrada del altillo hasta el acceso de la iglesia. Allí se descargó el Santísimo y se inició la liturgia. Se cumplió con la misma y los pasos no variaron mucho solo que esta vez cuando se otorgó la ostia bendita, antes del sacramento de consumir el cuerpo de Cristo, se levantó el símbolo hacia el cielo de manos del sacerdote.

 

La liturgia culminó. La caída de los diablos era inminente, todos danzaban pero la postración fue el signo que marcó la tarde. El mal había sido vencido y todos tomamos descanso. Especialmente los diablos. Dos horas más tarde. Se iniciaría la procesión final, alrededor de otros altares del pueblo.

 

Uno de los eventos más significativos fue que el sacerdote estaba dirigiendo la procesión con el Santímo Sacramento en sus propias manos. Antes algunos fuegos artificiales habían sido explotados al cielo. Al frente del altar ubicado en la casa de los Diablos Danzantes de Yare, la procesión se detuvo como en todos los altares anteriores, se danzaron frente al mismo y los diablos se postraron frente al poder del magnánimo, la diferencia fue que aquí el padre bendijo un trozo de pan que fue colocado en el altar de la casa.

 

El primer capataz trajo consigo la placa entregada el día anterior por el Alcalde y se le bendijo también. Regresaron camino a la plaza, las puertas de la iglesia abrieron nuevamente. Los diablos volvieron a caer, las carátulas rodaron por el piso. La festividad había concluido por este año. Las máscaras continuarían viviendo. Unas esperando por ser usadas nuevamente, otras regaladas y algunas quedarían desechadas. Los promeseros, diablos y creyentes habían cumplido un año más su promesa en  honor al Santísimo Sacramento, el mal había sido vencido y el Cuerpo de Cristo honorificado una vez más. Yo apenas había iniciado mi camino hacia el desarrollo del trabajo antropológico, mi encuentro y recorrido por el universo de las máscaras y su vitalidad en América Latina y el Caribe.

 

 

 

[nuevomundo]