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6. Identidad digital

Muchos jóvenes pasan una parte importante de su tiempo en Facebook, Tuenti y otras redes sociales, visitando perfiles de amigos y conocidos, intercambiando fotos y comentarios o jugando con pasatiempos de lo más diverso. Pero es curioso como una de las actividades predominantes es la de "fisgar" lo que el resto publica. Son mirones de perfiles.

Los jóvenes ya no se plantean o diferencian entre identidad analógica vs. identidad digital. Y es que no existe un mundo real y otro virtual: ambos son reales pero ocupan diferentes espacios. Se comportan de igual manera, usan las herramientas para lo que les gusta e interesa, pero teniendo en cuenta que es otro escenario. E igual que no dejan acceder a sus padres a su cuarto, tampoco quieren que les invadan en sus "habitaciones virtuales", las redes sociales. Siguen considerando que el enemigo está en casa:



Pero ese nuevo escenario cuenta con unas reglas diferentes: la información queda guardada hasta que Google lo decida. En cualquier momento pueden salir a la luz datos de hace mucho tiempo. Además, esa información que están volcando en la Red no les pertenece. Como bien dice Leif Harmsen: «No es "tu" perfil en Facebook. Es el perfil de Facebook sobre ti».

La identidad digital es pública y distribuida (se reparte por multitud de redes). Hay que tener cuidado con la baba de caracol que se deja en Internet, porque como dijo Richard Clarke “si se une toda la información no clasificada, muchas veces emergerá algo que debería estar clasificado“. Esta identidad ya no va asociada a nombre y apellidos. Un simple nick dice mucho de ellos. Otra cuestión es que esa identidad no la construyen solos. Antes Internet decía de ti lo que tú decías de ti mismo. Ahora, sin embargo, la identidad también la genera nuestro entorno («La construcción de identidad implica el triple desafío (y riesgo) de confiar en uno mismo, en otros y también en la sociedad.», Zygmunt Bauman).

Se ha pasado de la intimidad a la extimidad. Sin embargo, están preocupados por la privacidad y suelen emplear estrategias para protegerse (73,1%). Sólo el 6,6% reconoce haber quedado con un desconocido a través de la red. Y únicamente el 7% tiene agregados desconocidos en su red social. El resto son los amigos de todos los días y los conocidos más lejanos.

Las redes de los jóvenes están abiertas, pues se encuentran en la fase de creación de contactos, a diferencia de las personas más establecidas, no tan interesadas en dedicar su tiempo o atención a nuevos contactos.

Lo que tratan de una manera más descuidada es la gestión de las contraseñas y usuarios: se las pasan de unos a otros, con el riesgo que ello conlleva: “suplantación de identidad”, robo de información, etc.
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