16 de julio: Aniv. Anuncio canonización de San Francisco de Asís

publicado a la‎(s)‎ 16 jul. 2013 6:28 por Provincia Franciscana   [ actualizado el 16 jul. 2013 6:29 ]
 H oy traemos a la memoria aquel 16 de julio 1228. Día en que la Iglesia anunció la autorización de elevar a los altares a nuestro seráfico padre, San Francisco de Asís por medio del Papa Gregorio IX. En este momento de la historia de la Iglesia, en que la figura del Santo muestra de manera especial su trascendencia para la humanidad: ¡Agradezcamos a Dios esta gracia y pidamos para que, al igual que San Francisco, sean muchas las almas que se conviertan a Él en un auténtico proceso de conversión!

 

Sabemos que desde que vivía, el Pobrecillo de Asís fue favorecido por la gracia de Dios con innumerables signos de amor predilecto, la prueba más fehaciente, fue el otorgarle las llagas de Jesús crucificado y permitir que experimentara el dolor y pasión con que amó Cristo.

 

Pero después de su muerte los milagros que Dios hacía por medio de San Francisco se multiplicaron, a su sepulcro acudían numerosos fieles en espera de alguno de éstos. El escritor franciscano Bartolomé de Pisa, describe los detalles de treinta casos de resurrecciones de muertos acaecidas por la intercesión del Santo.


Debido a ello, y a la fama de santidad que conocía de Francisco, el Papa Honorio III dio las disposiciones para que se comenzara el proceso de canonización del pequeñuelo de Asís, pero el 18 de marzo de 1227 el Pontífice murió. Fue su sucesor, el cardenal Hugolino, amigo de San Francisco y protector de la Orden -que tomó el nombre de Gregorio IX-, quien prosiguió los procesos e hizo que concluyeran rápidamente.

 

Así, Gregorio IX se trasladó a Asís el 16 de julio de 1228, y en la iglesia de San Jorge, ante los cardenales, obispos, sacerdotes y un número grandísimo de hermanos franciscanos, de hermanas clarisas y de feligreses, procedió a la canonización de Fr. Francisco con las siguientes palabras:

“Para alabanza y gloria de Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, de la gloriosa Virgen María, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, para honra de la Iglesia Romana, queriendo rendir veneración en la tierra al Bienaventurado Padre Francisco, a quien Dios ya ha glorificado en el cielo, oído el parecer favorable de nuestros hermanos los cardenales y demás prelados, declaramos que él debe ser inscrito en el catálogo de los Santos, y fijamos su fiesta para el día aniversario de su muerte”.

 

        El Pontífice entonó luego el “Te Deum”, que continuaron todos los presentes con gran entusiasmo.

 

San Francisco: místico cantor de Dios y de las criaturas, Santo del amor y de la fraternidad universal, renovador de la sociedad en el espíritu del Evangelio, estigmatizado en la Verna; desde el 16 de julio de 1228 ha sido presentado por la voz del Vicario de Cristo, modelo de imitación de todos los cristianos.

 

A partir de aquél momento, una tumba gloriosa acogió las veneradas reliquias del Santo en el monte del Paraíso en Asís. Sobre aquella tumba, el genio de fray Elías, realizó el encanto de aquella triple y majestuosa basílica, donde el arte italiano surge y se fortalece; donde el pincel de Cimabue, de Giotto y de otros grandes artistas italianos, quiso rendir homenaje al Santo del amor y de la pobreza.

 

La tumba del Seráfico Patriarca es custodiada desde siglos por sus fervorosos hijos que vigilan su sueño bienaventurado. Mientras que peregrinos de todo el mundo acuden continuamente para alcanzar de San Francisco los ejemplos y la fuerza para su propio itinerario espiritual hacia Dios, en conformidad con el Santo Evangelio.

 

¡Alabado seas mi Señor!