Condes de Cedillo

LA CASA DE CEDILLO


El Archivo Condal de Cedillo pertenece desde más de cinco siglos a la familia de los Álvarez de Toledo. Fiel reflejo de su importante papel en la historia de Toledo y su comarca es el volumen de documentación de todo tipo generado o acumulado por esta familia y sus ramas colaterales durante centurias, en su doble vertiente pública y privada, oficial y oficiosa. Gran parte de este rico patrimonio cultural permanece atesorado en su archivo patrimonial. Se trata de un interesante número de manuscritos, libros, obras de arte e inmuebles que, a menudo, han pasado desapercibidos para el gran público, pero que se nos antojan fundamentales para conocer en su verdadera dimensión la proyección social, económica, política, cultural y militar de esta saga privilegiada entre los siglos XIII al XXI (1298-2005).

La Casa de Cedillo está adscrita al linaje toledano de los Álvarez de Toledo; una línea agnada, pero ilegítima, de los condes de Fuensalida. El patriarca de la estirpe fue Juan Álvarez de Toledo, cortesano de Juan II de Castilla quien, por sus servicios militares, le otorgó la dignidad de señor de Tocenaque , la casa solar de los futuros señores de Cedillo. Asimismo Pedro López de Ayala, alcalde mayor de Toledo, se erigió en firme partidario del infante Enrique, futuro Enrique IV, en la temprana fecha de 1421 . Los fundadores del mayorazgo de Cedillo fueron Fernán Álvarez de Toledo, comendador de Castilnovo (Orden de Alcántara) y secretario de los Reyes Católicos, así como su esposa Aldonza de Alcaraz (1497). Sin embargo, no será hasta el 31 de mayo de 1624, cuando Felipe IV recompense a Antonio Álvarez de Toledo y Heredia Ponce de León y Luna, III señor de la Casa y Notario Mayor de Granada, con el título del reino de Conde. El salto de cualidad dado por entonces le garantizó entroncar con la aristocracia del país, merced a una estrategia matrimonial de enlaces endogámicos que les permitió su ascenso dentro del escogido cuerpo social de la nobleza titulada. 

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CONDES DE CEDILL0

Juan de Ayala Alvarez de Toledo, 2. señor de Pero Moro y de San Andrés

Matrimonios


María Manrique de Valencia

Hijos

Pedro de Ayala Manrique, señor de Pero Moro y de San Andrés

Padres

Padre: Juan de Ayala Alvarez de Toledo, 2. señor de Pero Moro y de San Andrés
Madre: María Manrique de Valencia

Matrimonios


María Juana de la Cueva y Guzmán

Hijos

Pedro de Ayala Manrique de la Cueva, 4. señor de Pero Moro y de San Andrés

+ Valladolid 27.03.1656

Padres

Padre: Pedro de Ayala Manrique, señor de Pero Moro y de San Andrés
Madre: María Juana de la Cueva y Guzmán

Matrimonios

Matrimonio I:
María Bazán

Matrimonio II:
Isabel Francos y Zuñiga

Hijos

Hijos del Matrimonio I:

Hijos del Matrimonio II:

Antonio Ayala y Francos

Padres

Padre: Pedro de Ayala Manrique de la Cueva, 4. señor de Pero Moro y de San Andrés
Madre: Isabel Francos y Zuñiga

Matrimonios


Juana Figueroa

Hijos

Juan Antonio Ayala y Figueroa, 8. Conde de Cedillo

Padres

Padre: Antonio Ayala y Francos
Madre: Juana Figueroa

Matrimonios


Jeronima Auñon y Orellana

Hijos

Jeronimo Ayala y Auñon, 9. Conde de Cedillo

Padres

Padre: Juan Antonio Ayala y Figueroa, 8. Conde de Cedillo
Madre: Jeronima Auñon y Orellana

Matrimonios

Madrid 07.02.1724
Eulogia Maria Carvajal

Hijos

Joaquín Manuel Lopez de Ayala y Carvajal, 11. Conde de Cedillo

* Madrid 01.07.1727

Padres

Padre: Jeronimo Ayala y Auñon, 9. Conde de Cedillo
Madre: Eulogia Maria Carvajal

Matrimonios

Tortosa 10.06.1773
Maria Teresa Cabrera y Casanovas * 14.09.1747

Hijos

Antonio Joaquín López de Ayala y Cabrera, 12º conde de Cedillo

* Barcelona bp 23.08.1777

Padres

Padre: Joaquín Manuel Lopez de Ayala y Carvajal, 11. Conde de Cedillo * 01.07.1727
Madre: Maria Teresa Cabrera y Casanovas * 14.09.1747

Matrimonios

Madrid 24.02.1804
Luisa Teresa Cañas y Cornejo * 11.02.1773

Hijos

Francisco de Paula López de Ayala y Álvarez de Toledo, 13º conde de Cedillo

* Madrid bp 16.10.1808+ Madrid 25.01.1851

Padres

Padre: Antonio Joaquín López de Ayala y Cabrera, 12º conde de Cedillo * bp 23.08.1777
Madre: Luisa Teresa Cañas y Cornejo * 11.02.1773

Matrimonios


Maria de la Concepcion Dusmet y du Blaissel * 07.12.1810

Hijos

Luis Antonio López de Ayala y Dusmet, 14º conde de Cedillo

* Madrid bp 09.03.1833+ Madrid 25.01.1896

Padres

Padre: Francisco de Paula López de Ayala y Álvarez de Toledo, 13º conde de Cedillo * bp 16.10.1808
Madre: Maria de la Concepcion Dusmet y du Blaissel * 07.12.1810

Matrimonios

Matrimonio I:
Maria Ventura del Hierro y Herrera, 5. vizcondesa de Palazuelos * 13.11.1835

Matrimonio II:
Maria de la Concepcion Bouligny y Perez Estala

Hijos

Hijos del Matrimonio I:

Jeronimo Lopez de Ayala y del Hierro, 5. marqués de Villanueva del Castillo, 15º conde de Cedillo, 6º vizconde de Palazuelos

* 05.12.1862+ 15.03.1934

Padres

Padre: Luis Antonio López de Ayala y Dusmet, 14º conde de Cedillo * bp 09.03.1833
Madre: Maria Ventura del Hierro y Herrera, 5. vizcondesa de Palazuelos * 13.11.1835

Matrimonios


María de los Dolores Morenes y García-Alesson * 30.01.1862

Hijos

Titulos y Señorios

María Josefina López de Ayala y Morenés, 16º condesa de Cedillo

Padres

Padre: Jeronimo Lopez de Ayala y del Hierro, 5. marqués de Villanueva del Castillo, 15º conde de Cedillo, 6º vizconde de Palazuelos * 05.12.1862
Madre: María de los Dolores Morenes y García-Alesson * 30.01.1862

Matrimonios


Pedro Miguel Pérez de Ayala

Hijos

José Luis Pérez de Ayala y López de Ayala, 22. conde de Fuensalida y 17. de Cedillo

* Bolullos del Condado 1931

Padres

Padre: Pedro Miguel Pérez de Ayala
Madre: María Josefina López de Ayala y Morenés, 16º condesa de Cedillo

Matrimonios


María de los Angeles Becerril y Bustamante

Hijos

Titulos y Señorios

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Señor De Cedillo Fernando Alvarez Ponce De León  casado con Leonor Mendoza Y Jimenez De Cisneros padres estos del 1º conde de Cedillo.

 

I Conde de Cedillo Antonio Alvarez de Toledo casado con Maria Ponce De León Y Mendoza

II Conde de Cedillo Eugenio Toledo Y Ponce De Leon casado con Francisca Prado

III Conde de Cedillo Baltasar Alvarez de Toledo y Prado casado con Brianda Cordova y Riedrer de Para y en  ¿2ª nupcias con    Aldonza Maria
Ponce De Leon?

 

-Pedro López de Ayala, el Tuerto, hijo 2º de Pedro López de Ayala, 11º señor del valle de Ayala, 1º conde de Salvatierra de Álava, y de Leonor de Guzmán, de los    1º señores de Gálvez y Batres; 1º señor de Fuensalida, Aposentador mayor del Rey, Alguacil mayor de Toledo, alcaide de sus Alcázares, enterrado en la capilla mayor, convento del Carmen, Toledo;

-Pedro López de Ayala, Castañeda, el Sordo, señor y 1º conde de FUENSALIDA (R cédula 20.11.1470), Rico-hombre de Castilla, Alcalde mayor de Toledo y alcaide de sus R Alcázares, señor de Guadamur, Casarrubios, Arroyomolinos, Pero Nuño, Cedillo y Huecas, comendador de la Alhambra y Solana, gran privado y Aposentador mayor de Juan II de Castilla, Alférez mayor del Pendón de la Banda, con que se halló en la batalla de la Vega de Granada 1431, sepultado con su mujer en la Capilla mayor, parroquial de Santo Tomé, Toledo.

-Pedro López de Ayala y Silva, 2º conde de FUENSALIDA, señor de Peromoro, Humanes, Guadamur y Huecas, corregidor de Salamanca, comendador de la Alhambra y Solana, Alguacil mayor y Alcalde mayor de Toledo, sepultado en la Capilla mayor, parroquial de Santo Tomé, Toledo.

-Pedro de Ayala, 2º señor de Peromoro y de la dehesa de San Andrés, corregidor de Granada, fundó el mayorazgo de Peromoro 23.3.1535.

-Constanza Zapata. Álvarez de Toledo, hija de Hernán Alvarez de Toledo, señor de la villa de Cedillo, del Consejo de los Reyes Católicos y su secretario de Estado, Notario mayor del Reino de Granada, y de Aldonza de Illán.

-Pedro de Ayala Manrique, 3º señor de Peromoro y de la Dehesa de San Andrés, regidor de Toledo.

-Juan Antonio de Ayala Manrique, 8º conde de Cedillo, 5º señor de Peromoro y de la Dehesa de San Andrés, vecino de Madrid.

-Jerónimo de Ayala y Auñón, al de Ayala y Álvarez de Toledo, al de Álvarez de Toledo Ayala y Manrique, 9º conde de Cedillo (1717), 6º señor de Peromoro y de la Dehesa de San Andrés.

-Joaquín Rafael López de Ayala y Carvajal, 10º conde de Cedillo.

-Joaquín Manuel López de Ayala y Carvajal, al López de Ayala y Álvarez de Toledo, 11º conde de Cedillo, Notario mayor del Reino de Granada, capitán de Guardias españolas, coronel de los RREE, bautizado en Madrid 1.7.1727.

-Antonio Joaquín López de Ayala y Cabrera, 12º conde de Cedillo (1793), 10º señor de Peromoro y de la Dehesa de San Andrés, bautizado en Barcelona 23.8.1777.

-Francisco de Paula López de Ayala y Álvarez de Toledo, 13º conde de Cedillo, gentilhombre de cámara de SM, capitán y comandante de infantería, teniente de Guardias Reales, hizo información de nobleza testimoniada Madrid 11.3.1839, bautizado en Madrid 16.10.1808.

-Luis Antonio López de Ayala y Dusmet, al López de Ayala Álvarez de Toledo, 14º conde de Cedillo, señor de Peromoro y de la Dehesa de San Andrés,  bautizado en Madrid 9.3.1833.

-Jerónimo López de Ayala y del Hierro, al López de Ayala Álvarez de Toledo y del Hierro, 15º conde de Cedillo, 6º vizconde de Palazuelos, 3º marqués de Villanueva del Castillo, 1º barón de Hermoro (3.4.1922), 13º señor de Peromoro y de la Dehesa de San Andrés, gentilhombre de cámara con ejercicio, miembro de la Asamblea nacional consultativa, concejal del Excmo. Ayuntamiento de Madrid, académico de número de la R de la Historia, honorario de la de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, bautizado en Toledo 5.12.1862. Jerónimo López de Ayala-Álvarez de Toledo y del Hierro (1862-1934), fue miembro de la aristocracia local que logra una plaza de archivero del Estado y luego se reconvertiría en Catedrático de universidad, llegando a ser Académico de la Real de la Historia y un historiador enamorado de su tierra, profundamente preocupado por la documentación familiar, además de reputado bibliófilo y propietario de su biblioteca integrada por miles de volúmenes, una parte de la cual aún se conserva en la casa solariega  de Cedillo en Tocenaque.

-María Josefina López de Ayala y Morenés, 16º condesa de Cedillo (marzo 1935), 7º vizcondesa de Palazuelos (1940), se caso con Pedro Miguel Pérez de Ayala, infanzón de Illescas.

-José Luis, 17º conde de Cedillo, 22º conde de FUENSALIDA, que seguirá.

-Antonio López de Ayala y León-Huerta, 2º conde de Peromoro (8.11.1963), médico, se cree nació en Tenerife 14.1.1929, y murió en Tenerife 16.9.1988.

-Luis Ignacio López de Ayala y Aznar, 3º conde de Peromoro, 11º marqués de Villafuerte, licenciado en medicina y cirugía, nacido en Baena, prov. Córdoba, 12.8.1955.

-José Luis Pérez de Ayala y López de Ayala, 17º conde de Cedillo (BO 8.7.1960), 22º conde de FUENSALIDA, Grande de España (17.5.1999), catedrático de universidad, abogado, * Bollullos del Condado, provincia de  Huelva, febrero 1931;
casado con María de los Angeles Becerril y Bustamante:

Descendientes:

  • 1. María de los Angeles Pérez de Ayala y Becerril.
  • 2. Luis Pérez de Ayala y Becerril.
  • 3. María de la Soledad Pérez de Ayala y Becerril.
  • 4. María José Pérez de Ayala y Becerril.

 

Estudio realizado por Radio Cedillo, sacado de diferentes fuentes de información.

 

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Archivo histórico Nacional

Historia archivistica : Se trata de un fondo virtual, del que conservamos la copia digital del archivo. Los actuales propietarios del Archivo Condal de Cedillo, a iniciativa propia y movidos por el cariño que han profesado ellos y sus antepasados durante generaciones hacia el legado heredado, desean impulsar la organización, descripción y digitalización de sus fondos. Así, durante mucho tiempo se han preocupado de catalogar e incluso de restaurar algunos de sus documentos, acudiendo siempre a profesionales para acometer tales trabajos. En la actualidad, una subvención de la Subdirección General de Archivos Estatales está permitiendo la reorganización del fondo, estando en proceso de completarse la total descripción del fondo y su volcado en una base de datos tipo Access, para su consulta en la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional (Toledo). El Archivo Condal de Cedillo pertenece desde más de cinco siglos a la familia de los Álvarez de Toledo. Fiel reflejo de su importante papel en la historia de Toledo y su comarca es el volumen de documentación de todo tipo generado o acumulado por esta familia y sus ramas colaterales durante centurias, en su doble vertiente pública y privada, oficial y oficiosa. Gran parte de este rico patrimonio cultural permanece atesorado en su archivo patrimonial. Se trata de un interesante número de manuscritos, libros, obras de arte e inmuebles que, a menudo, han pasado desapercibidos para el gran público, pero que se nos antojan fundamentales para conocer en su verdadera dimensión la proyección social, económica, política, cultural y militar de esta saga privilegiada entre los siglos XIII al XXI (1298-2005).

Historia Institucional/Reseña biográfica: La Casa de Cedillo está adscrita al linaje toledano de los Álvarez de Toledo; una línea agnada, pero ilegítima, de los condes de Fuensalida. El patriarca de la estirpe fue Juan Álvarez de Toledo, cortesano de Juan II de Castilla quien, por sus servicios militares, le otorgó la dignidad de señor de Tocenaque , la casa solar de los futuros señores de Cedillo. Asimismo Pedro López de Ayala, alcalde mayor de Toledo, se erigió en firme partidario del infante Enrique, futuro Enrique IV, en la temprana fecha de 1421 . Los fundadores del mayorazgo de Cedillo fueron Fernán Álvarez de Toledo, comendador de Castilnovo (Orden de Alcántara) y secretario de los Reyes Católicos, así como su esposa Aldonza de Alcaraz (1497). Sin embargo, no será hasta el 31 de mayo de 1624, cuando Felipe IV recompense a Antonio Álvarez de Toledo y Heredia Ponce de León y Luna, III señor de la Casa y Notario Mayor de Granada, con el título del reino de Conde. El salto de cualidad dado por entonces le garantizó entroncar con la aristocracia del país, merced a una estrategia matrimonial de enlaces endogámicos que les permitió su ascenso dentro del escogido cuerpo social de la nobleza titulada.

Alcance y contenido : El potencial informativo para el investigador de este fondo, compuesto por algo menos de 100 cajas, 3 carpetas integradas por documentos especiales por su gran tamaño (bulas pontificias, pergaminos sobre todo medievales y gran cantidad de árboles genealógicos), así como unos 13 libros encuadernados, es impresionante: privilegios, vinculaciones, ejecutorias de nobleza e hidalguía, títulos de propiedad, cédulas y ejecutorias regias, juros y censos, diezmos y alcabalas, posesiones, apeos y deslindes, patronatos píos, matrimonios, arrendamientos, testamentos, particiones e inventarios post mortem, oficios públicos, certificaciones sacramentales, lanzas y medias annatas, empleos honoríficos, cuentas de administración, pleitos (manuscritos e impresos), poderes, cartas de pago, compraventas, correspondencia y documentación relativa a la capilla de Santa Catalina (embrión del Colegio que constituiría la primera Universidad de Toledo), etc. También podrían incluirse en este fértil acervo cultural, algunas de las fotos familiares más antiguas, así como algunos tratados genealógicos propiedad de la Casa. Por sus manuscritos e impresos desfilan muchos aspectos del pasado de Toledo y La Sagra, pero también de algunas zonas de Andalucía (Sevilla y su Campiña, Reino de Granada), Madrid y La Mancha. Menudean los temas civiles, militares y eclesiásticos, el desempeño de sus empleos palatinos o municipales, los cargos en las Órdenes Militares y Religiosas, sus privilegios pontificios y regios, así como una nutrida representación de la documentación generada o recibida en virtud de la administración señorial de sus múltiples propiedades distribuidas por un sinfín de lugares aunque, por supuesto, predominan las villas y lugares por donde se extiende la jurisdicción solariega de la Casa: Cedillo del Condado, Manzaneque; junto con la Ciudad Imperial, de donde procede y en donde se asienta gran parte de la familia.

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Documentación cedida  el 22-5-2010 por  tocecantos@tocecantos.es , y Dª. María del Carmen Vaquero Serrano, autora  del estudio de Garcilaso de la Vega y Guiomar Carrillo 
CONDES DE CEDILLO
SIGLO XVI

Los condes de Cedillo dejaron de serlo como castigo por su apoyo a los Comuneros,
frente a Carlos I, pues vencidos éstos y asentado el rey en trono retiró a los López de Ayala
y Álvarez de Toledo el título de conde. Recuperaron dicho título por concesión de Felipe IV el 31 de mayo de 1624 (algunos autores señalan a D. Antonio Álvarez de Toledo, a quien Felipe IV le repone el título, como primer Conde de Cedillo; cuando en realidad hemos visto que no es así). Cedillo siguió siendo lugar de señorío hasta que los señoríos jurisdiccionales fueron abolidos por las Cortes de Cádiz en 1811.

El señorío de Cedillo comprendía tanto el propio Cedillo como Tocenaque, la Dehesa de Moratalaz (hoy situada en Illescas), adquirida al ser segregada de la Orden de Calatrava, que Felipe II había secularizado, y el despoblado de Peromoro, hoy también fuera del término de Cedillo.

En esta época el origen de las rentas de los condes era, fundamentalmente, jurisdiccional, es decir, los ingresos provenían de impuestos más que de propiedades, muy limitadas ya que se concentraban en el antiguo señorío de Tocenaque.

Dentro de las relaciones histórico-geográficas ordenadas por Felipe II el 27 de octubre de 1575, se remitió a Cedillo la encuesta, que fue muy breve en sus respuestas, pues respondieron de forma excesivamente sintética al
cuestionario. Tenía 130 vecinos (aproximadamente 520 habitantes), con poco término municipal y sin río ni arroyo, bebiéndose de un pozo del Concejo; se iba a moler al Tajo, distante cinco leguas, y al arroyo de Redondos, situado en el
Viso, perteneciente a la Orden de San Juan. Se señala, por último, que había algunas huertas de recreación, y tenía el señor casa propia muy principal (no sabemos si la actual casa-palacio, situada en la plaza principal, que quizá fuera la “casa fuerte” que cita Fernando Colón).

En el siglo XVI ya era villa de importancia, prueba de ello es que, a lo largo del mismo, se ven asentados diversos escribanos públicos: Gonzalo de León (1571-73-82-84), Juan Corona (1588), Miguel Valdemoro (1589), Cristóbal García (1590-93), Andrés Fernández del Álamo (1594-95), Juan Alfonso aguado (1595-97-99) y otros muchos, ya en el siglo XVII.

Otro hecho importante del siglo XVI es la construcción de la Iglesia Parroquial (aunque ya sabemos que en la Edad Media existía
un templo).El nuevo, aún en pie, con algunos añadidos, se comenzó a construir el 21 de marzo de 1584. La Iglesia se construyó
en estilo Mudéjar, con una imponente lacería, hoy oculta por un cielo raso construido en el siglo XIX, conserva algunos
elementos de la antigua Parroquia, como la Pila Bautismal de principios del XVI.

SIGLOS XIII AL XV

Tenemos de nuevo noticias de Cedillo en 1211 por razón de un pleito homenaje a la orden de Santiago por parte de D. Pedro Fernández de Azagra, señor de Albarracín, quien en el portal de la Iglesia de Cedillo otorgó a dicha Orden el castillo de santa María de Albarracín, ante el entonces rey de Castilla Alfonso  VIII, quien se hallaba en la villa junto con Pedro Arias, maestre de la Orden de Santiago.

En dicha escritura de pleito homenaje se menciona que Cedillo pertenece a la orden de San Juan de Jerusalén; se sabe que en 1216 dicha orden había dado fuero a Cedillo; sin embargo, pocos años después, los hospitalarios permutaron la aldea de Cedillo por la villa de Rioseco en favor de Abril García, que se convertiría así en el primer señor civil feudal de Cedillo, si bien no era con derecho de traslado a sus sucesores.

Remarcamos aquí que, apenas sesenta años después de la carta de población, ya existe construido un templo en Cedillo, aunque ignoramos sus características, es más que probable que se levantara en el mismo lugar que el actual.

Volvemos a tener noticias de Cedillo en el siglo XV. En las guerras nobiliarias en que los nobles se enfrentaron al rey y su valido D. Álvaro de Luna, hubo un episodio en el que los partidarios de la nobleza castellana, con el infante D. Enrique de Aragón, el almirante de Castilla y el conde de Benavente a la cabeza, se dirigieron a Cedillo para vigilar las tropas del arzobispo D. Juan de Cerezuela. En Cedillo se reunieron con las tropas que venían de Casarrubios, dirigidas por Pedro de Quiñones y Rodrigo Manrique, y partieron hacia Illescas, si bien nunca entraron en combate, pues se limitaron a cercar al obispo, pues se limitaron a cercarle desde los pueblos de los alrededores, hasta que éste partió hacia Madrid, momento en que los coaligados le persiguieron, dirigiéndose en la misma dirección.

El 10 de abril de 1445, Juan II dio la villa de Cedillo, junto con los lugares de Humanes, Huecas, Peromoro y Guadamur, a D. Pedro López de Ayala, hijo del canciller mayor de Castilla. Esta donación tenía como antecedente el compromiso real, dado el 4 de septiembre de 1444, de otorgar a perpetuidad 300 vasallos al dicho D. Pedro.

Reseñar que esta entrega no se hizo sino después de muchas controversias, puesto que D. Pedro Sarmiento, nombrado alcalde mayor de Toledo (privándose así a D. Pedro López de Ayala de dicho cargo), enconó la entrega de dichos lugares; hasta que el 14 de Mayo de 1446 se firmó la concordia de Astudillo, y el día siguiente Juan II ordena la entrega de los lugares antedichos. Sin embargo D. Pedro Sarmiento y el concejo toledano siguieron negándose a cumplir dichas órdenes, prueba de esta oposición es que, en una carta de 1 de febrero de 1447 de Juan II al concejo toledano, había vuelto a ordenar la entrega o devolución a Pedro López de la jurisdicción de los referidos lugares, donde parece que D. Pedro ya había nombrado oficiales y había ordenado levantar horcas ( “señor de horca y cuchillo”).

Se reiteran las mismas órdenes el 14 de noviembre de 1447 y 10 de octubre de 1449, hasta que, por fin, se produce la entrega en 1450.

Sin embargo, no muchos años después, otro Pedro López de Ayala, esta vez el segundo conde de Fuensalida y segundo señor de Cedillo, vendió la villa de Cedillo a D. Hernando Álvarez de Toledo, en el precio de un millón de maravedíes enriqueños, el 4 de Enero de 1487. En dicha escritura se le da ya a Cedillo el tratamiento de Villa, a pesar de que, al cedérsela a los López de Ayala, muchos habitantes abandonaron el pueblo.

Este Hernando Álvarez de Toledo, que era señor de Tocenaque y de Manzaneque, sirvió con asiduidad a los Reyes Católicos. Como recompensa, los reyes le concedieron el título de Conde de Cedillo a su primogénito D. Antonio Álvarez de Toledo, mediante cédula dada en Laredo el 3 de Agosto de 1496.

Los Álvarez de Toledo continuaron siendo los señores de Cedillo hasta que el señorío volvió a recaer en los López de Toledo, a resultas de haber quedado extinta la rama hereditaria de aquellos y volver la herencia a los sucesores de D.ª Constanza Álvarez de Toledo, hermana del primer conde, casada con D. Pedro López de Ayala, nieto del primer López de Ayala mencionado.


DOÑA GUIOMAR CARRILLO: LA DESCONOCIDA AMANTE DE GARCILASO


Autora de estudio,
  Dª. María del Carmen Vaquero Serrano

A los condes de Cedillo como primicia
Y a mi hermana Valle por acompañarme
... por el mucho amor que yo tuve al dicho señor Garcilaso

Dª. Guiomar Carrillo

PRÓLOGO
Pocas veces en mis ya largos años de investigación el azar me ha deparado descubrimientos tras cuyas pistas no llevase yo tiempo rastreando. Recuerdo, por ejemplo, algún manuscrito perdido en intrincada biblioteca, que, en cierta tarde afortunada, llegó hasta mis manos cuando toda noticia suya se había perdido desde el siglo XVI, o ese libro superviviente en raro ejemplar, que, por equivocación, un empleado bibliotecario puso en mi mesa de lectura después de mucho tiempo de búsqueda. Quizá más que azares fueron persecuciones con éxito.

No ha ocurrido así en relación con el documento que voy a dar a conocer en este opúsculo. Aquí sí que ha intervenido la diosa Fortuna, pues nada más lejos de mi imaginación que encontrarme, donde y cuando menos lo esperaba, con unos folios manuscritos en los que se da pormenorizada cuenta de unos hechos que, si no de máxima relevancia, al menos vienen a rellenar una laguna importante en la biografía del poeta Garcilaso de la Vega.

Explicaré cómo se produjo el hallazgo. La tarde del 21 de marzo de 1998, revisando el archivo particular de D. José Luis Pérez de Ayala y López de Ayala, conde de Cedillo, para localizar y estudiar documentos relacionados con una de mis investigaciones sobre tema del Renacimiento toledano, entre testamentos y codicilos de la familia objeto de mi estudio, apareció de buenas a primeras una escritura notarial que nada tenía que ver con aquellas otras contenidas en el legajo. Como investigadora paciente y curiosa, aunque los nombres que allí en principio aparecían no eran los míos, me detuve un momento a leer completa la portada, y surgió el dato que años y años se había mantenido oculto a los investigadores garcilasianos.

He creído que merecía la pena publicar íntegro el documento que durante cuatrocientos cincuenta años habían guardado celosamente los condes de Cedillo, y como ellos me han autorizado con su reconocida generosidad a sacarlo a la luz, así lo hago, manifestándoles mi agradecimiento por su permiso y, por lo que para mí es mucho más preciado, por su confianza y amistad.

ADVERTENCIA PREVIA
El documento que en páginas siguientes transcribo completo y cuya reproducción del original íntegro también aparece después, ¿qué sensación puede producir al lector? Acaso la misma que en algún momento ha suscitado en mí: la de que pudiera tratarse de una falsificación. ¿Por qué? Sencillamente porque es una escritura, como se verá, chocante por su fuerte contenido que, además, se manifiesta a las claras y con total crudeza; asimismo porque afecta a un personaje famoso del que se cuentan hechos que, si bien eran en parte sabidos, no se conocían con los pormenores que aquí se detallan; y, por último, porque cabría pensar que alguien a posteriori la elaboró con algún fin. Es, por tanto, mi deber refutar la idea de una posible falsedad.

¿Qué argumentos puedo aducir para avalar la autenticidad del documento? Varios, y espero que convincentes.

Primero, el sitio donde lo he hallado. El archivo particular del conde de Cedillo, manejado apenas hasta hoy, no parece lugar que se haya prestado a manipulaciones ni actuales ni en el pasado. Además el legajo en el que se encuentra el documento está repleto de escrituras auténticas de la familia, especialmente testamentos y codicilos, que yo he estudiado a fondo, y son en su mayoría del siglo XVI, como esta escritura de la que me ocupo.

Segundo, el propio documento. Tras una portada, en la que con letra moderna, muy posiblemente del siglo XVIII, se hace un resumen de la escritura, el texto aparece escrito en su totalidad con letra del siglo XVI y sobre papel de la época con una típica marca de agua visible al trasluz en varios de sus folios. No hay nada que permita sospechar engaño alguno en este aspecto.

Tercero. Si se trata de una falsificación, habría que suponer que era o fue intencionada, o lo que es igual, se habría hecho para beneficiar a alguien. Y entonces me pregunto: Cui prodest? ¿A quién beneficiaba? Todas las supercherías conocidas de la historia han tenido un fin, y las de este tipo de escrituras notariales, donde se habla de hijos nacidos de tal o cual padre, solían tener como meta la de testimoniar la paternidad en provecho de dichos descendientes o de sus sucesores. Estas falsificaciones se empleaban, por ejemplo, para probanzas de limpieza de sangre con miras a obtener algún hábito, o en legitimaciones amañadas, con árbol genealógico incluido, a fin de cobrar alguna herencia o el nombre ilustre del progenitor. En nuestro caso, la línea familiar de las personas de las que se trata se trunca inmediatamente y en ellos mismos, pues se sabe que el hijo nacido de esta relación, al parecer único, murió pronto y casi seguro sin descendencia. Por tanto, una falsificación de este tipo no pudo realizarse para buscar un provecho como los señalados, y si se efectuó, no reportaba beneficio alguno a nadie.

Finalmente, el nombre de una de los personas citadas en el documento. Supongamos que la escritura que publico fuese una moderna invención fraudulenta, ¿cómo se explicaría entonces que en ella aparezca el nombre de un personaje de apellido nada común y que es citado en muy raras ocasiones por los mismos años en los protocolos toledanos (cuya autenticidad está fuera de duda) y precisamente en documentos relacionados con la familia de Garcilaso? ¿Sabía el autor del fraude tanto del entorno del poeta? El personaje a quien me refiero es Julián de Alpuche, y lo he hallado en tres escrituras del Archivo Histórico de Toledo, entre los años 1532 y 1551(1). El hecho de que su nombre, tan extraño y nada conocido, conste en la escritura del archivo del conde de Cedillo sirve para confirmarnos que el documento es auténtico.

ESTADO DE LA CUESTIÓN
El primer texto protocolizado que afecta a nuestro asunto es el testamento de Garcilaso de la Vega. Cuando el 25 de julio de 1529, en Barcelona, el poeta toledano se halla a punto de partir para Italia, otorga sus últimas voluntades ante el escribano Francisco de Barreda. En dicho documento se habla de su esposa, Dª. Elena de Zúñiga, de los hijos habidos en el matrimonio hasta ese momento, Garcilaso de la Vega, Íñigo de Zúñiga y Pedro de Guzmán; y, ya casi al final, un poco antes de la enumeración de deudas que habían de satisfacerse si el caballero moría, el poeta, como de tapadillo, ordena(2):

Don Lorenzo, mi hijo, sea sustentado en alguna buena universidad y aprenda ciencias de Humanidad hasta que sepa bien en esta facultad; y después, si tuviere inclinación a ser clérigo, estudie Cánones, y si no, dése a las Leyes; y siempre sea sustentado hasta que tenga alguna cosa de suyo.
En cuanto a la madre de este hijo, no nacido de su legítimo matrimonio, muy bien se guarda Garcilaso de declarar su nombre, como tampoco desvela los apellidos que tal hijo utilizaba, ni nigún dato más al respecto. De ahí que la mayor parte de los investigadores, ensayistas y profesores que se han ocupado de Garcilaso no aporten sobre esta cuestión más que el escueto dato de que el hijo ilegítimo del poeta se llamaba Lorenzo. No es el caso del marqués de Laurencín, quien, en 1915, remitiendo al eruditísimo humanista Antonio Agustín, pero sin citar la obra de donde toma la información, escribe(3):

En cláusula de descargo, fuera y lejos de la institución de herederos, [Garcilaso] habla de un hijo natural no citado por Garibay, pero sí por D. Antonio Agustín, que da una breve noticia de su vida(4). De tal hijo, llamado D. Lorenzo, nombre frecuente entre los extremeños Suárez de Figueroa, tan parientes de su padre, dice este en su testamento: "Don Lorenzo my hijo sea sustentado en alguna buena unybersidad [...] e syempre sea sustentado asta que tenga alguna cosa de suyo."
Nada vuelve a hablarse de él ni aparece indicio alguno en cuantos papeles he visto y manejado, que hagan referencia a tal hijo de ganancia, de quien afirma el citado D. Antonio Agustín que, desterrado a Orán como autor de una picante sátira, no pudo resistir esta persecución y falleció en el camino.

Años más tarde, Gregorio Marañón, en su bellísimo libro Elogio y nostalgia de Toledo, escrito en la época de su exilio en París (1937-1943)(5), dedica el capítulo VII a Garcilaso, y en él, al llegar al epígrafe Las otras amantes, ya veremos que no acertando en todo, sin proporcionar ni un solo nombre de las enamoradas de Garcilaso y sospecho que basándose en la cita de Antonio Agustín recogida por el marqués de Laurencín, comenta:

Después de la muerte de Isabel [Freyre] tuvo Garcilaso otros muchos amores, ya de pasión violenta, ya de rendimiento fino y cortesano. [...] Garcilaso, como los hombres de corazón verdaderamente viril, no gustaba de contar a las gentes, cual un locuaz y equívoco don Juan, lo que pasa en su corazón.
Sin embargo, se pueden identificar cuatro, seis, quizá más amantes suyas. Alguna de ellas, mujer de humor atrabiliario, le dio un hijo -el hijo furtivo que era casi obligación en los grandes caballeros- el cual heredó de su padre la vena literaria, y de la madre, la impertinencia; con la suma de los dos se dedicó a componer libelos y acabó sus días camino de Orán, adonde iba desterrado por su mala lengua.

Y esto es lo más que se ha sabido y publicado de este hijo de Garcilaso. Ni una palabra de cuándo nació, ni de qué apellidos tuvo (aunque más adelante comprobaremos que Laurencín no andaba descaminado), ni quién fue su madre, ni a qué familia pertenecía ésta, ni cuánto duró la relación de los enamorados o en qué momento se produjo, si fue duradera o efímera, si ella premurió a Garcilaso, etc. Sólo se sabe y deducimos de lo hasta ahora editado que tal hijo se llamaba Lorenzo; que debía de ser de corta edad y vivía en 1529 en la fecha en que su padre otorgó el testamento; que en aquel año su padre dispone que estudie primero, como era normal, humanidades, y después, si tenía vocación de clérigo, derecho canónico, y si no, civil; y, según A. Agustín, que escribió una satira picante por la que se le desterró a Orán, ciudad que no alcanzó por haber fallecido en el camino.

 LA ESCRITURA NOTARIAL DEL ARCHIVO DEL CONDE DE CEDILLOAPORTACIONES
El documento catalogado con la signatura leg. 22/58 del archivo particular de D. José Luis Pérez de Ayala trata de una donación que hace una dama a su hijo. Consta de siete folios. El primero con letra del siglo XVIII y los restantes con letra del XVI, salvo el último que está en blanco y forma carpetilla con el primero.

De su lectura atenta se coligen los siguientes datos relativos a la vida de Garcilaso de la Vega. En plena juventud del poeta, hacia 1520, cuando contaba aproximadamente veinte años de edad, el toledano comenzó un apasionado romance con Dª. Guiomar Carrillo. Esta joven de noble alcurnia, a quien se titula muy magnífica, era hija y heredera universal de los también muy magníficos señores D. Hernando de Ribadeneira y Dª. Teresa, su mujer, vecinos de Toledo. El idilio se prolongó durante mucho tiempo siendo ambos solteros. Hubo trato carnal prolongado y reconocido entre ellos, del que nació un niño que recibió el ilustre nombre de Lorenzo Suárez de Figueroa(6). La unión acabó, al parecer, antes de agosto de 1525, mes en que Garcilaso contrajo matrimonio legítimo con Dª. Elena de Zúñiga. El 29 de noviembre de 1537, muertos ya el poeta y los padres de la dama y de Garcilaso(7), Dª. Guiomar, que les ha sobrevivido y sigue soltera sin haber profesado ni ingresado en convento alguno, otorga en el pueblo toledano de Novés esta escritura de donación de parte de sus bienes a su hijo Lorenzo, aduciendo como uno de los motivos que la mueven a hacerlo el mucho amor que yo tuve al dicho señor Garcilaso.

De todo ello hay que deducir que Lorenzo Suárez de Figueroa, nacido de Garcilaso de la Vega y Guiomar Carrillo como fruto de una relación no matrimonial previa al casamiento de aquel con Dª. Elena, es hasta hoy, y según las noticias que conozco, el hijo primogénito del poeta toledano. Debió de nacer hacia 1521. Tomó efectivamente, según apuntaba con acierto Laurencín, el apellido de su bisabuelo paterno, que se llamó Pedro Suárez de Figueroa(8). Asimismo a partir de ahora, entre los amores de Garcilaso, y no de los fugaces, sino de los más serios y duraderos, se debe incluir el que existió largamente, y quizá como primer amor, entre Garcilaso y Dª. Guiomar, a quien he de suponer mujer llena de encantos y capaz de complacer la sensibilidad de tan exquisito personaje. Entiendo que no hubo de ser una relación muy desigual socialmente(9), pero acaso no tan alta y excelente, tanto en linaje como en dinero, como la que desearía para su hijo la muy poderosa Dª. Sancha de Guzmán. No olvidemos que el poeta era huérfano de padre desde los doce años y que su madre ejercía una gran influencia sobre él. Además se debe tener presente que aquella no era época en que los matrimonios de la alta sociedad se realizasen por amor, sino más bien por intereses políticos y ecónomicos, y al parecer, fue el propio rey Carlos I quien recomendó a Garcilaso su matrimonio con Dª. Elena de Zúñiga.

TRANSCRIPCIÓN DEL DOCUMENTO
Archivo privado del conde de Cedillo, legajo 22/58
[F. 1r.] Toledo. Testamentos y particiones. Año de 1537(10)

Esta es una escritura de donación otorgada en 29 de noviembre de 1535(11) por ante Julián de Alpuche, escribano, por Dª. Guiomar Carrillo, hija de los Sres. Hernando de Rivadeneira y Dª. Teresa, su mujer; por la cual dijo había tenido amistad por mucho tiempo con el Sr. Garcilaso de la Vega, hijo de los Sres. Garcilaso de la Vega, comendador mayor de León, y Dª. Sancha de Guzmán; y entre la Dª. Guiomar y el dicho Garcilaso de Vega había habido cópula carnal de la que habían procreado por su hijo a D. Lorenzo Suárez de Figueroa, siendo ambos solteros, y no casados ni religiosos; por lo que hizo gracia y donación irrevocable al dicho D. Lorenzo Suárez Figueroa, su hijo, del tercio y quinto de sus bienes, para que usase de ellos como suyos propios cuya escritura está aceptada por el dicho D. Lorenzo [ilegible].

[F. 2r.] 1537 años+

Carta de donación y mejoría que hizo y otorgó la muy magnífica señora
doña Guiomar Carrillo al señor don Lorenzo Suárez de Figueroa, su hijo. Año de 1537 años//

[F. 3r.] +

In Dei nomine. Amén. Sepan cuantos esta carta de donación y mejora vieren cómo yo doña Guiomar Carrillo, hija de los muy magníficos señores Hernando de Ribadeneira y doña Teresa, su mujer, difuntos, que sean en gloria, vecinos de la ciudad de Toledo, digo que por cuanto yo, siendo como era mujer libre y no desposada ni casada ni monja, ni persona de orden ni religión, tuve amistad del muy magnífico caballero Garcilaso de la Vega, hijo de los muy magníficos señores don Garcilaso de la Vega, comendador mayor de León, y doña Sancha de Guzmán, ya difuntos, que hayan gloria, vecinos asimismo que fueron de esta dicha ciudad. Entre mí y el dicho Garcilaso hubo amistad y cópula carnal mucho tiempo, de la cual cópula carnal yo me empreñé del dicho señor Garcilaso, y parí a don Lorenzo Suárez de Figueroa, hijo del dicho señor Garcilaso y mío; siendo asimismo el dicho señor Garcilaso hombre mancebo y suelto, sin ser desposado ni casado al dicho tiempo y sazón. Y porque, según derecho y leyes de estos reinos usadas y guardadas, todo padre o madre puede mejorar a cualquiera de los hijos o hijas que tuviere legítimos y de legítimo matrimonio; o no teniendo hijos legítimos de legítimo matrimonio, puede asimismo dejar por sus herederos a los hijos naturales que tuviere y mejorar al tal hijo natural en el tercio y remanente de su quinto con las fuerzas y vínculos que se le quisieren poner, por tanto, usando yo de las dichas // [f. 3v.] leyes de las cuales quiero usar y uso, por esta presente escritura de mi propia, libre, agradable, espontánea voluntad, mejoro y hago mejoría y donación, cesión y traspasamiento perfecta, no revocable, que es dicha entre vivos, del tercio y remanente de todos mis bienes muebles y raíces, semovientes, derechos y acciones que a mí me pertenezcan y puedan pertenecer por cualquier título o causa que sea, así de los bienes que yo ahora tengo como de los que me pertenezcan y pudieren pertenecer como a hija y heredera de los dichos señores mis padres, como de otras cualesquier personas en cualquier manera o por cualquier título o causa que sea, a vos, el dicho don Lorenzo Suárez de Figueroa, mi hijo y del dicho señor Garcilaso, que estáis presente, para que los hayáis y tengáis y podáis pedir y haber de cualquier persona o personas que los tengan y tuvieren así ahora de presente como después de mis días, para que sean vuestros y de vuestros herederos y sucesores y de quien vos quisierais, y podáis de ellos y de cualquier parte de ellos usar y disponer libremente y a vuestra voluntad como de cosa vuestra propia, esto por el mucho amor que yo tuve al dicho señor Garcilaso, y tengo a vos, el dicho don Lorenzo Suárez de Figueroa, su hijo y mío, y para que más honradamente podáis vivir y andar como hijo de quien sois y para que más honradamente os podáis casar con quien quisierais y bien os estuviere a vuestra voluntad. Y por estas dichas causas onerosas y por otras cualesquier que os sucedieren en honra y acrecentamiento vuestro, la cual dicha mejoría y donación os hago porque sea válida y yo en vida ni en muerte la pueda revocar, anular ni contradecir por ninguna causa grave o liviana que sea y os lo //[f. 4r.] hago con todas las fuerzas, vínculos y firmezas que de derecho se pueden poner y hacer para la validación de esta dicha donación y mejoría, las cuales fuerzas he aquí por dichas, puestas y expresadas como si todas ellas y cada una de ellas aquí fuesen dichas y repetidas de verbo ad verbum como los derechos las ponen y dicen y expresan, y para más validación os señalo esta dicha mejoría de tercio y quinto en ciertos juros y tributos que yo tengo en la ciudad de Toledo señaladamente; igualmente en todos los otros bienes que yo he y tengo y espero haber y tener y me pertenecen y pueden pertenecer por cualquier título o causa que sea como a hija y heredera universal de los dichos señores mis padres, Hernando de Ribadeneira y doña Teresa, difuntos, que sean en gloria, para que los dichos bienes los hayáis y tengáis señaladamente, los cuales bienes si menos montaren del valor del dicho tercio y quinto de mis bienes, lo hayáis y tengáis en los otros mis bienes que yo tengo de presente y tuviere en cualquier otra manera que sea, así por la sucesión en que yo sucedo por mi parte en los bienes que los dichos mis padres dejaron, como en otra cualquier manera, y si estos dichos bienes valieren, montaren más que el dicho tercio y quinto, quiero y es mi voluntad que lo que más valiere lo hayáis y tengáis y sea vuestro como hijo y heredero que sois, y para más validación si es necesario os doy y entrego la tenencia y posesión de los dichos bienes que así tengo y de lo que me pertenece y pudiere pertenecer en cualquier manera que sea; de la cual posesión y señorío desde ahora me aparto y desinvisto y lo cedo y traspaso en vos y para vos el dicho don Lorenzo Suárez de Figueroa, mi hijo, y mientras no tuvierais y aprehendierais realmente y con efecto la dicha tenencia y posesión, yo en vuestro nombre y para vos me constituyo por tenedora y poseedora de ello para vos acudir con ello y con cualquier cosa y parte de ello cada y cuando que vos quisierais y me lo pidierais y demandareis(12) [//f. 4v.] y para prueba de la tradición y señorío de todo ello que en vos cedo y traspaso os doy esta escritura de esta dicha donación y mejoría, y pido al presente escribano que os la dé y entregue signada en manera que haga fe para que podáis usar y uséis de ella así en juicio como fuera de juicio; los cuales dichos bienes de suso nombrados y deslindados en que os señalo esta dicha donación y mejoría y todos los demás que yo he y tengo y hubiere y tuviere, y me pertenezcan y pertenecer puedan según dicho es, os doy con todo el derecho, acción, propiedad y señorío y título que yo a ellos he y tengo, para que sean vuestros y de vuestros hijos y herederos y sucesores, para que los podáis dar y donar y trocar y hacer de ellos y en ellos como de cosa vuestra propia, la cual dicha donación y mejoría os hago por las causas y razones ya dichas y por otros muchos servicios que me habéis hecho que montan más que los dichos bienes. Sobre lo cual renuncio que no pueda decir y alegar que vos sois ni habéis sido ingrato ni desconocido, ni habéis hecho ni perpetrado las otras cosas y casos por donde las donaciones y mejorías puedan ser revocadas ni alegar que por os haber hecho la tal mejoría y donación soy venida a estado de pobreza, ni diré ni alegaré que lo tal no pasó, ni que los dichos bienes es la principal cosa de mis bienes, ni que excede de los quinientos sueldos áureos, y si excediere tantas cuantas veces puede exceder, tantas donaciones y mejorías os hago de manera que no pueda exceder de los dichos quinientos sueldos, la cual os hago por las dichas causas y razones. Prometo de no revocar esta dicha donación y mejoría en vida ni al tiempo de mi fallecimiento y desde hoy día en adelante me parto y quito de la tenencia y posesión de los dichos bienes y la cedo y traspaso en vos el dicho don Lorenzo Suárez de Figueroa, mi hijo, y en vuestros hijos y herederos y sucesores, y me obligo que [//f. 5r.] os serán ciertos y sanos y de paz los dichos bienes de cualquier persona que os los vinieren demandando, perturbando, y que tomaré la voz y el pleito por vos y por ellos cada y cuando fuere requerida y los seguiré a mi costa y misión hasta os hacer ciertos y sanos los dichos bienes, y os doy la posesión real, corporal, hábil vel quasi de los dichos bienes, y os doy poder cumplido para que sin licencia ni mandado de juez, ni de alcalde, los podáis entrar y tomar y hacer de ellos y en ellos lo que quisierais y por bien tuvierais. Para lo cual así tener y guardar y cumplir y pagar, obligo a mí misma y a todos mis bienes muebles y raíces habidos y por haber, y doy poder cumplido a todas y cualesquier justicias de sus Majestades de cualquier fuero y jurisdicción que sean ante quien esta carta pareciere, a las jurisdicción de las cuales y de cada una de ellas me someto renunciando como renuncio mi proprio fuero y jurisdicción comarcal [?] y la ley si convenerit de iuredictione, para que por todo rigor y remedio del derecho me constringan y apremien a lo así tener y guardar y cumplir y pagar realmente y con efecto todo lo en esta carta contenido como si lo hubiese elevado por sentencia definitiva de juez competente, y la tal sentencia fuese pasada en cosa juzgada y por mí consentida. Sobre lo cual renuncio las leyes de los Emperadores y el Veliano y las leyes de Toro y de Partidas y todas otras leyes que hablan en mi favor que me no valgan. Y otrosí renuncio todas y cualesquier leyes, fueros y derechos, albalaes y privilegios todos en general y cada uno en especial. Y [//f. 5v.] la ley del derecho en que dizque general renunciación de leyes que hombre haga que no valga que fue hecha y otorgada esta dicha carta de donación y mejoría en el lugar de Novés(13), a veintinueve días del mes de noviembre, año del Nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil y quinientos y treinta y siete años. Testigos que fueron presentes a todo lo que dicho es, llamados y para ello rogados, Juan Hernández, cura teniente de Caudilla(14), y Pedro Pérez, clérigo, y Juan de la Torre, vecinos del dicho lugar Novés, y la dicha señora doña Guiomar Carrillo lo firmó aquí de su nombre. Doña Guiomar Carrillo.

Y luego el dicho señor don Lorenzo Suárez de Figueroa, hijo de la dicha señora doña Guiomar Carrillo, dijo que aceptaba y aceptó la dicha carta de donación y mejoría que la dicha su señora madre le hacía e hizo, y que así usa y usará de la dicha donación y mejoría y que besa las manos de su merced por ello, y que así la recibe la dicha escritura y posesión que por ella se le da para usar y usará de los dichos bienes y cualquier parte de ellos como de cosa suya propia y que por virtud de esta dicha escritura y tradición de ella que su merced le hace toma y aprehende desde luego la posesión real, corporal de los dichos bienes y de cualquier parte de ellos como si corporalmente en ellos estuviese metido, para usar de ellos como de cosa suya propia [//f. 6r.]. Y pidió a mí, el presente escribano que así se lo dé por testimonio. Testigos los sobredichos. Y firmólo de su nombre. Fecha, día y mes y año ut supra. Don Lorenzo. Y yo, Julián de Alpuche, escribano real de sus Majestades y su notario público en todos los sus reinos y señoríos, presente fui a todo lo que dicho es, juntamente con los dichos testigos. Y de otorgamiento de la dicha señora doña Guiomar Carrillo y aceptación del dicho señor don Lorenzo Suárez de Figueroa, los cuales en el registro de esta carta firmaron sus nombres. Y yo el dicho escribano doy fe que conocí a la dicha señora doña Guiomar Carrillo y conozco al dicho señor don Lorenzo Suárez de Figueroa, y son los contenidos en esta dicha escritura de mi propia letra y mano la hice y escribí según que ante mí pasó, en fe de lo cual hice aquí este mi signo que es atal. En testimonio de verdad. Julián de Alpuche, escribano público.

RECOPILACIÓN
A partir del incontrovertible documento precedente, de lo que hoy se conoce de la vida del poeta y de lo ya dicho, puedo hacer la siguiente recopilación. Queda de manifiesto que Garcilaso de la Vega tuvo, por lo menos, una amante, y no fue tras la muerte de Isabel Freyre, sino mucho antes, incluso en época previa a su matrimonio con Dª. Elena de Zuñiga. Entre Garcilaso y aquella joven hubo amistad y cópula carnal mucho tiempo, cuando ambos eran solteros. Y como el poeta se casó en 1525, infiero que su convivencia abarcó aproximadamente de 1520 a 1525.

El nombre de la dama fue callado, y acaso el motivo de tal silencio fuera, según escribió Marañón, que "Garcilaso, como los hombres de corazón verdaderamente viril, no gustaba de contar a las gentes, cual un locuaz y equívoco don Juan, lo que pasa en su corazón". Pero creo que hubo dos razones más para que, por lo menos en su testamento, Garcilaso ocultara el nombre de aquella mujer a la que sin duda amó. Primero, la propia honra de la jovencita, cuyo fama quedaría deslucida si se la mencionaba como madre soltera. Segundo, la existencia de una mujer legítima, a la cual no le agradaría que le recordasen los amores de su marido, y mucho menos conociendo que no habían sido platónicos, sino reales y con fruto viviente.

Lorenzo, el hijo de aquella unión, nacido antes de la boda del poeta en 1525, fue -e insisto en ello- el primogénito de Garcilaso hasta donde hoy sabemos de la biografía del lírico toledano. El joven era en 1537 lo suficientemente mayor de edad como para que su madre le hiciese donación de una buena parte de sus bienes, y él pudiese aceptarlos y hacerse cargo de ellos. De todo lo cual conjeturo que debió de nacer hacia 1521, pues supongo que en 1537, año de la donación, contaba, al menos, dieciséis años. Recuérdese que cuando su padre otorgó en 1529 su testamento el muchacho aún no había comenzado sus estudios medios y calculo que en aquel momento el niño tendría unos ocho años.

No sé de dónde toma mi admirado Marañón el que aquella amante fuera mujer de humor atrabiliario y lo de la impertinencia del hijo heredada de la madre, porque, según parece, lo único afirmado por Antonio Agustín fue que el joven escribió una sátira picante que le valió el destierro. En cuanto a que la dama tuviera mal carácter, no puedo saber si ocurrió así en la realidad. Lo que sí deja ver el documento es que era mujer decidida, no rencorosa y llena de gran amor y generosidad para con su hijo. Y por lo que se refiere a la vena literaria y también picante de D. Lorenzo, esto es, lo que Marañón quizá entendió como impertinencia, creo que el joven la pudo haber heredado perfectamente de su padre, pues el poeta no se mostró muy pacato que digamos, sino atrevido y picante en poemas como la Ode ad Florem Gnidi ("... en la concha de Venus amarrado")(15) o el soneto XXII ("Con ansia estrema de mirar qué tiene / vuestro pecho escondido allá en su centro..."). Lo que del documento de donación se trasluce es que D. Lorenzo fue un excelente hijo, motivo que llevó a su madre a hacerle entrega de sus bienes, porque del muchacho ella, hasta entonces, no podía decir y alegar que vos sois ni habéis sido ingrato ni desconocido, ni habéis hecho ni perpetrado las otras cosas y casos por donde las donaciones y mejorías puedan ser revocadas, al mismo tiempo que le reconocía otros muchos servicios que me habéis hecho que montan más que los dichos bienes.

Por haber vivido en Toledo D. Hernando de Ribadeneira y su familia, según se afirma en la escritura pública, concluyo -creo que con bastante probabilidad de acierto- que la enamorada de Garcilaso era toledana y que fue en la ciudad del Tajo donde nacieron y se desarrollaron los amores juveniles entre el poeta y ella. Sin embargo, en el invierno de 1537, la dama residía en Novés, pueblo toledano donde supongo poseía una casa. Su relación con Garcilaso y su maternidad debieron de ser conocidas aunque solo fuera entre sus íntimos. Desde luego, en 1537, ella reconocía tales hechos con pasmosa rotundidad ante cuatro personas: dos sacerdotes, Juan Hernández, cura teniente del cercano pueblo de Caudilla, y Pedro Pérez, clérigo que residía en Novés; el vecino Juan de la Torre y el escribano Julián de Alpuche. El hecho de que en el pequeño círculo de personas que rodeaban a la dama en el importante momento de la donación hubiera dos clérigos, da ocasión para pensar que la señora se había inclinado hacia un ambiente religioso y confiaba plenamente en la discreción y comprensión de los eclesiásticos.

Por último, de la escritura se desprende que la amante de Garcilaso le sobrevivió, pues, como es sabido, el poeta falleció en 1536. Por tanto, a partir de ahora, en cualquiera de las poesías del toledano que traigan a la memoria el recuerdo de una mujer viva y enamorada será lícito a los investigadores el detectar las huellas de aquella pasión de juventud.
REFLEXIÓN FINAL
El amor primero de Garcilaso de la Vega no fue una ensoñación portuguesa, sino una jovencita de su tierra, esto es, toledana. No se trató de una ilusión platónica, sino de algo real y de carne y hueso. Tuvo nombre y apellido, doña Guiomar Carrillo, y con ella vivió el caballero un largo y hay que suponer profundo y sincero enamoramiento. Y como, según dice el refrán, "donde hubo fuego siempre quedan rescoldos", no creo descabellado preguntarme: ¿olvidó Garcilaso a Guiomar? ¿volvió a tener trato con ella durante su matrimonio? ¿algunas de sus poesías la evocan? ¿es posible que aquellas dulces prendas recordadas por el poeta años después no tuvieran nada que ver con Isabel Freyre, la bella portuguesa, y sí mucho con aquella Guiomar toledana, que tanto amor sintió por Garcilaso? ¿no pudo ser el cabello de Guiomar el motivo del más dulce y exquisito de los poemas garcilasianos? Imaginémoslo:



  ¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!
  ¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas qu´en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?
  Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
lleváme junto el mal que me dejastes;
  si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

Historia archivistica : Se trata de un fondo virtual, del que conservamos la copia digital del archivo. Los actuales propietarios del Archivo Condal de Cedillo, a iniciativa propia y movidos por el cariño que han profesado ellos y sus antepasados durante generaciones hacia el legado heredado, desean impulsar la organización, descripción y digitalización de sus fondos. Así, durante mucho tiempo se han preocupado de catalogar e incluso de restaurar algunos de sus documentos, acudiendo siempre a profesionales para acometer tales trabajos. En la actualidad, una subvención de la Subdirección General de Archivos Estatales está permitiendo la reorganización del fondo, estando en proceso de completarse la total descripción del fondo y su volcado en una base de datos tipo Access, para su consulta en la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional (Toledo). El Archivo Condal de Cedillo pertenece desde más de cinco siglos a la familia de los Álvarez de Toledo. Fiel reflejo de su importante papel en la historia de Toledo y su comarca es el volumen de documentación de todo tipo generado o acumulado por esta familia y sus ramas colaterales durante centurias, en su doble vertiente pública y privada, oficial y oficiosa. Gran parte de este rico patrimonio cultural permanece atesorado en su archivo patrimonial. Se trata de un interesante número de manuscritos, libros, obras de arte e inmuebles que, a menudo, han pasado desapercibidos para el gran público, pero que se nos antojan fundamentales para conocer en su verdadera dimensión la proyección social, económica, política, cultural y militar de esta saga privilegiada entre los siglos XIII al XXI (1298-2005).
Historia Institucional/Reseña biográfica: La Casa de Cedillo está adscrita al linaje toledano de los Álvarez de Toledo; una línea agnada, pero ilegítima, de los condes de Fuensalida. El patriarca de la estirpe fue Juan Álvarez de Toledo, cortesano de Juan II de Castilla quien, por sus servicios militares, le otorgó la dignidad de señor de Tocenaque , la casa solar de los futuros señores de Cedillo. Asimismo Pedro López de Ayala, alcalde mayor de Toledo, se erigió en firme partidario del infante Enrique, futuro Enrique IV, en la temprana fecha de 1421 . Los fundadores del mayorazgo de Cedillo fueron Fernán Álvarez de Toledo, comendador de Castilnovo (Orden de Alcántara) y secretario de los Reyes Católicos, así como su esposa Aldonza de Alcaraz (1497). Sin embargo, no será hasta el 31 de mayo de 1624, cuando Felipe IV recompense a Antonio Álvarez de Toledo y Heredia Ponce de León y Luna, III señor de la Casa y Notario Mayor de Granada, con el título del reino de Conde. El salto de cualidad dado por entonces le garantizó entroncar con la aristocracia del país, merced a una estrategia matrimonial de enlaces endogámicos que les permitió su ascenso dentro del escogido cuerpo social de la nobleza titulada.

Un poco de historia:
 
Pudo existir como alquería en el siglo XI. En el 1552 el conde de Almerico dio carta a los pobladores de Cedillo, entre ellos figuran cristianos, mudéjares y judíos. Alfonso VIII se hallaba en esta villa en el 1211 en unión de varios caballeros, uno de ellos don Pedro Ruyz de Azagra, señor de Albarracín maestre de la Orden de Santiago. Allí presta el de Azagra pleito homenaje a la Orden Santiaguista. En el 1216 da fuero a la villa la Orden San Juan de Jerusalén. Juan II hizo merced, en el 1445, del lugar de Cedillo junto con Humanes, Huecas, Pero Moro y Guadamur a don Pedro López de Ayala, primer señor feudal de Cedillo. El segundo conde de Fuensalida, señor de Cedillo, don Pedro López de Ayala, vende por escritura pública, en el 1487 la villa de Cedillo a don Hernando Alvarez de Toledo. En el 1477 contribuye Cedillo al sostenimiento de la Santa Hermandad de Toledo.
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El Señorío de Cedillo

Hasta su abolición en 1837 que el Rey Juan II se lo atribuye a López de Ayala y formaba parte de este Señorío además de Cedillo, Humanes, Huecas, Peromoro y Guadamur, el Señorío a principio del S. XIX estaba formado por la dehesa de Tocenaque un anejo a Cedillo y la de Moratalaz perteneciente al término de Illescas.


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Casa-palacio del conde de Cedillo
C/ General Oráa
Madrid

También casa de Manuel Pérez de Ayala, de 1899, con ampliaciones en 1904 y 1910.

Este edificio, construido por Eduardo Gambra en 1923, fue un claro precursor de la arquitectura nacionalista que caracteriza a los años posteriores a la Guerra Civil. La fachada, como puede apreciarse sobre todo por los torreones laterales rematados con chapiteles y pirámides con bolas, está claramente inspirada en la arquitectura escurialense.
En ella vivió el escritor Ramón María del Valle-Inclán.

Escudo de la casa-palacio Conde de Cedillo. Calle General Oraa. Madrid

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