Camino Interior - Parte 6

Julia - juls22es@yahoo.es  

VI

Enma, mujer fría y calculadora, en esos momentos sentía que su estómago se encogía y un cierto malestar la incomodaba. No sabía a ciencia cierta que le depararían los siguientes instantes.

Te llevo ante el Consejo, por si te estás preguntando donde vamos. Te llevo sola no quiero que el Consejo ponga algún inconveniente si intervienen tus amigas en tu favor. Lo que decidan será libremente. Eso sí, yo, la Reina, sí puedo opinar y, en último extremo decidir. No creo que sea necesario llegar a tal punto, sin embargo yo ya tengo mi decisión” - dijo Genix sin más. 

Todavía más insegura y confusa se sintió Enma. Sabía muy bien que tenia que rendir cuentas ante el Consejo y ante su propio pueblo. Aunque saliera ilesa del Consejo, su pueblo no le tendría piedad.

Si piensas que tienes que rendir cuentas ante tu pueblo, te diré que en la reunión a la cual te encamino hay representantes de tu pueblo. Tu planeta tiene también que explicar muchas cosas e intentar cambiar su espíritu que tanto dolor y sangre ha producido. Pero eso ya está acordado, ahora solo faltas tú. - La Reina sonreía, veía como la cara de Enma  iba cambiando de color con cada palabra suya.

A la Reina empezaba a caerle bien, allí estaba la “sanguinaria Enma”, a su merced. En verdad que el amor debe cambiarlo todo, se dijo. Bien merecía una segunda oportunidad. Esta mujer le recordaba mucho a la Comerciante, a lo que había sido y ahora era. Basada en su experiencia había decidido interceder por ésta impresionante guerrera.

Llegaron al Consejo sin más. Todo el mundo se levantó al entrar la Reina.

-Tú, Enma, aquí a mi lado. -  Sin entender nada, la mujer obedeció.

La Reina se puso en su lugar acostumbrado y habló sin más preámbulos.

Miembros del Consejo, miembros del pueblo Guaki, me dirijo a todos vosotros para comunicaros que aquí está Enma. Todos sabéis quien ha sido y quien es, su trayectoria en la guerra y su final en la misma. Se ha entregado porque ha querido, y ha hecho también un enorme favor a este Consejo y a todos los pueblos aliados de esta guerra, ha tenido la entereza de ponerse a disposición de lo que decida este Consejo y  quiere ser juzgada por su pueblo. Evidentemente no ha huido ni se esconde. Solo puedo deciros dos cosas, una que no disculpo sus crímenes, pero también digo que su cambio y últimas actuaciones en favor de los pueblos libres ha sido determinante en el final de esta guerra. Su actuación en favor de la Comerciante y el intento de disuadir a Verdi han sido imprescindibles en la consecución de la paz.- Estas últimas palabras han ido dirigidas directamente para el Consejo.

Para el planeta Guaki y sus nuevos dirigentes deciros que hemos llegado a un acuerdo con vosotros dándoos una nueva oportunidad, para hacer que el pueblo Guaki  prospere en paz y armonía junto con los demás pueblos conocidos. Por ello pediros que deis una nueva oportunidad a esta guerrera. Yo la Reina Genix os pide tanto al Consejo como al pueblo Guaki que esta mujer no sea juzgada y sí se le dé una nueva oportunidad de vivir en paz y pueda servir en su nuevo camino a los pueblos libres y demostrar que su cambio es efectivo. Quizás nunca tuvo esa oportunidad, ahora, yo doy fe de que sí puede ser y tengo mis razones.

El Consejo y los representantes del pueblo Guaki se quedaron sin decir nada, la persona que hacía de portavoz en ese momento dijo:

Bien, se pasa a votación la proposición de la Reina.

Fue un simple trámite, aunque algunos no tenían unos pensamientos demasiado limpios respecto al discurso de la Reina y sus razones, pero era impensable ir en contra de ella ahora cuando había conseguido una gran victoria. Habría que esperar otra oportunidad.

Enma no daba crédito a las palabras de Genix. Sabía que no era de su agrado y que no tenía ganada su confianza pero había apostado por la opinión de la Comerciante. Sin duda, el poder de la Comerciante sobre la Reina era no solo incuestionable sino que era imposible de valorar hasta que punto la Reina confiaba en el punto de vista de la Comerciante…

Enma no entendía demasiado si eso representaba “poder de la Comerciante” o “fe en la amistad”. No tenía argumentos propios para decidir, sólo sabía una cosa, si en un tiempo se enamoró de la Comerciante, ahora, además de gran estima, la admiraba o ¿por qué no decirlo claramente?, la quería. No era amor de pareja como antaño pero sí la amaba y se daba cuenta que ahora, quizás ahora y sin ser demasiado tarde, empezaba a comprenderla, a saber de su evolución.

No sin humor, Enma pensó que la Comerciante había cambiado tan profundamente como diferente era la noche al día, pero no dejaba de ser “festiva”, mejor, seguía siendo una juerguista.  ¡Leches porqué no!, yo también sigo siéndolo pero eso no impide estar enamorada y luchar por los pueblos libres.

 

***

Cosas extrañas estaban pasando en ese tiempo en la ciudad de Aura,  aún quedaban cosas que no estaban terminadas. Dax seguía sin recuperarse. Genix  estaba terriblemente despistada por ello. No sabía a quien recurrir ni que hacer. Confiaba en la juventud de Dax para su recuperación. Dax la había salvado de una muerte casi segura, era valiente, decidida  y muy inteligente para la edad que tenía, pero quizás era demasiado joven para atarla a ella y en especial, a los deberes que ella tenía que asumir como Reina. Aunque eso podía esperar. Había casi 13 años de diferencia entre ambas y eso era toda una cuestión a superar. Ahora la premisa era que Dax reaccionara.

Genix había mandado llamar a una íntima amiga de Dax, Yuca. Yuca y Dax se conocían muy bien, habían sido compañeras de juegos y entre ellas había surgido una profunda amistad. Yuca se había dedicado a proteger a su pueblo y a organizarlo en los difíciles momentos de la guerra. Era una mujer introvertida, orgullosa, tímida, con gran corazón, culta y persistente, todo conocimiento le era poco, aunque en su mente se preguntaba para que le servía tanto saber. Nunca había salido de su pueblo, desconocía poco más allá de los límites de la aldea. Guerrera a la fuerza, a los pocos días de terminar la guerra volvió a sus quehaceres en el pueblo. Su preocupación solo era  “la salud de Dax”. Sabía que no había evolucionado favorablemente, por lo menos hasta esos momentos. Iba a ir a verla. Se estaba preparando para ello cuando recibió el mensaje de la Reina. Sorprendida, y a la vez con miedo, Yuca emprendió camino hacia Aura.

En los últimos tiempos su comunicación con Dax había sido mínima pues ante las invitaciones de su amiga para ir hacía Aura, ella le había respondido con excusas cada vez más tontas. Pero ella sabía por qué.

Genix había mandado que Yuca estuviera instalada cerca de Dax, quería propiciar cualquier estimulo para que la recuperación de Dax fuera lo más rápida posible.

 

***

 

Yuca tenía miedo, no quería sentir lo que sentía, su amor por Dax era fuerte, muy fuerte, desde siempre había sabido que la amaba, aunque nunca se lo dijo, ni siquiera lo dejó entrever, pero al enterarse de que Dax había sucumbido a los encantos de la Reina, sus celos fueron creciendo y a duras penas aguantaba. Su corazón estaba roto, pero sólo deseaba la felicidad de su amiga. Daría la vida por ella. Ahora lo único que importaba era su recuperación. Después ella se iría y se llevaría su amor. Luchaba contra esos pensamientos cuando recibió la invitación de la Reina para cenar.

Iba a conocer a su rival. Aunque en el fondo pensaba que no había rival.

Yuca se puso sus mejores atavíos aunque no tenía mucho donde elegir, pero bueno, la Reina tenía fama de sencilla y de vestir con atuendos campechanos. ¿Nerviosa?, exactamente nerviosa no. No lo estaba, quizás tenía cierto sentimiento de culpa, pero en realidad ¿culpa? Ella, todavía no había hecho nada, pero tenía pánico a no poderse controlar. Ver a Dax, sentirla desprotegida, encontrarla postrada en la cama, con el son de la muerte en su cama. Eso, no sabía como iba a digerirlo. Antes de la cena iría a verla, la hablaría, le diría que la vida es hermosa, que tenía a personas que la esperaban y que la amaban sin reservas.

Yuca en muchos momentos había pensado si su amiga no se había dejado seducir por el significado de Genix: toda una Reina, con poder, belleza y querida por sus súbditas.

Ahora iba a tener ocasión de saberlo, pero primero,  Dax tenía que volver  a la vida. Yuca solo tenía claro una cosa: si notaba cualquier duda en Dax, ella atacaría y trataría de llevársela de la corte, de ese modo de vida, tan ajeno a ellas.

Todo eso eran presunciones, pero por las cartas recibidas de su amiga durante el periodo de estancia en la Corte junto a Genix, sabía de sus dudas, de sus miedos, de sus cavilaciones. Aunque también sabía  que Genix trataba exquisitamente a Dax, que la amaba de verdad, y que Dax correspondía a la Reina, pero no era eso sólo lo que había que tener en cuenta para la felicidad de Dax, sino el lugar, la gente, la forma de vida, de cómo y con quien tenía que relacionarse.

Muchas preguntas y aún ninguna respuesta, primero era lo primero: la recuperación total y absoluta de Dax. Pero si había alguna fisura en esa relación, ella la iba a aprovechar.

 

***

 

Al enfrentarse Yuca cara a cara con su amiga, mejor dicho al verla postrada en la cama, sin movimiento alguno, casi sin vida, se le dispararon algunos sentimientos difíciles de controlar. De alguna forma culpaba a Genix de la situación de Dax, de alguna manera estaba resentida con la Reina, su amiga estaba allí, medio muerta por salvarle la vida a la todopoderosa Reina de Aura. Sin embargo, algo, dentro de ella le decía que las cosas que pensaba no eran así, que esperase, que viera, que conociera a la Reina, que no se precipitara en sus presunciones. Pero la  juventud e inexperiencia de Yuca la estaba traicionando. Su corazón estaba loco de amor, su mente apenas la podía controlar. Sus sentimientos la traicionaban. 

 

***

 

En otro lugar del palacio, Ige y La Comerciante tenían una conversación dura aunque llena de comprensión. La Comerciante no estaba en su mejor momento anímico, aunque los hechos denotaban que tenía que estar contenta, pero la Comerciante sabía que tenía que marcharse. Su camino interior no había terminado. Quedaban muchas preguntas sin respuestas y algunos cambios en su interior estaban sin concluir. El haber encontrado el amor no había significado la solución a toda “su oscuridad interior”. Quizás ya no había hechos, no llevaba a la práctica ciertos pensamientos, pero al  venirle ciertos pensamientos a la cabeza, entraba  en una profunda tristeza. No sabía el por qué “ciertos miedos e inseguridades” la acechaban cuando menos pensaba que podían ocupar su mente. No terminaba de disfrutar de la vida por esas cuestiones, por esas recónditas ideas dañinas hacia ella misma que no dominaba. Es como si su poder oscuro fuera tan fuerte que, incluso en estos momentos de equilibrio, amor, y compañerismo, todavía usurpaban su alegría, la dominaban y las pesadillas afloraban de nuevo una y otra vez.

No podía dejar atrás su pasado. Necesitaba encontrar respuestas, y obviamente en la ciudad de Aura no estaban, ni en la Reina ni en su amante. Ella sabía que estaban dentro de sí misma pero no encontraba el camino, no encontraba esa línea o círculo o sentido o idea o actuación o realidad que hiciera que ideas y sentimientos “extraños” desembarcaran de su cabeza para siempre.

La Comerciante había sido clara con Ige y le había expresado sus miedos e inseguridades. Ige sabía que no podría hacer feliz a su amor hasta que ella misma no encontrara sus respuestas, y quizás, estas las tendría que encontrar lejos de ella, por lo menos durante algún tiempo. Ige sabía que su amante necesitaba aprender a tener paciencia, a quitar el orgullo de su cabeza, a dominar su soberbia, a dejar que los demás se expresaran, a no pensar de más. Ella había procurado orientarla en lo que le pasaba, pero no tenía todas las respuestas y sobre todo no tenía la solución en sus manos. Era un recorrido interior que su amante tenía que hacer en solitario, a expensas de que ella se quedara sola. Lo sabía y no iba a decir que no a la propuesta que estaba a punto de hacerle su amor.

No hubo mucho que decir, Ige asumió las palabras de la Comerciante, se trago a borbotones las lágrimas que intentaban salir de sus ojos. Tenía claro apoyar a la persona que amaba, así se lo dijo  y en eso quedaron. La Comerciante se adentraría en el Valle Perdido, caminaría, dormiría y estaría el tiempo que fuera necesario, tendría que llegar a la Montaña del Inicio, el lugar donde, según la leyenda, todas las  energías de la Tierra convergían. Allí, la Comerciante pediría al Universo que aclarara su mente y su corazón. Quería conocer lo más profundo de su alma. Difícil petición al Universo, pero éste nunca la había decepcionado. Ige no quería ver más el sufrimiento de la persona que le había dado su reciente y corta felicidad así que, la esperaría. Y si no volvía entendería que la Comerciante había decido estar sola el resto de su vida. Iban a pasar varios meses o quizás, años.

 

***

 

Quizás donde si reinaba la felicidad era para Nátali y Enma. Las dos mujeres pidieron permiso a la Reina, habían decidido casarse y emprender un largo viaje. Necesitaban encontrar tiempo para ellas, los últimos meses habían sido desesperadamente duros.

La boda de Nátali y Enma iba a marcar un final en toda esta situación, un antes y un después de la guerra.

La llegada de Yuca. La incertidumbre de la salud de Dax. La inminente partida de la Comerciante. La tristeza de la Reina. La estoica posición de Ige. Mujeres que habían encontrado el amor en situaciones muy difíciles y, ahora con la paz, es como si el viento se encargara de llevar lejos esa felicidad  o como si una fuerza invisible la hubiera parado de golpe, como si un hacha cortante la persiguiese  para partirla en trozos.

Mientras tanto, en los pueblos y planetas participantes de la guerra todo se empezaba a ajustar. La diplomacia había tomado el relevo a las y los guerreros. Los pueblos todavía tenían la resaca de la celebración de la victoria. Todo parecía que comenzaba a volver a la normalidad, una normalidad todavía pesada, todavía ennegrecida por las muertes, aunque pocas, de las personas que habían dado su vida para que sus pueblos pudieran vivir en libertad. Esa libertad que a la humanidad siempre le había costado sangre.

Esta era la situación de la ciudad de Aura poco después de la boda de Nátali y Enma. La Comerciante todavía no había hablado con la Reina sobre su partida, aunque Genix sabía que iba a quedarse sola muy pronto, sin sus dos baluartes más queridos, con Dax postrada en la cama, la soledad pegaba con fuerza en el corazón de esta exquisita mujer. Ella era la que no podía marchar, era la Reina y se debía a su pueblo, era el bien supremo, era para lo que había sido educada y que ella asumió desde muy joven. Esperaría la vuelta de sus amigas y sobre todo, esperaba que su amor despertara y que suavizara la congoja de su garganta.

La Comerciante se debatía entre la tristeza y la necesidad de marchar. Todavía su corazón no estaba preparado para quedarse al lado de alguien toda la vida. Quería seguir surcando los cielos y el espacio exterior, no quería dejar de trabajar en lo que le permitió salir adelante en sus días oscuros. Tampoco deseaba compartir todas las horas y todos los días con una sola persona, aunque esa persona era lo que más amaba en la vida. Ige representaba la culminación de su larga vida, encontrar esa comprensión y entendimiento le daban el equilibrio necesario para buscar más en su interior. No estaba satisfecha de su vida todavía, no había encontrado las respuestas a las preguntas que una y otra vez martillaban en su interior. Esas respuestas tenía que buscarlas sola, o quizás quería seguir llevando la vida que tenía hasta ahora: libre y viajando de un lugar a otro, conociendo gente y nuevas formas de cultura. Esa vida viajera era lo que tenía que hablar con Ige. No deseaba dejar de verla, pero quería seguir con esa vida hasta que ya no pudiera más. También estaba el estilo de vida de Ige, también viajando. Tenían que llegar a un acuerdo sin que esto significase dejar de amarse y verse. Puede que eso fuera su solución. Y esa noche iba a hablar con ella.

La noche había caído sobre Aura, el Palacio estaba extrañamente silencioso. El crepúsculo había llegado no solo al día sino de alguna manera a algunos corazones. La Comerciante hablaba así a Ige en sus habitaciones:

Ige, en dos días me voy hacia el Valle Perdido, hacia la Montaña del Inicio, permaneceré sola dos meses más o menos, pero luego he decido seguir con mi trabajo de Comerciante. Es lo que quiero, lo que siempre quise, yo no sé si tú estarás dispuesta a esta clase de relación, no conviviremos pero nos veremos, si tú quieres, muy a menudo y pasaremos largos veranos juntas aquí en Aura. Así ha sido mi vida durante mucho tiempo y me siento bien. Pero eres libre de adoptar la decisión que tú quieras, no te voy a retener y a obligar a esta forma de relación si tú no quieres.

Ige contesta:

Amor, sabes que ese no era mi objetivo final contigo, es decir, en algún momento en estos meses desde que estamos juntas, pensé que podíamos formar una pequeña familia y convivir.  Pero eso era renunciar a lo que hasta ahora hemos sido. Tú vida y la mía son más parecidas de lo que pensamos. Las dos viajando, la dos conociendo a gente nueva, las dos pasando pequeñas temporadas en Aura con la Reina. Es nuestro estilo de vida. Y probablemente hasta que no seamos muy mayores no vamos a querer quedarnos en un único lugar, pero para eso falta mucho tiempo. Nuestra forma de aprender es quizás, esta forma de vida, al fin y al cabo es lo que nos gusta. Está bien, así es y así debe ser. Nos veremos siempre que podamos y deseemos. - Ige esboza una sonrisa. No está triste. Ha llegado a la misma conclusión que su amada. Puede ser excitante esa forma de encuentro hasta que el tiempo determine cuando hay que parar.

Las dos se abrazan, se entienden, en esa mutua compresión está basado su amor. Eso les ha hecho llegar a estar juntas. Y esa misma comprensión les da fuerzas para haber determinado el camino elegido.

 

***

 

En el otro extremo del Palacio, en los aposentos de Dax y la Reina, una melancólica y nerviosa Yuca terminaba su visita a Dax. Ahora tenía que enfrentar sus sentimientos y aparentar normalidad en la mesa con la Reina. Tenía entendido que también cenaría con Ige y la Comerciante. Estaba deseosa de conocerlas. Se habían convertido en mitos, casi leyendas. Serían cuatro a la mesa. Yuca no sabía si sería capaz de encajar tantos acontecimientos.

La cena:

“Parece que he llegado primera. Bueno, hermoso lugar este, pensaba que podría ser más destartalado por lo grande. Pero no, la Reina es espartana, no le gusta el lujo y parece muy sencilla. Es un lugar acogedor. No me extraña que a Dax le haya impactado tanto la Reina. Ahora la veremos en persona.” Pensaba Yuca en la biblioteca donde la habían llevado mientras esperaba la llegada de las demás. Admiraba los libros, le gustaban, además en el formato de libros antiguos. Era muy hermosa la biblioteca, a la manera tradicional. Estaba algo nerviosa, se iba a enfrentar con su realidad. La persona que había robado el corazón de Dax, en pocos instantes iba a estar frente a ella. No quería sentir lo que sentía, quería ser fiel a la amistad de Dax. Pero a veces, los sentimientos nos traicionan.

Genix  se dirigió directamente a la biblioteca, quería que el primer contacto con la amiga de Dax fuera en un lugar acogedor y distendido, lejos de otras personas.

Tú debes ser Yuca. Hola Yuca, bienvenida a Palacio. Espero que te hayas sentido a gusto en tus aposentos.

Yuca se quedó un poco sin saber que decir, sabía que la Reina era hermosa, pero la realidad superaba las habladurías. En fin, sintió un poco de inseguridad. Sabía que no podía competir con la Reina.

¿Me darías un abrazo? Dax me ha hablado tanto de ti que creo que te tengo mucho cariño.

Claro, claro,  mi Reina.

Casi con lágrimas en los ojos, ante la suavidad de la Reina, Yuca se quiso morir ante los extraños pensamientos que había tenido de ella.

Yuca, ¿estás llorando? ¿Has visto muy mal a Dax? ¿Verdad? ¡Por la fuerza, lo siento! Fue mi culpa. Espero que no me culpes por lo que le ha pasado a Dax. Estábamos en guerra. Ella  me protegió. Traté de mantenerla a salvo pero ella no quiso separarse de mí.

Decía Genix sin soltar a Yuca, mientras  la miraba profundamente a los ojos. La tristeza era una carga que últimamente no se despejaba ni un solo momento de su corazón.

Genix, ahora, lo primero es que Dax se recupere. – Dijo Yuca algo nerviosa.

Genix atribuyó el nerviosismo de Yuca a la situación de Dax. Yuca era muy hermosa. Intuía que los sentimientos de Yuca por Dax no eran sólo de una profunda amistad. Sino algo más fuerte. Quizás no había sido buena idea llamarla. Pero si Dax despertaba era lo mejor que le podía ofrecer, el apoyo de su mejor amiga. Ya veremos como termina todo esto. Sólo esperaba no haberse equivocado del todo.

La cena transcurrió agradable, conversaron y se conocieron, la Reina presentó a Ige y a la Comerciante. Un poco después, Yuca pidió a Genix permiso para montar a Aoraki, al fin y al cabo conocía a la yegua, había ayudado a su recuperación cuando fue herida por Viscon. Necesitaba algo de libertad, de golpe se ahogaba en palacio.

 

***

 

Finalmente la Comerciante se despidió de Genix, de la gente de palacio y de Ige. Se adentró en el Monte Perdido, hacia la montaña del Inicio.

Yuca montó a Aoraki y ésta, reconociéndola relinchó con alegría. Hermosa yegua donde las hubiera. Era digna de una Reina.  “¡Malditos celos! ¿Cómo los puedo dominar?”– Se preguntaba Yuca, “como puedo hacer para que estos sentimientos se conviertan sólo en amistad hacia Dax”.

Aoraki trotaba mientras su jinete lloraba desconsoladamente.

Yuca había pedido permiso a la Reina para adentrarse en el bosque e ir a una linda cabaña que Dax tenía. Quería pasar unos días sola y tratar de calmar sus sentimientos. Aclarar sus dudas y, sino conseguía dominarse, sincerarse con la Reina e irse lejos.

Necesitaba aislarse de la Reina y de Dax. Quizás a la vuelta pediría a la Reina que le permitiese volver a su aldea. No quería hacer algo que pudiera poner en peligro la amistad de Dax y herir a la Reina. Pero el destino, a veces, nos depara sorpresas y nos hacen ver que los sentimientos pueden ser diferentes a lo que creemos.

Aoraki trotaba galantemente, su figura rayaba lo sobrenatural, imponía belleza. En su lomo llevaba a un corazón dolido, confundido, roto en realidad.

Un alma se había ido hacia la montaña del Inicio, otra a una cabaña que le iba a deparar sorpresas. Dos almas en busca de su propia libertad, querían dejar de depender de sus propias limitaciones. Yuca quería amar a alguien y dejar lo que sentía hacía Dax. La Comerciante no quería estar atada a nadie. Eso es lo que en realidad deseaba. Ambas se tenían que dar cuenta que si querían amar y ser amadas, algo de su propia libertad tenía que ser cedida.

Prácticamente habían salido a la misma vez, sin saberlo. El destino iba a conseguir que se conocieran más en profundidad.

Hasta la montaña del Inicio había un largo trayecto, La Comerciante pensaba acampar al aire libre. Necesitaba sentir la naturaleza en toda su expresión. Una pequeña tienda de campaña le serviría de cobijo.

La montó rápidamente,  preparando el campamento y la cena. Un pequeño hornillo le serviría de fuego para hacer la comida. Todavía no hacía falta encender fuego. La temperatura era suave y una pequeña brisa acariciaba su cara.

Había soltado a  la yegua para que se alimentara.

Todavía quedaban un par de horas de luz. Tendría tiempo de leer, escribir y… ¿pensar? La verdad es que tenía poco que pensar. Hacía mucho tiempo que había decidido cual sería su modo de vida y le gustaba.

Pero no había contado con conocer a alguien y enamorarse. Lo que no deseaba era hacer daño a esa persona. Habían hablado profundamente con sinceridad, y esperaba que Ige lo hubiera comprendido. Deseaba  que no hubiera sido sólo un entendimiento por el amor que Ige sentía por ella.

Con esos pensamientos estaba cuando oyó un relincho. Un relincho familiar.

“¿Quién anda por ahí? Ese relincho me es muy conocido. Y… ¿quién monta a Aoraki?”

¡Vaya que sorpresa! ¿Yuca que haces por aquí?

Cierto, que sorpresa, la Comerciante. Sabía que te ibas pero no sabía que iba a coincidir contigo. Pues contestando a tu pregunta te diré que voy hacia la cabaña que está dentro del bosque y es de la Reina, creo que tú ya la conoces. Pensaba que iba a darme tiempo a llegar pero no ha sido así. ¿Me aceptas en tu campamento?

Claro, pero calculaste mal el tiempo que se tarda en llegar, está más lejos de lo que parece, tendrías que haber salido en la mañana para llegar en la noche. Y, claro que te acepto, será agradable tener por compañía a la amiga de Dax. Hay cena para dos de sobra. Ponte cómoda y cenemos.-

Yuca esbozó una sonrisa, no era forzada. La calidez de la Comerciante hizo que se sintiera cómoda y dejó atrás la tensión de su rostro acumulado durante los últimos días.

Yuca, aunque introvertida era habladora por naturaleza quizás para disimular su timidez. Había estado reprimida últimamente. Habló de varias cosas intrascendentes,  de la vida en común que había llevado con Dax en la aldea. Su sonrisa se tornó casi perpetua al recordar a Dax y sus aventuras.

Jajaja, o sea que erais muy, muy traviesas.

Efectivamente, corríamos más que los demás niños de la aldea y ganábamos todos los juegos. Creo que Dax siempre fue especial, diferente al resto de los aldeanos. Su afán de conocimiento  hizo que la aldea le quedara pequeña. Necesitaba más y por finalmente lo consiguió.

Esas últimas palabras hicieron que la expresión de Yuca se entristeciera. El silencio surgió como por arte de magia. Y la Comerciante respetó ese momento de intimidad de Yuca.

Era muy predecible para la Comerciante los verdaderos sentimientos de Yuca hacia Dax. Notaba el dolor de su corazón. Respetó su silencio unos instantes y luego soltó a bocajarro, no era muy diplomática y ahora tampoco lo iba a ser.

Y..., dime Yuca cuando Dax se marchó de la aldea, imagino que pensabas que iba a volver rápidamente, que sólo venía a entregar a Aoraki a la Reina y a acompañar al viejo. Pero… no fue así y,  perdona que sea tan brusca pero para mí es evidente que has estado toda tu vida enamorada de Dax. ¿Cierto? Si no quieres contestar no contestes.

La Comerciante esperaba un sobresalto de Yuca pero ésta ni se inmutó. Solo asintió:

Efectivamente Comerciante así es, siempre estuve enamorada de ella. A medida que crecía iba diferenciando mis sentimientos hacia ella. Nunca se lo dije, y cuando quise ya era demasiado tarde, su corazón estaba ocupado. Y Dax se enamoró de una gran persona. No sólo de la Reina sino de la mujer sencilla, inteligente, fuerte y cariñosa que me ha demostrado ser, y creo que también comprensiva, intuyo que se ha dado cuenta de mis verdaderos sentimientos por Dax y calla. Imagino que Genix pensará que yo debo decidir que hacer, si quedarme hasta que Dax vuelva a la vida o irme. En ello estoy… por eso lo de aislarme unos días, pensaré y trataré de dominar mis sentimientos, pero es algo difícil.

Bien, Yuca los sentimientos son difíciles de dominar. Cabalga conmigo durante unos días, creo que podré contarte algunas historias de mis sucesos en la vida que te pueden ayudar.  Aunque no se dominen quizás, los sentimientos sí se pueden desviar, o sencillamente surge alguna otra persona que puede llenar nuestros sentimientos.

En mi interior hay una gran mezcla de sentimientos, mi amor por Dax está más allá del propio deseo físico. A veces dudo, y pienso que es algo que se confunde con las vivencias de juventud y nuestro mutuo entendimiento y cariño. Realmente en la aldea había pocos niños y niñas a las que poder conocer en profundidad. Y nosotras dos desde que apenas caminamos hemos estado juntas. Puede que tenga que analizar ciertas cosas, o simplemente como dices tú, que surja alguien nuevo en mi vida. No lo sé Comerciante los sentimientos y pensamientos humanos son harto complicados. Creo que eso lo sabes de sobra. Perdona que sea tan sincera, pero ante preguntas tan directas como las tuyas, no sabes lo bien que me vienen sincerarme, creo que he estado a punto de explotar y decir cosas que no son a la Reina, como culparla de la situación de Dax. Hubiera hecho daño y no hubiera sido justo. Me hubiera dejado llevar por los celos y la soberbia.

Bien, Yuca estás en el camino correcto, por lo menos has comenzado a separar los celos de lo que pasa en realidad.  Mira tienes un gran corazón, pero como tu dices no has salido mucho  de la aldea. Quizás tengas que empezar a viajar y tu sed de conocimiento y tu necesidad de relacionarte con otras personas sea la solución. Y lógicamente, además de analizar realmente tus sentimientos.

Bueno, tengo por aquí una bebida estupenda… jejeje yo también tuve que dominar las fiestas y la bebida, pero lo logré, ahora bebo una copita de vez en cuando por gusto, ¿aceptas una copita de un licor increíble?

Claro - , dijo Yuca levantando la mirada. Una leve sonrisa  asomó en su cara. Sus ojos seguían tristes pero tranquilos. Su expresión denotaba preocupación pero no miedo. Su corazón estaba derretido por dentro pero abierto. Su mente reposaba en pensamientos. La quietud fue avanzando en su interior como la noche había hecho sucumbir al día. Las estrellas brillaban con todo su esplendor. El otoño aún tenía noches que preparaban un día hermoso. Apenas fluía un leve suspiro de viento. La calma llegó al corazón de ambas mujeres. La simpatía de la una por la otra era evidente. La comprensión de la mujer mayor hacia la joven hizo que la mente de ésta se abriera de par en par y pudo contar un montón de sentimientos tantos años reprimidos.

¿Cómo has podido descubrir mis sentimientos tan fácilmente, Comerciante?

Eres un libro abierto para mí. En cuanto te vi denoté muchas cosas en ti, pero bueno, no sabía si estaba pensando demasiado o no pero... creo que te conocí rápidamente.  Eres encantadora y noble, pero muy joven y estas enamorada de quien no te corresponde. ¿Me confundo acaso?  - Dije

NO. - Confirmó sin tapujos.  - Pero que no me corresponde, eso todavía no lo sé, lo que sí sé es que mi rival es muy difícil de desbancar.

Hablas sinceramente. Y eso me gusta, pero tienes unos sentimientos encontrados muy peligrosos. Tienes que aclararlos. Puedes hacer mucho daño y hacértelo a la vez.

Por eso estoy aquí para aclararlos y volver a Aura o desaparecer. - Concluyó.

No digas eso, Dax te necesita, y con el tiempo también podrás tener la amistad de Genix, es una gran Reina pero mejor persona. - Quise continuar la conversación.

No lo dudo. Pero sí dudo  si ese ambiente y esa vida es lo mejor para Dax. Quizás no se trata de mis sentimientos, sino que me preocupan algunas otras cosas. Ha estado a punto de morir, sino es que vaya a morir en poco tiempo.  Dax es sencilla y trabajadora, le gusta la intimidad y la buena charla, no es, digamos, una persona de acción, es más de estudio, de comprensión, de entender las cosas y a las personas. Y ese mundo de la Corte…, además de ser eso, lugar de gobierno es un lugar donde se toman decisiones y ocurren acontecimientos que son de alguna forma peligrosos. - Continuó convencida.

Tienes toda la razón del mundo en tu apreciación, solo que Dax, aquí tiene la mejor biblioteca del mundo conocido. Vive de cerca todos los acontecimientos, y además su amor es correspondido. Tienes razón, Yuca pero tienes que analizar más cosas. - Le dije, notándola algo obstinada.

Sin duda cuando recobre el conocimiento le preguntaré, y Comerciante…, lo único que sé es que respetaré su decisión, pero si no está bien ahí, me la llevaré. - De alguna forma daba por terminada la conversación. 

¿Y con tú vida que harás si te dice que quiere continuar junto a Genix y vivir la vida que esta relación le depare? - Pregunté.

Me iré.

¿Sólo te irás?

Sólo me iré.

Yuca cabalgó conmigo durante más tiempo del que pensó. Mando una comunicación a la Reina. Lo estábamos pasando bien.  Finalmente decidimos bajar al valle y alojarnos en un pueblo pequeño pero donde la comida y la tranquilidad, además de su belleza motivaban a meditar, hacer ejercicio, pasear y tener una buena conversación.

Transcurridas tres semanas recibimos una noticia urgente de la Reina, Dax había despertado. Yuca debía volver y enfrentar la situación.

Gracias por todo Comerciante, sigue tu camino. Le diré a Ige que estás muy bien.

Gracias a ti, eres una gran compañía, cuando quieras seguir mi estela y si decides viajar encuéntrame cuando quieras, de a poco comunico donde estoy.

Así lo haré.

Nos despedimos con un fuerte abrazo, era una gran muchacha, le faltaba algo de madurez todavía, pero con unos sentimientos de fidelidad y amor muy fuertes. Tenía que aprender y caminar en otro sentido al que había decidido tiempo atrás.

No voy a describir con detalle lo que aconteció en la Corte a la llegada de Yuca. Sólo diré que Dax le sonrió, y la abrazó. Poco después habló con ella. Yuca pacientemente fue conociendo de primera mano los sentimientos de Dax y sus deseos.

Finalmente, un par de meses después tenía a Yuca cabalgando y viajando conmigo. No había decidido llevar compañía. Pero me sentí muy a gusto. Por cierto, montaba a la yegua más hermosa que mis ojos vieron, la Reina le había regalado a Aoraki.  Y con ello le había regalo parte de su corazón.

Hasta siempre.

 

 

FIN