Camino Interior - Parte 1

Julia - juls22es@yahoo.es

Camino Interior va dedicado a varias personas, en primer lugar a la persona que me corrige, que hace de mi representante en muchas ocasiones en la vida, va por ti Petra, la persona que me hace vivir con ilusión todos los días y por la que soy capaz de luchar más allá del tiempo y el infinito. Estará conmigo en poco tiempo.

Para Rogue y Enny mis dos amigas del alma a las que he aprendido a querer y conocer un poco más cada día. Y a aquellas personas que como Persef me han autorizado a utilizar su nombre. 

Si alguien quiere escribirme puede hacerlo a juls22es@yahoo.es . Mi nombre es Julia .

Espero que se diviertan y disfruten.

  

I

No recuerdo la fecha, el lugar?.. puede, la gente?.., parece que a la gente sí. Lo único que puedo asegurar es que todo ocurrió mucho, mucho tiempo después de  mi vida de ahora.

Era este mismo planeta, mis sensaciones así me lo indican, al igual que mis sueños, que mis visiones, que todo aquello que últimamente me ocurre.

La Tierra tenía naves capaces de recorrer el Cosmos de extremo a extremo, por lo menos hasta donde las leyendas se hacían eco. En cambio, las armas que habían estado a punto de romper el equilibrio interestelar, apenas si eran un recuerdo en la mente de los humanos.

Pero en la forma de vivir de los habitantes terrestres, las espadas, los caballos y alguna que otra armadura   eran formas ordinarias de guerra y de vida.

La paz se daba entre grandes territorios, pero siempre había grupos humanos que no habían sido capaces de aprender ciertas lecciones que ya, la arcaica historia había querido enseñarnos.

Un hecho seguía en vigor, parecía como si tantos milenios de convivencia en el mismo lugar de origen y nacimiento no hubieran servido para nada: los grandes movimientos de habitantes terrestres en busca de un hábitat o lugar donde asentarse seguían siendo los protagonistas de la mayor parte de los acontecimientos, eso daba lugar a que los humanos siguieran batallando entre ellos para quedarse con los lugares. No se  practicaba la convivencia y el buen entendimiento; el afán insaciable de conquista, era la ley.

Claro, que siempre hay una excepción, un lugar soñado, un lugar cuyas leyendas llegaban más allá de los lugares más alejados conocidos.

Recuerdo el nombre de ese lugar. Era una comunidad de mujeres, uno de los lugares más avanzados en cuanto a convivencia, honor, nobleza de almas, libertad y quizás, justicia.             

Claro que cada persona que llegue a leer esta historia tiene libre albedrío para pensar y soñar lo que quiera. Cuantas cosas estaban por pasar y... Y, yo, eso no lo sabía, al igual que no sabía que existían otras gentes como yo. Y no significaba que los  cuerpos hubieran existido durante 2000 años. Pero eso vendrá en otro momento, ahora es otra la historia.

Dicen mis visiones que seré una comerciante que traspasará el Cosmos para llevar conocimiento y buena voluntad a unos cuantos mundos casi desconocidos, (que formaron parte de un pequeño Imperio Estelar comandado por la Tierra), cuatro o cinco mundos, pero con la suficiente distancia entre sí como para que las bases comerciales y estratégicas fueran necesarias, bases que se habían convertido en auténticas ciudades y puertos donde se cargaban municiones en un pasado, pero ahora solo significaban un puerto de atraque para las pocas naves comerciales que establecían la comunicación entre esos planetas.

El antiguo método del trueque se había establecido en la Galaxia y, bueno, ¿qué intercambiaba yo por los productos? En fin, algo tan típico en la Tierra como ESPADAS, de un acero envidiable, apetecido por el resto de los planetas. Curioso, curioso, espadas, espadas...

 

***

 

Mi nave estaba a punto de entrar en la Base Canaria, fuera de nuestro Sistema Solar, base que unía la Tierra con Persef, el pequeño planeta agrícola que abastecía al resto de los mundos conocidos de todo aquello comestible que pudiera dar la tierra: productos perfectos, con todo su sabor, crecidos en una tierra rica en nutrientes necesarios para que frutas, legumbres, hortalizas dejaran en el paladar una sensación imposible de olvidar.

Los pensamientos se agolpaban en mi cabeza, tenía prisa de llegar a la base, lugar donde tenía algo inexcusable que hacer...

¡Vamos, vamos! Hay que terminar de cargar todo en la nave, ¡vamos! Creo que nuestra ciudad necesita de buenas provisiones para este invierno y nos hemos dormido en los laureles. Tenemos que cargar todo el material necesario para poder hacer un buen trueque.

Esto era lo que estaba sucediendo aquella tarde en la ciudad de Aura, ciudad-reino, regentada por una carismática Reina. Ciudad mítica, solo habitadas por mujeres.

Estaba nerviosa, tenía que emprender un viaje rápido, más rápido que nunca, pero los acontecimientos de los últimos días habían estado llenos de hechos muy significativos.

Aura era mi ciudad, la ciudad que amaba sobre todas las cosas, la ciudad que mientras yo pudiera, no le faltaría ningún producto básico. La ciudad que había colmado mis ideales más profundos. Y, sin embargo, la paz que Reinaba  en ella, podría desbaratarse en solo unas pocas semanas.          

Apenas unos días antes de partir camino del planeta Persef, los campeonatos de Damas estaban en pleno apogeo. Las más arduas mujeres, campeonas de otras ciudades se acercaban a la ciudad de Aura para mostrar sus habilidades y conseguir el trofeo que tanto prestigio tenía. Torneo, campeonato, diversión, fiesta, amor. Relajación, pruebas físicas y mentales, hermandad... Además, iba a participar la Dama Primera del reino, la campeona de la Reina,  casi nunca participaba en los torneos que se hacían a lo largo del año, pero esta vez si, quizás habría algún motivo.                   

Esta hermosa ciudad siempre había sido presa de envidias...

Señora, aquí me tiene, ¿dígame el motivo de su llamada?  

Efectivamente, sin esperarlo, Genix, la Reina de esta ciudad-estado (algo contradictorio, ciudad democrática y a la vez reino, nunca mejor dicho, “lo cortés no quita lo valiente”) me había llamado a su presencia. En concreto, mediante una invitación a cenar. Más amigas que Reina y ciudadana, pasaba los tres meses de verano en su casa de campo. He aquí la sorpresa, pues estábamos a principios de otoño, cuando el tiempo todavía ejercía su fuerza calorífica, pero ya no era ese calor fuerte, duro de pleno verano; final de verano, principio de otoño, mezcla de sabores, olores y sentimientos, fiesta al aire libre que marca el inicio de una nueva estación, nuevo tiempo, nueva campaña con muchas tareas que realizar para que siguiera en funcionamiento esta ciudad-estado. Una de las tareas, precisamente la mía, era terminar de ultimar todos los detalles para realizar uno de los viajes más importantes del año, la ciudad necesitaba, cara al invierno, de productos más propios de esa época; quedaba poco tiempo, y había muchas cosas que hacer.

La Reina se volvió al oír mi voz.

Querida amiga, bienvenida. Estarás sorprendida de esta llamada, pero no te alarmes, puede ser y no puede ser grave. Pero quiero que me traigas información en el viaje que vas a realizar.

Así de clara era mi Reina, directa, dura, aunque sus ojos delataban cierta ternura de amistad y, hacía mucho, mucho tiempo que nos conocíamos como dos gotas de agua. Amistad más que sierva de la ciudad, cariño más que “el deber”, vidas paralelas en muchos sentidos de nuestra existencia. No, yo no era Dama llena de un Honor con mayúsculas, al fin y al cabo no dejaba de ser comerciante. Pero si había en mí un alto valor de lealtad a todo lo que consideraba bueno o buena moral o buenas intenciones. Pero, eso era otra filosofía, propia de otro momento.

Mi comerciante, siéntate a mi lado, te voy a explicar clara y sin rodeos la situación de nuestra ciudad y sus límites fronterizos.

Solo con la palabra “limites” mi alarma se hizo evidente.

No desconoces que algunos pueblos del noroeste son gente agresiva y nómada, que no se desplazan en busca de lugares donde la tierra sea rica y poder cultivar, dónde poder vivir y asentarse. No, son gente siempre dispuesta a matar por el afán de conquista. Durante los últimos veinte años los hemos mantenido alejados, lo suficiente como para que no den problemas, parecía que se habían olvidado de nosotras, pero quieren volver por estos lugares.

Escuché atentamente, miraba a mi Reina y notaba como su piel se tensaba, sus facciones se endurecían, su mirada parecía detenerse en el tiempo y recordar otros tiempos de sangre y lucha, cuando ella era pequeña.

Tú sabes que la Dama Primera, Ige, ha vuelto de sus viajes, se ha corrido la voz de que viene para competir en el torneo. Pero no es así, más de una vez tú y yo hemos comentado que a esta extraña e impresionante mujer no le gusta demasiado las fiestas y los jolgorios, además ella no tiene nada que demostrar en la competición. Pero ha venido. Amiga, te voy a decir porque.

Mi alarma creció. Mi mente recordó los libros donde se escribía la historia, la historia humana llena de guerras, conquistas, barbarie. Un pasado no tan lejano como para no recordarlo. La Fuerza del Universo había detenido nuestra autodestrucción. Había intervenido en el último instante, anulando todas las armas destructivas estelares. Nadie sabía como, pero había sucedido. Nadie conocía esa Fuerza, pero todos los mundos habitados la sintieron. Hacia mucho tiempo de eso...

Mis pensamientos se agolpaban sin rumbo ni precisión, mil imágenes me venían al encuentro, desordenadas, caóticas, fantasmas que pudieran haber marcado mis vidas pasadas y que, cruelmente, ahora venían a mí...

Violaciones, crueldad, matar por matar, herir por herir, dañar por dañar, ¿eran mis sueños acaso preludio de algo que iba a suceder? ¿O acaso fue algo que sucedió allá, más allá del tiempo pasado, más allá de las tinieblas que asolaron nuestro mundo? ¿Y yo que tenía que ver? ¿Acaso fui un señor de la guerra que violó y mató y ahora tenía que aprender? ¿Qué relación había entre mis sueños y la realidad de estos días?

Desperté  acongojada como si no pudiera respirar, como si alguien con sus manos estuviera ahogándome...

¡Dios, dioses, que está pasando! -me preguntaba sin saber muy bien donde me encontraba. Intentaba moderar mi respiración, que mis ojos volvieran a su lugar. Algunos minutos después, ¡vaya si sólo fue un mal sueño!      

Parar y meditar, parar y meditar, parar y meditar -repetía en mi interior, viejas enseñanzas venían a mí al igual que los sueños. Intentaría parar todas las palabras que mi Reina había puesto en mis oídos y darle un significado lógico sin tratar de buscar ninguna explicación todavía.

Mi comerciante... -mi Reina se dirigía a mí sin apartar sus ojos de los míos, exhaustivos ojos, rigurosos a veces, tiernos casi siempre, su intensidad dejaba traslucir la gravedad de la situación.

Mi comerciante, los pueblos del noreste avanzan, sigilosamente, sin que los habitantes de esas tierras sean conscientes de que puede sobrevenir una masacre. Por historia, por situación, por arraigo, ya los conoces. Sabemos que son crueles y despóticos y tienen cierta aversión hacia las ciudades-estado democráticas y no digamos ya por las que están regentadas por mujeres. En concreto, según nuestra Primera Dama, vienen directos hacia aquí. Pero, lo más grave es que estos pueblos, antaño sin conexión espacial alguna, sin bases, sin la tecnología suficiente como para surcar el espacio, esta vez tienen compañeros de viaje en su caminar en la destrucción y conquista. Por ello es tan trascendente que traigas toda la información que en la Base Canaria puedas conseguir. Para ello, como prestigiosa juerguista y vividora comerciante que eres, -mi Reina no pudo evitar una sonrisa- puedes desarrollar un papel importe para parar a estas hordas despóticas. Tu papel consiste en descubrir qué o quien o quienes están detrás de todo esto. Tu fama de comerciante sin más interés que el negocio puede servir a nuestra ciudad y, probablemente a buena parte del orbe conocido.

Un segundo hecho me tenía absolutamente despistada. Había oído en infinidad de ocasiones el nombre de Ige, la Primera Dama, la campeona de la Reina, pero, nunca, nunca habíamos coincidido personalmente.

Ahora, esa noche, con el caer primerizo de las hojas de otoño algo iba a cambiar radicalmente mi vida, solo una mirada, solo un saludo, escueto y riguroso, ni dos palabras, y...

Un rostro, miles de años de antigüedad reflejaban sus facciones, a la vez que hermoso y atractivo, al volver mi cabeza para enfrentarme con la persona que nombró mi Reina; relieves difíciles, como la montaña más escarpada, como la piedra más antigua formada en el Cosmos, el reflejo de la eternidad estaba allí, ante mí.

Paralizada, poca expresión de palabra puedo sugerir para dar cuenta del impacto que me causó y me sigue causando esa persona. Quizás, el nombre de la Dama Primera era sutil y a conciencia escrito en lo más remoto del tiempo.

Su piel, color aceituna, brillante, perfecta..., traspasaba la luz del aposento. Su figura altiva se imponía desde el fondo de la estancia. Mi instinto me advirtió, o quería advertirme o indicarme, eso, indicarme, mejor, esa era la palabra adecuada, que me estaba enfrentado, al otro lado, en el otro extremo con algo que me resultaba muy familiar...

Mi comerciante, te voy a presentar a alguien que todo el mundo conoce pero no conoce, es la Dama Primera de esta ciudad-estado o reino. Su nombre real es Ige, mi campeona, a la vez que amiga, le debemos el honor y la defensa de esta ciudad en muchas ocasiones, labor que no es conocida por la gran mayoría de los habitantes de este lugar. Por ello surgen muchas leyendas de sus andanzas y viajes. Nadie sabe que en realidad sus viajes no son para representar a la ciudad en eventos competitivos y deportivos. Es una labor más de inspección, de protección, de información de la situación de los lugares fronterizos que otra cosa. No llega a ser una espía pero sí la que las coordina.

En estos días estará por aquí, con la excusa de participar en las diferentes competiciones que conmemoran el asentamiento en estas tierras de nuestra ciudad.

Estas palabras resuenan una semana después de esa noche, suenan como una tenue campana que advertía de un próximo peligro, como danzarines que se acercan a la pista de la muerte, ensangrentada por eones de años de lucha humana, cuando el ser humano apenas era apariencia de lo que sería en un futuro.

Ige, ven, te presento a mi comerciante, no preguntes su nombre no lo tiene, llámala solo “comerciante”.

Hasta ese momento Ige se había mantenido discreta al otro lado del salón, leyendo no se qué.

Mi Reina llamó a Ige. Sin prisas, como si el tiempo se hubiera detenido de pronto, la Dama Primera se volvió hacia nosotras, camino como un felino, como una gata, suave, casi ronroneando pero con los ojos escrutando cada centímetro andado. Sus pies se movían al compás de una música extraña, arcaica, sigilosamente, como esperando un ataque, como esperando la vida y la muerte. Sus pasos no resonaban en la baldosa del aposento. Pero su presencia llenaba cada vez más el espacio que me separaba de ella.

Espacios controvertidos, contrarios, opuestos, extremos, el arriba y el abajo, solo son premisas universales que se cumplen mientras no se domine el medio. Mientras que el control absoluto y la búsqueda del punto medio no sea conscientemente pretendida.

 

***

Las tierras del norte, duras, raídas, arrasadas por centenares de guerras y torturadas por mentes violentas, frenéticas en su deambular y constreñidas por miles de años de herencia dramática, no tenían un objetivo concreto en su caminar de unos lugares a otros, ni una visión clara de cual sería su asentamiento definitivo. Puede que la respuesta sea nunca. Pero...

¿Quién iba a decir que, todavía, después de las lecciones que la historia había marcado, gran parte de hombres y mujeres de este viejo planeta estallaban en cruentas batallas contra “no se qué o quién” y ningún por qué? 

Viscon arreaba a su caballo, ¡vamos! ¡vamos! Con sus botas clavaba sus tacones todo lo que podía, pretendiendo que su caballo galopase más. Un hermoso corcel corría veloz pero sin convencimiento, el sufrimiento del animal era mucho, paró de golpe, el sudor le caía por su poderoso  cuerpo. ¡Maldita sea! Bramó su dueño, casi sin tiempo de sujetarse.

Viscon: sucio, alto, aguerrido, curtido y acostumbrado a cientos de batallas en su todavía, corta existencia. La crueldad se manifestaba en su rostro, los ojos estaban siempre dispuestos a clavar un puñal, no importaba el lugar ni el por qué. Jefe de pueblos que les unía la guerra, estaba acostumbrado a mandar, a ejecutar. Ordeno y mando era su lema, sin discusión, la muerte esperaba a quien desoyera sus órdenes.

Sujetó al caballo y lo empezó a fustigar, el animal intentaba zafarse de tan satánico dueño, volteó con todas sus fuerzas, Viscon sin esperarse la reacción del  corcel se descuidó lo suficiente para que el ejemplar se pudiera soltar de las riendas que estaban como pegadas a las manos de su amo. Queriendo su libertad empleó todo su empuje en huir y ahora, si, ahora corrió más raudo y veloz que lo que ninguna espuela había conseguido jamás, era su libertad o su sufrimiento.

 

***

La vida en la aldea era rutinaria, para la joven Dax, el bosque representaba un aliciente en su vida rutinaria, intentaba realizar sus quehaceres cotidianos lo más rápido que sus sentidos le permitían para luego perderse en la espesura de árboles, flores y plantas que aquí y allá representaban el alma de su tierra. La misma tierra que la vio nacer, a la que amaba, pero siempre en su interior tenía la amenaza que en cualquier momento podía ser destruida. Había oído desde niña las historias de cruentas batallas y guerras y que, por suerte no habían destruido su aldea. Había un motivo para ello, para que la aldea hubiera sobrevivido. Era la riqueza de su tierra, capaz de producir, de hacer crecer ricas viandas y dar fruto suficiente para alimentar, en un momento dado, a una muchedumbre, incluso a un ejército. De hacer que cuerpos envejecidos por el caminar del tiempo y de heridas poco cicatrizadas se recuperasen y volviesen a caminar para volver a caer.

En bocas de unos y otros de los transeúntes que pasaron cerca de allí, unos por guerras, otros por simple deambular o pasar, se había extendido la leyenda de una pequeña pero rica tierra que daba frutos nutritivos y abundantes.

Eso hizo que gente de calaña inmunda, guerreros o filósofos, respetaran y no destruyeran esta aldea y que su fama se extendiese al confín del mundo conocido.

Dax se divertía correteando e inventando personajes imaginarios, desde seres animados del bosque a amigos y enemigos de lejanos planetas y ciudades, donde el bien siempre ganaba. Eran sus compañeros de juegos. Esas mismas aventuras arraigaron en su corazón haciéndolo noble, claro en sus sensaciones y con capacidad para el amor. El odio no existía para esta mujer, por lo menos en su presente.

Era un pueblo entre la vida y la muerte, entre la paz y la guerra. Hasta su bosque llegó un buen día la yegua más hermosa que ojos aldeanos habían visto jamás. Esos ojos brillantes, jóvenes, expectantes, abiertos, fueron los primeros que vieron tan espectacular belleza.

De proporciones exactas, de un azabache extremo, músculos poderosos, ahí estaba entre el bosque y los cultivos, en un claro de abundante pasto. Después de una huida veloz, el corcel, todavía con heridas sangrantes, reflejo de una  vida muy reciente, heridas producidas por botas y fustas asesinas. Había corrido, parado, tomado aliento y vuelto a huir, solo se había detenido cuando su instinto le dijo que estaba a salvo de una vida llena de sangre y sufrimiento.

Ahí se paró, descansó y comió en la frescura de este pequeño paraíso.

La niña-mujer se detuvo, sorprendida ante el espectáculo que divisaba. No sabía si aproximarse, quedarse, alejarse, no quería espantar tan impresionante animal. Decidió  aproximarse. El animal detectó de inmediato la presencia de la joven. Nada le decía que tenía que huir, ningún peligro le acechaba, sus sentidos le decían que nada había que temer. Quien se aproximaba tenía el don de la paz, del amor. Era espíritu afín.

Así fue como se unieron la imaginación y la nobleza, la fuerza y, caminando el tiempo, inteligencia y destreza.

¿De dónde provenía tal animal? ¿De dónde había huido? Sus heridas manifestaban barbarie. ¿A quién pertenecía?  El alma de Dax le decía que esa yegua representaba la libertad de un dueño / dueña que no correspondía con el sufrimiento infringido al animal.

Un establo medio escondido dentro del paisaje del territorio iba a ser el lugar de descanso de la yegua. Dax tenía que contarle a los aldeanos su presencia pero no quería que la noticia se extendiera más allá del pueblo, algo le decía que debía ser así.

Limpió y alivió sus heridas, acarició suavemente su cuerpo, ahora el corcel brillaba más que nunca.

Dax se dirigió hacia la Gran Casa, lugar donde se guardaban aperos de labranza, herramientas y útiles diversos, era la materia prima de la supervivencia de esta gente, a su cargo, un anciano, sabio en agricultura, sabio en plantas, mitad médico, mitad chaman, guardián de todo aquello. Hombre justo cuya autoridad nadie discutía.

La aldea no tenía como jefe a un guerrero, tan típico de pueblos colindantes, ni a un chaman. Era un anciano que había vivido lo suficiente como para albergar en su mente lo que se debía o no se debía hacer. En él confiaban la gente del lugar.

Sus ojos se volvieron al escuchar su nombre y sonrió al ver quien le nombraba, tenía gran amor hacia Dax, casi la había criado, y eso sí, le enseñó todo lo que pudo. Dax contó a Silvio lo ocurrido. El anciano se quedó pensativo, empezó a unir cabos. Fue a conocer a la yegua y reflexionó.

 

***

 

Viscon estaba enfurecido, su cólera traspasaba su sangre, se sentía humillado por una yegua, hermosa pero no dejaba de ser un animal. Tres semanas después de su huida aún la buscaba maldiciendo mil castigos satánicos. Sin duda era merecedor de ser el jefe de pueblos que saqueaban, que mataban casi por el simple placer, como método de existencia. Violentando y matando se sustentaban.

Algo diferente era este jefe de los guías anteriores, poseía una inteligencia violenta y tenía planes. De hecho había querido que sus hombres estuvieran casi un año completo en el último lugar conquistado.

Quería entrenamiento, estrategia..., armar un ejército poderoso y con sentido. Tenía una idea fija que atormentaba muchas de sus noches. Había oído hablar tanto de una tierra mítica gobernada por mujeres que su conquista le estaba obsesionando. Quería poseer con su cuerpo y engendrar un hijo con la Reina que regía ese pueblo. Pensaba y soñaba que nacería un poderoso joven conquistador del mundo.

Para ello, tenía que reposar y preparar, preparar y preparar el terreno, no le valía una sarta de ingentes seudo-guerreros asesinos.

Viscon iba a ser un jefe guerrero con un plan y también era y sería el más destructivo de su tiempo.

 

***

 

El bien y el mal, lo justo y lo injusto, en realidad no hay una línea que separe una realidad de la otra, a veces no sabemos cual es el límite, ni si lo que hacemos es correcto o no lo es. ¿De qué depende? Es difícil de saber por lo menos para mí. Muchos sabios y filósofos habían reflexionado ya, durante muchos milenios sobre ello.

Me llamaban  “la comerciante” así se me conocía, nunca expresé mi nombre, claro que todo tiene un porque. Mi pasado lo consideraba yo y otros muchos, casi siniestro. Mi espíritu atormentado por mil situaciones oscuras, rayando la muerte, así se había desarrollado mi existencia.

La madurez había llamado a mi puerta cuando decidí mi muerte o mi cambio, mi vida tenía que desaparecer de los ambientes vividos hasta entonces o morir. Lucha constante entre mi forma de actuar y mis miedos, buscando una explicación sin encontrarla, un camino difuso continuamente, levantándome cuando estaba en el fango pero al tiempo volver a pisarlo. Optar por ser persona o continuar con una comodidad que me estaba asesinando como espíritu, como alma.

No me valía ni la casa que me había albergado, ni el territorio, ni la situación, ni la gente. Cambio o muerte. Para ello tenía que aparecer una oportunidad, así sucedió, así me convertí en comerciante.

Pude adquirir una nave, un poco vieja... pero operativa,  -jejeje-  con algo de pintura casi como nueva.

Habían pasado diez años desde que se presentó la oportunidad, nuevos contacto, nueva gente, pero ningún arraigo, solo alguien que se había convertido en una amiga, de la cual siempre carecí o sencillamente no merecía. La entonces princesa de Aura, Genix, sería mí aliada en el plano de la afectividad, poco después seria carismática Reina, pues su madre, engendradora de la idea y de la política de esta ciudad-estado estaba próxima a morir. Así fue y el trono lo tomó Genix, así se convirtió en Reina, que en pocos años llevó a su tierra a una estabilidad política, económica y cultural que no se conocía en la ultima centuria. Me distinguió con su amistad y conocí por vez primera la lealtad.

Solo un pequeño alto para describir como se realizó esa amistad, como empezó un arraigo a una ciudad, a una tierra, a saber cual era el camino en mi vida, amistad asentada sobre bases muy sólidas. Ahora, diez años después vuelve a producirse un cambio en mi alma, antes fue la amistad, ahora el amor llama a mi corazón. No puedo decir cuan impresionada quedé al conocer a la Dama Primera, mi corazón no latió nunca así, siempre fue mentira en los sentimientos del amor. Ahora la riqueza de sensaciones convirtió mi alma en una sonrisa. Aún quedaban viejas heridas, pero estaba segura que se perderían en el tiempo como soy capaz de amar ahora.

El primer año no tuve demasiados viajes, solo cubrí gastos, en cambio mi mente estaba rica, muy “alegre”, esa era la expresión, viajaba, tenía para mantenerme y mantener a mi gente, además cada viaje significaba casi un nuevo cliente, me habían hablado de Aura una ciudad muy peculiar y que estaba en pleno crecimiento. Cómo comerciante que era no me costaba ningún trabajo en una de mis rutas detenerme por unos días y captar la posibilidad de negocio. ¿Quién me iba a decir a mí que iba a ser la misma Reina la que me iba a recibir en esta posible captación de clientes? Creo que mi adrenalina subió a lo más alto.

Así que un buen día hacia finales de verano, cuando todas las rutas se ponían de nuevo en marcha cara al invierno, arribé a buen puerto de la ciudad-estado de Aura.

Yo provenía de la tierra hostil, profunda, de las tierras del interior, poco comunicadas y donde la ciencia y tecnología casi no existieron en los mejores años, cuando la Tierra surcaba el espacio mucho más allá de los mundos conocidos de ahora. En los tiempos actuales solo se tenía comunicación con unos cuatro o cinco mundos, sin más que pretensiones comerciales.

A la Reina de Aura, Genix  o a la persona encargada de negocios de la ciudad le solicité una entrevista para hacerme conocer y ofrecerles mi mercancía para abastecer a su ciudad y... ¡sorpresa! fue ella la que me atendió. Una sonrisa acogedora me recibió, unos ojos expresivos me miraron, fue clara y concisa, como lo sigue siendo después del transcurso de los años. Me comentó que su comunidad  necesitaba de todo lo que yo pudiera ofrecerle, que la ciudad estaba empezando a crecer y pronto generaría recursos pero que por el momento no podría pagarme lo que valdría mi mercancía; si yo aceptaba, era para mí el abastecimiento de la ciudad, sino tendría que buscar otro comerciante que tuviera paciencia para ser recompensado. Lo pensé rápidamente, le dije que apenas tenía beneficios pues hacía poco que estaba en el negocio, pero que podía dar a la ciudad los productos que necesitaba, abundantes, pero limitados. Así fue, confió en mí, confié en ella.

Eso fue el comienzo de algo que ya dura como nueves años. Bien pagada fui, bien acomodada en este lugar, lugar por el que podía morir si fuera preciso.

Ahora se exigía de mí algo nuevo, ser medio espía, medio observadora. Estábamos llegando a la Base Canaria, lugar de tránsito y de futuras transacciones. Encrucijada de mundos, dónde estos se comunicaban, lugar prohibido en algunas de sus plantas. Gente de todos los Planetas Conocidos y todo tipo de calaña. 

Llegué con la sorpresa de ver una actividad inusual en este lugar. Mis oídos y ojos estaban alerta, traté de entablar conversación con toda la gente conocida y como quien dice: el lugar más importante donde se “cocían” negocios y asuntos de la mas variada índole, era la “tasca”. Bebida, comida, gritos, susurros, peleas y un sin fin de cosas que se sucedían a la velocidad de la luz.

Sin dudar me fui para allá y el tumulto era ensordecedor, mis ojos escudriñaron todo lo que abarcaron en una primera impresión.

Algo de sorpresa recibí, vi demasiados “Guakis” habitantes del planeta Guaraná. Pueblo que en sus ancestros se dedicaban a explorar (por llamarlo de alguna forma) otros mundos. Pero que quedaron muy dañados después del Gran Desastre. Rivales a perpetuidad de la Tierra, sus cicatrices y heridas no habían sido curadas con el paso de los años y, ver tantos en un lugar tan determinado como la Base Canaria no era nada habitual.

Pueblo que había sometido en la antigüedad a cantidad de planetas de una forma cruel y déspota.

Los pueblos y sus planetas supervivientes a la gran hecatombe, después de ella, habían evolucionado hacia el cultivo de la sensibilidad, de la educación y formación, de la tolerancia y como premisa fundamental el “respeto a otros pueblos”.

 

Pero era sabido que los Guakis habían evolucionado en el sentido contrario, en realidad no habían evolucionado y seguían, aunque apaciguados, con las viejas cicatrices a flor de piel y transmitiéndolo a las nuevas generaciones.

¿Por qué? Nadie lo sabe. Nadie sabe en qué momento este pueblo se había convertido en guerrero y cruel, violento hasta decir basta. Y nadie sabía porqué continuaban, después del Gran Desastre, sin evolucionar.

 

***

 

Pero volvamos en el tiempo hacia atrás. Más o menos como un año y medio hacia atrás a la ciudad de Aura. Acababa de nacer una potranca, Genix estaba atendiendo a la madre en el parto, no había cosa que más le gustara a la Reina que los caballos. Sonreía, sabía de los ancestros de la potranca que terminaba de venir al mundo. Sabía que sería algo especial. Tenía que ser así. Negra, negra, color fuerte, azabache extremo, brillante, en pocos días su fuerza se hizo notar. Genix iba todos los días a verla, sentía como nacía su entendimiento con la pequeña yegua, tardó mucho tiempo en ponerle un nombre, al final se decidió por uno Aoraki no sabía su procedencia pero es lo que se le ocurrió.

Al año la yegua ya trotaba fuerte y vigorosa, la Dama Primera hizo una visita a la Reina y fue a ver  al “orgullo” de su Majestad.

¿Se te cae la baba al contemplar la yegua? ¿o son ilusiones mías? -preguntó Ige a Genix al tiempo que una especie de sonrisa se dibujó en su imperturbable rostro.

Bueno, es mi entretenimiento y mi orgullo. No habrá nadie como ella, será tan campeona como tu.

¡Gracias por lo que me toca! ¿Me estás comparando con un caballo?-. La sonrisa de Ige se hizo más evidente.

Noooooooo -carcajeó la Reina. Solo que bueno, tú eres la campeona del reino y esta cosita que ves aquí... será mi campeona en yegua... Además de querer ver a mi yegua, dime, imagino que algo más me tienes que decir.

Si, respondió Ige-. Su rostro se contrajo y sus facciones se hicieron más duras si eso es que era posible. - He detectado ciertos movimientos extraños en los pueblos del noroeste y creo que puede haber infiltrados o, extrañamente, gente preparada espiando nuestras fronteras y ciudades estratégicas. Hay un nuevo jefe, le llaman Viscon, por lo que he podido investigar es cruel, despótico, pero inteligente. Ha sido capaz de unir a varias de las tribus nómadas y salvajes y las está como decirlo... “instruyendo” en la batalla, no solo en el saqueo. Ha conseguido que se queden en un lugar determinado durante el último año. Y eso no es nada normal.

Vamos a dar un paseo, así verás como trota Aoraki-. La sonrisa de la Reina se tornó en una mueca de preocupación. –Dime, Ige, ¿crees que se están preparando para algo que no sea el simple saqueo?

Sin más, Ige respondió:

Sí, creo que su objetivo son estas tierras, la ciudad y los pueblos que tienes la responsabilidad de gobernar.

 

***

 

Un año más tarde. Para situar la acción quiero recordar que la yegua lucia majestuosa cos dos años y medio, lista para ser montada. Viscon hablaba con su lugarteniente, una mujer de gran envergadura, de prominente rostro. De ojos rasgados y dureza evidente.

Dime, Anatolia que has observado en la ciudad de Aura que pueda servir para nuestros planes. Ahh...., ¿sigue la Reina siendo la más bella del lugar?-. Viscon emitió una carcajada que hizo templar la gran tienda que le servía de aposento.

Anatolia crispó su rostro, ella tenía otras intenciones con Viscon, pero sabía de los planes de éste.

Mi señor, sigue bien, pero últimamente está muy ilusionada con una yegua que debe tener como dos años y medio, ahora comienza a adiestrarla y montarla, pero sigue salvaje ya que la dio total libertad en un campo suficientemente amplio para que se criase a su aire. Desde que la dejó en completa libertad no ha pasado día que no vaya a verla. La yegua porta noble cual la Reina. Parece como si fueran una-. Anatolia sonrió aguantando la risa. Quiso ridiculizar a Genix pero lo único que consiguió es que su jefe le mandase una mirada asesina. Anatolia continuó diciendo, -Genix la está adiestrando en estos días ya que el corcel ya tiene edad de ser montado.

Bien, bien. Ya tenemos algo que puede hacer daño a su majestad. Buen trabajo, Anatolia-. La sacudió en la espalda fuerte, no vio la mueca de la mujer. Viscon siguió con su discurso.

Bien, roba esa yegua y tráemela, iré ensayando como someter a ese animal-. Volvió a reír estridentemente, - si la someto, será que es tan débil como su Reina-. Pensó: poderosa Reina crees que eres indestructible y poderosa, pero serás la que engendre mi hijo, el hijo que dominará el mundo conocido, y algo más allá de tus tierras. Surcará como Emperador del mundo y el espacio exterior conocido. 

Así fue como Aoraki fue robada de la forma más cruel posible, ante la resistencia del animal fue salvajemente tratada y trasladada al campamento del señor de la guerra.

Genix entristeció de tal manera que no había forma de estimularla, me llamó y no fui capaz de alegrarle algo la existencia. Lo demás ya lo sabéis, me presentó a Ige, me pidió que investigase en la Base Canaria..., pero sigo contando como Aoraki volvió a su dueña y cómo la Reina conoció el amor, su primer y único amor que la hizo estremecer y sentir como jamás nadie lo había hecho.

Se buscó a Aoraki por todos los sitios y lugares, incluidos los más alejados, pero ni rastro. Una buena tarde Dax y Silvio se presentaron en la ciudad de Aura y pidieron ver a la Reina. Genix y Silvio eran viejos conocidos, Silvio tuvo una gran amistad con su madre y las relaciones entre la aldea y el Reino de Aura siempre habían sido de colaboración y buen entendimiento. Genix, a la vez que extrañada, se alegró sobremanera de ver al viejo.

Mi viejo amigo, dime ¿cómo están tus huesos? ¿Te siguen doliendo?-. Una pequeña sonrisa atisbó en el rostro de Genix. El galante y señorial chaman-jefe se inclinó ante la Reina. - Venga déjate de estúpidos cumplidos y dame un abrazo-. El viejo expreso una dulzura al oír estas palabras. - Algo grave te trae por aquí o ¿es una visita de cortesía? -apostó Genix.

No podría asegurarte nada y puedo asegurarte todo, pero un hecho ocurrido hace como quince días me ha traído hasta aquí y no vine antes por no levantar sospechas de ningún tipo. Te traigo un hecho que hará que saltes de alegría y otro que te hará meditar gravemente. Bueno, antes de continuar te tengo que presentar a alguien. 

Genix concentrada en lo que decía el viejo no se había percatado de la presencia de Dax, la joven que había encontrado y curado a Aoraki.

La Reina se quedó extrañada y miró al fondo de la habitación. Esta es Dax, la joven que ha encontrado a tu caballo, sonrió Silvio.

¿Quéeeeeeee....? Mi yegua....por la Gran Fuerza del Universo, ¿dónde está, dime?

Tranquila mi Reina, está en tus establos, lo hemos tenido que “vestir” para que su azabache y su estampa no fueran reconocidos. Como recordarás en nuestra ultima conversación la situación de un posible ataque de los pueblos del noroeste es muy factible, quizás todavía falte bastante tiempo, pero no nos podemos confiar, y... tu yegua venía de ese lugar, malherida y sangrante. Como conclusión te diré que puedo asegurar que fue robada por Viscon, ya sabes quien es, para tratar de hacerte daño. Y si es así tenemos a alguien cercano a ti que es espía de ese maldito.

Ahora, tranquilízate, ya te habrá informado Ige de los últimos movimientos. Por cierto, saluda a Dax, no seas descortés con la persona que encontró y salvó a tu yegua.

Ahhh, -dijo Genix volviéndose-. Perdona joven, ¿cómo te llamas?

Dax.

Genix apenas miró a la joven, pero casualmente levantó la vista y se quedó clavada mirando a la mujer que se le estaba “apareciendo”, era eso, Dax fue como una aparición, alguien procedente de la misma fuerza interior del Universo. La Reina contuvo su respiración y dejó inmóviles sus ojos en dirección a los de Dax.

Unos segundos que parecieron una eternidad. Un momento en que las preocupaciones de la Reina quedaron eclipsadas ante la presencia de esa mujer. No supo que decir, el silencio torno algo sin nombre. El aposento no existió, la yegua tampoco, los problemas y la situación del Reino tampoco, ni siquiera el viejo amigo. Todo despareció de su vista y su mente solo se posó en el alma de Dax.

Dax se estremeció tanto como lo era en altura. Su cuerpo no acertó a mover uno solo de sus músculos y apenas respiró. No estaba viendo a la Reina, a la mítica y carismática Reina que le habían descrito. Vio a una mujer.

Genix, no vio a una joven, ni a una niña como el viejo había dicho, no vio a la salvadora de su preciada yegua. Vio a una mujer.

Dax sacaba algún palmo que otro a la Reina, su imponente altura hacia que Genix se quedara por un momento achicada ante tal muchacha. Pelo largo, castaño, salvaje en su disposición, soberbios ojos cuya mirada era inocente todavía pero demostraban una innata sabiduría aprendidas en  mil vidas anteriores y de un color marrón oscuro donde se asentaban profundos sentimientos cuya nobleza pudo intuir la Reina sin saber muy bien cómo. La sensación de conocer “desde  siempre”, “de saber”. Casi percibió el olor profundo del alma de la muchacha. Quedó muda, sobrecogida, segundos que parecieron toda una eternidad. Un nudo en la garganta la embargó y sus pelos se erizaron, un recorrido continuo y tenue de emociones recorrió su cuerpo. Tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para calmarse y volver a su estado normal.

En un solo instante pasó por la mente de Dax un pensamiento, como una ráfaga de viento en la cara que pasa casi imperceptible, pero lo sintió. Dax pensó que dejaba definitivamente de ser una niña para convertirse en una mujer. Es ese momento en el que se hacen evidentes otras sensaciones. Deseos que le eran extraños todavía, pero tan placenteros.

Todo ello en unos instantes, en unos momentos donde dos mundos hasta ahora desconocidos se encontraron, ya nada iba a ser igual para ninguna, ni para la joven ni para la soberana.