Presentación Ensayos N° 1 Año 1

Un texto se puede reconocer como producto de una inspiración que hace de él una pieza artística en tanto pone en juego un deseo , el de aquél que escribe que remite a su singularidad, a su tiempo, a un modo particular de hacer con la pulsión. Tal vez también como precipitado de una inquietud de comunicar, de establecer sistemáticamente y en lógica expositiva un conocimiento adquirido, reformulado o descubierto. A veces se lo reconoce como una invitación al lector a jugar con su fantasía, a identificarse en una aventura, a vivir algo ajeno y propio al mismo tiempo, es decir a realizar una experiencia en la lectura.
En otras ocasiones lo invita a inmiscuirse en una historia que aunque efectivamente acontecida y casi casi verdadera no exime que su propio acerbo anímico la imaginarice, la recree, la construya.
Aquél que lee se expone también a una emoción. Aquella que surge del trazo poético del que escribe, que sólo el corazón del lector dirá en su cuerpo de cual se trata. Así lo Real habrá pasado en poesía por él.

Esta REVISTA contiene seguramente en sus artículos, si no es en uno en otro, tal vez en algún pasaje, estas cualidades que se me ocurría repasar recién, las que se ubican entre la literatura y el conocimiento, para que cada lector haga de él una experiencia, un nuevo texto y por qué no una excusa para seguir pensando acerca de lo que lo interroga.
Ahora bien: dada nuestra práctica como psicoanalistas, sabemos que la Función del Escrito, ubica esta compilación de textos, como producto de una experiencia y encuentra en sus letras la posibilidad de que cada uno de los que participamos en él, hagamos de la letra, de la escritura, un borde, que en tanto instante de concluir, inscribe el producto de un recorrido que se produce en el entrecruzamiento de la clínica que realizamos en el marco de una Institución Pública de Salud Mental, la práctica Psicoanalítica y en la pretensión de alcanzar alguna transmisión de su experiencia.
Se enmarca entonces en una función para los que aquí escribimos y se instala como una superficie más del Psicoanálisis en Extensión en el marco de los avatares de su práxis. Su apuesta es a la transmisión.
Si reconocemos la clínica, sus vicisitudes como motor de esta escritura, en tanto la transmisión es de la castración, el lector aquí sin saberlo hará texto con los textos para bordear lo imposible de decir, en tanto función de lo Real, de lo que no cesa de no escribirse.

Ensayos nos dice del producto de un recorrido, pero no unicamente del de cada quien de los que aquí escribimos, sino del recorrido de un espacio que alberga una comunidad de experiencia. Entrelazado con los Equipos del Centro y con la cualidad singular de cada discurso que allí se genera, los Integrantes del Espacio de Investigación nos servimos de ese significante, para poner en letras lo que cada uno investigó aún sin saberlo. No apuntamos a producir conocimiento, y nos ubicamos en el intervalo que se produce entre el Saber y la Verdad.

Así entendemos que el Psicoanálisis, a través de la Enseñamaza de Lacan, abordó el tema inherente a la Ciencia, al conocimiento que esta produce.
Hemos elegido el Ensayo como modo de escritura, tanto por su inminencia crítica, por su vocación exploratoria, y también por la libertad que ofrece a que en su estructura se identifique una enunciación.
Recortamos la afirmación de Lacan acerca de que el Saber se inventa, y es a condición de la letra, de la escritura, que ese Saber cuenta como invención y connota un pasaje a lo REAL.
Podrán buscarse en los Ensayos de este número, categorías propias de otros discursos, como si lo que allí se da a leer se correspondiera con un saber fundamentado, universalizable o validado. No es nuestra aspiración si bien puede servir a ello. Lo que si se encontrará en la lectura es el efecto que un escrito promueve en quien lo realiza.

Se trata de un paso en su autorización como analista donde el Ensayo lo invita a dar sus razones, que en tanto escrito abre la posibilidad a que un trazo singular sea descubierto. La función analista en juego requiere la posibilidad de la lectura del objeto a que ocupa la x. Es función de x, leída como función del a, de cada quien, que se lee en las letras de su borde. Autorización de sexo, nos dice Lacan, en la lógica de la autorización del analista.
Así la singularidad de cada escritor ofrece el pase de una experiencia con sus marcas. Entre el objeto que lo causa y el deseo que lo habita, escribe un estilo a cada párrafo, donde el rasgo propio es de la partida: se trata de su estilo.
Entonces entre la literatura y el conocimiento, causada en el intervalo entre el saber y la verdad, esta REVISTA se dirige a la transmisión de un saber hacer en la clínica con lo que cada analista se confronta. Un saber hacer singular, el de cada analista, el de cada caso, el de cada transferencia.
Por la vía de articulaciones teóricas, por el pasaje de un caso, los textos van entramando una propuesta cada vez en la polisemia de estilos que la diversidad de autores nos ofrece.
Es esa letra que ofrece poesía la que edviene en la lectura de los Ensayos.

Ivana Mangiaterra y Marcela Kohan escriben su apuesta ante las adicciones:
“Transformar una respuesta que va desde el malestar en una pregunta que recaiga sobre el “soy”, para iniciar la búsqueda de su propio camino, de su verdad pronunciada por la singularidad que lo atraviesa”.
O esa letra que anuncia una toma de posición:
Marisa Terrani y Lorena Etcheverry, nos dicen:
“Pensamos que el hospital como lugar de formación oferta la posibilidad de orientarse en la escucha de los pacientes posibilitando una toma de posición en la dirección de la cura. Esto es fundante en relación con la práctica”.
Así se va tejiendo. Un punto tras otro nos lleva a recorrer una tela donde la Institución Pública, La clínica, la Transmisión: se sostienen en una ética.
Una niña, su análisis, es el soporte que encuentra E. Kwint donde la experiencia la interroga en la apuesta a hacer entrar a un Padre en su función. ¿Cómo hacerlo cuando un caso lo presenta cómo necesario?
Y así la clínica, tan rica en las preguntas que nos genera, nos trae a Marina Mola proponiéndonos despertar del adormecimieto, en tanto la irrupción de lo Real imposibilita una vuelta atrás.”No hay vuelta atrás…”, nos dice. Esta allí su poesía también, cuando dice escribiendo, rompiendo los silencios que ensombrecen la causa.
Se atreve Paula Brecciaroli a articular el sin-tiempo de la adicción, a este sin tiempo de nuestra cultura actual, en una tensión conceptual vital, que impacta en lo que por vías facilitadas preferimos muchas veces desconocer. Un mundo, un discurso social, que no abre los tiempos para el sujeto.
Hay que leer el trabajo de Romina Orozco, para rekevar el duelo que por estructura todo análisis implica; o bien pasar por el trabajo de Susana Marinetti o el de Patricia Morinelli, para toparnos con que sobre la clínica en el hospital no está todo dicho.
Susana nos vuelve a interrogar, nos señala que el tiempo hace falta para que una clínica llegue a destino.
¿Y un adolescente, puede estar ubicado como síntoma de una estructura familiar?. Jimena Marcos nos hace esa propuesta.
Agradecemos también a dos analistas que aceptaron nuestra invitación a publicar sus escritos, aquellos se forjaron en un Panel de las Jornadas 2008. Invitación que dio en el blanco, en tanto uno y otro texto, implican la singular invención que cada una de ellas ha realizado con su clínica.
Giselda Batlle nos ofrece un texto no menos que inquietante, el acto creativo que sostiene su propuesta articula la Pulsión en la experiencia del juego, y nos propone tomarlo como una experiencia estética.
Patricia Fryd, entre la literatura y el caso clínico, afirma la oportunidad que le es dada al anlista de producir un tiempo subjetivo, ineherente al movimiento pulsional, ahí donde una significación es puesta en suspenso.
Así se teje una tela de hilos imaginarios entre las frases leídas , ubicada en letras, para que cada quien haga su corte, para volver a tejer en otro entramado.

Ahí donde el Psicoanálisis nos cause, AUN en lo escrito, escribiendo insistimos. Sostenemos la apuesta .

Martín Trigo
Mayo 2009