CAMINO SANTIAGO (III)
De Burgos a León

"Cae la tarde y al descender del tren y vislumbrar las agujas de la Catedral de Burgos sientes de nuevo al peregrino que nunca dejaste de ser y reanudas el Camino de años anteriores, los recordados Roncesvalles-Logroño y Logroño-Burgos. Esta vez nuestra meta es León."  (Marta y Angel Torralba)

=============================================================

Padre e hija pernoctamos en el albergue provisional del Parque del Parral, lamentando no haber podido disfrutar de la espléndida contribución de Burgos al camino de Santiago: el nuevo albergue de la Casa de los Cubos, inaugurado el mes de agosto en el centro de la ciudad. 

Con el optimismo inicial y teniendo el horizonte castellano como fondo, transcurre la primera etapa que concluye en Hornillos del Camino, pequeño pueblo burgalés en el que, como su nombre indica, se aprecia la huella dejada por los caminantes durante siglos.

Se madruga para evitar las horas de más calor. El cereal, que predomina en la zona, tiene en junio diversas tonalidades verdes que alegran el recorrido de los que atravesamos extensiones de terreno sin apenas sombra. Después de Hontanas y San Antón, llegamos a Castrojeriz, pintoresca y empinada población donde se encuentra una fuente que nos evoca otra fuente similar que recordamos con cariño todos los de Caleruega.

Tras la noche reparadora, desayuno ligero y rumbo a Frómista, ya en Palencia, cruzando el puente Fiero sobre el río Pisuerga que limita ambas provincias. Parte del itinerario transcurre junto al mítico Canal de Castilla, importante obra hidráulica del siglo XVIII que revolucionó el transporte castellano de la época. Compensa la dureza del día la obligada visita a S. Martín de Frómista, joya del arte románico muy bien restaurada.

 Al día siguiente el paisaje es monótono, propio de Tierra de Campos y a veces el esfuerzo hace flaquear la voluntad pero el ánimo de los peregrinos que nos van alcanzando ayuda a superarlo; asimismo, vamos comprobando que la señalización del camino es buena y fiable. Por fin, la llegada a Carrión de los Condes y sobre todo la paz religiosa del alojamiento de las monjas paulinas, nos confortan suficientemente.

Ya en el ecuador del viaje, la jornada se presenta dura pues el paraje es irregular e incluye 12 kms. por la inhóspita calzada romana Via Aquitania. Pasada ésta, se agradece la sombra de los árboles plantados en el recorrido, a lo largo del cual pudimos visitar iglesias parroquiales, gracias a que vecinas de sus pueblos las mantienen abiertas y explican su historia a los peregrinos. Finalizamos en Lédigos, curioso pueblecito con muchas edificaciones de adobe, donde pese al cansancio, también cumplimos con el ritual diario de lavar la ropa más imprescindible.

A poco de amanecer nadie puede dormir, todo es actividad y preparativos para iniciar la andadura. Aunque el paisaje cerealista no ha cambiado, la provincia de León nos acoge y por fortuna el recorrido es más suave que los anteriores. No obstante, hay alivio al alcanzar Sahagún, localidad con importante pasado que se aprecia en sus iglesias y torres, pernoctando en el pintoresco albergue Viatoris.

Sahagún-El Burgo Ranero es una etapa intermedia que nos marcamos debido a la excesiva distancia hasta Mansilla en un solo día. La nota simpática la pusieron dos peregrinos que llevaban como acompañante a un burro que cargaba sus mochilas.

Llegamos al fin a Mansilla de las Mulas, pueblo amurallado que conserva su estructura medieval en el interior y que cuenta con un flamante museo etnográfico leonés que aconsejamos visitar, cuya fachada simula el trenzado de un cesto de vendimia. Ya en el albergue, Lobo el veterano hospitalero nos alivió con curas en los maltrechos pies y una “casi milagrosa” imposición de manos para la fatiga de los mismos.

Y así, de pronto, como si hubiéramos empezado ayer, llegaba la última etapa de este año hasta León, que completamos a través de un paisaje semiurbano que presagiaba la llegada a la gran ciudad. Alegría y emoción, otra vez, ante una preciosa Catedral con sus torres y vidrieras, con la satisfacción de haber cumplido la meta marcada.

Tras la visita turística correspondiente y un merecido descanso, a la mañana siguiente emprendimos el regreso a Madrid, deseando que transcurra pronto el tiempo y podamos decir, de nuevo, el año que viene: se hace Camino (de Santiago) al andar. ¡ Hasta el año que viene ¡ 

     Tramo anterior: De Logroño a Burgos