Camino Interior - Parte 4

Julia - juls22es@yahoo.es  

IV

Trataba de mantenerme lo más serena posible ante la brevedad de tiempo del que disponía. Ya estábamos sentados en una magnífica mesa. Estaba muy bien acompañada, debería ser todo un honor para mí el tener a los máximos  mandatarios a mi lado, Verdi a un lado, Enma al otro.

¡Dios! Enma seguía tan hermosa y salvaje como siempre, ella y yo éramos viejas conocidas de un tiempo oscuro en mi vida, donde la lujuria y la juerga, peleas y otros acontecimientos poblaban mi día a día, y el suyo, claro. Enma no me llevaba más de cinco años.  En su ya, edad madura, estaba como nunca, atlética, bronceada, con ese moreno que contrastaba con su rubio pelo. Disponía de unas turgentes prominencias que era un placer para los ojos, imaginar 12 años atrás, mis ojos se volvían lujuriosos ante su presencia.  Volvamos la vista hacia atrás en el tiempo.

 

***

 

El pequeño planeta Persef además de ser la despensa agrícola de los mundos conocidos también era famoso por sus "tabernas", lugares de recreo poco recomendados para jovencitas y jovencitos. En esa época todavía era joven y peligrosa, pero aquellos ojos negros, azabaches, el rubio de su pelo, y otros encantos de Enma me tenían terriblemente excitada.

Una taberna, casi  oscura, velas, muebles antiguos de una época perdida en el tiempo. Grandes cuadros con colores vivos, donde predominaban los naranjas y rojizos, algunos amarillos apagados y el negro. Una chimenea al fondo, con el fuego ardiendo, chispeante. Cubas de vino, botellas del viejo ron terrestre, mujeres y hombres alternando en una furia de conversaciones y abrazos lascivos.

Al fondo de la larga barra de mostrador, cerca de una gran mesa y pequeñas sillas, se encontraba aquella noche Enma con unos secuaces o amigos o simplemente tíos que querían seducirla. Ella reía a sus bromas y de vez en cuando les dirigía una mirada pecaminosa, los provocaba y los paraba de golpe. Esas grandilocuentes risas hicieron que mis ojos se desviaran hacia ese el lugar. Yo estaba caliente, unos cuantos tragos hacían que mi cuerpo cambiara y la expresión de mi cara y las ideas de mi mente se trastocaran hacia la perversión y la lujuria.

En un momento sus ojos me escrutaron cual a un simple animal, una sonrisa burlona se describió en su boca, labios llenos de pecados, anchos, apetitosos. Algo ocurría con mi cuerpo, la calentura era tan evidente que el color rojo de mi rostro peleaba por no ser como el de los cuadros.

Sin palabras, ¿para qué? si una mirada suya era suficiente. En un momento me tenía comiendo de su mano. Apartó de su lado a un sujeto empachoso, parecía como si el juego de los hombres le hubiera cansado y sin mediar palabra con ellos se dirigió directa hacia mí. Dió un manotazo al último de sus acompañantes y levantándose cuan larga era, enfiló sin detenerse hacia donde  me encontraba. Mi boca se secó  cuando fui consciente de que venía hacia el lugar donde yo estaba sentada. Tragué como pude otro vaso de vino y mi cuerpo recibió una descarga que hizo que las velas titilasen. Tan suavemente como el más terrible de los felinos se fue acercando, estaba tan cerca que su aliento empujó el sudor que comenzaba a surcar mi cara.

¿Cómo te llamas? - Divisé tus ojos y me impresionaron, verdes, verdes brillantes, claro que pueden ser producto del vino.

Carcajadas que tronaron en mi mente, risa cuya malicia me hizo temblar y el deseo que ello produjo en mí me sorprendió, aún hoy en día recuerdo la fuerza de esa mujer.

Ahora quizás, solo me produzcan  compasión, pero en su momento era simplemente deseo y placer, lujuria y vanidad, sexo, puro sexo.

No sé qué responderte, dije abruptamente. Me llaman "sin nombre".

En esos tiempos y desde la muerte de mi padre  había estado vagando eternamente de una nave mercader a otra, de un planeta a otro y de unos patrones a otros. De paliza en paliza, de insulto en insulto, al  final me había convertido en lo que era hoy, como se podría llamar... yo diría que una sin vergüenza, una vividora que se aprovechaba de damas inocentes y que estaban deseosas de formar pareja pero que no podían evitar las ganas de conocer a "una aventurera como yo". Realmente no sabía mi nombre, nunca me llamó mi familia por él. Desde la última paliza de mi hermano me había ido a la aventura y osé pedirle a un mercader sin escrúpulos que me empleara en su nave, acepté dedicarme a las tareas más inmundas. Pensé que más valía  que me pegue y me insulte gente extraña que mi propia familia. Era el reto de comenzar una nueva vida que me iba a marcar para siempre. Pronto iba destacando en lo referente a ordenar y catalogar la mercancía, me hice un hueco entre los indeseables que eran mis compañeros. Me enseñaron todo lo que sabía en esos tiempos. Mi fama creció como la espuma. Pronto mis peleas, juergas y catadora de mujeres se hizo extrañamente familiar en ciertos garitos espaciales.

Alguna fama ya profesaba en el ambiente en el que me relacionaba. Enma ya conocía de mi aptitud ante la pelea y el sexo.

Un ligero temblor era perceptible en mi boca. Ella lo sabía, lo intuía y se recreaba, sabiendo de su poder de seducción.

¿No tienes otro nombre? -insistió la mujer.

No, no lo tengo.

¿Y esos ojos quien te los hizo? ¿Acaso no lo sabes? - siguió preguntando Enma.

Su sonrisa burlona se acrecentó, aunque paró de golpe su ironía hiriente y la cambió por una sonrisa, su boca, magnífica, se abrió y su lengua se balanceó sobre sus propios labios aproximándose a los míos. Mi calor iba en aumento.

¿Quieres una copa en mis aposentos? Esto me aburre, realmente me aburren los tíos, son patéticos. 

La tranquilidad parecía volver a mi corazón.

Sí, le dije. Vámonos.

La fiereza con que me había tratado en los anteriores momentos se convirtió  en una suavidad salvaje, imponiendo su altura me cubrió con sus enormes brazos y tiró de mí, no sin antes meter su lengua dentro de mi boca y poseerla sin más. Dirigió una sonrisa burlona  hacia los secuaces con los que estaba hacia solo unos minutos.

Me empecé a sentir muy a gusto con ella, no sé porque me había puesto nerviosa y acalorada por su presencia y actuación, ¿acaso no lo había hecho yo durante los últimos ocho años?. Mi vida no era precisamente, reluciente, apropiada y severa. Libertinaje, juerga, sexo, diversión sin pensar en nada ni en los demás.

La seguridad volvió a mí después del impacto que me causo Enma. Tomé posición y evalué a la mujer que mantenía sus brazos entorno a mí. Sabía que me gustaba lo fuerte, la pasión desbordada y el sexo por el sexo, pero además esta mujer me gustaba demasiado como para no utilizar todas mis habilidades en el amor.

Tomar la iniciativa en el amor no era tarea que me supusiera ningún esfuerzo, me gustaba y sabía que podía complacer a esta mujer, la seguridad en mí rayaba la estupidez, pero era buena en la cama o donde fuera que parásemos para juntar nuestros cuerpos.

Llegamos a donde pernoctaba, abrió cautelosamente la puerta, investigando cada rincón de la habitación. Me soltó. Sacudí mi cabeza, mi cuerpo estaba en alerta, como esperando un ataque..

¿Una cerveza? -preguntó la alta mujer. - Sí, - respondí.

Ponte cómoda.

Me quité la cazadora que por aquel entonces usaba, dejé un puñal debajo de ella como queriendo ocultarlo, aunque esa no era mi intención sabía que era una noche de sexo y no de pelea.

Enma se sentó cerca de mí, muy próxima pero sin avasallar, pensé que quería dar iniciativa a su conquista. Así fue, aproximó la botella de cerveza hacia mis labios, pero la aparté y tomé sus labios con suavidad, que solo duró un segundo, mi lengua entró a empellones en su boca sorbiendo todo su fluido. Un grito lleno de sorpresa se apagó. Un beso salvaje que no esperaba. Noté el calor de su rostro. Retiré un solo segundo mis labios de los suyos, la miré como una gata en celo solo puede mirar. Mirada fría, calculando cada milímetro de la comisura de sus labios, me acerqué de nuevo a ellos, pero ahora despacio, aunque no dí mucha tregua, un momento después y a la vez que mi lengua se metía de nuevo en su boca, desabroché de forma maestra su camisa negra. Unos pechos que ya había imaginado salieron a recibirme y, con la rapidez que me caracteriza, pronto su corpiño quedó fuera de su cuerpo.

Un poco sorprendida todavía de mis habilidades y mi actuación, Enma quiso retomar su fuerza y su dominio sobre mí y sin pensarlo lo más mínimo arranco mi camisa de cuajo, al igual que mi sujetador. No me sorprendió. Era algo que esperaba y me gustaba, me gustaba mucho.

La paré, ya no con mis labios sino con mis manos y un simple, espera. Como por arte de magia esperó y me dijo:

¿A qué juego quieres dedicarte ahora?

A ninguno, respondí. Solo quería echar un trago de cerveza. Desnúdate, - le decía a la vez que ponía algo de música. Apagué rápidamente las luces principales y seleccioné un ambiente de chimenea.

Ja, ja, ja, ja. Sorprendente...¿no me digas que eres romántica? - me dijo a la vez que se desnudaba.

Sin contestarle me volví a acercar a ella, la empujé y sin oponer resistencia alguna, cayó al sofá.

Eres muy alta en comparación conmigo. - Sonreí. Así a mayor igualdad de altura podré hace lo que yo quiera. El sofá es ideal.

Divertida y sorprendida se dejó hacer.

Enma estaba sentada con normalidad en el sofá, esperando, intrigada. Me aproximé a ella, me arrodillé y comencé a abrir su entrepierna, lo agitado de su corazón delataba su excitación, mi boca se aproximó a su pubis, saqué mi lengua con la suficiente longitud y posición para que la viera. Echó su cabeza hacia atrás esperando que mi boca comiera su sexo. Seguí acercándome, pero fueron mis dedos los que sin ninguna dificultad buscaron la apertura para penetrarla. Una vez más sorprendida y deseosa trató de mirarme a los ojos, pero fue una palabra la que salió de su laringe.

Penétrame.

Había dejado mis dos dedos dentro de su vagina y los comencé a mover lenta pero fuertemente. La atraje un poco hacia mí para sentirme más cómoda mientras que le daba placer. Sin previo aviso saqué mis dos dedos de su profundidad y lo cambié por el gordo de la mano derecha, sin apenas apreciar el tiempo introduje también uno de mis dedos en su otra abertura. Rítmicamente comenzó un movimiento de los dos dedos. Las dos profundidades de la entrepierna de la mujer eran mías.

¿Qué coño me estás haciendo? Acertó a decirme.

 Disfruta, - apostillé.

Con mi mano izquierda, hasta ahora libre, e incorporándome un poco alcancé su pecho izquierdo al que pellizqué sin compasión.

La dulce Enma había cerrado los ojos, la todopoderosa general de los Guakis estaba presa de una cierta muchacha sin oficio.

No la volví a besar, después de unos largos minutos de bombeo constante, saqué mis dedos de su sexo y baje, ahora si, con mi boca hasta llegar a su elevado clítoris, al que asistí con urgencia. Unas veces era la lengua quien empujaba su clítoris en varias direcciones, otras la suavidad podría hacer perder el aliento, otras eran mis dientes quienes lo retenían a la vez que la lengua lo acariciaba, otras mis labios lo apretaban para luego ser succionado.

Enma apretaba los dientes, no quería soltar un suspiro pero lo hizo. Su orgasmo invadió mi boca, su fluido me llegó y el sabor de su sexo me embargó.

Esos eran mis recuerdos de aquella salvaje noche, ahora volvamos a la cena.

 

***

 

Mi mente se había ido del lugar por unos instantes que me parecieron siglos. Fue la propia Enma la que me sacó de mis elucubraciones.

Qué, ¿recordando viejos tiempos?

Hola, Enma...¿parece que has llegado lejos en tu carrera por el poder?

Una vez más su sonrisa burlona retumbó en mis oídos.

Sabía que te habías vuelto muy decente, creo que excesivamente decente.

Siempre te creí una vividora y juerguista, violenta y con ansias de poder, pero no sabía hasta donde llegarías. Me alegro por ti. - Dije.

Intenté ocultar mis verdaderos sentimientos y a la vez, que no me delatara que sabía más de lo que ellos pensaran. Pero cuando más confiada estaba se iban a producir unos hechos tan rápidos pero, no tan sorprendentes como para que yo no estuviera  preparada. Sabía que, probablemente, habría sido vigilada la mayor parte del tiempo y los Guakis conocían mi relación con la Reina y con la Dama Primera. Solo la seguridad de saber que  los Guakis y Viscon  no tenían la mínima idea de nuestros conocimientos sobre sus planes es lo que me mantenía con una calma que en mí, sorprendía.

Terminó la cena, durante la cual Enma no había descuidado un solo momento para observarme, yo tampoco, quizás por motivos diferentes a los de ella.

Te quedas a la fiesta o te vas a dormir como los bebés. Sentenció Enma.

No, tomaré una copa contigo, quizás recordemos viejos tiempos. - Sonreí.

Siempre sorprendiéndome. Puede que yo llegue a sorprenderte en poco. - Apostilló Enma.

Me despedí, con una cortesía que estaba lejos de sentir, de Verdi, cuyos ojos eran los de una víbora a punto de engullir a su presa.

Miradas cómplices entre Verdi y Enma, la cual asintió levemente. Lo capté.

Ven, seguramente estemos más cómodas en este reservado.

La seguí.

Los participantes en la fiesta estaban la mayoría borrachos. Otros bailaban ante una música imposible de describir. La oscuridad del lugar apenas se disimulaba con unos haces de colores.

Como si de dos viejas amigas se tratara me empujó levemente hacia el lugar. Pidió dos combinados que me parecieron demasiado suaves para lo que ella acostumbraba.

La bebida, es muy suave. Acaso, ¿la edad influye? - sonreí.

Efectivamente, la edad, pero también la madurez o como lo quieras llamar, ahora otras cosas llaman más mi atención. - Su cara se tornó seria, no sin un atisbo de preocupación.

Algo no cuadraba en mi mente. ¿Preocupación, responsabilidad, algo de ternura, cierta debilidad? Adjetivos que, instintivamente afloraron en mi cerebro.

¿Se puede saber qué mantiene a su excelencia  tan "preocupada"?

Cosas que a ti no te atañen. - Dijo mirándome de frente. 

Perdona, mujer, solo me interesaba por tus responsabilidades. Apostillé no sin un poco de sorna.

Y tú, ¿no estás enamorada hasta lo que en otros tiempos era impensable?

Estás muy bien informada, respondí.

Siéntate, ordenó. Cambiemos de tema.

Un poco sorprendida por su reacción y seriedad, me senté y ella comenzó a hablar. Mi destino estaba echado.

No voy a recordar viejos tiempos. Toma la copa que te ofrezco. Sabemos que estás muy implicada con la Reina y con la Dama Primera. Eso no es una cosa que nos guste. Ya sabes como somos los Guakis; enemigos históricos de la ciudad de Aura, su influencia y sus gentes. Siempre habéis dicho que éramos un pueblo bárbaro, sanguinario y poco inteligente.

¿A qué viene ese discurso? Pensaba que nos íbamos a divertir y a festejar algo.

Yo no suelo dar explicaciones, tu lo sabes, pero precisamente por los viejos tiempos te la estoy dando.

¿Explicación? Yo no te estoy pidiendo ninguna.

En esos momentos acababa de tomarme la copa. Sin previo aviso,  sorprendiéndome desagradablemente, dos esbirros se habían acercado y antes de que pudiera hacer nada me maniataron.

Efectivamente no me estás pidiendo nada, pero si te voy a dar la explicación. Sabemos que  estás muy unida a esa ciudad y que formas parte de las personas de confianza de la Reina Genix y andas enamorada de la Dama Primera, eso es información de nuestros espías y está muy contrastada. Nos consta que tenéis información de que vais a sufrir un ataque terrestre de los pueblos del noroeste. Pero lo que no tenéis ni idea es que mi pueblo va a apoyar desde el aire ese ataque y que os sorprenderá tanto que no podréis responder adecuadamente.

Fingí sorpresa, mis ojos se abrieron cuanto pudieron.

¿Sorprendida? Preguntó Enma.

Si, respondí.  No me sorprende nada de tu pueblo y de sus dirigentes. Habéis almacenado el odio y el rencor durante generaciones, no habéis sido capaz de vivir en consonancia y equilibrio con el resto de la humanidad. Eso no me sorprende, lo que si no entiendo es tu explicación de lo que haces conmigo. Yo no soy una persona con arraigo, no nací, que yo recuerde en ningún lugar y tú sabes, que puedo volverme muy peligrosa si soy atacada o traicionada. Y, aquí más sorpresa todavía. Ya que me das una explicación, termínala.

En pocos momentos más me puso al corriente de los planes de ataque y como yo estaba unida a los enemigos, habían pensado que podría ser peligrosa y hacer algo con lo que no contaban, por ello había sido apresada. También podía ser un rehén valioso si algo del plan fallaba. Y, claro, claro que iba a fallar pero no como pensaba Enma y sus aliados.

Se acercó. Su mirada, dura como no vi en la vida, pero no era la dureza que yo conocía, buscó  mis ojos y me dio un ligero beso en los labios.

Te deseo suerte. Dijo, dándome la espalda. Encerrad a la prisionera en la bodega - ordenó.

“¿La bodega? El universo me había dado la solución. Según mis conocimientos de la nave la bodega estaba más o menos en el centro de la nave. ¡Ahí es donde tenía que poner el dispositivo antirrayo! ¡Por los dioses! ¡Gracias Universo!”

Una extraña sonrisa se apoderó de mí. La misión sería un éxito.

Me dejaron en un extraño compartimento, algo estrecho y sin mucho mobiliario: un aseo, una mesa, un lugar para sentarme y un equipo de para poder ver. Ver...¿el qué?, ¿qué querían que yo viera?

Me alegré que me dejaran las manos desatadas pues así podría poner el dispositivo en el lugar adecuado, el cubículo donde estaba era adecuado para ello. Tendría que dormir esa noche, el dispositivo iba a ser sacado de mi lengua fácilmente por mí y adherido al equipo de transmisiones, mejor imposible.

Pero tendría que ser solo en el momento adecuado, es decir a las doce del mediodía, esperaba que como estarían ocupados en el ataque se olvidaran de mi.

Dormí unas pocas horas, no más de tres, evidentemente a pesar de mis ejercicios de relajación la adrenalina era superior. Probé el visor, efectivamente funcionaba. Lo encendí y  al momento salió un discurso de Verdi que estaba arengando a sus tropas. El reloj del visor marcaban las 10,00 horas. Sabía que a las doce del mediodía todo culminaría. Esperaba que me trajeran el desayuno e indagando más en los artilugios presentes, descubrí un "algo" más que entendí que era para llamar a los guardianes. Eso hice, al momento se presentaron, les pedí el desayuno. No se opusieron. Apenas 15 minutos después tenia una pequeña mesa bien servida. Calculé el tiempo que quedaba, aproximadamente 1:30 horas.

Sin más abrí con una de mis uñas la hendidura que tenía en la lengua, finamente disimulada. El casi microscópico dispositivo pronto estuvo en mis manos. La lengua me ardía, al fin y al cabo no dejaba de tener la lengua en carne viva. No era una cosa que me preocupara. Seguro que no iba a utilizar la lengua en bastante tiempo.

Lo puse en la parte de atrás del monitor, se adhirió como una segunda piel y ahí quedó. Dispositivo y visor tenían la misma hora, ¡perfecto!, a las 12:00 se activaría. La suerte estaba echada.

No sé sí esto había sido buena suerte o no. Me había parecido muy fácil hacerlo pero claro, sé que las fuerzas positivas del Universo estaban conmigo, aunque todavía no podía suponer el futuro inmediato que me esperaba.

Y la batalla comenzó:

El dispositivo ya estaba en su sitio. Sobre las once recibí una visita, una vez más de Enma y una nueva explicación, la verdad eso me tenía algo despistada.

Buenos días Comerciante. Voy darte pistas sobre lo que ocurrirá hoy, un nuevo orden mundial está en marcha.

Teníamos conocimientos precisos de que tu comandarías algunas tropas en tierra, no entendemos porque has traído tu la mercancía que te pedimos, podrías haber sido alguno de tus hombres o alguna de tus mujeres. Al verte aquí intuimos algo que podrías hacer o, si andabas suelta y a tus anchas por la nave tratarías de evitar lo inevitable. Por eso estas prisionera. Dedujimos que sabíais que nuestro pueblo podría estar implicado en la guerra pero no sabíais hasta qué punto, de ahí tu venida. Tu misma, en pocos minutos sabrás hasta que punto.

Tal como entró, salió. Seguía viendo cierta preocupación en sus ojos, algo que no llegaba a comprender.

La hora llegaba, la acción estaba en marcha, Genix, la Dama Primera y Dax estaban preparadas al frente de sus respectivos ejércitos.

Como habían planeado situaron las tropas como a tres kilómetros de la ciudad, en el valle a cuyos lados había colinas y altiplanos con lugares escarpados donde comenzaba las montañas más altas.

Viscon acababa de dar la orden de que  su grupo se moviera, al trote, no había prisa, confiaba plenamente en la victoria, solo tenía que esperar unos minutos y el Rayo se encargaría de todo, ellos solo se ocuparían de poner a sus enemigos el dispositivo dentro de sus cuerpos que mantendrían atadas sus mentes por el resto de su existencia. Cada uno de sus hombres y mujeres preparaban más que sus espadas los pequeños artilugios que impondrían a sus enemigos.

Genix dio orden de avanzar, también despacio, al trote. Hombres y mujeres tensaron sus músculos y pusieron su mirada fija en el frente. La Dama Primera atacaría a Anatolia por el flanco sur. Dax intentaría meterse por el centro del ejército de Viscon y romperle, intentando dividir al ejército en dos. Sería el factor sorpresa.

Avanzando en un juego siniestro, hombres, mujeres, espadas, caballos, hachas, arcos caminaban hacia el mortal contacto.

No eran estos los pensamientos de Viscon que no pensaba utilizar un solo golpe de espada, solo miraba la hora, la espera le hacia sudar copiosamente.

Las 12:00 llegaron como llega la muerte, sin avisar.

Unos confiados en su victoria. Otros con la esperanza que la Comerciante hubiera tenido suerte en su misión, esperanza o incertidumbre o las dos cosas atravesaban el alma de los aliados.

En el Ave Fénix, nave nodriza de los Guakis, Verdi estaba impartiendo las últimas órdenes para que todo estuviera perfecto. Solo una orden y el Rayo sería lanzado, la victoria estaba próxima.

Enma había salido poco después de la visita a la Comerciante hacia la Luna, su misión era simple apoyo, sobre todo vigilar a Viscon una vez que hubiera terminado la batalla. Sería el comienzo del segundo plan, detener a Viscon y paralizar a su ejército. El pueblo Guaki por fin tendría su recompensa a milenios de desprestigio y sometimiento.

Verdi dio la orden. ¡Lanzad el rayo paralizante, ahora!

Viscon miraba el reloj.

Genix puso a su ejército al galope.

12:01 Verdi esperaba ansioso la comunicación con Viscon para saber si el Rayo había sido efectivo.

12:01 los ojos de Viscon no salían de su asombro a ver que el ejército enemigo seguía avanzando.

Genix hizo el signo de la victoria, ¡A por ellos! Gritó con todas sus fuerzas.

12:05 Verdi no recibía ninguna comunicación. Eso lo estaba consumiendo.

Se puso en comunicación con Enma a la que ordenó se dirigiera no a la Luna sino directamente a la Tierra, necesita saber. Claro que tardaría en llegar a la Tierra algo mas de tiempo, quizás un tiempo precioso y demasiado tarde.

La sorpresa de Viscon era tan visible que tardó un tiempo en reaccionar, un tiempo que iba a permitir la llegada del ejército enemigo y apenas les dio tiempo a sacar sus espadas y ponerse en guardia.

Por su parte Anatolia estaba siendo cogida totalmente desprevenida, la Dama Primera tan sigilosamente como era su costumbre, avanzó rápido y veloz. Su espada y la de Anatolia se encontraron.

Genix cruzó su mirada con la de Viscon que tenía los ojos contraídos de la cólera. Sus espadas se encontraron, Aoraki relinchó como si fuera un grito de guerra.

Dax por su parte observaba como se desarrollaban los acontecimientos, a duras penas no se había lanzado ya hacia el centro del ejército enemigo, sólo la idea de pensar que su amada ya estaba luchando y podía sucederle algo, le ponía absolutamente histérica, difícilmente aguantaba.

¿Y yo? ¿Qué estaba haciendo o pensando?

La verdad que poca cosa, apenas sobre las 12:15 vino en persona Verdi y me molió a golpes, intentando interrogarme y pidiéndome información.

La batalla se endurecía por momentos, jinetes, tropas de a pie, caballos, espadas danzaban con sus golpes como marionetas que necesitaban sangre y lágrimas.

Viscon era terriblemente hábil con la espada y traicionero. Se repuso muy rápidamente de la sorpresa y ahora luchaba por su vida. Genix trataba de campear el temporal como podía, estaba un poco acorralada, intentaba defenderse como podía. La envergadura de Viscon era muy superior a la de ella. Aguantaba titánicamente, tenía que vencerlo, tenía que dar moral a sus tropas. Su presencia... ella sabía que su presencia en la batalla era fundamental. Anatolia pronto sucumbió a la fuerza de la Dama Primera, fue vencida en pocos minutos y sus tropas se dispersaron. Ige lanzó la orden de perseguir a los que huían, no podía permitir un reagrupamiento de las tropas enemigas. Sabía que iban a hacer prisioneros y eso ya estaba previsto. Ni siquiera hirió a Anatolia. Le dijo a una de sus amazonas que se encargara de ella y la custodiase.

Sabía que Genix estaba en peligro y que debía acudir pronto en su ayuda, era ella la que debía estar en ese puesto combatiendo con Viscon, pero habían analizado la cuestión y decidieron que Genix a nivel simbólico era muy necesaria mandando el grueso de las tropas.

A todo galope se dirigió hacia donde estaba Genix. Una embestida titánica de Viscon hizo tambalear a la Reina, como sabiendo que su ama se caía de su gruta, Aoraki viró al lado contrario hacia donde se derrumbaba su ama y logró con este gesto que se enderezara. Viscon rugió de nuevo y con  el odio visible en su cara y en su mirada, se lanzó de nuevo en un ataque definitivo. Pero Aoraki era un corcel diferente a todos y eso se iba a demostrar allí, como si la yegua decidiera también movimientos de combate, en esta última embestida de Viscon, se ladeó lo suficiente para que el golpe fuera fallido.

Ige había llegado, y lanzó un golpe que apenas el escudo de Viscon pudo repeler.

¿No me esperabas? - preguntó con un grito impropio en ella.

Viscon alzó su vista y divisó una figura familiar e imponente. La armadura le relucía, apenas el polvo era visible. Armadura color plata, casco muy ligero que dejaba casi toda su cabeza sin protección. Ige nunca había soportado demasiado peso en ninguna parte de su cuerpo, se protegía con lo mínimo, pero lo mínimo brillaba más que el sol. 

Golpes, patadas, al final los dos en el suelo. Genix lanzó varias ordenes a sus tropas para acabar rodeando definitivamente al ejército enemigo que había sido partido en dos por Dax apenas hacia unos segundos.

Metal contra metal, mano contra mano, corazón contra corazón, almas desgarradas por la sangre, muertos que decían demasiado pronto no a la vida, heridos que vociferaban su sufrimiento; al fin y al cabo era una batalla y en la guerra siempre se pierde aunque se gane. Eso lo sabía muy bien Genix.

Viscon finalmente sucumbió al empuje interminable de Ige, trató de escapar y lo consiguió aprovechando que uno de sus hombres atacó a Ige por detrás, la mujer apenas pudo defenderse de ese golpe.

Genix recogió a su yegua e impartía ordenes aquí y allá.

El líder, habiendo caído al suelo, en su obsesión por la Reina miró para poder localizarla, la divisó no mucho más lejos y corrió salvajemente hacia ella, Dax estaba a punto de llegar hacia donde estaba su amada y vio el peligro. Cuando la espada de Viscon iba a atravesar el cuerpo de Genix, otro cuerpo se cruzó en su camino, el de Dax que cayo al suelo. Genix en su dolor, en esas milésimas de segundo, cuando sabes que la vida se te va y ni la espada más afilada le podía hacer más daño que lo que estaba viendo, clavó su espada en el corazón de su enemigo, gritando con una furia y dolor que retumbó más allá de las montañas.

Ige y Genix habían salido intactas de esta batalla, Dax perdió el conocimiento por el dolor que le causaba su terrible herida. Se había conseguido la victoria, victoria que era parcial hasta que no se supiera la suerte corrida por las naves dispuestas en la base lunar dispuestas a atacar a la avanzada de naves enemigas comandada por Enma.

Orcas, un jefe antiguo de comerciantes que exploraron con sus antepasados planetas olvidados en el confín del universo, era el encargado de vigilar y destruir dichas naves. Apenas había  transcurrido una hora de batalla y todo estaba listo en la tierra, ahora le tocaba a él parar a Enma. Había dispuesto en la cara oculta de la Luna unas naves rápidas y potentes, de cierta envergadura destructiva.    

Enma estaba a punto de alcanzar la Luna en su viaje desde Marte. Había calculado una hora desde que el Rayo fuera lanzado. No había otra forma de saber si había sido efectivo que acercarse a la Tierra. Mucha fue su sorpresa cuando recibió una comunicación que no esperaba, era Orcas que le saludaba y la invitaba a rendirse. Los ojos se le abrieron de par en par y un sudor frío le recorrió el cuerpo. Tuvo el tiempo para enlazar una comunicación con Verdi para que le informara si había tenido alguna noticia de Viscon.

¡Maldita sea, no, no he tenido ninguna noticia! - masculló, - date la vuelta y ven, seguramente intentarán hacerte prisionera. Así que tu única defensa es decir que tenemos como rehén a la Comerciante, que tendrán que negociar.

El odio era visible en la cara de Verdi, el sudor le corría copiosamente por su rostro y los puños se mantenían apretados como dos nudos que estaban a punto de ahogar a alguien.

Hola Orcas, nadie se va a rendir aquí, no sé que habrá pasado en la batalla de la Tierra, pero parece, si tu estás aquí es que el Rayo Paralizante ha sido un  fracaso - respondió Enma. - Pero antes de nada y de que actúes, una cosa. Tenemos a la Comerciante en muy mal estado y en nuestras manos. No me dejes salir de aquí y te aseguro que lo pasará muy mal.

Orcas no había tenido tiempo de comunicarse con Genix y ahora sí lo estaba haciendo.

Genix, la Comerciante ha sido hecha prisionera, está encarcelada y dicen de negociar por ella. Que dejemos salir de este cuadrante a Enma para que pueda volver hacia su planeta.

La preocupación en la cara de Genix era muy evidente, a la ya mala situación de Dax, ahora era la Comerciante la que estaba en peligro.

Bien, Orcas, déjala ir, y dile que en dos días tendremos una comunicación con Verdi y una posible reunión para negociar las condiciones de la derrota.

De acuerdo, mi Reina - dijo Orcas y continuó en la ya abierta conversación con Enma.

Ya sabes, Enma, ha sido vuestra derrota, el Rayo Paralizante no ha sido efectivo. Te dejamos ir y dile a tu jefe, Verdi que en dos días negociaremos las condiciones de la rendición, a no ser que queráis una guerra en el espacio, aunque en realidad no tenéis armas para enfrentarnos, cosa que vosotros ya sabéis.

Enma ordenó la vuelta hacia la Fénix Negra, se sentía algo extraña, como si le alegrara el hecho de la derrota. En su fuero más interno nunca le había gustado ese afán de su pueblo del poder por el poder y el orgullo mal entendido en el que, desde niña, la habían educado. Ella siempre se había considerado una salvaje en cuando a su forma de ser, pero de ahí a ser una asesina despiadada había mucha diferencia.

Al ver de nuevo a la Comerciante y notar lo espléndida que estaba y la luz especial que provenía de sus ojos, algo se le había removido dentro. De hecho siempre amó a la Comerciante hasta un extremo que en su momento le produjo mucho dolor interno. En aquella época lo pasaron bien y, el caso es que siempre notó algo diferente en su "amiga", como una profunda tristeza cuando terminaban de hacer el amor o de regreso de alguna juerga extrema. La había visto levantarse después de una terrible borrachera, era cuando se metía en sí misma, cuando la tristeza embargaba más su corazón y dónde en su rostro veía reflejarse dolor, dolor que casi podía palpar, dolor que se hacía tan denso como los lugares nocturnos que frecuentaban.

Siempre había estado enamorada de ella. En cambio, la Comerciante nunca abrió su corazón. Pero ahora, ella, la General Enma sabía que su "amiga" había encontrado el amor y notaba la fuerza que emanaba de ella.

Llegó presurosa a la nave nodriza y se dirigió directamente ante la presencia de Verdi cuya expresión denotaba el odio acumulado durante toda su vida.

¡Maldita sea! ¿No sé que ha fallado? Todo estaba perfecto. Pero alguien va a pagar todo esto. Y sé quien. -  Gritaba a Enma.

Yo tampoco sé lo que ha ocurrido pero tiene que ser un fallo nuestro no de nadie más o quizás... - atestiguó Enma.

Quizás, qué... di, quizás qué o quién... - vociferó estruendosamente Verdi.

Algo anuló al Rayo Paralizante y la única persona que ha podido introducir algo en esta nave es la  Comerciante - afirmó Enma.

Estas palabras salieron por boca de Enma ante la tensión que denotaba su jefe, pero a los pocos instantes de haberlo dicho se arrepintió. Eso es lo que estuvo pensado en su viaje de vuelta y no lograba dilucidar otro fallo u otra explicación ante la absoluta inoperancia del Rayo Paralizante. Lo había soltado por su boca y se dio cuenta que eso significaba culpar directamente a la persona que más admiraba en su vida. Pero ya lo había dicho y no podía volverse atrás o serían descubiertos sus sentimientos hacia la persona que intuía que tenía mucho que ver con la derrota.

Vamos a charlar un rato con la Comerciante. Veremos que la podemos sacar. - Dijo Verdi.

Enma se asustó, sabía de la barbarie de Verdi y como trataba a los prisioneros y sobre todo a la Comerciante.

Entró de sopetón en el lugar donde se encontraba la prisionera. Verdi no dijo nada, un agudo puñetazo hizo que la Comerciante se doblase sobre sí misma. Otro golpe a su mandíbula hizo que su nariz y sus labios comenzaran a sangrar copiosamente.

¡Para! -  casi ordenó Enma. - Unos cuantos golpes más y no le sacarás nada ya que no podrá hablar.

Tienes razón, Enma, pero esta zorra me ha puesto de muy mala leche, sino es por la  información que nos puede dar, ya la hubiera matado. Todo lo que ella representa lo odio.

En mi estado poco podía decir, pero sí podía explicar lo ocurrido, porque el chip que había introducido para inutilizar el Rayo ya se había auto-destruido.

Lo explicaré, pero no podéis hacer nada - dije sin apenas voz, la sangre me brotaba insistentemente y parecía que no iba a parar.

Verdi, déjame a mí este asunto, ve a otra estancia y veras lo que diga. Yo efectuaré el interrogatorio. Si al terminar no te sientes complacido, hazlo a tu forma después. Me temo que como estás la habrás matado antes de que diga nada.

Enma casi había ordenado a Verdi pero éste pareció entrar en razón y se fue no sin antes golpear de nuevo a la prisionera.

Informé de cómo y dónde había llevado el microchip, dónde lo había encajado y el alcance de ello. Enma fue grabando todo lo que yo decía y escrutó todo hasta que dio con el lugar donde yo indiqué que estaba el dispositivo.

¿Estás de acuerdo o interrogo más? - preguntó Enma en su comunicación con Verdi. - ¿Quieres tú continuar o es suficiente?

Es suficiente - contestó Verdi. Ahora que la curen para que tenga buen aspecto en la negociación que llevaremos a cabo.

Enma me curó las heridas que me produjo Verdi, noté que lo hacia con "mimo" casi con veneración. Traté de hablar con ella a pesar el estado en que me encontraba.

Gracias Enma por cuidarme - dije.

No hay de qué, solo puedo decirte que aunque haya negociaciones para liberarte y las condiciones de la derrota sean benévolas, pues creo que Verdi dirá que te libera, pero no lo hará. Creo que lo que quiere es hacer un escarmiento, retirarse a algún lugar recóndito fuera de nuestro planeta y preparar un nuevo asalto o volverse un pirata. Incluso creo que no volverá a nuestro planeta, fue tanta la expectación que levantó entre nuestro pueblo que, creo se siente absolutamente fracasado y se odia a sí mismo.

¿Nunca te oí hablar así? - recalqué. - Ni nunca distes tantas explicaciones de tus decisiones. Gracias de todas formas por tu preocupación, pero creo que de aquí es difícil salir sin ayuda.

Solo me miró y  marchó sin decir nada más, yo ya sabía mi suerte, hubiera o no hubiera negociación.

Dos días después, efectivamente hubo negociación y también, como a la antigua usanza una "horca" se estaba levantando en la sala principal de la nave Fénix Negra.

Mi suerte estaba echada.