Teatro: herramienta educativa integral

A manera de acta fundacional

TEATRO: HERRAMIENTA EDUCATIVA INTEGRAL.

 

La necesidad casi imperativa de continuar avanzando y profundizando en este campo de nuestra actuación docente, nos lleva a plantear nuestra actividad dentro de unos parámetros educativos e ideológicos muy concretos que paso a explicitar.  

Ante todo la actividad teatral debe suponer un tiempo y un espacio de seducción cultural. Puesto que estamos frente a un producto cultural que supone una crónica viva del movimiento histórico, nos ofrece la oportunidad de acercar a los chavales a la literatura, al arte, a la historia, a la reflexión ética, etc... de una forma viva, y todo ello sin pasividad que valga, en acción.

            Entendemos también que nuestra labor está más próxima a la del animador y que, por tanto, nuestras tareas principales y últimas son: incitar la libre expresión de las ideas y sentimientos del grupo, y escuchar activamente las propuestas del grupo. Nuestra intención es la de que el respeto y el desarrollo personal de todos con todos, se convierta en el eje rector de la planificación de los objetivos comunes al grupo. O sea, justo lo contrario a lo que a veces – hay que reconocerlo- hemos hecho en esta actividad y sobre todo al impartir  nuestras asignaturas, que sabíamos erróneo pero que ahora lo podemos vivir como tal, es decir: imponer decisiones, hacerse escuchar, desarrollar de forma autónoma nuestros propios objetivos y aplicarlo a individuos, no al grupo.

            Comprendemos entonces que se nos impone inapelablemente la figura del profesor más como inductor de algún tipo de conocimiento o comportamiento que como poseedor del mismo, generador de responsabilidad más que ejerciente de poder. Estas verdades, leídas, aprendidas o comentadas en otros ámbitos, se imponen de suyo aquí: lo aprendimos enseñando.

            Creemos que es necesario mantener un equilibrio, casi – y sin casi- una relación dialéctica entre dos posiciones o conceptos polarizados con los que se encuentra cualquiera que aúne teatro y escuela. Por un lado teníamos la idea de Taller de Drama, de Dramatización creativa, Taller de teatro, que aunque admiten y necesitarían una definición más rigurosa entre ellos, ya que no son pocos los que distinguen claramente entre los objetivos y medios de los tres, nosotros podemos agrupar como actividades que proporcionan herramientas personales, expresivas, creativas, desinhibidoras e integradoras que nos educan para cualquier ámbito de la vida personal o profesional. Por otro lado nos encontramos con el teatro, con su realización, con la puesta en escena y sus mayores o menores exigencias de orden estético. Esta oposición, que percibimos entre ambos grupos de conceptos, se viene a reducir en la tensión entre el producto y el proceso. Es decir, entre cómo nos proponemos recorrer un camino como grupo y hasta dónde nos lleva. Sabemos que nuestra labor como educadores debe situarse más próxima a la esmerada atención por el proceso que al producto final que podamos mostrar. Sin embargo, nunca hemos renunciado a esto último como reactivo de los potenciales educativos de lo teatral en la escuela. De la atención al proceso de un taller de teatro – o como se quiera llamar- no renunciaremos nunca a destacar como pilares de nuestra actuación la sinceridad, la inmediatez, el hacer más que decir, el disfrutar del ahora y el aquí, etc... De esta conjunción de intereses que nos mueve, fue surgiendo un término que a base de usarlo, aplicarlo y explicarlo a los chavales, se va configurando como piedra angular de nuestro modo de entender esta actividad: compromiso. No es que estemos en condiciones de explanar teóricamente este concepto, pero de forma intuitiva lo hemos ido oponiendo al de  la corrección, de modo que los ensayos sean precisamente eso, ensayos. Es decir, intentos, tentativas, experimentos y no acumulaciones de correcciones sobre un trabajo más o menos perfilado de antemano: el ensayo comprometido es un ahora determinante en el que se pone todo y del que se espera todo. Hemos ido, por tanto, eliminando en esas sesiones la profusión de valoraciones calificativas y dando paso a la de acciones y su cotejo colectivo.

            En esta perspectiva, que es de renovación y exploración continua, que  hemos ido alcanzando progresivamente y no siempre con una linealidad inequívoca, asumimos nuestra tarea educativa a través del teatro.