Camino Interior - Parte 2
Julia - juls22es@yahoo.es

II

 

Todos estos acontecimientos y situaciones pasaron no hace mucho tiempo, pero ahora trataré de que mi mente vuelva a la actualidad.  No sé ni siquiera si lo que he recordado lo he estructurado bien en mi mente y he tenido la suficiente lucidez para engranar  lo que está sucediendo ahora mismo. Trataré de ponerme en una situación de presente,  aunque mi presente real dista mucho de ser el de aquel momento. Pero quiero escribirlo todo y recordarlo como si de nuevo lo estuviera viviendo, como si fuera ahora mismo, como sino hubieran pasado algunos meses desde aquellos hechos. Necesito para vivir tener la esperanza de que saldré de este agujero que está destruyendo cada una de mis neuronas por instantes, por momentos, solo cuando consigo que mi mente viaje en el tiempo y la hago creer que estoy en esa realidad, solo entonces mi cerebro quiere volver a vivir y pensar.

El recuerdo de un beso hace que mi ser cobre sentido y vuelvan las fuerzas y el empuje para recargar mi  cuerpo y mi alma, el esbozo de una sonrisa tersa mi enjuta cara en esos momentos que puedo calificar de divinos dentro del infierno donde estoy presa.

Acabábamos de llegar a la base Canaria...

La incuestionable algarabía que se estaba viviendo en estos momentos no era “razonablemente” usual. La cantidad de gente menos y los movimientos “raros”  me hacen suponer que algo se estaba “cociendo”, que algo que sobrepasa mis conocimientos estaba a punto de ocurrir.  Y en eso voy a volcar toda mi atención y todo mi hacer.

Conmigo siempre viajaba un amigo ya entrado en años, cuyas canas y arrugas denotaban una vida difícil, poco grata o sencillamente poco feliz. Era Gorki mi “abuelo” como él mismo se definía, con una fuerza que su extrema delgadez no parecía que fuera real. Pero era así, con él me sentía segura y sus sabios consejos me habían aclarado mi complicada mente en muchos momentos. Él era el que podría pasar absolutamente desapercibido entre la multitud de gente y captar todos los rumores o noticias que circulaban por la base. Incluso en un momento determinado podría distraer la atención de la gente y dejar que yo me pudiera colar en alguna nave aparentemente comercial de los Guakis. En concreto había echado el ojo a la nave de carga más grande, la llamaban la Fénix Negra, nombre que remitía a no muy buenos augurios.

Tantos años de cribar el espacio habían hecho de mí alguien sigilosa, hábil, ágil en la oscuridad del terreno.

En eso estaba Gorki, armando barullo o estaba a punto de hacerlo. Me dirigí hacia  los hangares donde varias decenas de naves reposaban hasta ser cargadas de combustible o de productos de intercambio, la luz era apenas perceptible, en lo que se consideraba hora noctámbula y fin de semana en la base, todo estaba en silencio y la gente reía en sus lugares de diversión, bebían hasta la borrachera más absoluta y no era nada de extraño que las peleas abundaran.

Pero a mí me esperaba una gran sorpresa. En mi sigiloso caminar alguien había sido más sigilosa que yo. Entré sin ninguna dificultad en los hangares y me dirigí con rapidez hacia la nave nodriza,  calculé donde podría estar alguna entrada “fácil”. Iba a pasar a la acción cuando, al virar la última nave que quedaba para llegar a mi objetivo, un brazo poderoso me retuvo y me aprisionó, con la otra mano tapo mi boca y me volteó hacia su cara. Mi cabeza empezó a dar  vueltas, pero no porque alguien me hubiera asustado ni dado un golpe sino por la visión que estaba ante mí.

El corazón parecía que se iba a salir de su lugar, un escalofrío que no llegue a definir y un calor que hizo saltar chispas en mi cabeza, eso es lo que produjeron esos brazos, ese rostro.

¡Por la fuerza! ¡Ige!

Lo siento, -me dijo-  no podía hacerlo de otra manera sin que gritaras. Soltó su mano de mi boca y aflojó la presión de su brazo.

¿Qué haces aquí? -pregunté-, intentando calmar mi alocado corazón.

Ayudarte. Luego te diré más.

Escueta, apenas dos palabras, como la vez que me la presentó la Reina.

Bien, sigamos hacia la nave. ¡Maldita frialdad de esta mujer! -pensé

No se como lo sabía pero parece como si viera a través de mi mente, sabía lo que iba ha hacer. Parece que su lengua se soltó un poco más:

Soy experta en todo lo que signifique ordenadores y buscadora de información dentro de las máquinas que pueda haber ahí -dijo- señalando con la mano a la nave.

Respiré hondo y solo alcancé a decir, - Adelante... Entendí rápidamente. Exacto, yo en máquinas estaba en las cavernas, y ahora tenía delante de mí, la persona que “me iba a ayudar a encontrar la información” y... ¡la que el día que vi había trastocado mi corazón hasta tal punto que la confusión se había adueñado de mí! Quise gritar y decírselo, pero solo pude seguirla y ocuparme de que la tranquilidad volviera a mí.

Difícil que mi corazón volviese a la normalidad, a su quietud y que mi mente volviera a pensar adecuadamente. Tuve que hacerlo. No quedó otra. Solo asumir el mando de Ige. Creo que no lo dudé, ni siquiera me molestó. Yo había pensado en alguna ocasión que si encontraba información valiosa como narices iba a sacarla, sino sabía nada de máquinas, supercerebros electrónicos...

En su momento se lo comenté a Genix pero lo único que hizo fue sonreír y darme un beso en la frente. –No te preocupes, cuando llegue el momento te inspirarás-. La había mirado incrédula pero callé y mira por donde, ahora estaba “mi inspiración a mi lado”. Tan próxima que su aliento y el mío casi se tocaban y eso no ayudaba a que mi mente pensara del todo de forma clara.

No tuve mucho tiempo de pensar más, Ige, había localizado una compuerta extremadamente estrecha pero que podría servir, correspondía seguramente a una entrada o salida de emergencia. Con la rapidez de un rayo, Ige trepó fácilmente hasta ella, luego me ayudo a subir y en una especie de descansillo me “poso”. Sonreí, sus ojos se encontraron con los míos un instante tan minúsculo que es como si no hubiera existido pero fue. La guerrera sacó un instrumento que yo no había visto jamás, hizo una especie de cálculo rápido y conciso y en pocos segundos la compuerta esta abierta. No vacilé, entré, luego Ige, cerró. ¡Estábamos dentro de la nave!

Comenzó la revisión del lugar. Yo no era tan inútil así que comencé a investigar por mi cuenta, nadie me dijo nada así que continué como si estuviera sola y ¡maldita sea! Esa era la sensación que tenía. Mientras la campeona de la Reina se sentaba frente a lo que parecía el ordenador central. Yo sólo le dije una cosa: - Voy hacía la bodega de la nave-. Bien, -respondió.

No sé que tipo de información podría llegar a encontrar Ige en el ordenador central pero lo que mis ojos iban a encontrar en la bodega podría asesinar a varios mundos y sin ninguna duda toda una ciudad. Los ordenadores no eran mi especialidad pero si las naves y sus compartimentos, quizás como antiguos castillos con pasadizos que transportaban a escondrijos donde se guardaban secretos perdidos en el tiempo e inconfensables hechos del pasado que bien podrían explicar el ahora. Y ese pensamiento fue el primero que me vino a mí curtida mente al observar los utensilios bien dispuestos y organizados que reposaban en el vientre del Fénix Negro. Con el mayor de los cuidados, enguantadas mis manos y puestos en mis ojos una especie de gafas capaces de escrutar dentro de cualquier cosa que guardase algo y grabar el contenido de ello, comencé a inspeccionar. Ige me había provisto de un comunicador para poder hablar con ella. Me habló:

Comerciante... ¿cómo vas por ahí? ¿Alguna cosa interesante?

Contesté someramente:

Lo estoy grabando. Solo disponemos de media hora más. Estudié la costumbre de la tripulación de esta nave y  no tardaran mucho en venir para dormir la borrachera. Puede que alguno esté sereno y pueda llegar a descubrirnos y ese no es nuestro objetivo, ¿correcto? ¡Vaya!- exclamé dentro de mí, y eso que pretendía ser parca en palabras.

Correcto-, respondió  Ige sin más.

Media hora más tarde nos dirigíamos a mis aposentos sin levantar la mínima sospecha. Poco después recibí una llamada de Gorki:

¿Todo bien, jefa?

Estupendo Gorki, mañana te veo en la nave. Haz las cosas como de costumbre e intercambia la mercancía que teníamos apalabrada. Si preguntan por mí di cualquier cosa, indisposición o algo así. Al mediodía te veré en la nave. Tenla dispuesta para retornar a Aura.

Nos encontrábamos en mi reducido espacio donde pernoctaba cada vez que venía a la Base.

¿Procesamos la información?- pregunté.

No, dijo Ige. Necesitaremos mucha tranquilidad y sumo cuidado. Lo haremos en Aura, allí disponemos de lo necesario.

¿Te puedo preguntar algo?- me atreví a decir cuando mi corazón volvió a conectarse a una tormenta, a un tornado, a un volcán a punto de bullir.

Claro-, respondió mientras observaba algún mecanismo desconocido para mí.

¿De dónde sacaste tanta tecnología, de cuyos conocimientos no tenía ni idea y cómo llegaste hasta aquí?

¿Tecnología? Si, tienes razón, pero eso es una larga historia, te la contará Genix, ya es hora de que sepas muchas cosas. ¿Cómo vine? Como turista, llegue un par de días antes que tú. ¿Contestada tu pregunta?- Sonrió y me miró casi por vez primera desde nuestro encuentro, sostuvo la mirada y mis ojos se pegaron a los suyos con tal atracción que apenas pude desconectar de ella. ¡Una sonrisa! Me sonrojé. Mis carrillos se hicieron brasa y algo conmovió lo más interno e íntimo de mí. La sangre se acumuló dentro de mis labios que aumentaron de tamaño en un instante. Si tuviera que definir ese momento diría que me había metido dentro de una estrella y que había absorbido toda su energía. 

 

***

 

El viaje transcurrió sin sobresaltos, llegamos a Aura sin más. Genix estaba esperándonos impaciente pero segura de las dos personas en las que más confiaba. Durante el viaje a duras penas pude alejarme de la presencia de la mujer que había logrado quitarme el sueño o más bien que me había hecho soñar de nuevo.

Quise interrogarle sobre todo lo que me tenían que decir tanto Genix como ella. No me atreví. No era curiosidad lo que yo sentía, ni impaciencia, esas no eran las palabras. Es como si lo que esperaba oír lo supiera mi cerebro antes de que saliera palabra alguna de las bocas de mis amigas. Ni siquiera había sentido ninguna sorpresa ante la declaración de Ige respeto de que ya “era hora de que supiera muchas cosas”.

Ahora, cuando estaba en los aposentos destinados para mí cada vez que estaba en la casa de Genix, recordaba sin tapujos muchos sueños a los que perdí la pista o sencillamente arrinconé en lo más profundo de mi mente. Pero ahora en estos días y en estos precisos momentos llegaban con una nitidez  tan clara como el cielo de Aura. Sueños donde veía a personajes capaces de  transportarse grandes distancias estelares, medios e instrumentos técnicos y mecánicos de una belleza casi transparente. De unas formas hermosas y con gran poder de “hacer cosas”, “de conseguir casi milagros”. Sin duda mi mente lo había asociado a “milagros” o “imposibles”.

También había descifrado voces y palabras por ahora incoherentes para mí, pero que no me eran del todo desconocidas, si tuviera que describirlas dirían que me eran familiares.

Genix nos había citado a la hora de cenar y hacia allá me dirigía una vez más, un camino que había recorrido muchas veces y que habían supuesto hermosas noches de conversaciones profundas, de risas sinceras y divertidas. Esta vez yo no estaba seria ni estaba preocupada, ni intrigada. Notaba una gran fuerza interior en mí, una tranquilidad extraña en mi comportamiento habitual.

¿Contenta? Si, esa era la verdad, estaba alegre por varios motivos, unos de ellos era cenar con Ige, otra con Genix, otra la toma de decisiones para desarrollar una actividad en pocos días que me hacía sentir casi eufórica, con ganas de aventuras, de acción. Y... otra, las malas lenguas de mis camaradas amazonas me habían contado nada más llegar sin darme respiro, incluso me habían acompañado a la ducha, de ciertos “secretos” que habían acontecido últimamente en la corte. ¡La Reina se había enamorado! ¡Estaba nerviosa en presencia de cierta preciosa joven que había llegado recientemente!

Con todos estos chismorreos llegue tarde a la cita ya estaban tres personas sentadas a la mesa.

¿Dónde te has metido? Estoy muerta de hambre, con lo puntual que eres y media hora me tienes contemplando la mesa-. Genix me miró seria pero luego soltó una carcajada y apostilló... -¿Acaso alguna dama te retine en tus aposentos?

Algo observé, fue un solo momento.  Fue un espejismo o vi a Ige volver la cabeza hacia mí y quedarse pálida. En fin... serían figuraciones mías.

Perdona, pero necesita un largo baño-. Mis ojos se desviaron rápidamente hacia la tercera persona que lucia intrigada o expectante en la mesa.

Te presento a Dax. Dax, está es la Comerciante más famosa de los confines de la galaxia.

¡En verdad que era hermosa! ¡Por la Fuerza que Dax tenía unas facciones tiernas, inocente y suaves! Mis camaradas amazonas me habían informado bien. Sonreí, me agache (eso es un decir) y le planté dos besos tan primorosos y sonoros que disimularon la avidez con que mis sentidos la estaban escrutando. Pero miré de reojo a Genix y le alcé una ceja mientras con mis dedos expresaba el signo de la victoria.

La sonrojada Reina me lanzó una mirada capaz de partir el grosor de varios rayos y desmaterializar al Universo.

Encantada, Dax, es un placer que la mesa esté repleta de estupendos manjares, digo mujeres.

Hasta Ige se rió a carcajadas, la tensión del último momento se convirtió en un momento mágico.

¡Siéntate de una vez!

Bien majestad.

La verdad, no se porque tenía tan buen humor sabiendo la situación extrema que tenía no sólo la ciudad sino la misma Tierra y los Planetas Conocidos.

La cena significó un poco de relax. No entramos en ninguna conversación trascendente. Se trataba de conocer a Dax y a mi Reina se le llenaba la boca de ella, contó como había rescatado a Aoraki y como se la devolvieron. Y que había pedido a Dax que se quedara para cuidar del corcel ya que había hecho muy buenas migas con la yegua.

Mi sonrisa seguía siendo un poco burlona y me gané un puntapié por debajo de la mesa.

Dax  no hablaba mucho  pero si comentó cosas de su aldea, de los bosques, de la naturaleza. Había aceptado la propuesta de la Reina de quedarse en la ciudad porque no sólo iba a poder ver y cuidar a Aoraki sino que quería aprender y estudiar ciertas materias que no podría hacer en la aldea.

Terminada la cena,  pasamos a un lugar más cómodo. Genix nos ofreció un trago de un licor exquisito, algo exclusivo de sus bodegas. En ese momento la poca relajación que yo apreciaba en el rostro de Ige se eclipsó.

Bien, ahora pasamos al asunto que nos reúne-. Ige prosiguió hablando. -En los próximos días vamos a procesar toda la información que tenemos respecto de los pueblos del noroeste y los Guakis. Trabajo arduo pero necesario pero antes de nada...

Comerciante  ven  conmigo, necesito charlar contigo a solas.

Dirigí la mirada hacia mi Reina y ella asintió. Pocos instantes después nos encontrábamos en el otro extremo de la sala.

Ige dirigió sus ojos hacia los míos. Esta vez no me sonrojé la miré profundamente, nuestras miradas se encontraron por vez primera de forma más relajada y se dijeron muchas cosas.

En un instante ojos con ojos, frente con frente, corazón con corazón... Mis sueños tornaron algo real, trasladándose a cientos de miles de años atrás. Vi el nacimiento de la Tierra, como poco a poco se fue enfriando, como seres vivos fueron adueñándose de ella. Como aparecieron y desaparecieron especies, civilizaciones que nacieron y murieron o, se transformaron, mucho más antiguas que la Atlante. Noté en mi interior la sabiduría que la última gran civilización antes de la Atlante había desarrollado.  Había  guardado todo el proceso de acumulación y reflexión de todas las culturas humanas.  Esta civilización se hizo llamar a sí misma Guardiana de la Sabiduría. Creó para ello una gran Hermandad que debía vigilar y custodiar ese saber a lo largo del tiempo y el espacio. Caerían civilizaciones, se transformaría el planeta. Nacerían nuevas tierras, nuevos mares, el aire se tornaría diferente, los humanos evolucionarían física y mentalmente. Pero la Hermandad debería seguir viva e ir seleccionando a sus miembros a lo largo de hecatombes y cataclismos o períodos donde la paz y la convivencia reinara  en la Tierra.

Me sentía hipnotizada, no oí ni por un momento palabra alguna de Ige pero supe todo lo que me quería contar, ahora entendía mis sueños, mis visiones, mi propio desarrollo personal. Finalmente me comentó ya con palabras:

Comerciante mi nombre es Ige y significa “la que vigila”, “la que es”... Algo así como la que tiene el deber de velar porque esos conocimientos se mantengan y sean capaces de ayudar a la humanidad en todas sus crisis. No somos más de 25 guardianas / es pero hoy te selecciono a ti. Tú formas parte de algo que se concibió hace mucho tiempo pero esa es otra explicación.

Me encontraba algo atontada, torné a la realidad cuando la suave mano de Ige cogió la mía y  nos dirigimos hacia donde habíamos dejado a Dax y Genix que se miraban sin percatarse de nuestra vuelta.

Ejes... -pude articular para llamar la atención de la pareja.

Con un pequeño sobresalto  y no sin cierto sonrojo, Genix y Dax se acercaron a mí, mi Reina me besó en la mejilla y recibí un abrazo de Dax. Creo que notaron como temblaba, mejor dicho ahora ya sentada, eran escalofríos los que recorrían todo mi cuerpo desde la punta del pelo hasta mis dedos. Solo tenía ganas de llorar y lloré. En ese momento Ige me hizo levantar de nuevo y con sus brazos poderosos me abrazó compacta y tiernamente. Metí mi cabeza entre su pecho y lloré, lloré...

 

Una semana después de esta cena mi corazón y mis sentimientos se habían calmado de alguna forma, analizando con detalle todo lo que había descubierto y  se me había comunicado.

Diré que durantes esos pocos días que discurrieron solo se me dijo que disponíamos como de tres meses de tranquilidad para preparar la acción que se encaminaría hacia el desmantelamiento del ataque que la Tierra, que ahora estaba en paz, iba a sufrir.

Apenas volví a ver a Ige aunque mi corazón estaba esperando verla, intuía que cuando la viera de nuevo algo iba a suceder con nosotras. Algo que mi mente estaba esperando y que el deseo me hacía pensar en tonterías que no tenían ninguna explicación aunque yo creía que algo de base si había. Por lo menos pensaba que yo a Ige no le era del todo indiferente, por supuesto de la forma que yo la quería. Si, yo amaba a Ige como nunca antes había sentido, como nunca antes mi más recóndito interior me había mostrado. Deseaba su presencia y quería sentir su cuerpo junto al mío, amarla y satisfacerla. Masajear su cuerpo para que cada una de sus células vivieran llenas de amor.

 

Anoche tuve un sueño y puedo contarlo:

En el silencio de la noche llegue cansada. La oscuridad había llegado  sin apenas haberla percibido. Un día complicado, duro, caluroso. Y, ahora en la noche, refrescaba el ambiente. En mí había  cierto sentimentalismo y nostalgia. El color negro abundaba. El firmamento, despejado, dejaba que brillaran miles de estrellas. Mire y quise coger una, solo una. Mi mente pudo arrastrarla a mis manos. Sentí un suave silbido detrás de mí. No me puse tensa. Sabía e intuía quien era, aunque la enorme distancia que me separaba podría haber hecho pensar a cualquiera que estaba loca. Yo sabia que no era así, detrás de mí estaba el alma de la persona que dejé atrás, hace algún tiempo, en otras tierras, altas, trepidantes, nobles, peligrosas. El silbido me hizo cambiar el lugar de mirada. Miré en sentido contrario. Una estrella se acercaba despacio, silenciosa, brillando cada vez mas, y mi alma estaba tranquila, no, nada de miedo. Venia para meterse dentro de mi corazón, de mi mente, dentro de mí.

La luminosidad del astro era extrema, a la vez que suave, ¿era posible que pudiera sentir cierta ternura en su luz? ¡Joder! Me estaba volviendo loca o sencillamente era que el calor del día había consumido mis neuronas. Sonreí. Mujer, que imaginación tienes, me expliqué a mí misma.

Un cierto sabor a dulce me embargó, mi saliva se tornó suave, como una caricia sencilla y penetrante. Los ojos, quería seguir teniéndolos abiertos, y de un empellón me levanté, sacudiendo mi cabeza, mis brazos, dando saltos, casi nada.

Comencé una actividad frenética, casi insultante después del ajetreado día que había tenido, pero como por arte de magia el cansancio desapareció. Monté la tienda como pude, una vez más, no del todo bien, me reí de mi misma al pensar la de veces que observé a la persona que amaba montarla y nunca aprendí del todo. Pero, bueno, podía pasar.

Encendí el hornillo poco después y preparé un poco de pasta para cenar, algo rápido con mucho queso, y luego unas galletas. Me apetecía un café, calenté agua y quise hacerlo como siempre me había gustado: “de puchero”. Es decir, antes de que empiece a hervir el agua dos cucharadas de café molido y bajar el ritmo del fuego, dejando que se forme crema y luego retirarlo antes de que suba, al igual que la leche. Dejarlo reposar unos diez minutos y ummmmmmm, rico, rico.

Tenía frío, me metí en la tienda y encendí la linterna, la colgué, su luz proyectaba alguna que otra sombra, mis ojos se fijaron en un solo punto y... No sé si perdí la conciencia o mi mente comenzó a ver imágenes tan claras como el café que llevé a mi boca. Pero no fue el café el que bebí, unos labios húmedos me besaron. No vi rostro alguno, solo el penetrar de una lengua totalmente familiar, mis labios entreabiertos la recibieron  con deseo. Con el deseo acumulado en los últimos meses, casi una obsesión por tener esa lengua dentro de mí.

En un lento movimiento y bajo la presión de unos labios exquisitos, la amplitud de mi boca aumentó. El contagio de la pasión hizo en mi su trabajo, el balancear, el caminar, lento pero seguro, la lengua amada fue dando forma a mis deseos más ocultos.

Unas manos poderosas voltearon mi cuerpo y quitaron mi blusa, mi espalda fue tomada con la más tierna presión de sus dedos, fuertes, densos, dibujando sobre mí, cosas incontestables, secretos perdidos en el tiempo, secretos que mi piel supo interpretar, respondiendo con lujuriosa forma, con lujuriosa posición, con el sentido del deseo más real, y a la vez, más abstracto. Quería ser poseída.  

No, mis ojos se negaban a abrirse, no era necesario. El olor, el sabor, la textura de sus manos, yo sabía quien era. Notaba como la anterior frialdad de mi piel, se convertía en puro fuego, mis pezones se mostraban erectos a la noche. Mi entrepierna tenía los síntomas de la más ardua fiebre de deseo contenida durante los últimos meses.

Mientras, su boca tomó mi cuello, sus manos sujetaban mi cuerpo, notaba como sus pezones rozaban la piel del mío, como su sexo se apoyaba sutilmente en mis glúteos y comenzaba un leve movimiento.

La excitación ya había comenzado algunos minutos atrás, pero ese suave movimiento colocó mi corazón a un extremo de latir que bien pudiera compararse con el nacimiento del Universo.

No quería ver ninguna imagen, solo sentir cada caricia, insultante en su placer, miles de años contemplaban, sin ver, la más ardua sabiduría. Con la fuerza que da un segundo me vi, de nuevo, volteada, ahora, toda la inmensidad de su cuerpo reposaba sobre el mío, buscando, notaba su humedad, sus pezones duros e imaginaba su color denso, oscuro, aguerrido. Mis labios con solo imaginarlo, se endurecieron, la sangre se acumuló en ellos y la abertura se acrecentó, hubo respuesta inmediata, otros labios sedientos de mi fluido se abrieron camino. Ahora, no fue tan suave, quizás la pasión desbordaba cualquier razón humana y...

Solo yo podía notar hasta que extremo el movimiento se tornó huracán. Unas sabias manos se dirigieron a mis pechos, pellizcaron, amasaron, caldearon, dotando de placer cada instante, donde el tiempo no fue tiempo.

Quería esperar hasta meterme en su aliento, hasta prodigar que fuera capaz de que su sexo alcanzará el diámetro más perfecto, para que sobre mi cuerpo descargara todo pensamiento, todo sentimiento, toda dulzura, toda pasión, estrellando su fluido sobre mí.

Sus labios se retiraron de los míos, ágilmente, como si de un simple salto se tratara, trazó una cuerda con su lengua por el resto de mi cuerpo. Estaba atada, queriéndolo, estaba explotando y naciendo.

Esperó, esperó y, solo un tiempo después, su boca se abalanzó en un instante sobre mi sexo, lo lamió, lo besó, lo quemó dentro de su boca, lo tomó, buscando finalmente la tersura e inequívoca sensación de mi clítoris, y sin prisas, como el ritmo que marcan las esferas del reloj, pero presionando, haciendo círculos, acurrucando su lengua de un lado a otro de mi sexo, esperó, esperó, hasta que en una explosión sin espacio ni tiempo todo mi cuerpo ardió en un fuego que se me antojó eterno.

Abrí los ojos y busqué una posición más cómoda para comenzar mi propio baile con la persona que amaba. Mis manos quisieron buscar su boca, pero. ¡OH Dios! Allí solo me encontraba yo, mis ojos se abrieron de par en par, el asombro asomó a mi mente y ¡por todos los hacedores de universos! Mi cuerpo estaba desnudo, con la ropa desordenada, el saco de dormir, entreabierto, y la taza de café reposaba, un poco más allá, estaba llena, ni un solo sorbo habían tomado mis labios. Toque, estaba frío, muy frío, e instintivamente conduje mis manos hacia mi cuerpo que estaba en plena explosión, mientras que mi entrepierna delataba las contracciones todavía fuertes que envolvían mi ego. Pero..., no había nadie más.

Instintivamente me vestí, calcé y salí afuera. La noche, había caído, tremenda, fría, como es la montaña, severa en sus luces estrelladas, fijé mi mirada en un punto que se alejaba despacio, como es una respiración tranquila, serena.

Sin dejar de mirar, noté como mi corazón se tranquilizaba por momentos, como mis sentidos se envolvían con aquel punto de luz. Mi boca no podía expresar nada, solo sentimientos con un solo nombre. Solo eso podía hablar.

El ligero sabor a dulce me hizo volver al interior de la tienda, reposada, segura, calmada, en un sin saber que si sabía, mi alma se unió a otra alma, a ese alma que ama con la intensidad que solo puede establecer una sola palabra, AMOR. Esa alma, capaz de cruzar los caminos más prohibidos para cualquier cuerpo humano. Pero, que no sé si en sueños, o esos sueños son realidad, una realidad tangible, solo sé que yo sé que creo en ello, y en la persona  que amo.

 

El sueño se remontaba a varios miles de años atrás cuando la Tierra estaba dominada por la era del imperialismo económico y social. Dónde se hablaba de globalización económica, pero no era una globalización en el ámbito de derechos sociales para todos. Las diferencias sociales entre los más ricos y más pobres cada vez eran más abismales. Se iba a producir pronto un cambio que afectaría al interior de todas las personas que hubieran despertado de su letargo de ignorancia y habían marcado su propio camino interior hacia la reflexión y el cambio, la transmutación de algo más que el simple hecho del placer económico o la posesión, el egoísmo o los juicios hacia otras personas. El rencor debía desaparecer de la faz de la tierra.

Muchos de los habitantes terrestres cambiarían, otros sencillamente desaparecerían. La sabía naturaleza de este planeta iba a responder a toda la irresponsabilidad y errores humanos a lo largo de ya demasiados milenios. Pero como siempre sucede en el Universo, unos sucumben y se destruyen, otros evolucionan hacía el más alto sentido del Amor, pero ese Amor sin condiciones, sin ataduras, un Amor que engloba todas las formas de Amor.

Era otro de mis sueños pero ahora casi sabía interpretarlo. Me costaba enlazar unas cosas y otras. Me vi a mi misma, en otro cuerpo, con un alma y mente menos evolucionada que ahora pero me estoy dando cuenta de que ahora, en estos momentos, cuando decidí morir o cambiar, cuando decidí dejar mi lado oscuro de lado, ahora soy consciente de que todavía me quedan muchas cosas donde tener que meter la tijera y cortar con todo ese tipo de cosas que mis pesadillas me traen a esta vida una y mil veces. ¿Acaso no he roto con el pasado todavía? ¿Acaso aquello que yo creía superado aún ronda por mi destino actual? Creo que es así y hasta que no analice con detenimiento y sea consciente de esos fallos y errores del pasado que me atormentan no daré por finiquitado mi lado oscuro.

Perdonen que manifieste mis propias reflexiones pero si quiero entender el enlace de otras vidas pasadas con los acontecimientos actuales no me queda más remedio que escribirlo, que introducirme  en lo más profundo de mí y solucionar de una vez para siempre mis pesadillas que han y siguen recorriendo parte de mis noches.

¿Por qué pienso en los brazos de Ige en estos momentos, en sus labios diciéndome “estoy contigo?” ¿Acaso necesito de su ternura y de su ayuda para penetrar en mi lado oscuro y hacerlo luz?

Creo que es así y eso tiene una explicación: Ige y yo probablemente hemos pasado muchas vidas juntas pero ahora puede que empecemos a ser conscientes de nuestras propias identidades.