"Yo los reuniré de todos los países ... Ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios. Les daré un corazón íntegro y una conducta íntegra, a fin de que me teman constantemente, para su propia felicidad y la de sus hijos después de ellos."
Jeremías 32,37a.38-39
 

 
Esa es la lectura que Dios nos proporcionó antes y durante la II Conferencia de Líderes, y define el sueño que Dios puso en el corazón de las personas que iniciaron la secretaría, jóvenes de todos los países de Latinoamérica unidos en un sólo pueblo por el Señor, misionando no solo en nuestras tierras si no allende de las fronteras de nuestra América, conquistando a los jóvenes para Jesucristo.

Por eso, a igual que Timoteo, debemos pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a ser testigos de nuestro Señor Jesús ante la juventud de América Latina y llevarlos a un encuentro personal con Cristo.