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 Rafael Morales Caballero
In Memoriam
 

Terrorismo en Caracas
Rafal Morales

Algún grupo terrorista colocó dos bombas bajo el asiento del coche del fiscal venezolano Danilo Anderson, quien murió carbonizado de forma inmediata tras provocar sus asesinos la explosión por medio del control remoto. Anderson estaba encargado de investigar a unas 400 personas implicadas en aquella intentona golpista encabezada por Carmona Estanga el 11 de abril de 2002, cuando tumbaron durante un par de días al presidente constitucional Hugo Chávez.

Los 400 investigados podrían verse procesados por el delito de rebelión, algo probable si se tiene en cuenta que colocaron su firma al pie del único decreto de Carmona el breve, por el que suprimía de un plumazo las instituciones democráticas de Venezuela y quedaba instaurada una dictadura. La suya. Al eliminar la Asamblea Nacional, Carmona simplemente suprimía el trámite constitucional que consiste en pasarle provisionalmente el cargo de jefe del Estado al presidente de ese organismo por renuncia (aunque en este caso no hubo tal renuncia) del presidente de la República. De esta manera, al golpista Carmona le caía el poder en las manos. Y recibía el sostén de personalidades que pertenecían a grupos de presión derechistas muy fuertes, políticos, económicos, sindicales y militares, además de un par de embajadas como la gringa y la española. Todo el montaje quebró porque los venezolanos salieron a las calles, se acercaron a Miraflores y exigieron el regreso del presidente elegido en las urnas. Los militares golpistas cedieron a esa enorme presión popular.

Quizá la policía encuentre algún día a los culpables de un asesinato político cuyas características (bomba en el automóvil manejada a control remoto) apuntan al método empleado sólo en un precedente venezolano: el atentado sufrido por el presidente Rómulo Betancourt en julio de 1960. Esta técnica se encuentra hoy entre las preferidas en los casos de los asesinatos selectivos de líderes palestinos a cargo de Israel. También forma parte de los modos de matar escogidos por los paramilitares colombianos. Otra pista sobre el asesinato de Anderson quizás se encuentre en Miami, donde el actor venezolano Orlando Urdaneta ha declarado a una emisora de televisión que “ya está dada la orden” para asesinar al presidente Chávez. Qué cosas pasan en Miami, ¿no? Que se sepa, no hay denuncia del gobierno norteamericano contra este personaje ni contra la emisora que permite hacer apología del magnicidio.

Aparte de las consideraciones policiales, conviene repasar las condiciones políticas en las que se produce la muerte de Anderson, a quien la oposición golpista consideraba su enemigo, amenazó de muerte y envió varias veces recaditos en forma de agresiones. No consiguieron amilanarlo. Tampoco que dejara la investigación sobre el 11 de abril. Este fiscal era casi una excepción en un sistema judicial corrupto, con cierta tendencia a manipular su función como arma política. Si Carmona anda de fiesta por Colombia y no se encuentra entre rejas se debe únicamente a que una jueza se negó a asumir su responsabilidad, al tiempo que la Corte Suprema de Justicia consideraba que en realidad no hubo golpe de Estado alguno aquel 11 de abril.

La oposición ya ha perdido toda esperanza de disputarle democráticamente las instituciones al chavismo, tras los resultados del referéndum revocatorio y las elecciones locales. Las presidenciales quedan lejos. Además del intento de impedir las investigaciones sobre la banda de Carmona, es posible que los jefes más derechistas de la oposición estén bastante desesperados e intenten convertir el asesinato de Anderson en el primero de una cadena terrorista. Así sembrarían el caos el caos en Venezuela para acabar con el presidente Chávez tal y como ha anunciado impunemente Orlando Urdaneta desde Miami. También debe animarles la victoria electoral de Bush y las promesas de Washington sobre una mayor intervención de la administración republicana en América Latina.

2004-11-22