El psicoanálisis y lo social

Jairo Gallo Acosta

 

Durante décadas muchos psicoanalistas permanecieron resguardados en sus consultorios y divanes,  creyendo que así se resguardarían de eso social que no podían “controlar”, el tiempo les cobró ese atrincheramiento, por lo menos en algunos lugares eso ha pasado (caso de Estados Unidos, donde la adaptación de la teoría freudiana al contexto prácticamente ha hecho desaparecer al psicoanálisis en lo últimos años, salvo contadas excepciones)

 

Algunos psicoanalistas se olvidaron que el psicoanálisis nació de una exclusión social (las histéricas), y que elegir el camino de la adaptación – hasta el punto de legar a afirmar que este era un singo de salud mental -  era ir en contra del mismo psicoanálisis, y negar que el ser humano no se caracteriza por su adaptación sino  por su creación, y también, por su destrucción  - el par pulsión de vida - pulsión de muerte  es una muestra de lo característico de esas tendencias humanas –

En la actualidad los excluidos no son tanto las histéricas pero si los niños “hiperactivos” los “adolescentes con problemas de comportamiento”, los “no exitosos” los “no ganadores”, o aquellos que en un país como Colombia tratan de agrupar bajo el rotulo de “víctimas” de los diferentes conflictos, desde los armados hasta los de la violencia intrafamiliar, y a esos son los que desde una escucha se tiene que dirigir toda intervención  que tenga en cuenta lo inconsciente, no como un acto de fe, sino porque se parte del indicio que existe en el ser humano algo más que razón, conciencia y voluntad, conceptos que causaron en muchas ocasiones durante todo el siglo XX: guerras, genocidios, masacres, exterminios, y en lagunas ocasiones: “ciencia”.

El psicoanálisis tiene como compromiso pensar las conexiones entre psique y campo social o los nexos entre al psique y la cultura y ayudar a sostener una práctica o disciplina (desde la psicología, sociología, antropología u otras disciplinas de las ciencias sociales) que tenga en cuenta estos vínculos.

Negar lo inconsciente bajo el argumento que este no se puede observar es negar lo que ello puede producir: sueño, lapsus, actos fallidos, síntomas; peor también creación o lo que Cornelius Castoriadis llamó “imaginario radical”

lo imaginario de lo que hablo no es imagen de. Es creación incesante y esencialmente indeterminada (social-histórico y psíquico) de figuras, formas, imágenes, a partir de las cuales solamente puede tratarse de "alguna cosa". Lo que llamamos "realidad" y "racionalidad" son obras de ello” (Castoriadis, 1989)

La teorización que realiza Castoriadis de lo inconsciente y el imaginario radical es un ejemplo de como a partir del psicoanálisis se puede hacer teoría social. El imaginario desde esta perspectiva trata de construir una nueva manera de entender los fenómenos sociales e históricos, explicando como el imaginario radical conforma una red de representaciones que conforman lo social. El imaginario social es un “magma de significaciones imaginarias sociales” encarnadas en instituciones.

 

Para Castoriadis lo inconsciente es la capacidad de producir representación que opera  como un espacio transicional creativo entre la subjetividad y la sociedad. El descubrimiento de los procesos psíquicos inconscientes ha sido uno de los aportes más importantes  para el análisis de la subjetividad humana y lo social.

Hablar de lo social en el psicoanálisis no es una moda, ni siquiera una ampliación de su aplicación – como un psicoanálisis aplicado – ya que la historia del psicoanálisis desde sus orígenes siempre se interesó por llevar a cabo una teoría y una práctica no sólo individual sino social.

Lo social para el psicoanálisis no es una aplicación, sino que desde siempre fue su campo de interés, desde las ligazones libidinosas de Freud hasta el lazo social de Lacan, de cierta manera los múltiples enfoques o escuelas psicoanalíticas han tratado de fundamentar las relaciones de lo inconsciente con lo social, y en la actualidad ese interés sigue presente, “Los procesos sociales de la modernidad presentan lazos complejos y contradictorios con la experiencia inconsciente y, por lo tanto, con el sujeto” (Elliott, 1995)

 

Desde el psicoanálisis se tendría que comenzar a iniciar una serie de investigaciones que den cuenta de los signicantes, representaciones, imaginarios sociales que circundan nuestra cotidianidad, no sólo para entenderlas sino para tratar de transformarlas.

 

El inconsciente hace un papel organizador en la constitución y reproducción de una subjetividad dentro de las relaciones de poder y de los intereses sociales contemporáneos. Pero ello no obliga a verlo como un subproducto pasivo del campo social. Las relaciones entre realidad psíquica e intereses sociales son complejas, contradictorias, una dinámica inconsciente labora en ellas para procesar y transformar relaciones ideológicas del campo social, a través de condensación, desplazamiento, trastornos  del afecto, etc.” (Elliot, 1995).

 

 

El inconsciente y su relación con lo social no es el inconsciente colectivo de Jung, ya que de lo que se trata es de las lógicas colectivas inconscientes que no es lo mismo que “un inconsciente colectivo” sostenido desde una simbología universal, heredada y casi inmutable. Para el psicoanálisis lo colectivo es una formación de inconsciente.

 

El porvenir del inconsciente es el porvenir del psicoanálisis y a su vez el provenir de una teoría que trata de fundamentar una hipótesis deferente de lo social que la trata de imponerse en la actualidad, aquella de lo genético, biológico, donde toda explicación es lineal: causa – efecto, con los peligros que eso trae: totalitarismo, fundamentalismo.

 

Sostener el proyecto del sujeto del inconsciente como una manera de resistir ese modelo genético – biológico globalizante y uniformante, que pretende en últimas decirnos que todos somos determinados y por consiguiente, hay poco o nada que hacer. Y si hay cosas por hacer, desde el psiquismo inconsciente hay maneras de representativas de poder reelaborar situaciones de una manera creativa e imaginativa que permitan  reconstruir vínculos y lazos sociales que a su vez transformen lo social.

 

No hay que olvidar que hay algo en lo social que Lacan definía como “lo Real” que no se permite atrapar, y que depende como se puede hacer cargo de eso “Real” así también va a depender el futuro del psicoanálisis y de una teoría de lo inconsciente.

 

No ocultarlo, no negarlo, tampoco encubrirlo desde prácticas religiosas, científicas o mágicas, sino encararlo, aunque Freud decía que el sol y la muerte no se puedan mirar de frente, pero indirectamente sí, tendiendo puentes hacia eso, aplicando un psicoanálisis desde una implicación ética, es decir, colaborando con hacer surgir la dignidad de la existencia de un sujeto y su inconsciente.

 

Una teoría radical de la subjetividad exige una concepción de la psique que, al tiempo admita la condición fracturada y dispersa del deseo inconsciente, reconozca empero las dimensiones creadoras y criticas de la subjetividad” (Elliot, 1995).

 

 

 

Notas

 

*Psicólogo. Psicólogo. Máster en Psicoanálisis, Universidad Argentina John F. Kennedy. Candidato a especialista en Docencia Universitaria. Docente Universidad Cooperativa de Colombia, seccional Bogotá. Coordinador Línea de Investigación “Psicoanálisis y Campo Social”, director de la revista virtual “Psique y Sociedad”

 

 

Castoriadis, C (1989) La institución imaginaria de la sociedad. Barcelona, Tusquets.

 

Elliot, A (1995) Teoría Social  y Psicoanálisis en transición. Sujeto y sociedad de Freud a Kristeva. Buenos Aires. Amorrortu.