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Concilio de Trento.

Concilio de Trento.

La tremenda revolución que habían provocado las acciones de Lutero, Calvino y los anglicanos motivaron una reacción de la Iglesia Católica, y esta fue reformarse a sí misma. Este movimiento se conoce como Reforma Católica o Contrarreforma, y permitió a la Iglesia reafirmar su posición en Europa e iniciar la evangelización de los nuevos territorios descubiertos.

El Papa Pablo III convocó el Concilio de Trento que, con dos interrupciones, estuvo reunido desde 1545 hasta 1563 y que confirmó la doctrina tradicional de la Iglesia, a la vez que introdujo importantes reformas referentes a la administración y disciplina.

La obra del Concilio de Trento se completó con las diferentes medidas tomadas por los papas. Bajo el pontificado de Pablo III fueron aprobados los estatutos de la Compañía de Jesús (1540), orden fundada por Ignacio de Loyola y que fue ideada con el fin de apoyar el combate contra el protestantismo. La Compañía de Jesús fue organizada como un verdadero ejército (se consideraban “soldados de Cristo”), regida por la más severa disciplina y su principio fundamental fue la obediencia al papa.

Pablo IV reorganizó la Inquisición y publicó el Indice. La primera, que actuaba desde el siglo XII, fue dotada de nuevos poderes que le permitieron ejercer la vigilancia tanto del clero como del pueblo. El Indice fue un catálogo de libros cuya lectura quedó prohibida a los católicos y que el papa confeccionó con el fin de detener eficientemente la difusión de las ideas de la Reforma.

Resoluciones del Concilio de Trento.

Esta asamblea estableció una serie de medidas tanto en el aspecto dogmático como en el disciplinario. Entre ellas se destacan:

-Mantener la organización tradicional de la Iglesia y ratificar al Papa como jefe universal de ésta.

-Determinar como texto legítimo de la Biblia a la Vulgata, traducción latina hecha por San Jerónimo.

-Mantener en siete los sacramentos.

-Mantener el celibato eclesiástico y prohibir la acumulación de beneficios (posesión de varios cargos eclesiásticos).

-Ordenar a los sacerdotes permanecer en sus parroquias, predicar por lo menos una vez a la semana y enseñar el catecismo.

-Crear seminarios donde se formaran sacerdotes instruidos y dignos.