La Revolución Libertadora

El 16 de septiembre de 1955, a dos meses del bombardeo, el golpe de Estado se consumó. Bautizado por sus protagonistas como “Revolución Libertadora” contó con el respaldo de la sociedad civil y de algunos partidos políticos que se unieron con el objetivo de derrocar a Perón. El general Eduardo Lonardi asumió entonces la presidencia: bajo el lema “ni vencedores ni vencidos”, Lonardi pretendía mantener la alianza entre militares nacionalistas y sindicatos, que fue característica del peronismo. En este sentido concentró su crítica hacia Perón pero, al mismo tiempo, intentó mantener una buena relación con los sectores trabajadores, lo cual quedó expresado en su renuencia a intervenir la CGT, cuyas elecciones autorizó. La CGT, por su parte, mostró una actitud conciliadora hacia el nuevo gobierno, que fue duramente condenada por Perón desde el exilio.

Aunque para el presidente de facto era posible construir un “peronismo sin Perón”, esta visión no era compartida por las demás facciones del Ejército. El 13 de noviembre, por presión de la Marina, Lonardi fue reemplazado por el general Pedro Eugenio Aramburu, mientras que el almirante Isaac Rojas, quien tuvo gran influencia en el cambio presidencial, mantuvo la vicepresidencia.



Comenzó entonces una verdadera persecución del peronismo: Aramburu decidió intervenir la CGT, intervenir los sindicatos y encarcelar a dirigentes políticos y sindicales peronistas. Por otra parte, derogó la constitución de 1949 y, mediante el decreto 4161, impuso la prohibición del Partido Peronista y de toda la referencia a Perón y al movimiento peronista. El objetivo era lograr una “desperonización” de la sociedad argentina a través de una ferviente persecución política e ideológica. Así comenzaba una época signada por la proscripción del peronismo que se prolongaría dieciocho años.

Las medidas económicas que tomó el nuevo gobierno implicaban grandes diferencias respecto de la política económica del peronismo. A partir de un plan elaborado por Raúl Prebish, funcionario de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), se retomaron los postulados del liberalismo económico y, en consecuencia, se liberalizó el sector externo y se redujo el rol de Estado en la economía. Para Prebish la economía debía afrontar la escasez de divisas, la fragilidad del sector industrial y las dificultades para aumentar la productividad. La solución a estos problemas implicaba reducir el gasto público para aumentar los fondos del Estado, acrecentar los ritmos de trabajo en la industria para incrementar la productividad y exportar más para obtener divisas. Las divisas dependían de que la cantidad de exportaciones de materias primas fuera superior a la importación de manufacturas, bienes de capital y combustibles para las industrias. Por eso el plan Prebish consistía en devaluar la moneda para aumentar la rentabilidad del sector agropecuario.

Al mismo tiempo, se eliminaría el control de cambios y se desmantelaría el IAPI, que era un organismo que se encargaba de comprar la producción agrícola a un precio mínimo y luego exportarla al precio del mercado para poder trasladar la diferencia al sector industrial.

Estas medidas, si bien intentaban paliar los problemas en el corto plazo, resultaban contradictorias con otro objetivo de Prebish de alcanzar a largo plazo un desarrollo basado en la industrialización. La contradicción radicaba en que se incentivaba al sector agropecuario en detrimento del industrial, al que perjudicaban eliminando las políticas proteccionistas y por la devaluación, que encarecía notablemente sus insumos. Este proceso  vino de la mano de una creciente integración al mercado internacional de capitales. La Argentina se incorporó así al FMI (Fondo Monetario Internacional) y al Banco Mundial, dos organismos internacionales que permitían al país obtener créditos, a cambio de la imposición de los llamados “Planes de Estabilización” que implicaban una reducción de salarios, la eliminación de trabas al ingreso de capitales extranjeros, la disminución de aranceles y la reducción del gasto público.

Todas estas medidas puestas en práctica durante la Revolución Libertadora no condujeron a la estabilización  económica esperada: no lograron equilibrar la balanza de pagos (ya que las exportaciones crecieron menos que las importaciones), disminuyeron la capacidad de consumo, y llevaron a un nivel muy alto el endeudamiento externo.

publicado a la‎(s)‎ 13 oct. 2009 0:54 por Carlos Alberto Ojeda   [ actualizado el 19 jul. 2011 16:17 ]


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