1º AÑO - Capítulo 3: MITOS GRIEGOS - HERMES Y EL GANADO DE APOLO



LITERATURA                                                             Lunes, 10 de abril de 2011

 

hermes y el ganado de apolo

   La noche cae sin prisa y pone silencio en la Arcadia. Maia, la ninfa de hermosos cabellos, la mayor de las siete Pléyades, y cuyo nombre puede significar, en griego, tanto partera como parturienta, se extiende en el lecho; y pacientemente, espera el feliz instante de estrechar entre sus brazos al hijo que está por nacer. Llegan los primeros dolores, con las primeras lágrimas y sensaciones extrañas. Pasan momentos que parecen eternidades. Y súbitamente, Maia da a luz el fruto de sus amores con Zeus.

   El rostro de Maia se suavizó en una sonrisa silenciosa y sabia. Sin hacer ruido, rodea con sus brazos al pequeño retoño y da gracias a los dioses. Hermes no llora. Lanza solamente algunos suspiros, cuando la madre lo envuelve en tiras de tela. En seguida lo deposita en su cuna improvisada y el pequeño se calla y duerme. Ella, también.

   Apenas su madre se adormece, Hermes abre los ojos. No es ya un frágil bebé el que despierta, sino un ser dotado de extraordinaria precocidad. Permanece acostado algunos momentos todavía, hasta asegurarse de que Maia está sumida en un profundo sueño. Se levanta silenciosamente y se dirige a la puerta. Mira el cielo estrellado y no puede contener una sonrisa maliciosa: su mente ha elaborado un plan, pero, ¿quién puede saber lo que se trae entre manos? y desaparece en medio de la oscuridad.

   Su destino es Tesalia. En la ciudad de Feras, Apolo, su hermano, es el encargado de guardar los rebaños del rey Admeto. Corriendo por los caminos polvorientos, superando ágilmente todas las dificultades, sigue su camino sin detenerse ante pretexto alguno. Y llega, finalmente, a donde descansa el ganado real. Observa.

   Apolo no está, descuidando sus funciones, paseaba a lo lejos acompañado de una ninfa. Con pasos cortos y precisos, Hemes se aproxima al ganado y separa cincuenta cabezas. Sonríe, y emprende el viaje de vuelta con el producto de su hurto.

   Lejos de allí, Maia dormía plácidamente. Malicioso y travieso, Hermes caminaba satisfecho de su artimaña. Las vacas -ningún mugido, ningún ruido delator- seguían, como si estuvieran encantadas, al bebé que, sonriente, las conducía. Pero el niño sabe que pronto lo descubrirán, a no ser que tome precauciones.

   Debe borrar  todas las huellas de los animales robados. Se le ocurren tres ideas: hacer que las vacas caminaran de espaldas, atarles ramas en las colas y calzarles las patas. Luego había que borrar sus propias huellas. Se confeccionó en el acto unas enormes sandalias hechas con ramas de mirto y tamarindo. Y continuó su camino.

   Para evitar ser ubicado guardó a los animales en una caverna agrupándolos en doce grupos de cuatro vacas cada uno y las dos restantes las sacrificó a los dioses. Escondió a los animales en distintos lugares y regresó a la ciudad de Cilene.

   Llegando a la puerta de su casa, vio una tortuga. Se quedó encantado con el animalito. "¿De dónde has salido tú?" Preguntó. Observó su forma, los colores de su caparazón y la armonía de sus extremidades. La metió en su casa. Con un rápido corte le quitó el caparazón, en que prendió horizontalmente trozos de caña de diferentes tamaños que amarró con las tripas de los dos animales sacrificados. Acababa de inventar un nuevo instrumento musical: La lira. Tranquilamente se dirigió a su cuna y se acostó de la misma manera en que lo había dejado su madre y, enseguida, fingió dormir.

   Cuando Apolo regresa por la mañana, va a inspeccionar el ganado del rey Admeto. Grande sería su sorpresa al comprobar que le faltaban cincuenta  cabezas. Lleno de pesar y sintiéndose culpable, sale a buscar las reses que faltan. Como Apolo tiene también dones proféticos y adivinatorios, rápidamente descubre quién es el culpable y se dirige a Cilene. Maia no puede creer  lo que Apolo le dice y juntos van en busca  de Hermes. Lo encuentran en su cama, y al interrogarlo, la expresión de sorpresa y dignidad heridas son admirables.

   "Hijo de Leto -respondió el niño- ¿cómo se te ocurre venir aquí a buscar las vacas de tu rebaño?, yo nunca las vi, ni sé de ellas. Recién me entero por tu boca. ¿Cómo podría yo, un recién nacido, haber robado cincuenta cabezas de ganado? Mis pies son débiles y la tierra es dura. Lo único que quiero es dormir y estar con mi mamá, que me bañe en agua tibia que me acueste y me arrope".

   Apolo, no podía creer lo que escuchaba, se oía tan sincero, que se retiró avergonzado y fue a ver a Zeus para pedirle consejo. Le contó todo, aunque Zeus ya lo sabía de antemano, y no pudo menos que reír por la picardía del pequeño Hermes. Por eso, le mandó devolver inmediatamente el ganado. Cuando Zeus se retiró, Hermes siguió alegando inocencia frente a Apolo y en el colmo de su astucia, le robó, ante sus narices, la  aljaba en donde guardaba sus flechas, mientras continuaba con sus protestas de inocencia. El dios de la luz, entonces, ríe de la ocurrencia y le dice: "Astuto malhechor, ¡bravo! ya se cuál es tu maña. Sí, serás el dios de los ladrones y comerciantes, de todos aquellos que transitan por los caminos y usan su ingenio y sigilo para lograr su cometido". Hermes sonríe, guiña los ojos, toma su lira y empieza a tañerla. Apolo queda encantado con el instrumento y se le ocurre una idea: cambiársela por el ganado robado. Hermes reflexiona y no le parece suficiente. Apolo le ofrece  entonces el caduceo, la preciada varita mágica que guarda desde  niño. Hermes acepta en el acto. Y así ambos se reconcilian para siempre. De allí en adelante Hermes y Apolo forman un par de hermanos íntimamente unidos y protegidos por Zeus.

 

FICHA DE LECTURA Nº 3

I. COMPRENSIÓN DE TEXTOS

 Completa las siguientes expresiones:

1. Los dos hijos de Zeus que participan en este mito son _________ y __________.

 

2. __________robó ________________ al dios ________________.

 

3. Apolo cuidaba los rebaños de _________________________.

 

4. Hermes borra las huellas de las vacas usando _____________ y las suyas elaborando _________.

 

5. Cuando Hermes llega a su casa, encuentra ___________________.

 

6. Con el ______________ de este animal, inventa _________________.

 

7. Las reses fueron escondidas por _______________ en __________________.

 

8. Apolo, recién se percató del robo __________________.

 

9. Maia no ___________ que su hijo fuera ____________________.

 

10. Apolo viajó hasta _________ para ________ sus pertenencias.

 

11. Hermes __________ ser el culpable e incluso se ____________.

 

12. Apolo se siente ____________ y busca a _______________ para que intervenga.

 

13. Zeus ordena a Hermes que __________________________________________.

 

14. Apolo cambió la ________________ de Hermes, por el ganado.

 

15. Hermes también le robó a Apolo ______________.

 

16. Hermes es nombrado ____________________.

II. ANÁLISIS Y ARGUMENTACIÓN

1. En el siguiente cuadro, hay una serie de denominaciones y de calificativos de los dioses. Ordénalos según correspondan.


De 1 SEC CAP.3 MITOS GRIEGOS HERMES Y EL GANADO DE APOLO



De 1 SEC CAP.3 MITOS GRIEGOS HERMES Y EL GANADO DE APOLO

2. ¿Qué opinaba Maia de su propio hijo?

3. ¿De qué manera Hermes manifiesta su carácter?

4.  ¿Qué sentimientos experimenta Apolo hacia su hermano a lo largo de la historia?

5. ¿Qué buscaba Hermes al sacrificar las vacas?

6. ¿Qué palabra representa mejor la "actitud" de Hermes al ser confrontado por Apolo?

7. ¿Por qué razón Hermes regresó a su cama con el mismo gesto que lo dejara su madre?

 

TAREA DOMICILIARIA

Lectura:

 

Melampo

   Parecía que los pies de Melampo no le pertenecían. Cuando pequeño, su madre lo había protegido a la sombra de un árbol pero le había dejado los pies expuestos al sol. Y tanto ardieron bajo el calor que se pusieron negros. De ahí su nombre (negro pie, en griego).

   Pero no eran sus pies oscuros los que daban celebridad a Melampo, sino el don de la adivinación. Cierta vez había encontrado una serpiente muerta y él, piadosamente, la sepultó. Para agradecérselo, las crías del reptil le purificaron los oídos con su saliva, y así el joven pudo comprender el lenguaje de los animales y, por medio de éste, develar los misterios pasados, presentes y futuros.

   Con su oficio de adivino, Melampo vivió feliz hasta el día en que, por amor a su hermano Bías, decidió cometer un crimen: robar el rebaño del rey Fílaco, condición impuesta a los pretendientes de Pero, la joven que Bías deseaba desposar.

   Un año vivió Melampo entre rejas, pagando por su robo. Hacía ya largo tiempo que estaba en cautiverio cuando el adivino oyó, en su celda, a dos hormigas que hablaban. La noche era oscura, sin luna y sin estrellas; las pequeñas voces se oían claramente en la oscuridad. Estaban acarreando comida y, al trasponer la viga maestra, una le dijo a la otra que convenía terminar el trabajo porque el madero estaba corroído. Al día siguiente, según afirmaba la hormiga en su conversación, la construcción caería estruendosamente.

   Melampo oyó esas palabras y tuvo miedo. Llamó a Fílaco y le informó lo que estaba por ocurrir. El rey sonrió, incrédulo, pero ordenó que lo trasladaran a otra parte. En cuanto el adivino salió de su encierro la cárcel se desmoronó.

   Fílaco quedó sorprendido por el don adivinatorio de su prisionero. Y, movido por la simpatía, le prometió no solamente la libertad, sino también el rebaño que él había tratado de robar, si antes le concedía un favor: curar la impotencia de su hijo Ificlo.

   El adivino descubrió que cuando niño Ificlo había visto a su padre castrar a un chivo. Cuando el rey se dirigía a un árbol para enterrar momentáneamente allí el cuchillo, el niño se asustó pensando que su padre se encaminaba hacia él.

   El arma continuaba en el mismo lugar, olvidada de todos. Sólo Ificlo sabía de ella y su presencia le recordaba la escena sangrienta.

   No sería difícil curarlo: bastaba retirar el cuchillo del árbol y limpiarlo. La herrumbre y la sangre del chivo que allí quedaran debían ser mezclados con agua y ofrecidos al joven. Todo fue hecho según las instrucciones, y poco después Ificlo engendró un hijo.

   Melampo recibió el rebaño y se llevó consigo la admiración de todos. Bías ya podía casarse con su amada Pero.

 

I.  Preguntas de interpretación

1. ¿Que título le pondrías al texto leído?

2. Escribe el tema principal y dos secundarios o subtemas.

 

II.  Análisis

1. ¿Era Melampo realmente un adivino? ¿Qué sucedió con él?

2. ¿Cómo se sintió Iflico al ver a su padre enterrar el cuchillo?

3. ¿Cómo se cataloga la actitud de Melampo con la serpiente?

4. Se deduce que las hormigas estuvieron haciendo su trabajo durante :

5. ¿Por qué crees que el mismo Bías no robó los rebaños del Rey Fílaco?

 

III. Recorta y pega  dos artículos periodísticos que incluyan información sobre robos. Luego haz un comentario y juicio al respecto.





























































































































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Prof. Leonidas La Torre Segura

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