Era tu rostro a mi lado
 

Desperté extrañada de sentir un ligero peso sobre mi brazo derecho…extrañada de la cama, de la habitación, como en esas noches que, de pequeña, mamá se iba de mi cuarto sin yo sentirlo.

Pronto, al mirarte, caí en la cuenta de el por qué de mi extrañeza…hacía ya tiempo que no despertaba en esta situación.

Los ojos cerrados, tus labios entreabiertos que dejaban escapar leves susurros de tu alma combinados con un ligero aroma a almizcle…

Sonreír al mirarte, bendecí la claridad de mi memoria que en esos instantes vino a mi auxilio.

Había amanecido ya y una luz tenue iluminaba tu rostro, al igual que a mi mente…no era mi cuarto, ni mi cama, ni mi mujer…pero eras tú…suficiente para sonreír a esas horas.

Te conocí hace exactamente 9 días, llegaste como suplente a mi trabajo y al mirarte pensé “Demasiado bella, demasiado mujer”.

Las presentaciones de rigor, el saludo informal y cada quién a sus labores. Todo transcurría sin novedades, a no ser porque hace tres días llegaste con un ojo cerrado pretextando que te había picado algún insecto. “Insecto” pensé “los insectos no dejan un ojo morado”. Pero cómo a quién no le gusta meterse en problemas, pretendí darme media vuelta y retirarme…tus sollozos me lo impidieron.

No sé cuando empezaste a hablar, mientras las lágrimas corrían por tus mejillas y te escuché, ¿qué mas podía hacer?.

La misma historia…un matrimonio apresurado por un embarazo que se malogra al poco tiempo por tensión emocional y violencia por parte del esposo, seguías unida a él por…por…ninguna de tus excusas fue válida para mi, pero, yo solo te escuchaba.

De tus ojos, bellos y de mirada que encerraba al tiempo temor y ternura, seguían fluyendo gotitas de dolor.

Empecé a sentir compasión por ti, resignada, encendí el primer cigarrillo de la mañana dispuesta a seguir escuchándote.

Propusiste continuar la plática en otro lugar, porque allí los niños ya mostraban señales inequívocas de extrañeza y sus ojitos curiosos investigaban en silencio tu rostro y el motivo de tu llanto.

“A la directora le duele la panza” – les dije – “Vamos a darle una pastilla”. Y haciendo la pantomima, le coloqué una imaginaria entre sus labios, sintiéndolos tibios, húmedos, imaginándolos dulces…

Con un pañuelo desechable sequé tus lágrimas en un gesto mas que de amistad, de compasión, y con un “hablamos mas tarde…ponte hielo en ese golpe” te despedí…los niños ya se mostraban inquietos….

Asistí a la cita mas por compromiso que por placer…mi directora…la jefa…¿qué hacer?.

Debía (sentí) cumplir un deber ciudadano y aunque 20 años mas joven que yo, pues…eras la autoridad.

“Bueno” – pensé – “Una plática, la escucho, se siente bien y…tal vez gane puntos..nunca se sabe cuando los puedes necesitar”….

Sí…tu físico muy bello pero…no te conocía.

Problemas, un marido, violencia, dolor…¡no gracias”…suficiente tengo con lo mío.

La cita a las 7.00 PM..diez minutos más y me retiro..no tengo porque estar esperando…

Llegaste…

El ojo mucho mejor…mi ánimo…igual.

No deseaba estar allí, pero bueno..como siempre…no me pasará nada si te dedico una partecita de mi noche ¡total!.

Me distraigo y a la vez, te hago sentir bien…

No recuerdo exactamente tu plática, ibas y venías, en tus narraciones entre el desamor y tu amor…entre la violencia y tu ternura…entre tus caricias y su forzoso acercamiento…

Allí estaba la calidez de tu mirada, impregnada de sufrimiento, mientras me narrabas los episodios mas dolorosos de tu vida…pero aún así, reflejaban todo aquello que un ser como tú es capaz de ofrecer…

Tampoco percibí cuando pasamos del café al bar, y de este a un lugar privado donde pudieras tú seguir contándome tus ires y venires en esa relación que no te satisfacía en ningún aspecto de tu vida…tan necesitada de afecto, tan necesitada de…¿amor?.

La verdad no recuerdo cómo llegamos a ese motel…por mi iniciativa no fue, eso lo sé bien porque yo jamás me hubiera atrevido a proponértelo, no porque no lo deseara sino porque te sentía demasiado envuelta en tus pensamientos pesimistas…¿cómo imaginar que deseabas un acercamiento físico después de todo lo que habías pasado?.

Pretextaste cansancio y calor…un buen baño, dijiste, sería la solución…

Yo, al borde de la cama, fumando como posesa y pensado ¿qué sería lo siguiente?...

Imaginé “ahora se dormirá y me voy a casa”.

Su cabello largo y en espirales caía húmedo sobre sus hombros, al descubierto…una toalla pequeña la envolvía (porque pequeño es su cuerpo), una leve hinchazón en su ojo, misma que no ocultaba la belleza de los mismos, ni su eterna tristeza…

Voltee la mirada…un comentario al azar…sus piernas perfectas en mi mente (¡qué piernas!), suaves a la vista (después sabría que también al tacto), ni un solo vello sobre su superficie, bien torneadas…

Sus hombros desnudos, su piel blanca y esa sonrisa que encerraba toda una petición pero…¿de qué?...

Encendí otro cigarrillo (¿cuántos llevaba?), le ofrecí una cerveza que recién había traído el encargado del bar y esperé qué, después de refrescarse y ponerse una batita ligeras, siguiera desahogando sus penas conmigo…

Pero todo lo contrario a lo que esperaba…

Se sentó a mi lado, la diminuta bata que apenas cubría su pequeño cuerpo cayó al soltarla de su mano y quedó al descubierto el cuerpo mas perfecto que mi mente hubiera imaginado…

Cual inexperta colegiala, solo acerté, de manera nerviosa, a levantarla y entregársela balbuceando incoherencias…la bata volvió a caer…

Entonces comprendí lo que no había querido comprender.

Su cuerpo esbelto, sus pechos firmes (el sostén, en su caso, solo un adorno no una necesidad), vientre plano y un pubis perfectamente afeitado…sus ojos no transmitían ya miedo ni dolor…solamente una necesidad inmensa de sentirse querida, de sentirse protegida, de sentirse mujer…

Aparté con suavidad los mechones que caían sobre su dulce rostro y besé su frente…ella en silencio sonreía…

Besé sus ojos (el lastimado con mucha más suavidad), mientras mis manos acariciaban su espalda.

La atraje hacia mí, en un intento de transmitir lo imposible, puesto que en esos casos, el deseo es el que habla por sí solo pero…lo intenté…lo logré…lo percibió…

Saladas gotitas de recuerdos brotaron de esas bellas ventanas al exterior, mismas que apuré con avidez mientras mis labios murmuraban promesas que no sabía en esos momentos si cumpliría…

Lo único cierto en esa fría habitación de motel eran que a mi lado estaba la mujer mas bella que jamás soñé, dolida, decepcionada, ansiosa de sentir…

La atraje hacia mí con suavidad, desnudo completamente su cuerpo se impregnó en el mío, su aroma, la humedad de su tibia piel…

Me dijo “Dicen que las mujeres no hacen daño” le contesté “No creas todo lo que te dicen” mientras mis labios ya probaron los suyos en una dulce conjunción de ternura.

Aún sollozaba mientras la recosté sobre sus espaldas…

“¿Estás segura?” le pregunté…y mientras un leve suspiro parecido a un “sí” brotaba de sus labios, los míos ya bajaban por su terso cuello haciéndola gemir, ya no de dolor…ahora de satisfacción…

Al recorrer con mi lengua el camino hacia tus pechos, sentí tus manos acariciando mi cabello…y mientras mis labios se abrían para abarcar uno de tus pequeños pezones…percibí como me atraías hacia ti en un esfuerzo por prolongar el placer que el momento te producía..

Cerré mis labios mientras tus uñas se clavaban en mi espalda…succioné con avidez mientras tus labios se entreabrían para dejar escapar frasecitas de placer….

Mis dedos acariciaban la suavidad y firmeza de tu vientre mientras mi boca disfrutaba con la firme tersura de tus pechos…¿qué bárbaro sería capaz de lastimar a estar criatura?.

Con desgano los abandoné…para continuar mi camino descendiendo por tu vientre solo con mis labios…mis manos toman las tuyas en un recordatorio de que soy yo la que está a tu lado…

Ni un solo vello entorpece a mi lengua que, ávida, busca donde saciar su sed de mujer…

Con timidez intentas hacerme desistir pero solo necesito apartar tus manos y continuar…tu decisión no es muy firme, para mi alegría…

Ya tus piernas antes herméticamente cerradas, ofrecen menos resistencia cuando mis manos intentan separarlas con delicadeza, depositando suaves besos en el interior de tus muslos…

Tengo sed…y solamente hay un agua que la saciará…

Mis labios buscan ya con ansiedad entre tus piernas lo dulce de tus secretos…inmersos en ellos, escuchando tus suaves gemidos, mientras mis manos acarician tus pechos…mi lengua recorre tu interior, mis labios están en ti saboreando, probando, catando la calidad de un vino que, por demás se sabe exquisito.

Lo único que podías hacer era acariciar mi cabello y presionar mi cabeza hacia ti, mientras yo exploraba tu dulce interior con mis labios, mientras te saboreaba cual si fuera un helado de mi sabor favorito….

Tus cadera empezaron a moverse rítmicamente, mientras mi lengua, de arriba abajo, te hacía dar grititos de placer.

Con suavidad me apartas para sentarte a la orilla de la cama y abriendo bien tus piernas, volviste a atraerme hacia ti, no sin antes ofrecerme tus labios que en un beso mezclaron tu ternura con tu sabor en los míos, fue un beso que encerraba la pasión del momento, combinado con toda la ternura que deseaba ofrecerte, la que tanto necesitabas…

Asombrada con la firmeza de tus pechos, volví a ocuparme de ellos, succionando con suavidad tus pequeños pezones, mientras mi mano ya hurgaba en tu interior.

Un suave gemido se escuchó cuando con cuidado te penetré y empecé a entrar y salir de ti, al tiempo que con otro dedo estimulaba tu clítoris…

De cuando en cuando volteaba la mirada hacia arriba para observar tu rostro, que denotaba gran placer, tus bellos labios entreabiertos, tus ojos cerrados…todo eso me hacía sentir realmente excitada…por lo que te recosté de nuevo quedando tus piernas colgando de la cama. Ya no hubo necesidad de indicarte las abrieras, tu sola lo hiciste permitiéndome entrar en ti con mayor facilidad.

Mis labios dentro de tu sexo, comiéndote con suavidad, sintiendo que el cielo y la tierra se juntaban en estos momentos para traer todo el placer que hubiera podido experimentar en los últimos tiempos.

Mi lengua penetraba tu vagina, entraba y salía de ti mientras tú demostrabas cuánto te gustaba moviendo rítmicamente tu cadera…

Te levanté de la cama y recostándome en la alfombra, te indiqué te pusieras sobre mí…

Tímidamente me dijiste que era tu primera vez con una mujer, que no sabías qué hacer…

Solo recostándote en mí lo supiste inmediatamente, tu pubis sobre el mío empezó a moverse, mientras yo presionaba tu trasero hacia mí, sintiendo su suavidad…

Jalándote un poco hacia arriba, tus pechos quedaron en mi boca, succioné de nuevo tus pezones mientras acariciaba tu espalda…

Como en suspiros me decías que hiciera algo, que ya no aguantabas más..tu boquita entreabierta me pedía que terminara ya con ese dulce dolor…

Tomándote de la cintura te indiqué que subieras un poco más…con movimientos suaves te fui llevando de tal manera que tu sexo quedara en mi boca, tú sentada sobre ella…

Con mi lengua empecé a estimular tu clítoris, mientras tus caderas iniciaban un rítmico movimiento presionando tu sexo contra mi boca…en esa posición podía observar perfectamente tu rostro, tus expresiones de placer, tus labios de los cuales brotaban frases provocadas por las sensaciones percibidas…me pedías…me suplicabas que continuara…

De pronto tomé tu clítoris entre mis labios y empecé a succionar con suavidad primero…me pedías más, a lo que respondí haciéndolo con avidez…

Tus caderas aumentaron su ritmo, tus palabras de placer subieron de tono mientras yo chupaba el punto sensible, y en un momento tu cuerpo se puso rígido…sentí tu presión sobre mi boca y terminaste en un delicioso orgasmo con tu dulce tormento…

Pasado este la cordura llegó de nuevo a tu mente…

Te recosté sobre mi, acaricié tu cuerpo suavemente mientras al oído te decía que eras una mujercita bella y deliciosa…(¿cómo decirle que la amaba?...hubiera mentido).

Te decía tiernas palabras de halago cuando me dijiste que te sentías apenada “¿Qué pensarás de mí?” fue tu comentario, a lo que respondí “Pienso que lo necesitabas, que eres una linda muchachita..es todo”.

Comentando surgió el tema…

Sabías que yo soy lesbiana, antes de llegar te lo dijeron, y ya que tomaste tu puesto, mis compañeras de trabajo ni tardas ni perezosas te confirmaron la información..

Con tu platica yo solamente sonreía…nada de eso me importaba, solo el momento que vivimos, el espacio que disfrutamos…

Cansada por el día que habías tenido, rápidamente quedaste dormida, pegadita a mi cuerpo, mientras yo te decía “No pasa nada, descansa…todo estará bien”…

Aún no despiertas, tu boquita sigue entreabierta, mis pensamientos me absorben, el recuerdo de tu cuerpo, de tu aroma, de tu sabor, de tu gran necesidad de sentirte protegida, amada…

Y ahora que ya he despertado, que mi mente está un poco mas despejada, caigo en la cuenta que amanecí contigo, percibiendo la tibieza de tu cuerpo desnudo junto al mío…y el peso que sentí en mi brazo al despertar…era tu cabeza sobre él..era tu rostro a mi lado.

 

AUTORA: KARELA

brigthstar740@hotmail.com