Con música en el alma

Evalangui -jrstrega@gmail.com

El espectáculo ha estado planeado por semanas, y Drew y tú habéis practicado cada tarde desde el momento en que los últimos arreglos fueran hechos. Tardes en las que tus sentimientos hacia ella, al principio más una atracción física por una persona que no alcanzaba del todo la categoría de amiga, no hicieron más que aumentar en intensidad y cambiar de rumbo hasta llegar al estado actual.

Nunca antes has estado tan bella y nunca antes te has sentido como una estrella, y es todo invisible para ella. Le cantas una canción de amor a voz de cuello mientras ella la toca en el piano con la desenvoltura de la práctica, pero aunque la miras al hacerlo y también piensas en ella, a Drew no parece ocurrírsele que algo haya cambiado entre vosotras, parece asumir que si en las últimas semanas estuvisteis hablando con más fluidez y os mirabais a los ojos al hacerlo solo se trataba de un acercamiento natural causado por compartir una experiencia musical.

Y en parte es eso, la música lo es todo para ti y ahora comprendes que es la forma más sencilla de llegar a tu corazón y lamentas haber sido tan descuidada al abrir tu alma. Y al mismo tiempo atesoras este sentimiento.

Te preguntas si cuando esta experiencia termine también acabará esta nueva faceta en vuestra relación, te preguntas si el mundo regresará a la normalidad y dejarás de asociarla con el verbo besar y cualquier palabra de la familia léxica de amor. 

No puedo vivir sin ti, no puedo seguir así, diciendo siempre que sí… 

Has amado cantar, como es bastante natural en los humanos, desde aun antes de aprender a hablar, lo que es un poco extraño, y además has sido agraciada con una voz que no solo es bella a tus oídos, un fino oído que te permite imitar tonalidades y unos padres lo bastante despiertos como para enviarte a clases de canto y violín. 

Quisiera poder mentir, fingir que esto no está, que no quiero nada más… 

Quisieras, una parte de ti quisiera que bastara con su amistad, estás bastante segura de que vuestro gusto por la música os permitiría establecer una amistad intensa e intima del tipo que nunca has conocido. Pero otra parte de ti te da ganas de llorar ante la intensidad de los sentimientos que no puedes demostrar, a esa misma parte le aterroriza la idea de demostrarlos y perderlo todo. 

No hay una salida, estoy por siempre perdida… Eres mi faro y la razón de mi desamparo… 

Sueño que verás como te miro y aceptarás estar conmigo… Sueño y soñando así respiro…
 

La canción acaba con un sentido aplauso, cuando por fin miras al público para hacer una reverencia ves algunas personas sonriendo, mirándoos encandiladas y el pecho se te hincha de orgullo al responderles con una brillante sonrisa. Tu sonrisa flaquea cuando te vuelves a mirarla pero te esfuerzas y enseguida recupera su anterior resplandor, o eso esperas.

Drew te devuelve la sonrisa y se acerca a ti, según la rutina os corresponde hacer una segunda reverencia juntas, pero no llegas a colocarte de cara al público antes de que sus brazos te rodeen y te aprieten contra su cuerpo en una inusual muestra de afecto de parte de la pianista. Intentas disimular tu pulso acelerado y le devuelves el abrazo con la mayor naturalidad que puedes.

Cuando te suelta y encuentra tu mirada, no parece ver lo que tú estás segura se refleja claramente en ella y una vez más comprendes la verdad de que no hay más ciego que el que no quiere ver.

Os inclináis y te esfuerzas por perderte en el orgullo y la alegría de los aplausos y en los pedidos de una repetición. Drew se inclina y te pregunta si quieres cantar otra canción, tú aceptas porque te gusta verla tan feliz y porque cualquier excusa para sumergirte en la emoción contenida en la perfecta conjunción de letra y melodía es bienvenida. Le preguntas cuál y te sorprende su respuesta pero conoces la letra y la melodía lo bastante bien y asientes. Una mirada al jefe del establecimiento os confirma que está de acuerdo.

Drew empieza a tocar y en el momento adecuado, tú comienzas a cantar. Siempre te olvidas lo maravilloso que es alzar la voz para gritar una idea, una historia, un sentimiento; Lo increíble que es sentirse grande solo por dejar que el alma se te escurra entre los labios, hasta desgañitarse. Cuando cantas te enorgulleces de quien eres, incluso de las cosas malas y de las que no son perfectas o adecuadas. Cuando cantas amarla profundamente no parece un error, ni un desatino ni destino, solo algo que tú misma has escogido porque puedes ver como la misma magia que te llena, te vacía y te libera baila con sus dedos blancos.

Está canción habla, a diferencia de la anterior, del amor que se grita a los cuatro vientos, del tipo de amor por el que se renuncia a todo, el tipo que causa tragedias y crea mitos. En la vida podría parecer irreal pero en una canción todo se hace verdadero. 

No me importa si está mal, no me importa si se van, voy a decir la verdad, diré que te quiero y te querré mientras pueda respirar.

Sigues mirando a Drew, no quieres capturar la mirada de nadie en el público y ella, demasiado concentrada tocando como para prestar atención a tu expresión, no notará que no solo miras en su dirección sino que la miras a ella y a ella le cantas. 

Que te quiero, en este instante, y probablemente, eternamente. 

Drew no podría acercarse más al estereotipo de pianista, lleva un vestido corto y blanco, zapatos y medias a juego, su lacio cabello rubio esta cortado por debajo del mentón tan delicado como el resto del rostro, sus manos se parecen tanto a palomas como las manos posiblemente pueden parecérseles y se mueven hábiles pero con reverencia por sobre el teclado. 

Que no puedo ser distante y olvidarme de tus ojos mirando tiernamente. 

Cuando al final de esa frase alza la vista del teclado por un segundo y encuentra tu mirada tu corazón parece tropezar. 

Diré la verdad, aceptaré que si he de morir alguna vez prefiero antes saber lo que es vivir a ir al cielo. 

Es afortunado que decida sumarsete en la siguiente estrofa porque tu voz se rompe a la mitad. 

No callaré ya más, no volveré a inventar motivos para no estar. 

La voz de Drew no es nada como la tuya, no posee la intensidad en parte natural y en parte entrenamiento ni la resistencia, pero sobre todo, mientras que tu voz es espesa y envolvente, la suya al cantar es agudamente preciosa como la de una niña en un coro. 

No volveré a asentir cuando me exijan amar en nombre del porvenir. 

La combinación es impresionante, no sabes bien como vuestros cantos están perfectamente coordinados y su voz, no tan constante, se superpone con la tuya en ciertos momentos más que en otros, pero no importa cómo, el efecto es hermoso y sentido. 

No quiero un mañana si no es por ti… 

El público parece notarlo también porque rompe en aplausos otra vez. Te inclinas y piensas que te gustaría ser capaz de decir la verdad, de gritarla con ese orgullo que parece escapársete cuando la música acaba. Te gustaría tener el valor para cantar tus propias canciones y hacerte cargo de las contradictorias pasiones que te hacen quien eres. Pero es un deseo vano y no la realidad, la realidad es que no te atreves a comprobar si su mirada y su actuación pueden hacer tus sueños verdad y que mientras más la quieras más miedo te dará arriesgar la estabilidad de esa ficticia amistad por algo más.

Llevas música en el alma y ni siquiera Drew comprende que cuando cantas no siempre es ficción y que la pasión en tu voz al mirarla no es parte de la actuación.

No encuentras entonces y probablemente nunca encontrarás, otra forma de ser completamente sincera y no es la mejor excusa para tu cobardía pero la música es tu vida, el aire que respiras, la sangre que te corre por las venas, los pasos dados y los planeados, lo que escribes y lo que lees, la música es la sed y el dolor, está en tus movimientos sin importar su objetivo y en tu expresión al negar o asentir.

Si tienes alma en absoluto la música debe poseerla. 

Quizás, supones observando a Drew, rodeada de un grupo de admiradores al otro lado de la habitación, si una ama a la música con todo el alma, no le queda lugar para ningún otro amor. 

Una parte de ti espera que sea así; otra, llora por que no.

 

Evalangui.

jrstrega@gmail.com