16 de febrero: Beata Felipa Mareri

publicado a la‎(s)‎ 18 feb. 2013 11:25 por Provincia Franciscana
 R eligiosa de la Segunda Orden Franciscana debido a un encuentro que tuvo con San Francisco de Asís, donde, cautivada por su forma de vida, decidió seguir su ejemplo. Fundó un monasterio en el castillo de San Pedro de Molito (hoy Borgo San Pedro), situado en el valle de Rieti, por donación de sus hermanos. Nació en Cicoli en 1195, en medio de todas las comodidades de su familia noble; murió el 16 de febrero de 1236 en dicho castillo convertido en monasterio, donde vivió en pobreza evangélica y ayudó a los necesitados el resto de su vida.

 

Conoció a San Francisco en el castillo de sus padres, donde se hospedaba el Poverello cuando iba de viaje a Rieti. Le llamó la atención su forma de predicar, la asidua oración y el desprendimiento de los bienes materiales que lo caracterizaban; entonces, decidió consagrar su virginidad a Dios. Como sus padres no estaban de acuerdo, sino deseaban que se casara y viviera como los de la nobleza, Felipa huyó de la casa paterna con su hermana y junto con unas amigas, se internó en una gruta de los montes cercanos a su castillo, llamado hoy “Gruta de Santa Felipa”; allí acondicionaron un pequeño claustro donde se dedicaban a la oración.  En 1228 sus hermanos la encontraron y se conmovieron por su manera de vivir, su determinación y firmeza, donándole el castillo de Borgo de San Pedro (propiedad de la familia) y la iglesia benedictina adjunta, para que ahí viviera con sus compañeras.


Era una mujer con vasta cultura e inteligencia, que dominaba el latín. Dejó su vida cómoda, las riquezas, a sus pretendientes y prometido en matrimonio, para vivir la espiritualidad franciscana.

 

En su convento, además de dedicarse a la oración, el estudio de la Sagrada Escritura y la contemplación, preparaba con sus hermanas medicinas que repartían gratuitamente a los enfermos pobres y atendían a los necesitados.

En un principio, el mismo San Francisco de Asís fue su director espiritual, luego encomendó a su discípulo Fr. Rogelio de Todi, este acompañamiento.

Como Abadesa, fue una madre amorosa para sus hermanas, las animaba a la perfección y las consolaba en sus sufrimientos. Llevó una vida de pobreza evangélica con plena confianza en la providencia. Pasaba horas postrada ante un crucifijo, implorando la misericordia divina para los que ofendían a Dios.

 

Profetizó su muerte con tiempo de anticipación y se preparó para ello, recibiendo los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía. Reunió a sus hermanas en su lecho y, luego de reconfortarlas por su pronta partida y recordarles que vivieran en espíritu fraterno, de oración y pobreza seráfica, entregó su alma a Dios, falleciendo el 16 de febrero de 1236 a la edad de 46 años.

En 1706, cuando se hizo el reconocimiento de sus restos mortales, se vio que su corazón permanecía incorrupto; se conserva hoy todavía en un relicario de plata, ubicado en el monasterio de las Clarisas fundado por la Beata.


El Papa Inocencio III le dio el título de santa y su sucesor Pío VII confirmó su culto, concediendo oficio y Misa en su honor el 29 de abril de 1806.


Corazón incorrupto de la beata Felipa Marieri