Rinconete y Cortadillo

       El pícaro en el siglo XVII 

Portada

La importancia de la Córdoba islámica

Itinerario didáctico

Escuela e Internet

Uso didáctico de la Enciclopedia Libre

Enseñanza e Internet

La Revolución Verde 

Album de fotos





Contador Gratis

PICARESCA Y LITERATURA

 La literatura picaresca surge en una situación histórica y social concreta, cual es la que se da en la España de los siglos XVI y XVII. El pícaro es, literariamente hablando, un producto de esta época ya que, como elemento social, lo podemos encontrar en otras sociedades y en otros tiempos. La novedad estriba en que en tales siglos se produce una proliferación de estos personajes debido a factores económicos, sociales, políticos y espirituales. Es cierto que la decadencia económica y moral que afecta a España en esos momentos, propicia la multiplicación del lumpen; más aún cuando la riqueza que sigue recibiendo España no repercute en las clases bajas, ni siquiera en la prosperidad general del país frente a otros, y solo se ve beneficiada una clase social cuya riqueza y lujo están en contraste con la miseria de los bajos estratos sociales. Producto de la crisis económica es la aparición de multitud de pícaros, ladrones y pedigüeños. España va quedando rezagada del resto de naciones europeas en las que se va imponiendo el avance técnico y la vida burguesa. El desinterés de España hacia estos modelos es producto de los ideales del Imperio (religión, patriotismo, valor y honor) y de la reacción contrarreformista que los refuerza. Este desdén se manifiesta fundamentalmente en dos formas: la espiritualista, producto de la cual será la literatura mística, y la picaresca, que supone el rechazo de la vida burguesa. Efectivamente, al pícaro le gusta la aventura y es básicamente "nómada", pues no es amigo de permanecer demasiado tiempo en un mismo lugar. Ejemplo de ello encontramos en Rinconete y Cortadillo -la novela en que nos vamos a centrar- pues ambos pícaros escapan de sus casas, uno de ellos -Cortado- porque le aburre la aldea (1). En el pícaro se manifiesta también el amor al dinero (2), ese dinero que en grandes cantidades circula por España, pero del que se benefician muy pocos. En este personaje se da también un deseo de libertad e independencia que refleja, en cierto modo, el ideal individualista de la época. Angel González Palencia en su obra La España del Siglo de Oro retrata acertadamente al pícaro de esta manera: "... es producto del orgullo nacional, en una clase de gentes no habituadas al trabajo, y que viven de ciertos servicios, y no se avergüenzan de comer la sopa de los conventos. Literariamente es el pícaro, hombre que, sin ser verdaderamente criminal, pertenece al hampa; tiene pocos o ningunos escrúpulos, particularmente en proporcionarse medios de mantenimiento; es humano, buen creyente, aunque pecador; no está habituado en modo alguno al trabajo regular y constante, sino que es perezoso y holgazán; su ocupación normal es la de servir a otro; hurta pero no roba, es astuto, ingenioso e imprevisor y simpático". Sin duda esta detallada descripción encaja con nuestros personajes. La correlación entre decadencia y literatura picaresca queda demostrada al comprobar que el auge de ésta coincide con aquélla. En este sentido hay autores que consideran El Lazarillo de Tormes una anticipación de la novela picaresca. Lo cierto es que el pícaro es un personaje real en la vida, que cobra interés literario con el Lazarillo y tiene su auge en el siglo XVII con obras de la importancia de Guzmán de Alfarache, seguida de otras como pueden ser El Buscón o Estebanillo González entre un largo etcétera.

 LA SEVILLA DE RINCONETE Y CORTADILLO 

Sevilla en esta época es el principal puerto de España. Los galeones reales llegaban a esta ciudad procedentes de América con cargamentos de oro y otras riquezas. El comercio exterior está también centralizado en el puerto sevillano, donde se encuentra la Inspección Central de Impuestos. En Sevilla se hallan establecidos comerciantes de muchos países. Debido a todo ello, esta ciudad andaluza es -posiblemente- en ese momento, la más rica de España, de ahí que resultara sumamente apropiada para el hampa. El hervidero de gente que constituye Sevilla ofrece muchas posibilidades al pícaro, lo que la convierte en una ciudad atractiva. A este respecto es curioso observar como Rincón y Cortado se dirigen a Sevilla, o como Guzmán de Alfarache parte de Sevilla al igual que Pablo de El Buscón. Se trata de tres ejemplos de la literatura picaresca. Sevilla es una ciudad cosmopolita por su carácter comercial y -como toda ciudad cosmopolita- caótica en cierto modo. En ella el hampa se puede mover con cierta facilidad. El Compás es el lugar de reunión del hampa sevillana de la época. Otro aspecto de esta Sevilla es la religiosidad, a la que también se alude en la novela que nos ocupa. La doctrina de la Inmaculada Concepción fue acogida en esta ciudad con mucho fervor. Así, sabemos que Pedro de Castro, Arzobispo de Sevilla, en 1610 y afectado de este fervor y adoración mariana, ordenaba el cierre de los burdeles sevillanos en los días consagrados a la Virgen, al tiempo que recomendaba a las muchachas llamadas María que no trabajasen en ellos. Si bien es cierto que esto ocurría años después de la composición de Rinconete y Cortadillo, no es menos cierto que el ambiente fervoroso ya existía allí, y así lo demuestra un diálogo entre los truhanes en el que uno de ellos manifiesta que "...ni tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sábado" (3). Por otra parte hay testimonios de la existencia en Sevilla, ya en aquel tiempo, de cofradías que realizaban procesiones o sacaban pasos con motivo de festividades religiosas. Este fervor sevillano por la Virgen y las procesiones ha sido tan fuerte que se ha prolongado hasta nuestros días. La detallada ilustración acerca del ambiente sevillano de la época que realiza Cervantes, es probable que se deba a las observaciones llevadas a cabo durante sus repetidas estancias en la ciudad hispalense. No hay que rechazar el que nuestro autor mantuviera relaciones con gentes del hampa, lo que explicaría el conocimiento minucioso que demuestra de sus formas de actuación.

 LOS PERSONAJES Y LA SOCIEDAD 

En cuanto a los personajes y comenzando por los dos centrales, Rinconete y Cortadillo, hay que señalar que no son sino una repetición del mismo tipo. Ambos han salido de su casa por amor al dinero, pero también vagan con ansias de libertad e independencia. Éstas parecen ser las causas de que abandonen el hogar, en el que, a excepción de Cortadillo, no hay muchos problemas. La miseria, pues, no aparece aquí como la causa de su vagar. El resto de personajes se muestra más difuso y sólo en Monipodio pueden advertirse rasgos paternalistas. Monipodio es como un padre y como tal es tenido en esta comunidad; es temido, admirado y querido; tiene prestigio y fuerza para resolver las querellas, así como para asumir la representación de toda la cofradía a fin de defenderla y administrarla. En realidad esta "comunidad" tiene la forma de un gremio, asociación que agrupa a los artesanos de un mismo oficio. Efectivamente, la organización gremial es cerrada y solidaria (4); en ella se dan el reparto proporcional del trabajo, el auxilio a los enfermos y desvalidos, y se encuentra bajo la advocación de un santo. Ello no es sino un vivo retrato de la "cofradía" de Monipodio. No se descarta la existencia de auténticas cofradías del hampa en aquella época; una especie de "mafia" del siglo XVII. En cualquier caso, es patente que se cometían robos, asesinatos y venganzas por encargo (5) y, muy posiblemente, ello fuera producto de ese amor al dinero característico del momento. El hampa está organizada, y no sólo organizada y con santo patrón, sino que, además, tiene hasta su propio lenguaje: las germanías (6), jerga utilizada por los rufianes de aquel tiempo. Cabe destacar el fuerte espíritu religioso de la época del que, no sabemos si con ironía, Cervantes hace partícipes a sus personajes. El sentimiento religioso en España está muy acentuado: hay que tener en cuenta que se vive la Contrarreforma. Tal espíritu se da también en los personajes del hampa; así, vemos como éstos cumplen "piadosamente" con los preceptos religiosos: rezan el rosario, no roban (es decir, "guardan")los viernes, sienten devoción por las imágenes, dan misas por los difuntos ... (7) Esta piedad que muestran los hampones puede que no sea sino un recurso utilizado por Cervantes para satirizar a la alta sociedad, muy preocupada por su imagen exterior pero, en realidad, carente de escrúpulos; un mundo dónde tiene más valor la apariencia que la propia realidad. Posiblemente nos encontremos ante una crítica del autor a las fórmulas y ceremonias vacías que con tanta profusión se dan en aquel tiempo, y como consecuencia de las influencias erasmistas que pueden advertirse en Cervantes. La sociedad que forman los malhechores es una imagen deformada de la sociedad "respetable"; tiene sus leyes, su código de honor, etc., lo que viene a confirmar que sólo se vivía de acuerdo con la forma externa, máxime si tenemos en cuenta que son las clases más elevadas las que encargan al hampa los trabajos sucios. Como ejemplo de ello tenemos al caballero que paga a la cofradía por una puñalada de "catorce puntos" a dar a la persona por él señalada (8). No menos significativo para demostrar la degeneración y corrupción de la época es el caso del alguacil, funcionario de la justicia, que, a cambio de dinero, hace la vista gorda a las actividades de los delincuentes (9). En conclusión, podemos afirmar que el pícaro es un personaje que encuentra un caldo de cultivo muy apropiado para su proliferación en la España de fines del siglo XVI y todo el XVII, en los que la decadencia moral y económica, unida al espíritu contrarreformista, producen una sociedad muy preocupada por la forma exterior y el espiritualismo pero que, en la práctica, muestra un crudo materialismo. La ejemplaridad de la novela, por otra parte tan puesta en duda, podría encontrarse en este sentido, y se resumiría en el famoso refrán de "a Dios rogando y con el mazo dando".

 N O T A S

 (1) Página 224. 

(2) " 222. 

(3) " 236. 

(4) Los aspectos gremiales de la comunidad de Monipodio se pueden apreciar claramente en las páginas 233, 241, 244, 245 y 247. 

(5) Páginas 263 a 267 ambas inclusive. 

(6) " 235 y 236.

 (7) Ejemplos de la acentuada piedad religiosa de los malhechores los podemos encontrar en las páginas 235, 236, 241, 249, 251 y 257. 

(8) Páginas 263 a 266 ambas inclusive. 

(9) " 246 y 247. ------------------------------------------------------------------ La edición a que se refieren estas notas, así como la utilizada para el presente trabajo, ha sido la de editorial Castalia, a cargo de Juan Bautista Avalle-Arce, publicada en 1982. ------------------------------------------------------------------