24 de agosto: Beato Pedro de la Asunción

publicado a la‎(s)‎ 23 ago. 2013 18:51 por Provincia Franciscana   [ actualizado el 23 ago. 2013 18:51 ]
 S acerdote de la Primera Orden. Se desempeñó como misionero en Nagasaki hasta que murió mártir en 1617.

 

Pedro de la Asunción nació en la pequeña ciudad de Cuerba (Toledo, España).

Entró a la Orden de los Hermanos Menores muy joven, en la Provincia de San José. En su formación, se destacó por su piedad, humildad e inteligencia, dotes con los que se ganó el cariño de sus compañeros y profesores. Por ello, después de ser ordenado sacerdote, le asignaron el oficio de Maestro de Novicios. Pero al poco tiempo, animado por la propaganda misionera de Juan el Pobre, decidió partir hacia el Extremo Oriente en compañía de muchos frailes más (1600). Arribó primero a Filipinas, donde duró una brevedad; después, desembarcó en Japón en el año 1601. Aquí desarrolló un intenso apostolado en la zona de Nagasaki, donde también fue el director del convento franciscano.

 

Fr. Pedro era muy estimado y buscado por los demás debido a su santidad de vida. Daba consejos y orientación a los cristianos japoneses. A su confesionario recurrían muchísimos fieles, donde pasaba largas horas del día.

 

En 1611 la situación religiosa en Japón se volvió crítica, por orden de las autoridades, los misioneros de origen extranjero debían abandonar el territorio japonés. Pero fray Pedro prefirió permanecer, disfrazándose con vestidos seglares para asistir y alentar a los cristianos en ese momento tan difícil. Por prudencia se trasladó a un lugar vecino de Nagasaki; pero Chichitzu, un apóstata, lo traicionó, por lo cual fue capturado y llevado a las prisiones de Omura y después a la de Kori.

 

Allí tuvo por compañero a Juan Bautista Machado; juntos estuvieron en la prisión, en penitencia, oración, y conversaciones espirituales por más de un mes, del 20 de abril al 22 de mayo. Cuando les anunciaron su condena a muerte se mostraron alegres, pues por su fe, sabían que pronto se encontrarían con su Creador. El P. Pedro lo manifestó con las siguientes palabras: “Esta es la gracia que he pedido a Dios en estos últimos nueve días, celebrando la santa Misa”. Previamente, el 21 de mayo, fiesta de la Santísima Trinidad, el Señor le reveló a Fr. Pedro mientras celebraba la Misa, que aquella sería la última que celebraría.

 

Los dos beatos, Pedro de la Asunción y Juan Bautista, cantaron durante su martirio el “Te Deum” para agradecer al Señor la gracia. Antes de ello se confesaron uno al otro, entre lágrimas, y pasaron la noche en oración. Para el atardecer se les ordenó que se pusieran en camino hacia el lugar del suplicio. El Padre Pedro llevaba en la mano un crucifijo, a los pies del cual tenía puesta la Regla de San Francisco. Ambos mártires, cantaron durante el viaje las Letanías de la Virgen; y, al encontrarse con los cristianos, los exhortaban a perseverar en la fe.

 

        Al llegar al lugar del suplicio, el Beato Pedro pidió que se le permitiera hablar a la gente que asistía a su muerte. Luego los dos mártires se abrazaron y se arrodillaron con las manos juntas –en señal de oración- y los ojos mirando al cielo, y esperaron el momento en el que el verdugo les cortó la cabeza. Era el 22 de mayo de 1617.

 

Fr. Pedro de la Asunción es proclamado beato desde el 7 de julio de 1867, por nombramiento del papa Pío IX. Forma parte de los 225 sacerdotes y cristianos martirizados en Japón en la primera mitad del siglo XVII.