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Aprendo a tocar el violín

 

 

 

 Aprendiendo a tocar el violín

(Dificultades de un adulto que decide aprender) 

Por Rafael Chamón Cobos

Creado: Enero 2008

Revisado: Octubre 2010

 

"Lo escuché y lo olvidé, lo vi y lo entendí, lo hice y lo aprendí."

(Confucio)

 

 

 

Índice

Introducción

Los primeros pasos

Tocar relajadamente

Posición del brazo izquierdo

Conducción del arco

Los rebotes del arco

Cómo se pisan las cuerdas con la mano izquierda

Coordinación de ambos brazos

El vibrato

Cómo se estudia

Conclusión

Introducción

Aprender a tocar el violín parece un reto difícil, sobre todo en la edad adulta, pero es una actividad fascinante. Es una actividad que moviliza muchas facultades de nuestro cuerpo y de nuestra mente, por ejemplo:

  • Favorece la concentración y la relajación muscular.
  • Ayuda  a comprender mejor el propio cuerpo.
  • Sirve de saludable gimnasia.
  • Ejercita el oído para afinar las notas y para marcar el ritmo de las melodías.
  • Ayuda a apreciar más la música de violín ejecutada por otros que toquen bien.

Y, naturalmente, produce la satisfacción de hacer música uno mismo. Para los que amamos la música, poder llegar a tocar sin esfuerzo con un violín cualquier melodía sencilla, con o sin partitura, sería una meta más que deseable. Además, quedaría abierta la posibilidad de tocar formando parte de un pequeño conjunto instrumental, lo que añadiría todavía más interés a esta agradable afición.

Hay personas que creen que pueden aprender a tocar el violín por sí mismas, sin profesor, y con la ayuda de algún método escrito. Esto es un error. Por muy dotados que estén para la música, es imprescindible que trabajen con un profesor que los guíe desde los primeros pasos. De otra forma nunca llegarán a tocar correctamente, sea cual sea el nivel que alcancen de ese modo.

Las condiciones necesarias para poder aprender a tocar el violín son: tener buen oído para controlar la afinación de las notas, y saber el suficiente solfeo para leer las partituras. También se ha dicho que todo instrumentista debería ser capaz, no solo de tocar las melodías, sino también de cantarlas.

Los primeros pasos

Cuando intentamos aprender a tocar el violín, lo mismo que cuando tratamos de adquirir cualquier habilidad manual, nuestros movimientos son torpes e ineficaces. Se nos explica cómo colocar  los brazos, las manos, los dedos, etc., y cómo moverlos para producir el sonido. Cuando tratamos de seguir estas instrucciones el resultado es pobre: nos falta  la coordinación muscular necesaria. El resultado es un desastre: somos incapaces de obtener  un sonido de violín, ni siquiera una sola nota.

En una primera fase del aprendizaje que  podríamos denominar de “contacto con el violín”, hay que tratar de interiorizar las sensaciones musculares asociadas a sostener correctamente el violín y hacerlo sonar.  En ella aprendemos a sentir el instrumento en relación con nuestro cuerpo y a conseguir que el violín “nos responda”. Es preciso llegar a sentir que ambos brazos se funden con el violín formando un todo.  Es necesario llegar a sentir el violín y el arco como una prolongación de nuestro cuerpo, y no como objetos que tomamos o agarramos. Esto se aprende por imitación, tanteo, prueba, etc., y siempre analizando y evaluando los resultados que vamos obteniendo.

Este especial “contacto con el violín” no se aprende de una forma directa. El profesor explica, sugiere, emplea metáforas, corrige posturas, corrige movimientos, toca delante del alumno, etc. El alumno por su parte observa, escucha, intenta, analiza, imita, etc. El  aprendizaje consiste en la asimilación de las reglas que da el profesor.

Cuando conseguimos este “contacto con el violín”, el hecho de sentir el violín y el arco colocados en la posición correcta ya es placentero en sí mismo, y además ya seremos capaces de tocar melodías sencillas, aunque sin un buen sonido. Si nos gustan las sensaciones asociadas a esta primera etapa, entonces podemos decir que el violín nos ha "enganchado" y que nuestro futuro como violinista (aficionado) está asegurado.

Pero todavía queda mucho trabajo por hacer: cada lección o partitura que nos propongamos aprender presentará problemas de coordinación muscular que habrán de vencerse con el estudio y la práctica, hasta conseguir las habilidades necesarias. En resumen: el aprendizaje nunca termina.

Tocar relajadamente

Antes de hacer cualquier ejercicio debemos adoptar una posición inicial y relajar cuello, hombros y brazos. No podemos tocar bien si no nos sentimos cómodos y relajados. En especial hay que acostumbrarse a relajar cuello y hombros mientras se toca. Esto se facilita con el uso de una almohadilla y una barbada adecuadas a nuestra anatomía. Debemos sentir el violín bien sujeto sin que tengamos que presionarlo con el mentón o el hombro para que no se escurra hacia abajo.

Posición del brazo izquierdo

La colocación correcta del brazo izquierdo debe aprenderse. Al principio lo colocamos de una forma que nos permita alcanzar, más o menos cómodamente, las cuerdas con los dedos. Sin embargo, lo más probable es que ésta colocación no sea la correcta. La posición correcta de todas las partes del brazo izquierdo, incluidos el antebrazo y la mano está determinada por la posición correcta de los dedos sobre  el diapasón del violín.

Los dedos de la mano izquierda deben estar curvados sobre el diapasón de forma que las puntas de los dedos se apoyen perpendicularmente sobre el mismo, y las yemas de los dedos queden alineadas en la dirección de las cuerdas. Los dedos parecen "envolver" el mástil.  El mástil se apoya en la horquilla que forman pulgar e índice. El pulgar se apoya suavemente sobre el lateral del mástil y debe estar siempre relajado.

Esta posición de la mano es francamente antinatural, pues exige una supinación extrema del antebrazo y un desplazamiento lateral del codo hacia dentro, especialmente  cuando se toca sobre la cuarta cuerda, todo lo cual contradice la regla de tocar relajadamente. El brazo llega a doler y no se puede mantener esta posición del brazo izquierdo mucho tiempo.

Sin embargo, con la práctica, el brazo izquierdo llega a acostumbrarse a esta postura, la cual, en el futuro, va a permitir a los dedos pisar las cuerdas con un mínimo de desplazamientos y de presión sobre ellas, cosa necesaria para una buena ejecución.  

Conducción del arco

La conducción del arco debe aprenderse y es importantísima. Al principio creemos que tocar el violín es simplemente pasa el arco por las cuerdas y manejar bien los dedos de la mano izquierda para pisar las cuerdas con la suficiente precisión y rapidez. La conducción del arco nos parece que tiene menos importancia.

Pero la realidad es otra: el sonido del violín se produce con el brazo derecho. Es importante aprender desde el principio a conducir correctamente el arco para obtener un sonido claro, potente y uniforme.  El brazo derecho debe sentirse relajado durante todos sus movimientos, sean éstos lentos o rápidos. La mano debe asir el arco de una forma especial. Los elementos arco, mano, muñeca, antebrazo, brazo y hombro deben sentirse flexiblemente unidos entre sí y formando un todo que trabaja coordinadamente. La conducción correcta del arco es muy difícil y exige años de práctica.

El arco debe conducirse siempre perpendicularmente a la cuerda y apoyarse en el punto medio entre el puente y el final del diapasón. El ataque debe partir siempre del arco apoyado y en reposo. Deberá usarse toda la longitud del arco.

En el movimiento del arco están involucrados los siguientes músculos:

1.      En el arco abajo, durante el primer 1/3 (talón), el dorsal lleva el brazo hacia atrás.

2.      En el arco abajo, durante los 2/3 restantes (punta), el tríceps extiende el antebrazo.

3.      En el arco arriba, durante los primeros 2/3 (punta), el bíceps flexiona el antebrazo.

4.      En el arco arriba, durante el 1/3 restante (talón), el pectoral mayor adelanta el brazo.

El músculo deltoides sostiene el brazo en posición durante todas las fases.

Al deslizarse el arco entre punta y talón, la presión del arco sobre la cuerda debe mantenerse constante, para lo cual, la actitud de la mano derecha debe cambiar conforme el punto de apoyo pasa del talón al arco y viceversa. En el extremo del arco cerca del talón, la presión del arco sobre la cuerda es debida al peso del antebrazo, por lo que el dedo índice debe estar suelto, sin presionar el arco, mientras que en el extremo cerca de la punta, el índice debe aplicar fuerza hacia abajo para mantener la presión del arco sobre la cuerda. El dedo meñique debe hacer lo contrario que el dedo índice: en el talón, el meñique debe presionar el extremo de la vara para compensar el peso del resto del arco, y en la punta el meñique debe estar suelto. Al deslizarse el arco entre los dos extremos, la mano debe pasar gradualmente de una a otra actitud.

Además, en cada cambio de sentido en el movimiento del arco, la mano debe actuar con una cierta elasticidad para evitar cambios bruscos del brazo. Es como si la mano se moviese algo retrasadamente respecto al antebrazo. Esto se consigue haciendo que la alineación mano-antebrazo varíe en el momento del cambio de sentido.

Los rebotes del arco

No hay nada que irrite más al principiante que el arco rebote sobre  la cuerda al deslizarse. El sonido producido es intermitente,  tembloroso y poco definido.

La causa de estos rebotes consiste en que la mano derecha no gradúa bien la presión del arco durante el recorrido de éste sobre la cuerda.  Este defecto se corrige graduando bien dicha presión. Hay que practicar mucho para que no suceda. 

Este fenómeno es especialmente molesto cuando se toca ante el público, porque éste nos distrae  y perdemos concentración sobre nuestra técnica. Hay que contar con que nos va a suceder, al menos en las primeras etapas del aprendizaje.

Cómo se pisan las cuerdas con la mano izquierda

Los dedos de la mano izquierda tienen menos fuerza y agilidad que los de la derecha (excepto en el caso de las personas zurdas). Por eso, al principio hay dificultad en el movimiento de estos dedos, sobre todo cuando se les exige velocidad. La práctica constante fortalece toda la mano izquierda, da agilidad a los dedos y mejora la afinación.

Los dedos de la mano izquierda deben moverse lo menos posible. Los dedos deben estar siempre cercanos a las cuerdas y preparados para pisar en el sitio correcto con un mínimo de desplazamiento. Hay que evitar levantar descontroladamente los dedos. La mano izquierda debe estar siempre controlada y recogida sobre el mástil, como "rodeándolo", para lo cual, la mano debe tener suficiente fuerza y control, que se adquieren con la práctica y el estudio,

Sin embargo, la mano izquierda debe estar en todo momento relajada.  El mástil debe reposar sobre la horquilla que forman pulgar e índice, sin que esta horquilla apriete el mástil. Es importante sobre todo que el dedo pulgar toque el mástil sin apretarlo. Al pisar las cuerdas la presión de los dedos debe ser suave, no hay que emplear una presión mayor que la necesaria para bajar la cuerda.

Coordinación de ambos brazos

Conseguida, más o menos correctamente, la afinación de las notas con la mano izquierda y la conducción del arco con el brazo derecho, hay que aprender a coordinar ambos movimientos a fin de que la transición entre notas sea limpia. Esto es más fácil en el caso de notas ligadas, porque el arco no se detiene. Presenta más dificultad en el caso de notas separadas porque hay que ajustar el cambio de sentido del movimiento del arco al cambio de dedo. Igualmente es necesario conseguir la cordinación de ambos brazos al cambiar de cuerda.
Esto es de por sí evidente. Sin embargo, hay que ejercitarlo hasta que lo consigamos de forma automática. La forma de trabajar es hacerlo primero despacio y después ir aumentando la velocidad. También es conveniente hacer una pequeña pausa en el movimiento del arco antes de tocar cada nueva nota.

El vibrato

Aprender a vibrar las notas es necesario porque el vibrato forma parte de la esencia del sonido del violín. El vibrato debe llegar a ser automático y sin esfuerzo. El aprendizaje del vibrato es duro y exige mucha voluntad y mucho esfuerzo. Por otro lado, parece que una vez aprendido ya no presenta dificultades y no se olvida: es como aprender a montar en bicicleta.

Cómo se estudia

Todo músico tiene que estudiar. Estudiar no es lo mismo que practicar. Practicar puede convertirse en la simple repetición de una pieza ejecutada a la ligera y probablemente incluyendo muchos fallos. Estudiar es mucho más que eso: es analizar la partitura, con su digitación, movimientos del arco, matices, etc.; es tocar la pieza por secciones observando escrupulosamente las indicaciones de la partitura; es observar el resultado de cada pasaje difícil e identificar nuestros propios fallos para aplicar  las correcciones adecuadas; es aumentar la velocidad a medida de que los fallos vayan desapareciendo, etc.

Al final, la pieza debería poder tocarse de memoria conservando todas las indicaciones de la partitura.

Todo esto implica esfuerzo y trabajo. Sobre todo es importante ser crítico consigo mismo y vigilar constantemente todos los detalles que conduzcan a una buena ejecución y un buen sonido. Esto se olvida con demasiada facilidad.

Conclusión

Aprender a tocar el violín es muy difícil y exige la dirección de un profesor y una gran dedicación.

 

 

(Fin del artículo)