Presentación


La frontera terrestre entre España y Portugal, coloquialmente llamada la raya —o a raia, en portugués y en gallego—, es una sinuosa línea de 1214 km de longitud que serpentea, desde el bajo Miño al bajo Guadiana, por desgastados macizos montañosos graníticos, penillanuras, angosturas, idílicas dehesas, fallas y ríos. En cualquier caso, nunca fueron obstáculo estos condicionantes físicos, en verdad de escasa entidad, salvo quizá, el monumental tajo de los Arribes, para que las poblaciones rayanas se comunicaran, comerciaran y se casaran. Es por ello, que en un concepto mucho más amplio, La Raya también se refiere al espacio geográfico próximo a esta frontera, donde las poblaciones portuguesas y españolas, separadas hasta 1986 por una frontera política y económica -hoy solo política- comparten de alguna manera singulares elementos históricos, culturales o económicos.



La vertebración de los territorios fronterizos a lo largo de la frontera hispano-lusa se basó, tras la ruptura de 1640, en una sucesión de fortificaciones en la parte portuguesa -para salvaguardar su recién lograda independencia-; otro tanto en el lado español -en este caso para evitar la invasión del enemigo británico aliado de Portugal-, con la característica de que a cada fortificación de un lado de la raya le corresponde su opuesta al otro. En palabras de un autor portugués, estamos ante una frontera de ojal y botón, un territorio que queda abotonado/articulado mediante la sucesiva oposición de plazas fuertes y poblaciones españolas y portuguesas. En todo caso, es la trama de relaciones entre los pueblos y habitantes de esta faja fronteriza la que confiere a este territorio su verdadera vertebración, a pesar de haber sido un vacío demográfico, que lo sigue siendo. Esta tupida red de relaciones, intensa en periodos de paz, retraída en periodos de conflictos, es la que atesora los valores culturales, humanos y económicos en último término. Esto es lo que pretende mostrar esta modesta exposición, apoyándose en la cartografía como hilo conductor, en el paisaje como testigo de un tiempo y un espacio y en los libros como transmisores del pasado y el presente, y tal vez del futuro, rayano e ibérico.
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Del 12 de junio al 28 de septiembre de 2019
Sala Hipóstila de la
Biblioteca Central
Lunes a Viernes
 de 9:00 a 19:30 h


Subpáginas (1): Créditos de la exposición